16 de noviembre de 2008

Economía de la atención (I): relevancia vs. infoxicación

HAL 9000“Daisy, Daisy, give me your answer do” [“Daisy, Daisy, dame una respuesta”]. Estas fueron las últimas palabras del superordenador HAL-9000 en la mítica película de ciencia ficción “2001: Una odisea del espacio” de Stanley Kubrick basada en la novela homónima de Arthur C. Clarke.

Hoy podríamos decir que un ser humano se enfrenta a una cuestión semejante, no siempre exenta de dramatismo, cuando interroga a un buscador de la web o a una base de datos pública o privada. Actualizando la cancioncilla con la que se despedía HAL-9000 de su apagón cibernético podríamos completar la petición humana cambiando algún nombre y añadiendo alguna solicitud: “Google, Google, dame una respuesta... que sea relevante”.

Exigir relevancia en la información que nos devuelve un buscador o una base de datos es cada vez más una petición universal, pues, literalmente, “nos ahogamos en información”. El término relevancia, según el Diccionario de la RAE, significa “cualidad o condición de relevante, importancia, significación”, y el término “relevante” es definido como “sobresaliente, destacado, importante o significativo”. Otro término que nos puede ser útil es el de pertinencia que la RAE define como “calidad de pertinente”, entendiéndose “pertinente” como “todo lo que viene a propósito o resulta oportuno”.

Ciertamente cuando consultamos un motor de búsqueda como Google, Yahoo, Altavista, Excite, etc. y tecleamos la correspondiente ecuación de búsqueda nos podemos encontrar con cientos, miles o millones de contenidos “irrelevantes e impertinentes” para el objeto de nuestra búsqueda. Navegar a través de esa selva de información resulta cada vez más complejo.

Por otro lado nos encontramos con el problema de la intoxicación por exceso de información, lo que el fundador de Infonomía Alfons Cornella ha llamado infoxicación que su autor define como el “exceso informacional, de intoxicación informacional, en la que tienes más información de la que humanamente puedes procesar y, como consecuencia, surge la ansiedad (técnicamente information fatigue syndrome). En inglés el término es information overload (sobrecarga informacional). Pues bien, la infoxicación es un problema de nuestra sociedad y, por tanto, también una gran fuente de oportunidades. Cuando definí el término, Google no existía. El spam era, quizás, una predicción de algún visionario al que nadie hizo caso. La situación es hoy peor de lo que podíamos imaginar.”

La situación es hoy mucho más acuciante a medida que pasa el tiempo porque el tiempo, el tiempo de atención de las personas, es el recurso crítico. La idea de que existe una “economía de la atención” es del físico teórico norteamericano Michael H. Goldhaber que en 1997 publicó un anticipatorio artículo en la revista Wired donde proponía la hipótesis de que asistimos a la transición de una “economía de base material” donde la moneda es el dinero, a una “economía de la atención” donde la moneda es la atención: “vivimos en una economía donde el bien escaso por excelencia es la atención del público, en una Economía de la Atención.

Si conseguir la atención de la gente era difícil en 1997, a finales de 2008 lo es más. La cantidad de información, relevante e irrelevante, no para de crecer. Se produce más información que tiempo tiene la gente para leerla, no digamos ya para digerirla. Ésta es una era de exceso de información, de “infoxicación”. En esta situación, los gobiernos, las empresas y los individuos luchan por conseguir “cuota de atención” del público. Desde siempre se ha dicho que para conseguir “cuota de atención” bastaba con invertir cantidades ingentes de dinero en publicidad. Lo que ocurre es que es lógica de despilfarro publicitario parece no funcionar en la Red.

El “problema de la atención” tal como lo enfoca Michael H. Goldhaber puede ser resumido de la siguiente forma: El “ancho de banda” de información que recibe la gente no para de crecer, porque la tecnología permite enviar más en menos tiempo, y porque hay más agentes que emiten hacia los receptores potenciales. Este “ancho de banda” es la cantidad de información que alguien recibe por unidad de tiempo, es decir [ab = i/t], cantidad que crece de manera exponencial positiva.

Pero, al mismo tiempo, la “atención personal”, o sea, la cantidad de tiempo que una persona puede dedicar a cada información que recibe, es decir [ap = t/i], disminuye cada vez más. Ese es el nudo gordiano del conflicto pues ambas variables son inversas la una de la otra: a mayor “ancho de banda” menor capacidad de “atención personal”. Estamos ante un típico cuello de botella sistémico: la “atención personal” frente a la ingente información de la Red no da más de sí. Mientras que información en la Red crece y crece, nuestra “atención personal” disminuye y disminuye. Necesitamos pues información relevante, con significado, pertinente, para hacerla llegar a las personas, nuestros clientes potenciales, si queremos hacernos un hueco en su “atención personal”.

Ante esta situación la pregunta relevante que voy a intentar responder en un próximo post tiene una doble dirección: ¿cómo conseguir que tus clientes potenciales, tu segmento de mercado o tu público objetivo te dediquen un poco de ese recurso escaso que es la atención? y ¿cómo conseguir que la información que obtenemos de la Web sea relevante y pertinente?. En el primer caso nos ponemos “en la piel” de empresas y anunciantes. En el segundo en la de usuarios y consumidores de información.


Para saber más: The Attention Economy: The Natural Economy of the Net by Michael H. Goldhaber [inglés]

Web de Michael H. Goldhaber [inglés]

Economía de la Atención en Wikipedia [inglés]

Alfons Cornella en Infonomía


2 comentarios:

José María Mateu dijo...

Hola Jose,
Confieso que llevaba un tiempo sin pasarme por tu blog, tiempo en el que lo has enriquecido notablemente. La exhuberancia de información no relevante nos condena en ocasiones a no encontrar la información relevante cuando la buscamos, y en otras a que encontremos información relevante cuando no la buscamos. Es lo que me ha pasado, buscando otras cosas he recalado en tu blog donde siempre se encuentran cosas gratificantes.
En particular quiero agradecerte la cariñosa dedicatoria que incluyes en el prólogo de El Pensador Sistémico. Sé que me animaste a leerla la última vez que nos vimos, pero no encontré entonces el "espacio de atención" necesario para degustarla.
Un abrazo, y prometo no ausentarme tanto a partir de ahora.

José Monzó Marco dijo...

Gracias por estar ahí José M.
Para mi ha sido un honor conocerte y compartir aventuras intelectuales y alguna que otra cena.
un abrazo.