21 de noviembre de 2020

De Rayos, Loterías y #COVID19: carta abierta a un negacionista

Querido amigo “negacionista” y escéptico del #COVID19: La probabilidad de que te caiga un rayo (en un año) y te mate es aproximadamente de 1 en 500.000 (Datos del Centro del Control y Prevención de Enfermedades de los EE.UU., el famoso CDC) es decir, un 0,0002% (normalizado para cien mil) aunque este ratio dependerá de la cantidad de rayos que caigan en cada región y su población, lo tomaremos como un dato de referencia a efectos didácticos. A su vez, la probabilidad de que te toque el Gordo de Navidad de Navidad (en un año si compras un solo número) es de 1 en 100.000, es decir, 0,001%, lo que significa comparativamente que te toque el Gordo de Navidad es unas cinco veces más probable (0,001/0,0002) a que te mate un rayo.

Observación: Cuando comparamos probabilidades más probables (el Gordo en este caso) respecto a probabilidades menos probables (el rayo en este caso) suelen darse cocientes altos o muy altos. He optado por dejar la referencia del rayo por ser una probabilidad muy baja para mantener una cierta homogeneidad en las referencias, manteniendo a su vez la comparativa con el Gordo de Navidad para visualizar mejor el concepto de probabilidad con un evento más familiar que el rayo.

Sigamos. Si la Incidencia Acumulada a 14 días (IA14 o casos de #COVID19 por cada cien mil habitantes) en España es, redondeando, de unos 500 (datos a mediados de noviembre 2020) esto equivale en el lenguaje de la probabilidad de los rayos, de 0,5%, es decir, unas 2.500 veces más probable (0,5/0,0002) que te infectes de #COVID19 en España a que te caiga un rayo y 500 veces más probable (0,5/0,001) a que te toque el Gordo de Navidad con un décimo.

Ahora bien, si los fallecidos con #COVID19 por cien mil habitantes en España es de unos 90 (a mediados de noviembre 2020) esto equivaldría en el lenguaje de la probabilidad de los rayos, de 0,09%, es decir, unas 450 veces más probable (0,09/0,0002) que mueras de #COVID19 en España a que te caiga un rayo y 90 veces más probable (0,09/0,001) a que te toque el Gordo de Navidad con un décimo.

Hasta aquí, amigo negacionista, me dirás: “Bueno, un rayo me puede matar, pero contagiarme de #COVID19 no implica necesariamente acabar hospitalizado, ingresado en la UCI o, peor, morirme.”


Veamos. Según datos de la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica (RENAVE, informe del 12-11-2020, ver cuadro), aproximadamente un 5,5% de las personas contagiadas serán hospitalizadas, un 0,4% de las contagiadas necesitará ingresar en UCI y un 0,9% de los contagiados desgraciadamente fallecerá (si bien con una mayor letalidad a partir de los 70 años, que se dispara a partir de los 80 años), siendo el porcentaje de hospitalizaciones y defunciones con #COVID19 aumenta con la edad, alcanzando un 26,2% y 9,8% en mayores de 79 años, respectivamente.


Si lo comparamos con la gripe estacional (datos 2019-2020 del Instituto Carlos III) observaremos que el #COVID19 es ligeramente superior en esos porcentajes de probabilidad. Así, la gripe estacional tiene una probabilidad del 4,5% de hospitalización, un 0,3% de ingreso en UCI y un 0,6% de letalidad, con el “impacto cruzado” que supone el agregado de la gripe estacional más el #COVID19 a nivel hospitalario, si bien en términos absolutos, de número de afectados, el #COVID19 sí tiene una mayor incidencia en el contagio (alrededor de un 300% de contagiosidad superior a la gripe estacional considerando que los datos del #COVID19 no están completos y el 2020 todavía no ha terminado), lo que le hace más peligroso en términos de saturación de recursos hospitalarios aunque sus probabilidades en términos de tasas sobre casos sean similares a la de la gripe estacional (ver cuadro comparativo Gripe vs. #COVID19 de elaboración propia).


Con estos datos me podrás decir: “Vale, el #COVID19 es un virus nuevo, muy chungo a partir de los 50 y 60 años y es como una gripe pero con el triple de contagios y más del doble de afectados a efectos hospitalarios … pero soy de mediana edad, tengo menos de cincuenta años, mi sistema inmunitario es más fuerte y los que nos contagiamos de mi rango de edad somos asintomáticos. Siendo el #COVID19 una infección mortal para el 0,015% de los infectados de mi rango de edad (0,015% = 183 fallecidos desde Mayo hasta mediados de Noviembre 2020, remarcados en negro en el cuadro, frente a los 1.174.807 contagiados en el mismo periodo) esto equivale a una probabilidad condicionada de 0,0075% (0,5x0,015) de que me contagie y muera con #COVID19 (en España), es decir, en lenguaje de los rayos, a una probabilidad de 37,5 veces más probable (0,0075/0,0002) que me infecte y muera por el #COVID19 a que me caiga un rayo si tengo menos de cincuenta años, o 7,5 veces más probable (0,0075/0,001) de que me toque el Gordo de Navidad… es decir, algo casi inapreciable… además, nunca me ha caído un rayo, ni el Gordo de Navidad de Navidad me ha pasado rozando, luego podría soportar casi unas 40 veces más probabilidad de que me cayese un rayo y hasta, casi, casi, la misma probabilidad de que me tocase el Gordo… total, una chuminada, además nunca he visto un rayo de cerca y el Gordo todavía menos…”

Entonces, viene tu argumento favorito y el de los partidarios del #CoronaFake y #Plandemia: “¿tanta matraca con el confinamiento y las restricciones para algo que tiene tan solo un poco más de probabilidades de que me caiga un rayo o casi la misma de que me toque el Gordo de Navidad?”.

Aquí es donde entran en consideración otros factores que un simple cálculo probabilístico no te permite visualizar en todo su impacto sistémico… principalmente la llamada “presión hospitalaria” que es donde considero se encuentra el quid de la cuestión del #COVID19 considerando el flujo de transmisión del virus en todo el sistema sanitario en su conjunto (ver gráfico siguiente)…


Te propongo que veamos el problema desde otra perspectiva: supongamos que unos extraterrestres nos atacan con armas de rayos desde el espacio con una probabilidad semejante a la del #COVID19… pero con la “mala leche” de que el rayo láser extraterrestre que nos envían no mata enseguida como cabría esperar de un rayo, sino que sólo deja incapacitado alrededor del 5,5% de los que reciban su rayo extraterrestre y comienzan a llegar afectados a los hospitales, en un goteo escaso (entre 5 y 6 de cada 100, no olvidemos), pero incesante (todos los días, todas las semanas, todos los meses) sobre una capacidad hospitalaria que no tiene recursos infinitos, con una estancia media de unos 15 días sin UCI y unos 30 días para las UCI… y contando con una capacidad que también debe dedicarse a la gripe estacional y el resto de patologías, accidentes, etc.

¿Empiezas a ver la magnitud del problema si los extraterrestres no cesan de enviar sus rayos sobre los habitantes terrícolas? Si los rayos extraterrestres fulminasen inmediatamente a ese 5,5% de los afectados, no habría ningún problema… nos acostumbraríamos a una muerte rápida e indolora y sin impacto en el sistema sanitario. En todo caso tendríamos un problema funerario, no sanitario o ni siquiera eso porque si el rayo es como el de “La guerra de los mundos” de Steven Spielberg, nos ahorraríamos también la incineración.


No tendríamos que dedicar recursos económicos ni humanos para cuidar a los heridos… porque no los habría… pero, “ese virus de mierda” como lo calificáis los “negacionistas” y escépticos del #COVID19 tiene la jodida propiedad de ese hipotético rayo extraterrestre, de saturar, colapsar, junto con el “impacto cruzado” de la gripe estacional y otras patologías, los sistemas sanitarios… amén de crear un problema ético en los profesionales sanitarios: “¿a qué paciente voy a tener que dejar morir por falta de recursos?” y por descontado un problema de estrés, la propia vulnerabilidad por su mayor exposición al contagio y “burnout” (síndrome de estar quemado) asociado. Es decir, el #COVID19 no es un “mata-personas” en sentido estricto, pero sí indirecta y colateralmente porque afecta a la columna vertebral del sistema sanitario (los hospitales y centros de salud), implicando, junto con la gripe estacional, a todas las patologías y accidentes que requieren cuidados hospitalarios, porque bloquea y dificulta algo tan importante para las sociedades humanas como es el funcionamiento eficaz y eficiente de los sistemas sanitarios…

Tal vez un experimento mental te ayude a visualizar mejor el problema que se cierne cuando me refiero al colapso sanitario… centrémonos en el caso de los menores de 50 años que es tu caso, que en principio son los que menos letalidad tienen, de los cuales han ingresado en hospitales desde Mayo un total de 13.236 (los remarcados en rojo en el cuadro), es decir, aproximadamente un 20% del total de hospitalizaciones con #COVID19 (vaya, la famosa ley 80%-20%, curioso)… supongamos una situación extrema y que desde Mayo tuviéramos una situación de colapso sanitario y no se pudiera ingresar a las personas en los hospitales, o bien con las UCI al 100% de ocupación, algo que están próximos a alcanzar en algunas Comunidades Autónomas y/o ya han alcanzado algunos hospitales… ¿sabes qué sucedería?

No hace falta mucha imaginación: ese 5,5% que requiere hospitalización no podría ser atendido y muy probablemente muchos de ellos morirían en sus casas o residencias de mayores… volviendo a hacer números con tu rango de edad, si suponemos, en un “escenario optimista” que de esos 13.236, los 928 (remarcados en azul en el cuadro) que ingresaron en UCI fallecerían por falta de atención sanitaria, la probabilidad de fallecimiento ya no sería del 0,015% para tu rango de edad, sino del 0,079% (0,079% = 928 fallecidos hipotéticamente en este escenario desde Mayo hasta mediados de Noviembre 2020, frente a los 1.174.807 contagiados en el mismo periodo) es decir, se habría multiplicado por cinco la probabilidad de morir a causa del colapso sanitario y ya no sería 37,5 veces más probable morir por #COVID19 que te cayese un rayo, sino 197,5 veces más probable ((0,5x0,079)/0,0002)… y unas 40 veces más probable ((0,5x0,079)/0,001) a que te tocase el Gordo de Navidad de Navidad con un décimo…

Pero, si nos situamos en un “escenario pesimista” donde aproximadamente el 50% de esos 13.236 hospitalizados falleciera, esto es, redondeando, unos 6.500, la probabilidad ya no sería del 0,015% sino del 0,55% (0,55% = 6.500 fallecidos hipotéticamente en este escenario desde Mayo hasta mediados de Noviembre 2020, frente a los 1.174.807 contagiados en el mismo periodo) es decir, se habría multiplicado por 36 la probabilidad de morir a causa del colapso sanitario (y ya no sería 37,5 veces más probable morir por #COVID19 que te cayese un rayo, sino 1.375 veces más probable ((0,5x0,55)/0,0002)… y unas 275 veces más probable ((0,5x0,055)/0,001) que te tocase el Gordo de Navidad de Navidad con un sólo décimo… supongo que ahora no te parecerá una “chuminada”...

Y, a todo eso, sin entrar a considerar “el juego de suma cero” que implica que una cama o una UCI ocupada para #COVID19 es una cama o una UCI que no puede destinarse a otras patologías, dolencias y accidentes… es decir: el peor escenario para una sociedad avanzada que no puede garantizar la salud de sus ciudadanos, multiplicar por cinco (en el escenario optimista) o por 36 (en el escenario pesimista) la probabilidad de muerte en el rango de edad de las personas a las que les afecta menos la incidencia del #COVID19… y eso es precisamente lo que te niegas a ver, o no logran ver tus amigos “negacionistas” y escépticos del #COVID19, que lo veis en privado casi como “necesario para la selección natural”, que sólo afecta a las personas de edad muy avanzada, cuando la realidad es que también afecta a personas jóvenes y sanas, con el añadido que pueden convertirse en supercontagiadores por la mayor vida social de la gente joven y porque, no sé si lo sabes, el “propósito” de este virus es el mismo que el de cualquier otro: sobrevivir en el “organismo anfitrión” (nosotros) lo suficiente para multiplicarse en otros organismos anfitriones (nuestros familiares, amigos, etc.), con lo que su “éxito” lo determina su capacidad como “huésped” de adaptarse al “organismo anfitrión” para no morir con él antes de propagarse (ya sabes, un virus demasiado virulento es malo para el propio virus, pues necesita “organismos anfitriones” vivos para que pueda contagiar a otros organismos)… pero si el “organismo anfitrión” resiste, el virus también “aprende” ese nivel de resistencia regulando su propia virulencia (personas asintomáticas) y al transmitirse a otros organismos menos resistentes (personas mayores), el virus se vuelve más letal por haberse “entrenado” para un nivel inmunitario superior, es por ello que las personas de menor edad deberían ser conscientes de su mayor responsabilidad colectiva en la cadena de transmisión del virus hacia las personas más vulnerables…

Todas estas consideraciones son algo que nos debe hacer reflexionar cuando se escucha la idea de “salvar las Navidades”, pues muy probablemente si nos liberamos aunque sea unas semanas de algunas restricciones que los gobiernos están imponiendo (mascarilla, higiene de manos, distancia social, ventilación, evitar reuniones de no convivientes de más de x personas…) lo que ocurra a la vuelta de la esquina será una “tercera ola” que sature aún más la capacidad sanitaria al coincidir con la mayor incidencia hospitalaria de la gripe estacional (diciembre-marzo) como ya ocurrió con la llamada “gripe española”


Asumamos pues colectivamente que todas estas restricciones no son por la mortalidad intrínseca de ese “ese virus de mierda” o porque “nos quieren convertir en zombis” como he leído por ahí, sino por prevenir el daño sistémico que es capaz de hacer “ese virus de mierda” en la salud pública y las consecuencias directas y colaterales, que tendría el colapso del sistema sanitario, pues si no se logra frenar y reducir el primer eslabón de la cadena (el contagio), lo que viene después es una ley probabilística inexorable (las probabilidades de hospitalización, UCI y fallecimientos son las que son y no van a reducirse mientras no se extienda la vacunación a la mayoría de la población).

Resumiendo, que el quid de la cuestión no está en la mortalidad y letalidad del virus, sino en el consumo de recursos sanitarios (crecientes) que requiere y que amenaza con desatender otras muchas necesidades sanitarias y sus consecuentes muertes colaterales, aún no contabilizadas como tales, pero que indirectamente podemos intuir en las estadísticas del Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo).

No espero convencerte, pero sí espero que medites esta reflexión y te pongas en el lugar de los que no podrán ser hospitalizados o ingresados en UCI a causa del probable colapso sanitario que conductas inconscientes podrían llegar a causar si estas se generalizasen… y mejor que todo esto se quede en un experimento mental y nunca lleguemos a poner a prueba los límites del sistema sanitario.


Para saber más: Coronavirus COVID-19 Global Cases by the Center for Systems Science and Engineering (CSSE) at Johns Hopkins University Worldometer: Coronavirus

Ministerio de Sanidad: Situación de COVID-19 en España

Centro Nacional de Epidemiología: Situación de COVID-19 en España

MODELIZACIÓN EPIDEMIOLÓGICA DEL COVID-19

OMS - Coronavirus

European Centre for Disease Control and Prevention


6 de agosto de 2020

El rey emérito y el algoritmo de Zermelo

¿Dónde está el rey emérito Juan Carlos I? se pregunta mucha gente y muchos medios presuntamente bien informados. Sin embargo, las preguntas nunca son inocentes: siempre denotan carencias o aciertos estratégicos. Desde mi perspectiva se trata de un juego estratégico, que se desvelará pronto, a la vuelta del verano. En un juego estratégico siempre existe información asimétrica y normalmente el que tiene la información puede gestionar las creencias y expectativas de los que no la tienen. Sí, por supuesto, filtrando “globos sonda” también.

Entonces, ¿dónde está el rey emérito? En realidad no importa, lo que importa es que tras el paréntesis veraniego vuelva al país y se ponga a disposición de la justicia, para saldar cuentas con la justicia (y con Hacienda) y despejar de sombras su recta final vital. Hay mucho en juego de no hacerlo así. Por eso no tiene sentido lanzar la sospecha de una “fuga” o “huida” definitiva. Porque el rey emérito volver, va a volver, con absoluta seguridad.

¿Por qué afirmo tal cosa sin tener “información privilegiada”? Aún en juegos con información asimétrica es posible penetrar en la estrategia del que tiene la información completa o se jacta de tenerla. Basta con aplicar un principio estratégico conocido como Algoritmo de Zermelo, en honor al matemático alemán Ernst Zermelo, que permite tomar (y conocer) decisiones estratégicas ganadoras a partir de la inducción hacia atrás, esto es, mirar, pensar (o imaginar) hacia adelante diferentes escenarios futuros y razonar hacia atrás, hasta el presente. Puro sentido común, desde luego.

Y, siguiendo a Zermelo, un modo de conocer (indirectamente) la estrategia ganadora del que maneja información asimétrica es observar el resultado de cómo quedaría su posición en el supuesto el escenario final no le fuera favorable, lo que se conoce como conocer su minimax o su pérdida máxima. Eso da muchas pistas de lo que está sucediendo y lo que puede suceder.

Es decir, suponiendo que hay dos posiciones enfrentadas: “monárquicos” (por llamarlos de alguna manera) por un lado, que apuestan por una “salida temporal” (las definiciones son importantes) del rey emérito, con la casa Real y el presidente Pedro Sánchez a la cabeza y por otra los “republicanos” (por llamarlos de otra manera) que apuestan por una “fuga definitiva” (el verbo escogido no es inocente), con la oposición republicana, incluida la parte del gobierno “republicana”, la pregunta estratégica es: ¿quién puede salir peor parado en el peor de sus escenarios? Dicho más claramente: ¿quién de las dos posiciones enfrentadas sale más perjudicada si el rey emérito se marcase o no un “Dioni” (famoso ladrón-conductor de furgones blindados que en 1989 se fugó a Brasil)? pues probablemente eso, sin medias tintas, en el supuesto el rey emérito no retornase le costaría la presidencia a Pedro Sánchez y al rey Felipe VI su reinado, mientras que si el rey emérito retornase de su ignoto destino veraniego, apenas tendría mayor impacto en el lado de los “republicanos”.

Veamos esto algo más gráficamente en una Matriz de Pagos típica de Teoría de Juegos. Ante un escenario como el mencionado (el rey emérito no retorna), la posición de los “monárquicos” quedaría seriamente comprometida, con un daño reputacional que estimo en cien veces mayor (en negativo). Los valores son relativos a la vez que subjetivos con el escenario donde se cumple su posición, en este caso: el rey emérito retorna. No importa tanto el valor en sí, sino la coherencia de la posición con el escenario, así como la magnitud estimada de la pérdida respecto a la ganancia.



Por el contrario, la posición de los “republicanos” no es tan desastrosa en términos relativos si finalmente no se cumple su vaticinio. Es cierto que si el rey emérito retorna, los “republicanos” tendrán que “tragarse el sapo” de haber dado alas a la idea (y los memes) de que la “fuga era definitiva”, pero su daño reputacional no es tan importante como en el caso de los “monárquicos”, por la simple razón de que son estos los que tienen la información de primera mano y controlan, teóricamente, la situación. Así, estimo en, como mucho, un daño diez veces menor (en negativo) en el caso de no cumplirse su escenario preferente, toda vez que su posición es, entiendo, más una provocación para que los “monárquicos” revelen el paradero del rey emérito que una profecía autocumplida.

Por tanto, visto el juego estratégico, el secretismo (de los “monárquicos”) juega a favor del que maneja los tiempos y las expectativas, pues en un juego estratégico el ser transparentes tiene un coste: perder la ventaja de la sorpresa (guardada) final. Luego, basta con mirar quién es el que más puede perder para darse cuenta de que la situación está controlada y más que controlada (los “monárquicos” ya han demostrado, sin decirlo, que han hecho sus deberes, su “ejercicio minimax”: han minimizado su pérdida máxima, han mirado hacia el futuro y se han asegurado el resultado), como también darse cuenta que el secretismo también juega a favor de perjudicar la ganancia del rival, los “republicanos” incitándoles a cometer errores estratégicos por falta de información.

En conclusión: por tanto, la pregunta estratégica no es ¿dónde está el rey emérito? sino ¿de qué va el juego? ¿a quién va dirigido el juego del desconocimiento de su ubicación? ¿quién puede ganar el juego: el que tiene o el que no tiene la información y el control de la situación? y, sobre todo, ¿quién puede perder más en el supuesto no se cumpla el escenario en el que se posiciona? Blanco y en botella.

Finalmente, ¿qué podemos hacer los ciudadanos ante esta clase de juegos estratégicos? En realidad poco más que ser espectadores entre los dos bandos. Eso sí, con herramientas conceptuales como la Teoría de Juegos es más difícil que nos la den con queso: ante situaciones como la de este juego estratégico lo más prudente suele ser esperar y ver, pero sabiendo que casi con absoluta seguridad sucederá lo que afirma el que más puede perder en caso de que no suceda lo que afirma que sucederá, pues el riesgo de creerse los bulos, muchos interesados, es caer en la sobrerreacción y las trampas para impacientes.

3 de mayo de 2020

19+19 reflexiones para un futuro incierto tras el COVID-19

Existe un consenso tácito en muchos pensadores actuales de que el COVID-19 ha cambiado nuestra percepción de las cosas que creíamos importantes y ciertas por repetidas. Este microscópico virus nos puede hacer revisar aspectos vitales y profesionales que creíamos llenos de certezas.

En ese camino de incertidumbre nos hallamos algo perdidos. Sirvan estas reflexiones como señales para una mejor comprensión del mundo que nos espera ahí fuera, cuando salgamos del confinamiento.


“El aleteo de una mariposa en Brasil, ¿originó un tornado en Texas?”. Edward N. Lorenz

“Para desembarcar en la isla de la sabiduría hay que navegar en un océano de aflicciones”. Sócrates

“Si tu única herramienta es un martillo pensarás que todos los problemas son clavos”. Atribuida a Mark Twain

“La ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia”. Carl Sagan

“Dividir un elefante por la mitad no genera dos elefantes pequeños”. Peter Senge

“Hacer algo simple puede ser muy difícil y complejo; tienes que trabajar mucho para conseguir un pensamiento limpio, para hacerlo simple”. Steve Jobs

“Lo simple gobierna lo complejo”. Eliyahu M. Goldratt

”Existen problemas que no pueden resolverse en el mismo nivel de comprensión que se desarrollan. Para resolverlos es esencial un nivel de percepción más elevado”. Albert Einstein

“El equilibrio no es la finalidad ni la meta de los sistemas abiertos. Para mantenerse viable, un sistema abierto necesita hallarse en constante estado de desequilibrio”. Ilya Prigonine

“La mayor deficiencia de la raza humana es nuestra incapacidad para comprender la función exponencial”. Albert A. Bartlett

“Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”. Ludwig Wittgenstein

”La formulación de los problemas dependen en gran parte de las metáforas apropiadas. Y al contrario: una mala formulación casi siempre implica la elección de metáforas inapropiadas”. Mitchell Waldrop

”Los seres humanos sólo somos conscientes de que actuamos según determinados paradigmas cuando cambiamos de paradigmas”. Lair Ribeiro

“En todas las actividades es saludable, de vez en cuando, poner un signo de interrogación sobre aquellas cosas que por mucho tiempo se han dado como seguras”. Bertrand Russell

”Si quieres comprender la función, estudia la estructura”. Francis Crick.

“Sólo la variedad puede absorber variedad”. William Ross Ashby

“El analfabeto de mañana no será la persona incapaz de leer. El analfabeto de mañana será la persona que no haya aprendido a aprender”. Alvin Toffler

“El mundo necesita mentes y corazones abiertos, y estos no pueden derivarse de rígidos sistemas ya sean viejos o nuevos”. Bertrand Russell

”Cuando todo parezca estar en tu contra, recuerda que los aviones despegan con el aire en contra, no a favor". Henry Ford

“Se mide la inteligencia del individuo por la cantidad de incertidumbres que es capaz de soportar”. Immanuel Kant

“Si nadie te garantiza el mañana el hoy se vuelve inmenso”. Carlos Monsiváis

“Sólo podemos ver poco del futuro, pero lo suficiente para darnos cuenta de que hay mucho que hacer”. Alan Turing

“El futuro es incierto”. Joe Strummer

“No es cierto que todo sea incierto”. Blaise Pascal

“La duda no es una condición placentera, pero la certeza es absurda”. Voltaire

“El futuro es incierto… pero esta incertidumbre está en el corazón mismo de la creatividad humana”. Ilya Prigonine

“Casi todo el mundo ve el futuro como el fin y el presente como el medio, cuando en realidad el presente es el fin y el futuro el medio”. Fritz Roethlisberger

“El futuro no es lo que va a pasar, sino lo que vamos a hacer”. Jorge Luis Borges

“Tortura los números y lo confesarán todo”. Gregg Easterbrook

“La pregunta es la más creativa de las conductas humanas”. Alex Osborn

“Los ordenadores son inútiles, sólo pueden darte respuestas”. Pablo Picasso

“Sólo las preguntas con respuesta son las que llegamos a comprender”. Friedrich Nietzsche

“Si la naturaleza es la respuesta, ¿cuál era la pregunta?”. Jorge Wagensberg

“Si tuviera una hora para resolver un problema, y mi vida dependiera de la solución, gastaría los primeros 55 minutos en determinar la pregunta apropiada, porque una vez conociera la pregunta correcta, podría resolver el problema en menos de cinco minutos”. Albert Einstein

“Nunca confundáis flujo con stock ni correlación con causalidad”. Mi admirado profesor Lorenzo Ferrer Figueras

“Consideramos la incertidumbre como el peor de todos los males hasta que la realidad nos demuestra lo contrario”. Alphonse Karr

“Muchos de los problemas con los que hoy se enfrenta el mundo son el resultado final de medidas a corto plazo adoptadas en el siglo pasado”. Jay Forrester

“Hacer predicciones es muy difícil, especialmente cuando se trata del futuro”. Niels Bohr

“El problema de nuestro tiempo es que el futuro ya no es lo que era”. Paul Valéry

“Si quieres vivir, prepárate para morir”. Sigmund Freud

“La vida siempre se abre camino”. Ian Malcom, personaje de la película Jurassic Park


19 de abril de 2020

Una conjetura sobre π para responder a la cuestión de Brouwer

Luitzen Egbertus Jan Brouwer (1881-1966) fue un matemático holandés fundador de la filosofía matemática del intuicionismo, que planteo la conocida como “cuestión de Brouwer”: en la expansión decimal de π (Pi), ¿existe alguna posición donde exista una sucesión de mil ceros consecutivos?

Aprovechando el obligado confinamiento del COVID-19, me propongo abordar la pregunta de Brouwer, pregunta que aún no tiene respuesta, desde una conjetura que se puede resumir con una frase:

En la expansión decimal de π (Pi) prevalecen las secuencias alternadas de sucesiones monótonas decrecientes y estrictamente crecientes sobre las sucesiones constantes y en consecuencia la respuesta a la cuestión planteada por Brouwer en el siglo pasado es negativa.

Desarrollo de la conjetura: Alfabeto ABCD

Para sugerir esta conjetura sobre el número π (Pi) he desarrollado un algoritmo que, literalmente, tritura el primer millón de decimales del número π y asigna una codificación binaria, de unos y ceros, a cada incremento (crece) o no incremento (no crece o es igual) de cada decimal n y su consecutivo n+1, de tal modo que a un incremento (entre la posición n y n+1 de un decimal) se le asigna un 1 y a un no incremento (decremento o igualdad) se le asigna un 0. Con este sencillo lenguaje, tendríamos el primer ladrillo del alfabeto que pretendo construir, así pues, a los veinte primeros decimales de π (Pi) 14159265358979323893 le correspondería esa codificación binaria 10110100111010011010. En términos matemáticos, en este primer lenguaje (0) equivale a una sucesión monótona decreciente de dos números consecutivos y (1) equivale a una sucesión monótona estrictamente creciente de dos números consecutivos.

Ahora bien, lo interesante a partir de aquí es crear un alfabeto que permita observar patrones desde una perspectiva más amplia, es decir, una “lente de aumento” que nos permita analizar lo que está sucediendo en las secuencias de ceros y unos de ese gigantesco número π (Pi). Para ello creamos un segundo ladrillo del alfabeto mediante las primeras cuatro letras del alfabeto: A, B, C y D.

De este modo, podemos comprimir la secuencia de ceros y unos a una entidad más manejable y fácilmente observable. Así, podemos asignar los cuatro pares de secuencias concatenadas de ceros y unos del siguiente modo: A=00 - B=01 - C=10 - D=11. Por convención, en el caso de B y C se asigna un asignación de derecha a izquierda, dado que en el álgebra de Boole, comenzamos a contar de derecha a izquierda, así (A=00) = 0 - (B=01) = 1 - (C=10) = 2 y (D=11) = 3.

De acuerdo a este segundo ladrillo, a los veinte primeros decimales de π (Pi) 14159265358979323893 le correspondería una codificación binaria de 19 dígitos (20-1) pero a efectos didácticos incluimos el vigésimo (dado que conocemos el decimal vigésimo primero): 10110100111010011010 y la siguiente codificación alfabética correspondiente de diez letras: BDCADBBCBB.

Análisis

Con estos dos ladrillos, nos ponemos manos a la obra y una vez obtenida la cadena fundamental de ceros y unos y aplicada su “lente de aumento” correspondiente del alfabeto ABCD al primer millón de decimales del número π (Pi) y a su vez ordenados por orden de ocurrencia, obtenemos las siguientes e interesantes gráficas:

Escala Lineal - Patrón ABCD de primer millón de decimales del número Pi


Escala Logarítmica - Patrón ABCD de primer millón de decimales del número Pi


Escala Lineal - Patrón ABCD 10^6 Decimales Pi


Escala Lineal - Patrón ABCD 10^6 Decimales Pi



Conjetura

En términos matemáticos se puede resumir en la siguiente conjetura: En la expansión decimal de π (Pi) prevalecen las secuencias alternadas de sucesiones monótonas decrecientes y estrictamente crecientes sobre las sucesiones constantes y en consecuencia la respuesta a la cuestión planteada por Brouwer en el siglo pasado es negativa.

En términos más coloquiales: al número π (Pi) le gusta la variedad, así (aproximadamente 2 de cada 3 veces) la secuencia es no crecer/crecer o crecer/no crecer (B o C), seguida de (aproximadamente 1 de cada 4,5 veces) no crecer/no crecer (A) y finalmente le gusta (aproximadamente 1 de cada 8 veces) crecer/crecer (D).

Corolarios

En la secuencia analizada, hasta el primer millón de decimales de π (Pi), se desprende una ley empírica de distribución potencial que se aproxima a la conocida como Ley de Zipf, de acuerdo al resultado mostrado en la última gráfica, esto es: secuencia B+C (aproximadamente 66%), secuencia A (aproximadamente 22%) y secuencia D (aproximadamente 12%).

Entre los resultados curiosos en el primer millón de decimales analizados se encuentra que el máximo de una sucesión monótona decreciente (0) es de doce números, esto es, AAAAAA (seis A consecutivas), mientras que para responder afirmativamente a la cuestión de Brouwer (mil ceros consecutivos) hace falta una secuencia de, al menos, 500 A consecutivas y probablemente muchas más porque la letra A de este alfabeto tan sólo indica que la sucesión de dos cifras es monótona decreciente, esto es, que el número siguiente puede ser igual o menor, pues el (0), al contrario que el (1) que sí es estrictamente creciente, indica que es monótona y no estrictamente decreciente.

Por otra parte, el máximo de una sucesión estrictamente creciente (1) encontrada es de un máximo de 8 números, esto es, DDDD (cuatro D consecutivas). Lógicamente, así como no hay límite a la sucesión monótona decreciente (salvo por la impuesta por esta conjetura), sí lo hay para la sucesión monótona estrictamente creciente, es decir, el máximo que podríamos encontrar en toda la extensión (infinita) de π (Pi) es de 10 números, esto es, DDDDD (cinco D consecutivas), dada la limitación de representación del sistema decimal, acotado a diez símbolos. Esto es una obviedad, pero conviene recordarla. Apunte histórico: en 1997, Kanada y Takahashi, de la Universidad de Tokio, encontraron que la secuencia 0123456789 aparecía seis veces entre los 17 mil millones y los 54 mil millones de cifras de la expansión decimal de π (Pi).

Objeciones

Soy consciente que una primera objeción a esta conjetura sobre π (Pi) es el hecho de haberla planteado analizando únicamente el primer millón de cifras de su expansión decimal. Bien, no me cabe duda que con toda la “fuerza bruta” de los superordenadores que hoy existen en el mundo aplicada sobre los más de 13 billones de decimales que se conocen de π (Pi) se podría obtener un contra ejemplo que refutase esta conjetura, pero del mismo modo que todavía no se ha refutado (ni demostrado) la llamada Conjetura (fuerte) de Goldbach, que la planteó en 1742 cuando apenas se conocía más que una cantidad reducida de números primos, cabe decir lo mismo de mi conjetura, del que acepto su carácter provisional (como se le admite a cualquier conjetura), de suponer que es cierta por no haberle encontrado una refutación a partir de la observación empírica del primer millón de cifras de la expansión decimal de π (Pi) para responder a la cuestión planteada por Brouwer en el pasado siglo. En este sentido, estoy abierto a que otros investigadores planteen cuantas refutaciones o pruebas quieran exponer.


Para saber más: Luitzen Egbertus Jan Brouwer en Wikipedia

Luitzen Egbertus Jan Brouwer en Wikipedia (inglés)

Intuicionismo en Wikipedia

Número π en Wikipedia

Sucesión matemática en Wikipedia

Ley de Zipf en Wikipedia

Ley potencial en Wikipedia

Método empírico-analítico

Conjetura de Goldbach en Wikipedia

Conjeturas matemáticas en Wikipedia



27 de marzo de 2020

El paradójico pico de la curva del coronavirus COVID-19

Algunos amigos inquietos tras varios días de cuarentena por el estado de alarma decretado por el gobierno, me preguntan cuándo llegaremos al pico de la famosa curva de casos confirmados por ese archienemigo llamado COVID-19 (la enfermedad) y técnicamente como SARSCoV2 (el virus).

Mi respuesta: no lo podemos saber, ni un día antes, ni un día después y, paradójicamente, al contrario que les sucede a los alpinistas, tampoco lo sabremos cuando estemos encima mismo del pico.

A continuación el razonamiento sin ninguna complejidad matemática.

El número de casos confirmados (NCC) no ha dejado de crecer... y eso es inevitable. Por tanto la curva acumulada de NCC (ver abajo) siempre va a ser creciente y por ello no nos sirve para detectar el pico de la curva de manera clara y precisa.

En lo que tenemos que fijarnos es en el NCC diario (ver abajo), este es el gráfico que nos puede avisar si empieza a frenarse la curva. Además, a partir del NCC diario y con un sencillo cálculo podemos obtener el tiempo de duplicación, simplemente conociendo el porcentaje de crecimiento del día y dividiendo 70 entre dicho porcentaje nos dará en días cada cuantos días aproximadamente se duplicará la cantidad de casos [tiempo de duplicación ≅ [70 / % crecimiento] para ese instante. Este indicador, muy fácil de calcular, nos puede servir para conocer la velocidad de propagación del virus, si el tiempo de duplicación disminuye significa que el virus se duplica más rápidamente que si el tiempo de duplicación aumenta, que es el objetivo: lograr que el tiempo de duplicación vaya aumentando porque eso significará que, aunque los casos inevitablemente sigan creciendo, comienza a quebrarse el crecimiento exponencial y con ello la velocidad de propagación va descendiendo: al virus le cuesta cada vez más duplicar el número de infectados.

Pero, al igual que el refranero popular nos dice que “una golondrina no hace verano”, una bajada puntual, incluso pronunciada, en el NCC diario, no es significativa de que hayamos alcanzado el pico mientras no se mantenga la tendencia descendente de manera consistente... es temerario prolongar la recta partiendo del dato de unos pocos días de bajada, incluso la desaceleración puntual del % de crecimiento o su tendencia plana: los anuncios de picos de la curva que finalmente son picos falsos debe evitarse, pues en cualquier momento, a la vuelta de la esquina, puede resurgir de nuevo la curva.

Para saber si hemos alcanzado el pico de la curva debe consolidarse una bajada prolongada del NCC diario, algo que visualmente es fácil de detectar. Por tanto, y esta es la clave del asunto: hasta que no estemos “bajando prolongadamente el NCC diario” no sabremos si hemos alcanzado el pico de la curva.

Es decir, al contrario de lo que sucede en el alpinismo y los que ascienden al Everest, ¡¡el día que alcancemos el pico no seremos conscientes que estamos en él hasta pasados unos días!!.

¿Entonces no podemos anticipar si quiera aproximadamente el pico de la curva? En mi opinión, no... podemos intentarlo partiendo del sesgo de creer que conocemos de antemano cómo modelizar la curva, cosa que se puede hacer, aproximadamente desde luego, ajustándola a modelos de regresión no lineales conocidos, curvas de otras epidemias o realizando un ajuste mediante redes neuronales, que, en el mejor de los casos nos ofrecerán un abanico de escenarios donde elegir.

Pero, cuidado... estamos tratando con un fenómeno en tiempo real, del que no se conoce su dinámica sistémica subyacente, con singularidades geográficas, con fenómenos de demora, con un alto grado de incertidumbre, con información incompleta e imperfecta y aunque podemos intuir, por las contramedidas tomadas (algo tardías) para evitar el riesgo de una curva exponencial pura y dura, que dentro de X días alcanzaremos el “pico de la curva” (porque finalmente la lógica de la curva logística se impondrá por simple saturación sistémica de la propagación en un entorno dado) nadie puede ser tan temerario como para decir una fecha u horquilla de días concretas, so pena que nos pase como al “pavo de Russell” (en honor a Bertrand Russell que fue quien expuso por primera vez el ejemplo, retomando el problema de la inducción que inició David Hume) del que desarrollé en el post sobre El cisne negro de Nassim Nicholas Taleb

Y este problema de la inducción, es indiferenciado, existe tanto para las malas noticias (rebrotes) como para las buenas noticias (observad el NCC diario de Corea del Sur, como después de un crecimiento diario notable, hubo un descenso brutal e impredecible). Tal vez en el caso de España podría ocurrir el mismo fenómeno: en lugar de un descenso suave en el NCC diario post-pico, un descenso brusco del NCC diario tras el pico. Tengámoslo en cuenta, porque la mayoría de modelos tenderán a reproducir descensos suaves.

Conclusión: lo prudente para saber y celebrar que hemos alcanzado el pico de la curva, sería cuando haya pasado al menos una semana (mínimo deseable para afianzar la tendencia, que el tiempo de descenso ≅ raíz cuadrada del tiempo de ascenso) en el que el NCC sigue descendiendo día a día... dicho de otro modo, nunca sabremos que hemos alcanzado el pico de la curva “antes” o “en” incluso “inmediatamente después” del día del pico de la curva: siempre lo sabremos retrospectivamente, pasados unos días o más prudentemente una semana... preferiblemente dos.

Por tanto... celebrar el pico de la curva antes de que exista una consolidación de la tendencia de bajada sería un error imperdonable, error “castigado estadísticamente” con el susto de un rebrote de la curva a las primeras de cambio.

En fin... como decía Niels Bohr, no olvidemos que «Hacer predicciones es muy difícil, especialmente cuando se trata del futuro»

Como una imagen vale más que mil palabras, para ejemplificar este razonamiento, adjunto los NCC diarios de España y Corea del Sur, donde observamos claramente que España todavía no ha logrado estabilizar un descenso de los NCC (tenemos subidas y bajadas como en una montaña rusa), mientras que Corea del Sur ya logró el pico de la curva a primeros de Marzo, cosa que sólo podremos saber, en nuestro caso, retrospectivamente, al pasar varios días de una bajada prolongada.

Pues bien... hasta que no estemos en la misma situación de descenso consolidado, no sabremos que nuestro pico “fue” tal día de Abril (o Mayo) de 2020 y no antes ni en el mismo instante ni inmediatamente después, sino, como mínimo una semana después... preferiblemente dos.

NCC diarios de España y Corea del Sur


NCC acumulados de España y Corea del Sur



Para saber más: Información actualizada COVID-19 Mundial y España por CC.AA. con Análisis adicional de Wau Technologies

Coronavirus COVID-19 Global Cases by the Center for Systems Science and Engineering (CSSE) at Johns Hopkins University

Worldometer: Coronavirus

Ministerio de Sanidad: Situación de COVID-19 en España

Centro Nacional de Epidemiología: Situación de COVID-19 en España

MODELIZACIÓN EPIDEMIOLÓGICA DEL COVID-19

OMS - Coronavirus

European Centre for Disease Control and Prevention


12 de enero de 2020

La Lotería y la Falacia del Costo Hundido

Hace unos días, al ir a cobrar una devolución del sorteo de Lotería de “El Niño” en una Administración de Loterías, escuché una conversación de una persona que decía haber gastado una gran cantidad de dinero, primero en “El Gordo” y luego en “El Niño”:

“A ver si en el próximo sorteo de lotería me recupero con los 15 millones a un décimo”…


Esto me hizo pensar en la planificación, nada inocente y por tanto estratégica, de las Loterías del Estado entorno a los populares sorteos de final y principio de año, un diseño orientado, en mi opinión, a explotar al máximo el conocido sesgo cognitivo de “La falacia del coste hundido” también conocida como “La falacia del costo irrecuperable”… un autoengaño mental muy extendido que hunde sus raíces en la creencia, irracional, de apelar a algún principio desconocido de justicia distributiva por el cual siempre se recuperan las pérdidas ocasionadas, sean en el juego o en inversiones, un sesgo que el sistema nacional de loterías contribuye sin duda a cebarlo o aprovecharse del mismo, no sé si intencionadamente o no, con la concatenación de sorteos que genera entre los jugadores de loterías una conducta típica de este sesgo… que hace que una persona siga gastando para intentar “recuperar lo perdido”, aunque racionalmente, probabilísticamente, se sabe que una inmensa mayoría jamás conseguirá esa recuperación.

En efecto, después de “El Gordo” (20 € por décimo, un premio máximo de 400 mil por décimo y otros premios inferiores), viene “El Niño” (20 € por décimo, un premio máximo de 200 mil por décimo y algún otro premio inferior), pero la cosa no termina aquí, luego viene un sorteo extraordinario ubicado “estratégicamente” después de “El Niño” (15 € por décimo y un premio máximo de 15 millones a un solo décimo y otros menores) para concluir con otro más, un sorteo especial después del extraordinario (12 € por décimo y un premio máximo de un 100 mil por décimo y otros menores).

Es decir, cuatro sorteos importantes concatenados, de mayor a menor reparto de premios… una concatenación que encaja muy bien, como anillo al dedo, con la psicología del afectado por la “falacia del costo hundido”, para explotar al máximo este sesgo cognitivo de las personas que, dando por perdido e irrecuperable el gasto en el sorteo anterior, aún confían, irracionalmente, en recuperar lo perdido con el siguiente sorteo, o el siguiente del siguiente, etc. un sesgo muy extendido que nos impide aceptar que la pérdida ocasionada en un sorteo de lotería (o en una inversión ruinosa) es difícilmente recuperable en el siguiente sorteo, por lo que el sesgo nos tienta emocionalmente con una sobreestimación de nuestras probabilidades de ganar, entrando con ello en un círculo vicioso de seguir perdiendo en lugar de decir ¡¡Basta!! siendo la única manera de salir del círculo el preguntarse ¿cuánto más estoy dispuesto a perder? y hacer como hacen los inversores en bolsa racionales, ponerse un “stop loss”, una orden para detener pérdidas, no importando lo que se lleve invertido/gastado. Al fin y al cabo, seguir insistiendo en esta falacia no lleva sino a hacer cierta la máxima atribuida a veces a Albert Einstein y otras a Mark Twain: “Locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes”.

Pienso que sería de agradecer que el próximo ministro de consumo, presuponiendo en él una mayor sensibilidad social hacia las familias afectadas por la lacra de la adicción al juego, se planteara algún tipo de campaña de sensibilización para avisar y sustanciar la educación financiera de los ciudadanos más vulnerables a esta falacia para minimizar este sesgo y evitar en lo posible la sobreexplotación de las frágiles economías domésticas… o, aún mejor, que instara al ministro competente del ramo a un rediseño de los premios para dejar únicamente los más tradicionales, más difíciles de eliminar, se abandonase los sorteos extraordinarios y especiales concatenados a los anteriores y se buscaran otras vía de redistribución de la riqueza diferentes al tradicional juego de las loterías.


Para saber más: Falacia del costo hundido en Wikipedia

Falacia del costo irrecuperable en Wikipedia

Sesgos cognitivos en Wikipedia

10 sesgos cognitivos que manipulan tu opinión

Falacia del costo hundido

Falacia del costo hundido en BBC

¿Qué es un Stop Loss?


13 de octubre de 2019

Estrategia vs. Táctica: conceptos, corolarios y críticas

En consultoría es recurrente escuchar el concepto de estrategia en boca de directores de empresa. Raramente se escucha la palabra táctica, como si la estrategia por sí misma fuera suficiente.

Cuando profundizas con el interlocutor te das cuenta de que en realidad mezclan los conceptos y a menudo están refiriéndose a táctica cuando verbalizan estrategia.

Como en el lenguaje militar estos conceptos están mejor definidos, voy a reflejarlos tal cual me los enseñó hace años un compañero de estudios militar con responsabilidades en el ámbito de la logística castrense, para luego añadir algunos corolarios de cosecha propia para finalizar con sendas reflexiones de un profesor de reconocido prestigio.

Conceptos

Estrategia (Strategos)

“Arte de disponer las tropas antes del comienzo de la batalla”.

La estrategia es la aptitud, la habilidad para planificar.

Táctica (Taktikos)

“Arte de mover las tropas en la batalla”.

La táctica es la aptitud, la habilidad para maniobrar.

Observa que todo el secreto se encuentra en las preposiciones antes y en.

Corolarios

1. Es mejor tener una estrategia que no tenerla, sobre todo si el oponente la tiene.

2. Una buena estrategia debe poder anticipar o responder la estrategia del oponente.

3. La capacidad estratégica nos remite a la previsión y anticipación para el cambio.

4. La capacidad táctica nos remite a la rapidez y agilidad ante el cambio.

5. Una buena capacidad táctica puede compensar una estrategia mediocre.

6. Una buena estrategia no puede compensar una capacidad táctica mediocre.

7. La ausencia de estrategia y de táctica tiene un síntoma visible: apagar incendios.

Críticas

“Estamos deformando el concepto de planificación. Hemos pasado de la estrategia a la táctica, y de ésta a tapar agujeros. Se ha llegado a decir públicamente que no merece la pena planificar porque el horizonte es incierto. Pero la estrategia continúa siendo crucial y hay que saber a dónde queremos dirigirnos y cómo queremos hacerlo…”

“… sufrimos una invasión de estrategas. La cuestión es quién va a cuidarse de los detalles operativos. En definitiva, quién va a hacer las cosas”.

Alfonso Durán Pich


24 de febrero de 2019

Al otro lado de la metodología: El trabajo del consultor visto desde sí mismo. Una experiencia personal

Con incontables proyectos de consultoría donde ha habido de todo, me lanzo a dejar por escrito esta reflexión. Si alguien tiene alguna sugerencia, adelante, en público o en privado: mejor partiendo de la experiencia personal, más en el cómo, amigo consultor, has procesado la información, cómo la has gestionado y que has experimentado en el proceso, como si te observaras a ti mismo, en un ejercicio de introspección.

La idea de esta reflexión en voz alta consiste esencialmente en modelizar las fases del proceso de consultoría desde el punto de vista de los procesos mentales del consultor y no tanto desde la metodología, sea cual sea que se utilice. Es por tanto una visión más psicológica (la parte sumergida, no visible, no verbal, subjetiva e íntima de lo que le ocurre al consultor) más que metodológica (la parte emergida, visible, verbal y pública de lo que le ocurre al proyecto).

Estas que describo a continuación serían las fases del modelo que he logrado identificar, que no son fases o etapas por las que haya que pasar como si de un proceso metodológico se tratase, del inicio al final de un proyecto. Son fases que, pienso, ocurren necesariamente, de forma natural, e intuyo, son de carácter universal. Por ejemplo, la fase de bipolaridad no sería deseable desde un punto de vista metodológico (es un estorbo) sin embargo “ocurre” dentro de la mente del consultor.

Vamos allá.

Inmersión o Carga (el consultor entra en contacto con la empresa u organización cliente) – Fase de entrada masiva de información, conceptos y procesos, sin llegar a comprender en su mayoría, donde la cantidad prima sobre la calidad y la tónica general es la desestructuración cuando aún no se dispone de criterios definidos para discriminar, estructurar y priorizar la información. Es la parte donde la metodología puede ayudar organizar los datos recibidos en el “sistema neurológico” del consultor (datos+estructura=información), pero a diferencia con el trabajo de un estudiante, que sí trabaja con datos estructurados, el consultor debe procurar hacer continuo “feed back” con el cliente, para verificar que ha comprendido los requisitos del cliente, los procesos de negocio y los objetivos del proyecto, en un continuo ir y venir hasta la completa asimilación de la información, los conceptos y procesos más críticos, la mayoría de los cuales están implícitos en el ADN de la organización o empresa, pues no siempre se cuenta con información explícita en forma de documentación accesible. En muchos casos este trabajo supone hacer “minería” en el sentido literal de la palabra: taladrar el suelo de los procesos visibles para obtener información relevante para el proyecto. Es importante en esta etapa que el consultor escriba, preferentemente en su portátil, para no perder tiempo posteriormente en la transcripción de lo escrito al tratamiento de textos, particularmente si no se tiene buena letra, siendo un método eficaz el explicarse los conceptos y procesos a uno mismo, sea escribiendo, haciendo esquemas, diagramas de flujo o hablando en voz alta: como afirman los pedagogos, cuantos más sentidos intervengan, más fácil será que la información relevante quede registrada para su aprendizaje.

Interiorización (hacer propios los datos y conceptos) – Comienza la fase de análisis y comprensión de la información para construir un modelo mental y después conceptual del sistema en estudio, un modelo que inicialmente tiene su base neurológica en el cerebro del consultor, que debe comenzar a construir las correspondientes relaciones y “sinapsis” entre los datos y conceptos “cargados” en su cerebro con el fin de encontrar semejanzas (isomorfismos) entre el mismo sistema (del sistema que parte y al que desea llegar) y otros sistemas (del proyecto en estudio y otros proyectos anteriores que pueden servir de guía). Hasta el paso anterior, el trabajo del consultor tiene cierta semejanza con el estudiante que se prepara para un examen o unas oposiciones, pero a partir de aquí nada tiene que ver, porque, así como el estudiante debe “reproducir” lo aprendido, el consultor debe “deconstruir” lo aprendido para “construir” un nuevo sistema, reorganizar los procesos a fin de hacerlos más efectivos (eficacia+eficiencia=efectividad) y en la mayoría de los casos proceder a su digitalización, transformación y evolución más allá de las limitaciones del sistema actual. En esta etapa es cuando la experiencia previa del consultor es de gran ayuda para acelerar, por similitud con otros proyectos, la comprensión del nuevo sistema. En esta etapa interviene una nueva habilidad que el consultor debe practicar continuamente, que a falta de mejor conceptualización llamaré la capacidad de transposición, tomándola prestada de la jerga legal de la Unión Europea. Consiste esencialmente en ser capaz de proyectar y aplicar correctamente los requerimientos del cliente en el nuevo sistema, de tal modo que la continuidad de los procesos de negocio primitivos quede asegurados, mejorados y ampliados en el nuevo sistema a diseñar, desarrollar e implantar. Esta capacidad es particularmente conveniente en la implantación de sistemas de información como los ERP, donde preexiste una funcionalidad estándar de base que conviene alterar lo menos posible y esto se logra con una correcta transposición: adaptando dinámica y creativamente los requerimientos a la funcionalidad y la funcionalidad a los requerimientos.

Bipolaridad (baile entre la claridad y la oscuridad, el orden y el caos) – No confundir con el trastorno bipolar (segunda acepción de la RAE). La bipolaridad entendida como un cierto proceso psicológico ambivalente en el consultor, donde se produce una cierta tensión entre orden y caos en el cerebro del consultor, como si estuviera en el centro de un arco voltaico, anda medio perdido entre lo que ha entendido y lo que no ha entendido del sistema en estudio, el análisis y la síntesis, lo que encaja y no encaja en el modelo conceptual del futuro sistema que está construyendo en su mente y prototipando en un sistema, sea conceptual o digital. Es la etapa más crítica y más difícil de sobrellevar. Es “la noche oscura” del consultor y sin embargo necesaria su transición para que el consultor madure su capacidad de resiliencia y adquiera destrezas en el manejo de la incertidumbre: no siempre se tiene toda la información y el conocimiento del sistema a prototipar, se encuentran fallos en el modelo conceptual, falta de datos y parámetros que no se había tenido en cuenta en la inmersión o el cliente no le había dado importancia (sucede a menudo que la cultura empresarial es “invisible” para el que vive en ella, como el pez en el agua, y sin embargo determina muchos “por qué” y “para qué” de los procesos que debe analizar el consultor) se encuentran callejones sin salida, se avanza y retrocede, etc. Es conveniente que esta etapa surja cuanto antes para evitar el problema del tener que partir de cero. Si esta etapa dura demasiado es síntoma de que falta información esencial o que el modelo que se intenta construir no encaja, no “fluye” con el sistema real porque parte de premisas equivocadas y tal vez conviene volver a una fase anterior.

Flow (entrar en flujo: se encuentra el camino para entender el sistema y proponer las adaptaciones, cambios y/o desarrollos) – En esta etapa existe una especie de Weltanschauung como se dice en alemán, o un insight como dicen los anglosajones, esto es, una visión completa del proyecto, donde se produce la síntesis del todo analizado, es decir, una Gestalt (el todo es diferente a la suma de las partes) y el momento más creativo, que suele terminar exitosamente con la plasmación escrita (o del código de software correspondiente) de la realidad entendida y las mejoras del sistema a entrar en producción y posteriormente a implantar. El Flow es fácil distinguirlo porque “todo fluye” armoniosamente en el trabajo sin obstáculo alguno y casi todas las preguntas tienen su respuesta en el nuevo modelo diseñado y aún mejor, hasta los procesos que no se habían analizado en detalle parecen encajar como un guante en el nuevo modelo. Cuando surge, el Flow es fácil identificarlo porque el consultor, literalmente, parece incansable, aunque esté horas y horas pegado al Word, el Excel o escribiendo código o presentaciones de PowerPoint. Puede ocurrir que el Flow sea de baja intensidad, en tal caso estaremos ante un trabajo algo más mecánico y mediocre: cuidado porque las metodologías al uso no suelen ayudar en esta fase de creatividad. Podemos seguir al pie de la letra la mecánica de la mejor metodología y no ayudarnos en nada en esta, una etapa que requiere de habilidades (curiosidad, creatividad, pensamiento sistémico, pensamiento lateral, visión periférica, escucha activa, etc.) que el consultor debe cuidar y desarrollar a lo largo de su vida profesional, siendo una habilidad clave el autoconocimiento para identificar los momentos de máxima concentración y energía mental. ¿Se puede acelerar la llegada a la fase de Flow? Pienso que sí, pero el único modo que conozco es superar la etapa de bipolaridad lo antes posible para que el consultor pueda ofrecer la mejor versión de sí mismo. Si la bipolaridad dura demasiado tiempo se puede entrar en un estancamiento del proyecto y un agotamiento mental del consultor.

Reseteo o Descarga (última etapa, el “olvido activo”) – El consultor, aunque trabaje en varios proyectos, tiene un solo cerebro y no debe saturarse con información que no sea necesaria una vez ha concluida la etapa de Flow. De hecho, es conveniente hacer un paréntesis entre fases Flow para abordar más creativamente los sucesivos proyectos, pues el Flow es el momento en el que las conexiones neuronales deben funcionar a pleno rendimiento. No obstante, antes de producirse el olvido voluntario, es vital que el consultor realice un último esfuerzo de síntesis, reflexione y escriba para sí mismo (el consultor es, sobre todo, una persona que estudia y escribe continuamente) las enseñanzas que le ha aportado el proyecto y las habilidades que necesitará reforzar para evitar en el futuro los errores que haya detectado. Al fin y al cabo, los consultores, por lo general, somos “aves de paso” y después de terminar un proyecto pasamos a otro sin solución de continuidad y por tanto se hace obligatorio una “parada técnica” para resetear ese mecanismo tan preciso como es el cerebro. Y, una vez terminada la fase Flow, hay que desconectar, preferentemente haciendo algo distinto, como practicar algún deporte, caminar y meditar para encarar los siguientes retos.

Que el Flow os acompañe.

9 de abril de 2018

12+1 Aforismos para gestores anuméricos

Siguiendo el hilo de los anteriores Aforismos, me lanzo a reflexionar en voz alta sobre algunos conceptos erróneos en la gestión del stock y la productividad, propiciada por los lugares comunes en los que se alimentan los gestores anuméricos.

Como ocurriera con el resto de aforismos, estos no están estructurados y tampoco pretenden ser exhaustivos, son también la síntesis de muchas experiencias interactuando con cientos de directivos de toda clase y condición.

1. Muchos gestores anuméricos confunden el significado de algunos indicadores clave de gestión: la rotación del stock con las ventas, la cobertura del stock con la rotación y la productividad con la producción. Deshagamos con sencillez el entuerto de una vez por todas.

2. La rotación del stock es una relación (ratio) entre las ventas y el stock promedio (R=V/Sm). Mide “las vueltas del stock” y se puede medir en unidades físicas o monetarias.

3. Calcular las ventas de una cantidad de periodos es fácil, pero calcular el stock promedio no lo es tanto sin disponer de un sistema informático: hay que muestrear y calcular el stock en cada periodo (p.ej. mes) y promediar por el total de periodos.

4. Por lo general, los gestores saben que una baja rotación es peligrosa. Una rotación de menos de dos dígitos significa que probablemente estemos financiando el stock contra nuestros propios recursos.

5. Para aumentar la rotación solo hay dos caminos: aumentar las ventas o reducir la frecuencia de las compras.

6. La cobertura es el recíproco de la rotación, pero expresado en tiempo (C=Sm/Vm). Mide “el stock en tiempo”. Por lo general se mide en días y puede expresarse en términos del stock promedio (histórico) y del stock actual (días de stock disponibles ahora).

7. Por lo general, los gestores saben que una cobertura elevada es peligrosa por su coste financiero, pero no menos que una baja cobertura si no disponemos de un plazo de entrega ágil.

8. En la cobertura se manifiesta el dilema entre la arriesgada gestión “Just-in-time” (“Justo a tiempo”=cobertura baja) y la conservadora “Just-in-Case” (“Por si acaso”=cobertura alta). Elegir entre una u otra tiene consecuencias financieras y de servicio.

9. La producción es la cantidad de producto que podemos fabricar o distribuir en un periodo de tiempo con unos recursos dados, incluidos medios materiales, humanos e intangibles (formación, organización y sistemas).

10. Mientras que la productividad es la relación (ratio) entre esa producción y esos recursos (p=P/R). Aumentar la producción es relativamente sencillo, basta con “trabajar más”, pero hacerlo incrementando a su vez la productividad no es tan fácil.

11. Por lo general, los gestores saben que una mayor productividad se puede lograr pagando menos por los recursos: es lo que se llama “productividad sucia”, que tiene corto recorrido.

12. Hay una “productividad sana” de más largo recorrido que implica una mayor inversión en formación, organización y sistemas. Entre ambas tendencias de la productividad se debate desde hace tiempo. Hay consenso en cuál es la mejor, pero no se practica mucho.

12+1: Un directivo de un sector con fuertes inversiones en stock y con una estacionalidad muy acusada que daban como resultado rotaciones bajas y coberturas altas, me dijo en una ocasión que su padre le aconsejaba la gestión de las 3P: Puesto, Paciencia y Pesetas. “Puesto” (que se puede asimilar a disponibilidad de stock) para tenerlo en el lugar adecuado en el momento oportuno, “Paciencia” considerando que el stock, en su sector, no perdía valor y en algún momento tendría comprador y “Pesetas” porque no bastaban el posicionamiento y la paciencia si no se tenía el suficiente músculo financiero. Desafortunadamente no todos los sectores son tan afortunados como el de este directivo para ir contra corriente de la rotación y la cobertura. Dicho queda a modo de contrapunto.


28 de enero de 2018

De hoteles, baños y análisis de valor

“La calidad es una experiencia directa independiente y anterior a las abstracciones intelectuales.”

“Calidad no es ni mente ni materia, sino una tercera entidad independiente de las otras dos..., aun cuando la calidad no pueda definirse, usted sabe bien que es.”

“¿Y qué es bueno, Fedro, Y qué no lo es?... ¿Necesitamos pedirle a alguien que nos diga estas cosas?."
Robert M. Pirsig.


Mi “experiencia de usuario/cliente” en diversos hoteles urbanos para estancias cortas en el país me lleva a una reflexión sobre el “Análisis de Valor”, un concepto/técnica multidisciplinar que creo/percibo que en el caso de algunos hoteles han aplicado a rajatabla.

Una vida profesional girando alrededor de los viajes y los hoteles me permiten observar que ciertos hoteles y cadenas hoteleras, a las que llamaré OV por estar más orientados al valor percibido, han hecho sus deberes desde el punto de vista del diseño y concepción integral del producto/servicio y el segmento de mercado objetivo al que quieren captar, mientras que en otros hoteles, a los que llamaré OA por estar más orientados a la apariencia de valor, apenas han dedicado esfuerzo al valor percibido y tan solo les queda la opción del precio o el lanzamiento de campañas en un intento de atraer todo tipo de segmentos y perfiles de clientes.

En el “Análisis de Valor” el foco se pone en lo que el cliente valora de un producto/servicio dado (y está dispuesto a pagar por ello), de tal modo que la “reducción de costes” puede ser perfectamente compatible con la calidad y satisfacción del cliente: a veces la reducción de costes y la calidad del producto/servicio se ven como fuerzas antagónicas… sin embargo la calidad no es un absoluto, tiene un componente “adaptativo” y subjetivo: la calidad percibida por el cliente… ¿cómo?, simplemente adaptando la sencilla estrategia de “invertir/gastar” donde el cliente va a percibir valor/calidad y “no invertir/no gastar” más de lo estrictamente necesario donde no va a percibir valor/calidad… y esto es aplicable a productos y servicios... y por supuesto al mundo del software, donde muchas veces nos perdemos en florituras técnicas que el cliente no va a percibir, cuando en otras ocasiones apenas se dedica tiempo y esfuerzo a diseñar interfaces más sencillas e intuitivas, donde el usuario va a bregar todos los días.

Volviendo a los hoteles: para empezar, las habitaciones de los hoteles tipo OV son más reducidas que las del tipo OA (estimo que alrededor de un 20%-25% menor) es un dato objetivo que, además, redunda en un menor volumen a calentar o enfriar y por tanto un menor consumo… sin embargo, pensando en la “experiencia de usuario/cliente” ¿qué valora el cliente en el espacio?... pues (yo al menos) el espacio de trabajo y la cama… y allí son prácticamente iguales… ¿entonces dónde reduce espacio los hoteles OV?... en el cuarto de baño básicamente, en el espacio entre la cama y la mesa de trabajo, algo en el armario y sobretodo el inservible “pasillo de entrada”… ¿por qué?... pues porque tiene su lógica desde el “Análisis de Valor”… si el usuario/cliente objetivo (un viajante de comercio, un trabajador desplazado, etc.) de los hoteles OV va a ser por lo general una sola persona (aunque caben perfectamente dos personas) y en estancias cortas… ¿para qué necesita más espacio de armario o más espacio de baño o más espacio de “pasillo de entrada”?... ahí es donde observo una estrategia de “Análisis de Valor” consciente en el caso de los hoteles OV respecto a los OA… es decir, que estoy seguro que los propietarios o gestores de los OV sí han hecho una reflexión estratégica sobre: ¿a qué cliente me dirijo?, ¿en qué mercado quiero estar?, ¿qué debo satisfacer para que el cliente perciba valor y de qué puedo prescindir?... y por supuesto, ¿qué debemos cambiar para que el cliente valore nuestra oferta?...

Probablemente, deduzco, los hoteles tipo OA quieren o pretenden “disparar en todas direcciones” (hotel para familias/parejas, hotel para turistas y hotel para trabajadores desplazados/negocios) pero eso comporta riesgos (claramente los hoteles OV ganan la partida en el segmento “hotel para viajante por trabajo”), pues no se puede satisfacer a todos los segmentos de mercado… de ahí el menor espacio para el baño, claramente ajustado e innovador, con ducha en lugar de bañera, frente al sobredimensionado baño con bañera en los hoteles tipo OA, al igual que otros detalles que denotan sobredimensión y sobrecoste, por ejemplo: 2 sillas, a veces 1 sofá y un reposa maletas en el caso los hoteles tipo OA (frente a 1 silla y un pequeño sofá que hace las veces de reposa maletas en el caso en los OV) o una mesa desaprovechada para soportar únicamente la TV en los OA, frente a un espacio y muebles mejor aprovechados en los OV, al igual que la orientación a la productividad en la limpieza, que por lo general en los OA, es más lenta y costosa al disponer de moqueta en las habitaciones, frente a los OV, más rápida, higiénica y eficaz al contar con parqué.

La mala noticia, para los hoteles OA es que la mayoría de estas orientaciones a la calidad percibida hay que hacerlos “en tiempo de diseño del hotel”pues una vez construida la infraestructura del edificio se tienen pocos grados de libertad para rediseñar el hotel (salvo profunda reforma de las habitaciones) de acuerdo al resultado de un “Análisis de Valor”… al igual que el entorno… algo que los OV sí han sabido manejar… pues por lo general, aun siendo urbanos, se encuentran en un entorno algo más agradable al contrario que los OA, tal vez más céntricos y por ello más tráfico y ruido, un ruido que los hoteles tipo OV intentan minimizar al máximo desde su concepción, con un excelente aislamiento acústico, frente a los OA, que tal vez pensando en el mayor espacio de las habitaciones terminan por ver poco rentable el aislamiento acústico, cuando es algo que valora y mucho el viajante que acude al hotel a descansar sin sobresaltos después de una larga jornada de trabajo.

No obstante, aunque una vez construida una estructura hotelera poco que se pueda hacer, en el factor servicios (afortunadamente) aún queda margen para mejorar y adecuar la oferta al “Análisis de Valor”… y en este punto los hoteles OA sí que cuentan con alguna ventaja en lo que respecta al espacio para el buffet del desayuno y comidas/cenas, un espacio que en los OV no es tan importante por el perfil de cliente al que se dirigen, excepto en los desayunos, donde contrarrestan el menor espacio con una gran variedad de alimentos, y lo mismo cabría decir de otros aspectos clave del servicio aunque “intangibles” como la velocidad/cobertura de la Wifi… un aspecto que claramente miman en los hoteles OV frente a los OA por motivos obvios del perfil del cliente… u otros aspectos que más allá del “Análisis de Valor” pueden entrar dentro de la categoría de la “experiencia de usuario”, que a mí personalmente me gusta más calificarlo de “sorprender al cliente” con servicios de valor añadido o prestaciones innovadoras como servicios adicionales no convencionales, premios, concursos, descuentos, fidelizaciones, tarjetas VIP, servicios Premium, etc.

En fin, unas cosas llevan a otras y esto del “Análisis de Valor” es una poderosa herramienta junto con el “Lean Manufacturing” que puede ser muy interesante aplicar a las empresas de servicios tecnológicos, como empresas de consultoría y software… esto seguramente se aplica de manera más o menos artesanal e intuitiva (haciendo foco en lo que valora el cliente y viceversa)… sin embargo es posible que existan muchas cosas que podemos mejorar para “reducir costes” sin necesidad de “reducir la calidad percibida” del cliente, haciéndolo de una manera sistemática y consciente… haciendo foco en lo que valora el cliente (p.ej. atención y soporte post-implantación), aunque no siempre coincida con lo que se valora a priori y no haciendo foco (y por tanto no gastando o gastando sólo lo imprescindible) en lo que no valora (p.ej. propuestas rimbombantes en papel de altísima calidad)…


Para saber más: Lawrence D. Miles - Value Foundation

SAVE International - American Value engineering society

The Institute of Value Management

Lean manufacturing


25 de diciembre de 2017

OVNIS: Una mirada metaescéptica

Noticia publicada hace escasos días en el New York Times: “Entre 2007 y 2012, el Gobierno de EE UU destinó cada año 22 millones de dólares del presupuesto del Departamento de Defensa (600.000 millones de dólares) a un programa secreto para investigar ovnis, según una investigación de The New York Times. Las autoridades nunca informaron de la existencia del Programa de Identificación Avanzada de Amenazas Aeroespaciales (Advanced Aerospace Threat Identification Program, en inglés), pero tras las revelaciones el Pentágono ha reconocido su existencia. Aunque el proyecto, que fue impulsado por el exsenador demócrata Harry Reid, perdió la financiación de Defensa en 2012, sus investigaciones siguen en curso.”

Este fenómeno tiene la propiedad de estigmatizar a quien lo toca, de ahí la dificultad de abordarlo seriamente por la comunidad científica. Su secretismo tiene que ver muchas veces con ese prejuicio tan humano de la reputación personal que con el ocultamiento deliberado. Mientras tanto, cada gobierno lo gestiona en silencio como puede... aunque también lo puede gestionar con otros fines de inteligencia, como pienso que ocurre en esta ocasión, una cuestión en la que raramente entra a analizar la comunidad escéptica, por lo general más centrada en los fraudes y los errores de percepción de los testigos. Por eso, antes de hablar de OVNIS en términos de folklore popular (naves extraterrestres) o en términos escépticos (los testimonios de testigos nunca son fiables), cuando nos encontramos ante señales de radar (aparentemente más objetivas y fiables) y descartando a priori que se trate de un montaje de bajo presupuesto en un simulador de vuelo, hay que descartar otras cosas más "terrenales" como las siguientes:

Experimento de simulación: doble, triple y cuádruple ciegos

¿Es hackeable el monitor de radar de un F-18 y el radar en tierra? Una cosa es lo que vea un piloto a simple vista y otra lo que le muestre el monitor al piloto y al operador de radar en tierra. Al fin y al cabo, toda la aviónica de un F-18 o un radar por muy sofisticado que sea está basada en ordenadores y los ordenadores, por principio, son hackeables. Puede que el piloto y el operador de radar no vean otra cosa que una simulación creada por ordenador, posiblemente para un “experimento doble ciego” (el piloto y el operador de radar no saben que están siendo objeto de una simulación autorizada por sus superiores inmediatos para observar sus reacciones ante una situación extraordinaria), incluso un “experimento triple ciego” (ni el piloto, ni el operador de radar, ni sus superiores inmediatos, saben que están ante una simulación para observar la reacción simultánea de todos ellos), o para colmo de la sofisticación, un “experimento cuádruple ciego”, donde el piloto, el operador de radar, sus superiores inmediatos y el investigador de ese programa OVNI del Pentágono ni siquiera saben que se trata de un ejercicio de simulación para estudiar las reacciones y decisiones de todos ellos ante una situación extraordinaria con el fin de proponer cambios en los protocolos de actuación. Por cierto, el hecho de que el operador de radar lo primero que pregunte a los pilotos es sin van armados y estos respondan que no (era un vuelo de entrenamiento) y a pesar de ello se les comunique que se aproximen al objeto es significativo de la percepción de no amenaza del objeto y/o del carácter de simulación del encuentro: es sabido que en situaciones de riesgo para su vida un militar está entrenado para disparar sin esperar autorización, algo por supuesto a evitar en una simulación en la que toda precaución es poca si los sujetos de la experimentación sienten temor o se ven amenazados.

Inteligencia inversa

Puede incluir el supuesto anterior o no, pero añadiendo que el destinatario de la simulación es el “enemigo” (sea ruso o chino) bien para que muestre sus cartas (su tecnología oculta) al respecto, bien para que supongan que las fuerzas armadas norteamericanas ya disponen de esa “tecnología” y destinen cantidades ingentes de gasto militar en un fin inútil e inalcanzable por su carácter virtual, no real. El objetivo siempre suele ser el mismo desde la existencia misma de los servicios de inteligencia: engañar al enemigo, también algo “muy terrenal”: que el “enemigo” extraiga conclusiones erróneas acerca de la tecnología “behind the scenes”.

Ingeniería social

Puede incluir cualquiera de los supuestos anteriores, pero añadiendo que el destinatario real de la simulación es la propia ciudadanía, para alertar de la supuesta existencia de una tecnología superior para actuar en consecuencia “presupuestaria”, o complementariamente, para observar las reacciones de estas filtraciones en las redes sociales con el fin de obtener inteligencia de todo tipo: velocidad de propagación y viralidad, impacto y penetración en las redes sociales, cantidad de crédulos y escépticos que genera, etc. El objetivo, por lo general, también “muy mundano” siempre suele ser material: justificar un incremento del gasto militar en tecnología aeronáutica, al principio maquillando de I+D para poder “estudiar” ese fenómeno autocreado y luego en cacharrería para supuestamente emularlo, aunque en realidad finalmente se destine a otros fines menos confesables.

Solo después de descartar esos tres supuestos podríamos hablar en serio de un fenómeno OVNI genuino. Mientras tanto, mantenerse escépticos y metaescépticos ante noticias de esta naturaleza es lo más razonable.


Para saber más: Glowing Auras and ‘Black Money’: The Pentagon’s Mysterious U.F.O. Program

Why The NY Times Pentagon UFO Disclosures Deserve More Skepticism

EE UU destinó 22 millones de dólares al año entre 2007 y 2012 a un programa secreto para investigar ovnis

El fiasco de los ovnis del Pentágono 1/3

El fiasco de los ovnis del Pentágono 2/3

El fiasco de los ovnis del Pentágono 3/3

Corrupción y ovnis: ¿adónde volaron 22 millones de dólares del Pentágono?


29 de octubre de 2017

Más allá del DUI vs. 155. Mi visión del conflicto

“May we never confuse honest dissent with disloyal subversión.” Dwight D. Eisenhower

Cuando Ronald Reagan, un actor de segunda fila, ganó por abrumadora mayoría las elecciones presidenciales de 1980 no fue porque hubiese creado un resurgimiento del conservadurismo en Estados Unidos, porque hubiese conseguido provocar un renacimiento del orgullo nacional o porque hubiera sido un destacado intelectual orgánico de la ideología neoliberal. Todas esas condiciones ya existían. Como dijeron algunos analistas entonces, Reagan se limitó a encontrarse con el desfile y a ponerse al frente del mismo, como le ocurría al bueno de Charles Chaplin en la conocida escena de Tiempos Modernos (1936), donde Puigdemont me recuerda al líder de un movimiento que no controla, mientras Rajoy se asemeja al que detiene al supuesto líder sin entender la causa del movimiento, arriesgándose con ello a que se repita el problema por falta de un diagnóstico correcto.

Pienso que en lo sucedido estos ajetreados días pasados y los que quedan por pasar a propósito del llamado desafío secesionista o conflicto catalán, la DUI y el recién implementado artículo 155 CE hay mucho de este fenómeno, a saber: un fuerte movimiento reivindicativo, transversal y antisistema que emerge durante el 15-M, que a falta de referentes internacionalistas, más abstractos, encaja como un guante con lo identitario catalán, la “catalanidad”, mucho más concreto y cercano, que se acelera con su conexión con los agravios comparativos del Estatuto de Autonomía del 2006 enmendado por el TC en 2010 como una expresión simplificadora de causa-efecto y una cierta conexión ancestral con una mítica Camelot o Arcadia feliz inalcanzable, pero propulsora de energías atávicas y emocionales que emerge con fuerza arrolladora en los últimos años y unos políticos oportunistas que, como Ronald Reagan, que se habían dedicado “a otras cosas” más bien contradictorias con esa fuerza emergente, de repente toman conciencia de que algo hay que hacer al respecto si no quieren verse ninguneados por el tsunami popular que se oteaba en el horizonte.

En ese contexto de un potente movimiento popular, transversal, pacífico, de base nacionalista pero con vocación europeísta, a la vez rupturista con el modelo político, económico y social heredado por sus propias élites nacionales, los líderes políticos locales se encuentran en una encrucijada en la que deben tomar una decisión estratégica no exenta de dramatismo: continuar con el “pactismo” de siempre o cambiar radicalmente su orientación pactista-conservadora y evolucionar de forma más o menos creíble y sincera para caminar en una dirección que les permita seguir al frente de las instituciones al precio de liderar-gestionar y tal vez bajo cuerda modular a su favor un movimiento que en principio les era sobrevenido y ajeno a su cultura política. Y esa decisión no exenta de dramatismo le cuesta la implosión a la coalición que había gobernado Catalunya durante más de treinta años.

Pero si ese tsunami subterráneo y popular sorprendía a las élites locales, otro tanto sucede en las élites instaladas en el poder central, donde a falta de “tocar tierra” y entender el fenómeno en su origen, la perplejidad y la falta de reflejos e inteligencia política propia de quien piensa que España comienza y termina en el Paseo de la Castellana, les hace ver el “problema catalán” en modo “business as usual”, como un “más de lo mismo”, confundiendo esas inquietudes con la reclamación de más “dinero” por parte del nacionalismo pactista, que era la manera de resolver los conflictos en los viejos tiempos, una “solución” que el actual gobierno central sigue añorando al reclamar no ha mucho la vuelta de ese nacionalismo pactista-conservador, pero en esta ocasión el diagnóstico es erróneo y la “medicina” anticuada porque el problema es otro y muy distinto, de una dimensión desconocida para ambas élites acostumbradas a los acuerdos negociados con poca luz y taquígrafos: el llamado popularmente “pasteleo” ya no sirve como medio de resolver este conflicto de “nueva generación” con el mal llamado nacionalismo catalán, porque ese es precisamente uno de los errores del diagnóstico: no entender su transversalidad y vocación transformadora, no exenta de contradicciones, engaños y autoengaños, oportunismos y oportunistas, pero que va más allá de instalar una frontera y también más allá en su forma de gestionarlo y contenerlo por el gobierno central, con métodos anticuados en lugar de un pensamiento estratégico de cuarta generación (William S. Lind).

Por eso el gobierno central confunde la semilla (movimiento de transformación social) con la cáscara (nacionalismo), porque si bien es cierto que la semilla se viste de nacionalismo porque es la representación de la lealtad primaria más concreta para conectar con las clases populares y su cultura política (aunque esa confusión entre cáscara y semilla lo aleja del resto de españoles que podrían comprender y solidarizarse con el movimiento sin tener que compartir las banderas) el gobierno central no debería caer en tan flagrante error de diagnóstico, atribuyendo al nacionalismo y las ideas nacionalistas, la cáscara, la causa del problema, cuando en realidad este movimiento revela en última instancia una crisis de legitimidad del Estado Nación tal y como está diseñado, que no es otro que un diseño del siglo XVII (1648, Tratado de Westfalia) que tal vez convendría actualizar y modernizar.

Hace falta otra “medicina” a la habitual, pero, “Houston, tenemos un problema”: con las restricciones y encorsetamientos del corpus legal actual, no es posible alcanzar una solución razonable so pena de crear contradicciones irresolubles. El conflicto por incomprensión del problema y agotamiento institucional está servido. Y unas elecciones autonómicas no lo van a disipar.

Se habla mucho de la necesidad de diálogo político, del fracaso de la política, etc., pero en el contexto del actual marco jurídico la realidad es la que es y las limitaciones obvias: las demandas de más democracia crecen y la camisa constitucional se queda pequeña y no sé si el federalismo que algunos consideran “el-no-va-más” que nos puede sacar del atolladero, no será también una respuesta anticuada para una sociedad post-industrial, hiperinformada e hiperconectada. Tal vez habría que experimentar otros modos de relacionar a los ciudadanos del siglo XXI con la “Res publica” y ser pioneros en ello y presumir en Europa de haberlo logrado, ¿por qué no? A modo de ejemplo: Suiza hace continuos referéndums entre sus ciudadanos y nadie se atreve a decir por ello que sean un atajo de perroflautas asamblearios y antisistema.

¿Qué hacer? Por el momento, el poder central ha tomado mando en plaza vía el recién estrenado artículo 155 de la Constitución y la celebración de elecciones para el 21-D, pero eso, todos sabemos, no va a detener el movimiento antedicho, si acaso lo va a cebar algo más pero no neutralizar. Si acaso el 155 aparcará por escaso tiempo el problema a modo de analgésico. Lo suyo, lo responsable, sería reconocer las limitaciones estructurales que impiden acoger y encajar a esos dos millones largos de ciudadanos movilizados que reclaman, no la creación de una frontera física como fácilmente se les ridiculiza, sino un modo diferente de entender las relaciones con el poder, esto es, no como una “revuelta callejera” sino como una “vuelta” a los orígenes de la democracia y a su actualización en un entorno donde las redes sociales permiten un diálogo y debate permanente con el pueblo, con los ciudadanos, aquí y ahora, en tiempo real.

Pienso que ese “desbordamiento” del marco institucional y constitucional por insuficiencia sistémica no habría que verlo como una amenaza o una tragedia nacional sino como una oportunidad histórica de evolución para liderar el futuro de una Europa de los pueblos donde los ciudadanos y no las élites sean los verdaderos protagonistas del cambio que las nuevas tecnologías, la formación y el debate permanente harán posible. Estamos a tiempo de liderar nuestro propio cambio antes de quedarnos, otra vez, en el vagón de cola de la Europa de los ciudadanos.