
Recojo algunas frases públicas del ministro de Justicia español
Mariano Fernández Bermejo en estas últimas semanas:
«Las fichas están ahora en una partida es la que el Ministerio no está. Las fichas están ahora en la Audiencia Nacional y la partida es judicial e intervienen quienes tienen que intervenir, los jueces y los fiscales».
«El Ministerio no para de ordenar su juego y, en el momento en que la jugada lo aconseje, se den las condiciones y existan pruebas que nos permitan ir a los tribunales, ocurrirá lo que tenga que ocurrir».
«Aquí sólo ha habido una declaración de guerra que dura ya 40 años, y es la de un grupo que se resiste a reconocer que esto es un país democrático, que existen instituciones para defender cualquier idea sin necesidad de la fuerza y que, sin embargo, continúa echado al monte habiendo desperdiciado una preciosa oportunidad de paz que con gran esfuerzo se había intentado». El titular de Justicia considera difícil
«que el mundo abertzale, que se mira continuamente al ombligo, vea más allá de su ombligo», aunque confía en que,
«si les ayudamos, acabarán mirando para otro lado».
«Se volverán a dar las condiciones para que la resolución de esta Cámara [sobre la negociación con ETA] vuelva a tener vigencia».
«Seguiré sosteniendo que los procesos de paz deben ser intentados por cualquier Gobierno cuando se den las condiciones que esta Cámara impuso para que se consiguieran. Y seguiré sosteniendo que si ustedes [dirigiéndose a la oposición] llegan al poder lo intentarán de nuevo».
«[Volverá a tener vigencia] la resolución del Congreso que dijo que la política puede y debe contribuir al fin de la violencia, y eso es lo que yo sostengo, que la política volverá a poder contribuir al fin de la violencia».
Leo y escucho no sin sorpresa que a muchos periodistas y tertulianos les parezca llamativo o frívolo este lenguaje del ministro cuajado de
“juegos” y
“jugadas” habiendo víctimas de por medio, hace casi un año los dos jóvenes inmigrantes ecuatorianos muertos en el atentado a la T-4 de Barajas, Madrid [
“un accidente mortal” según fuentes oficiales] y hace una semana otros dos jóvenes [de la edad de mis hijos] como los dos guardias civiles desarmados que fueron asesinados a quemarropa en Capbreton, Francia [
“un encuentro fortuito” según fuentes oficiales]. Este lenguaje plagado de
“juegos” me resulta familiar. Desde que cayó en mis manos la obra fundacional de
John von Neumann y
Oskar Morgenstern, la
“teoría de juegos” me parece muy acertada para describir situaciones de conflicto donde la
interdependencia entre las partes está en la raíz de su
interacción estratégica [1]. Es cierto que el nombre de
“juego” suena a frivolidad, puede que
“teoría de la estrategia” quedase mejor, pero como
“accidente congelado” motivado por las primeras interacciones estratégicas estudiadas, en
“teoría de juegos” se quedó.
¿De qué va el
“juego” comentado por el ministro de Justicia?. Para el lector no avisado, las palabras del ministro tratan sobre el llamado
“proceso de paz” que se inició entre el Gobierno español y ETA en junio de 2006 con la única condición [cumplida aparentemente en los meses anteriores] de que no hubieran atentados ni víctimas [2]. Las palabras del ministro también describen una lectura estratégica sobre las últimas actuaciones en el entorno político de ETA, así como un diagnóstico de dicho entorno y de cómo debe terminarse con la violencia. El ministro no deja claro si habrá o no un
“precio político” a cambio del fin de la violencia, pero se puede intuir que algo de eso habrá, porque de lo contrario su
“lenguaje” habría sido otro. El
“lenguaje” parece tener mucha importancia en este
“proceso de paz”, un proceso que se percibe
amortizado como resultado de los últimos atentados, pero aún así las fuentes oficiales parecen resistirse a reconocer una realidad palmaria: la demolición de la T-4 y la subsiguiente muerte de dos jóvenes no puede describirse como un
“un accidente mortal” so pena de crear una anomalía grave entre el lenguaje y el hecho; lo mismo que el asesinato a sangre fría de dos jóvenes guardias civiles desarmados no puede describirse como
“un encuentro fortuito” a riesgo de padecer el
síndrome de Humpty Dumpty [
“Las palabras significan lo que yo quiero que signifiquen”]. No me cabe ninguna duda de que el Gobierno sabe lo que dice y porqué lo dice. No pretendo con esto enmendar la plana al Gobierno a la manera que los aficionados al fútbol pretenden saber más que los entrenadores, Dios me libre de esa tentación, pero sí me voy a permitir la licencia de realizar algunas puntualizaciones sobre las posibilidades y los límites de la
“teoría de juegos” que de facto se está aplicando en el
“proceso de paz” como vamos a ir descubriendo.
Pensando en clave de
“teoría de juegos” lo primero es saber ante qué
“juego” se está. A la luz de los hechos, tozudos ellos, este
“juego de patriotas” no es un
“juego de suma cero”. En este
“juego” las pérdidas de una de las partes no suponen ganancias netas para la otra, y viceversa como ocurre en los
“juegos de suma cero”. En consecuencia estamos ante un
“juego de suma no cero”, pero un
“juego de suma no cero” que se disputa una y otra vez en una
“guerra de baja intensidad” que dura ya más de cuarenta años, un
“juego reiterado” o
“superjuego” en el que por más que se vuelva a repetir otro atentado, con víctimas o sin ellas, no le ha
“sumado” ganancias netas a ETA [
“ganancias” en el sentido de acercarle a sus objetivos o de conseguir doblegar al estado para alcanzar sus metas], del mismo modo que, por otra parte, la detención de centenares de comandos etarras o la captura, varias veces, de la cúpula de ETA tampoco ha supuesto una ganancia neta alguna para el Gobierno en el sentido de terminar para siempre con la violencia terrorista en este conflicto. Objetivamente hablando, el balance de cuarenta años de estrategia y táctica terrorista arroja un saldo de cerca de un millar de asesinatos, miles de víctimas entre heridos y familiares y nula consecución de los objetivos de la banda. Por el otro lado, cuarenta años de estrategia y táctica antiterrorista de todas clases, incluidas las
ilegales tampoco han reducido la actividad terrorista a cero. Así las cosas, los llamados
“procesos de paz” como el que inició el Gobierno con ETA se pueden entender como transiciones de fase o treguas temporales, unilaterales o bilaterales, nacidos con la intención de terminar un
“superjuego”. Desafortunadamente ya conocemos como han acabado todos los anteriores, incluido este último.
¿Cómo terminar con este “superjuego”?Antes de apuntar algunas sugerencias permítanme que les muestre de la mano de
Anatol Rapoport [3] un
paseo por una famosa ópera a modo de metáfora para entender mejor el problema estratégico subyacente en este
“proceso de paz” y cómo la
“teoría de juegos” y otros desarrollos posteriores como
“la estrategia del conflicto” del premio Nobel
Thomas Schelling,
“teoría de los movimientos” de
Steven Brams,
“teoría de los metajuegos” de
Nigel Howard y co-autor de
“teoría del drama” junto a
Peter Bennett,
Morris Bradley y
Jim Bryant que pueden contribuir a entender mejor el problema subyacente al
“proceso de paz” y apuntar algunas alternativas.
En la ópera
Tosca, de
Giacomo Puccini, el jefe de la policía vaticana,
Barone Scarpia, ha ordenado detener y condenar a muerte al pintor
Mario Cavaradossi, amante de la cantante
Floria Tosca.
Scarpia, viendo su posición dominante ante la desconsolada
Tosca, le ofrece a esta salvar la vida de su amado a cambio de favores sexuales.
Tosca consiente y acuerda con
Scarpia que la ejecución de
Cavaradossi será un montaje fingido. Pero como se va a descubrir entre el final del II acto y el principio del III acto el consentimiento de
Tosca es aparente, al igual que la apariencia de
“ejecución fingida” ordenada por
Scarpia. En su engaño mutuo,
Tosca apuñala a
Scarpia cuando éste cree que va a entregarse a sus brazos, mientras él no da al pelotón de fusilamiento la orden de disparar con salvas. Finalmente
Tosca se suicida arrojándose al río Tíber ante la evidencia de la muerte de su amado. Como se suele decir en estos casos,
“aquí muere hasta el apuntador”.
¿De qué va el “juego”?El problema de este
“juego” está en saber si realmente lo mejor que podía hacer cada uno de ellos era engañar al otro. Asignando hipotéticos valores numéricos a cada uno de los desenlaces posibles de acuerdo con el valor correspondiente para
Tosca y
Scarpia podremos aproximarnos a una reflexión estratégica de este
“juego” usado a manera de metáfora para entender el problema subyacente en el
“proceso de paz”.

Estos valores [ver cuadro], aunque sean arbitrarios, presentan la situación de un modo razonable. Si ninguno de los dos rompe el acuerdo, la satisfacción de
Tosca por recuperar a su amante se verá empañada por su entrega
“forzada, aunque pactada” al jefe de la policía vaticana. A su vez, la satisfacción de
Scarpia por haber conseguido a
Tosca se verá ensombrecida por el hecho de que ha tenido que perdonar la vida del amante rival. Por otra parte, si
Tosca engaña a
Scarpia y
Cavaradossi salva la vida, la ganancia de aquélla será máxima [+10] y la pérdida de él también será máxima [-10], y viceversa. Si se engañan mutuamente, ambos salen perdiendo, pero no pierden tanto como perderían si hubieran sido engañados sin engañar ellos a su vez. Pareciera que la lógica subyacente al slogan publicitario
“yo no soy tonto” o el dicho infantil de
“tonto el último” empujase como una
“mano invisible” a nuestros protagonistas hacia la catástrofe.
En cierto modo, podría lanzarse la hipótesis de que
Scarpia se siente satisfecho al pensar en lo que va a suceder cuando
Tosca corre hacia su amante caído y encuentra que ha sido realmente fusilado. Desgraciadamente, para él, esa
“satisfacción” no es posible disfrutarla en vida porque en ese cruce de engaños mutuos [interacción estratégica],
Tosca ha terminado con su vida antes que él haya terminado con la vida del amado de ella. Al igual ocurre con
Tosca que, siguiendo con esta hipótesis de
“ganancias pretendidas”, podría pensar que conseguía el
“doblete” de salvar la vida de su amado a la vez que terminaba con el acosador de
Scarpia.
Siguiendo el análisis de Rapoport, veamos las decisiones desde el punto de vista de cada uno de ellos,
“poniéndonos en la cabeza de cada uno”.
¿Debe
Tosca mantener su palabra o, por el contrario, debe matar a
Scarpia?. En realidad
Tosca no se hace ilusiones acerca de las reales intenciones de
Scarpia, precedido de su fama de corrupto, pero tampoco está segura de lo que éste va a hacer. Considera, por tanto, las dos posibilidades:
“si él mantiene su palabra, lo mejor es engañarle, puesto que de este modo tendré a mi amado sin Scarpia; mientras que si no le engaño, tendré a mi amado con Scarpia. Si él me engaña, es evidente que lo mejor es engañarle. La conclusión razonable es que debo matarle, pase lo que pase.”¿Debe
Scarpia mantener su palabra o, por el contrario, debe engañar a
Tosca?.
Scarpia razona exactamente de la misma manera que
Tosca:
“si ella mantiene su palabra y se entrega a mis brazos, lo mejor es engañarla, puesto que de este modo acabo con Cavaradossi; mientras que si no lo hago, tendré que enfrentarme con él tarde o temprano. Y si ella me engaña, es justo que yo me vengue. Por tanto, la ejecución tendrá lugar.”El dilemaEl resultado de todo esto es el desenlace que ya conocemos. Tanto
Tosca como
Scarpia consiguen su pequeña
“ganancia” [-5],
Tosca su
“venganza anticipada” y
Scarpia su
“venganza post-mortem”. Si cada uno de ellos se hubiera fiado del otro, ambos habrían ganado [+5]. Pero, como hemos comprobado en la
“simulación” de sus respectivos razonamientos estratégicos, existe una situación complicada de sobrellevar cuando ambos
“razonan hacia adelante” y se encuentran con un desagradable
“sapo que tienen que tragar” [para
Scarpia, compartir a
Tosca con su peor enemigo y, para
Tosca, compartir a su amado con el repugnante
Scarpia], una situación a futuro que hace difícil, por no decir imposible, el acuerdo real y efectivo.
Lo interesante de este juego es que ambos,
Tosca y
Scarpia, eligen la misma estrategia, conocida en
“teoría de juegos” como
“minimax”, esto es, minimizar la pérdida máxima o elegir el mejor de los peores resultados posibles, en este caso
“engañar”. Una vez que ambos han elegido su
“minimax”, ninguno de los dos puede mejorar su situación. Como en el conocido
“dilema del prisionero” que traté en otra ocasión [
El Pensador Sistémico I], el resultado es malo para ambos, pues al
“barrer para casa” sin considerar la
“interacción estratégica” de sus decisiones [interdependencia sistémica podríamos decir], sus respectivos
“minimax” se entrecruzan provocando la catástrofe.
La pregunta pertinente es si la
“teoría de juegos” podría decir algo al respecto, tanto en el caso de
Tosca como del
“proceso de paz”.
Tosca y
Scarpia estaban jugando el juego como si fuese de
“suma cero”, es decir, lo que un jugador gana necesariamente lo pierde el otro. Pero basta examinar el cuadro para comprobar que no es así. Las dos partes podrían haber aumentado sus ganancias eligiendo, en vez de la solución
“minimax”, la solución del acuerdo [mantener el trato y ganar +5 cada uno].
Doble lenguaje, metajuegos y “Tit for Two Tats”La vida resultaría más fácil si fuera posible obtener ventaja en los conflictos manteniendo los acuerdos, pero el
“dilema del prisionero” que enfrenta a
Tosca y
Scarpia pone de manifiesto que las decisiones basadas exclusivamente en el cálculo del propio interés pueden llevar a la catástrofe. Esa conclusión es precisamente la clave del
“equilibrio de Nash” que vimos unos post atrás. En este caso, como en el
“dilema del prisionero” hay dos
“equilibrios de Nash”: cumplir con el acuerdo y engañarse mutuamente. Pero, como sucede en la vida real, nada ni nadie garantiza que se cumpla el acuerdo en un juego estratégico pues al fin y a la postre ciertos
acuerdos siempre pueden ser calificados como una
“inaceptable posición de debilidad” y
“cobarde entreguismo” por los sectores más duros o nostálgicos de los participantes en un conflicto y, efectivamente, esa es la base de cualquier acuerdo:
una renuncia [simultánea] a cualquier estrategia dominante. Ahora bien, si lo que se busca es otra cosa, si estamos ante un
“metajuego” [4] es mejor no perder el tiempo buscando acuerdos y llamemos a las cosas por su nombre:
“reajuste de fuerzas” en vez de
“proceso de paz”.
En este
proceso tal como está diseñado existe un alto riesgo para el Gobierno por el uso [y abuso] del
doble lenguaje [
“accidente mortal” en la T-4;
“encuentro fortuito” en Capbreton] derivado de la estrategia
“Tit for Two Tats” [una variante
amable de la estrategia fundamental
“Tit for Tat”][5]:
sin atentados, diálogo con ETA; con atentados no hay dialogo; ahora bien, la frontera entre “atentado” y “accidente mortal” o entre “asesinato” y “encuentro fortuito” es discrecional del Gobierno parecen decir [entre líneas] las declaraciones oficiales. Una posible lectura a este doble lenguaje es que en realidad estamos ante un
“metajuego” y el
“proceso de paz” es un pretexto.
Sin embargo, más allá de que el lenguaje oficial esté más destinado a ETA que a la opinión pública [esto es bastante evidente] el
“Tit for Two Tats” [o su variante
superamable,
“Tit for N Tats”] conduce inevitablemente a un
“sondeo permanente” pues el
“Tit for Two Tats” supone un incentivo para el que no tiene nada que perder [ETA], que querrá explorar los límites,
la N, del que tiene algo que perder [Gobierno]; supone siempre un desgaste para cualquier Gobierno [el
doble lenguaje pervierte la comunicación al no llamar las cosas por su nombre y siempre pasa factura]; un
stress en la arquitectura del estado de derecho [
negociar con los que desprecian el derecho a la vida debería prohibirse en un estado con un mínimo de autoestima]; una percepción de hartazgo en la opinión pública [que mayoritariamente no entiende de
metajuegos,
dobles lenguajes y
estrategias amables] y por ende una entrega tácita de la
agenda negociadora a ETA que puede hacer tambalear la posición del Gobierno en cualquier momento haciéndole rehén de la estrategia
“Tit for Two Tats” con la que con tanto empeño se ha entregado [6].
Aportaciones y límites de la “teoría de juegos”Volviendo a
Tosca y sin salirnos del núcleo del conflicto: ¿la
“teoría de juegos” podría haber dado alguna solución a este conflicto?. Aquí podemos encontrarnos ante una limitación de la
“teoría de juegos” pues ningún argumento dirigido individualmente a
Tosca o a
Scarpia podrá convencerles de que es mejor que mantengan su palabra en vez de engañar al otro. Hay que entender que lo positivo de la
“teoría de juegos” no reside en las soluciones específicas que puede ofrecer en situaciones simplificadas. El valor fundamental de esta teoría está en su capacidad de poner de manifiesto los distintos tipos de razonamiento que se aplican en situaciones de conflicto. Y en este caso es claro: existe una irresistible pulsión por
salirse con la suya sin caer en la cuenta que el otro va a hacer exactamente lo mismo, con el previsible desenlace dramático subsiguiente.
Tanto si la
“teoría de juegos” da lugar a soluciones precisas como a soluciones vagas, o lleva a callejones sin salida como en este caso, hay una cosa que indudablemente consigue: al proporcionar técnicas de análisis lógico y matemático de problemas en los que aparecen conflictos de intereses, la
“teoría de juegos” nos da la oportunidad de trasladar los conflictos desde el nivel de la violencia, en las que el intelecto se ve cegado por las emociones, pasiones y la
“contabilidad de venganzas”, al de los
“juegos”, donde la inteligencia puede entrar en acción. En este sentido el
“juego” de
Tosca y
Scarpia podría haber tenido una posible
“solución” mediante un
“arbitraje externo”, con un argumento dirigido simultáneamente a los dos para exponerles las consecuencias de la fatal
“interacción estratégica” de sus opciones
“minimax”, de modo que
“pensando hacia atrás” a partir del desenlace probable, podría emerger una mutua
“racionalidad colectiva” y, con apoyo externo, podría ayudarles a evitar la trampa del doble engaño. Pero, hay un problema: para lograr esto, el
“juego” de
Tosca tendría que haber sido un
“juego reiterado” o
“superjuego”, para dar una oportunidad a la
“racionalidad colectiva”. Claro que las óperas, como las tragedias griegas, no pretenden enseñarnos a pensar sistémicamente sino a identificarnos con las vivencias, emociones y pasiones de los protagonistas.
En este sentido la
“teoría de juegos” aporta algo importante: una vez un
“juego” es analizado ya no queda nada que hacer, no hay ya espacio para la
“sorpresa” o para la
“solución” en el espacio de la racionalidad. No hay que perder de vista que la
“teoría de juegos” presume la asunción de racionalidad de las partes enfrentadas y en consecuencia asume que cada parte intentará maximizar sus ganancias como único
móvil estratégico. Sin embargo, como abordaré en una próxima entrega, desarrollos posteriores de la
“teoría de juegos” sugieren que las creencias, valores y relaciones de los participantes, la información asimétrica, la irracionalidad, las emociones y los
“metajuegos” tienen un papel crucial en la dinámica de la interacción estratégica, el cambio de preferencias y el concepto de ganancia.
Afortunadamente, y volviendo a la realidad del
“proceso de paz”, el
“juego” ETA-Gobierno es un
“superjuego” y por tanto, aunque tiene elementos comunes al conflicto
Tosca-Scarpia usado como metáfora [que ya sabemos como concluye], tiene la ventaja de contar con una posibilidad [mínima, pero apreciable] de la
“racionalidad colectiva” derivada [precisamente] de su reiteración, ahora bien, ¿cómo construir esa mutua
“racionalidad colectiva” de las partes en conflicto sin recurrir a un
“arbitraje externo”, [por lo demás complicado porque ninguna parte parece desearlo seriamente, porque la propia arquitectura del estado de derecho no puede tolerarlo sin vulnerar la ley y porque los
mediadores elegidos no parecen tener peso específico suficiente][7]?, ¿es posible evitar los
“dobles engaños”, los
“dobles lenguajes” y los
“metajuegos”?, ¿qué papel pueden tener las víctimas del terrorismo en el
“proceso de paz”?, ¿y las familias de los presos etarras?, ¿las víctimas y la sociedad civil deben mantenerse al margen como parece sugerir la estrategia gubernamental o pueden ser la clave de la resolución del conflicto?, ¿es necesario
“tomar la temperatura” a ETA en todo momento, aunque sigan habiendo atentados y víctimas?, ¿vale la pena seguir usando [y abusando] del
“Tit for Two Tat” o es mejor pensar y actuar en otra dirección más acorde con el principio de intransigencia frente a los que desprecian la vida y usan la violencia como medio para alcanzar sus fines?, ¿qué impactos colaterales tendría una
tolerancia cero para con los violentos y el abandono indefinido del diálogo por parte del Gobierno? y sobretodo, ¿es posible
“cambiar de juego” para que el intento de terminar con el terrorismo no acabe siempre en un
“callejón sin salida” como en el caso de esta dramática ópera?. De todo esto trataré en una próxima entrega.
[1] Todo el mundo sabe lo que significa que una cosa dependa de otra. Pero si la segunda cosa depende en igual medida de la primera de forma que ambas se influyen mutuamente, a esta forma de relación se le llama
interdependencia. La
interdependencia obliga a pensar en círculos
causa-efecto-causa más que en líneas
causa-efecto. Ni que decir tiene que el pensamiento sistémico es un
pensamiento en círculos. La
teoría de juegos y la
teoría del drama intentan modelizar situaciones donde coexisten conflicto e interdependencia. Es común que en muchas situaciones las partes en conflicto ignoren hasta que punto son interdependientes. Es ahí donde el pensamiento sistémico puede aportar una nueva perspectiva en la resolución de los conflictos.
[2] Obsérvese que el Gobierno ante el Parlamento no puso como condición previa para el inicio del
“proceso de paz” el abandono de las armas por parte de ETA. Esta posición del Gobierno español es similar a la que mantuvo el Gobierno británico en su
“proceso de paz” con el IRA, cuando decidió sentarse a negociar con la única condición de un alto el fuego indefinido. Una vez roto el
“proceso de paz” la cuestión de fondo es preguntarse si vale la pena mantener la puerta abierta a otro
“proceso de paz” con las mismas condiciones [
alto el fuego indefinido sin entrega de armas] o hay que revisar profundamente las condiciones previas. Hay que recordar que el Gobierno no ha propuesto al Parlamento la revocación de estas condiciones, una omisión que puede interpretarse como una continuidad en la misma doctrina estratégica a pesar de los atentados [mantener abierta la vía del diálogo con la banda sin exigir la entrega de armas]. En mi opinión esta omisión revela por sí misma una estrategia
“Tit for Two Tat”, tal vez inscrita en un
“metajuego”.
[3]
Anatol Rapoport prolífico pensador sistémico falleció a principios de este año. Rapoport desarrolló trabajos en campos tan variados como matemáticas, psicología, biología, teoría de juegos, teoría de sistemas, cibernética, análisis de redes sociales así como en el estudio del conflicto y los procesos de pacificación que impulsó desde la organización
Science for Peace en la Universidad de Toronto. Fue co-fundador de la
Society for General Systems Research junto a
Ludwig von Bertalanffy,
Ralph Gerard y
Kenneth Boulding. Es muy reconocida su genial y sencilla solución
“Tit for Tat” para el
“dilema del prisionero” en juegos reiterados que expliqué en uno de mis artículos anteriores [
El Pensador Sistémico I]. El presente análisis del conflicto
Tosca-Scarpia desde la
“teoría de juegos” tiene su origen en un trabajo de Rapoport y al que he aportado algunas reflexiones de mi cosecha. Sirva este artículo para recordar a un hombre que buscó la paz con la ayuda de la ciencia.
[4] Un
metajuego puede formar parte de un
juego donde las decisiones se toman no solamente con
información asimétrica [una de las partes ignora la verdadera intencionalidad y las preferencias reales de la otra parte] sino en base al
oportunismo reiterado en el desarrollo de los acuerdos. Esto implica la posibilidad de una transgresión sistemática de las
reglas del juego derivadas de los acuerdos. La consecuencia evidente es que puede existir una
metaregla que determina el
juego y su
ganancia, por ejemplo transgredir las
reglas del juego puede convertirse en el
verdadero juego [cuando ETA robó 350 armas en la localidad francesa de Vauvert en octubre de 2006, estaba transgrediendo los acuerdos del alto el fuego y lo mismo volvió a suceder con el atentado mortal en la T-4, mientras el Gobierno seguía manteniendo la misma doctrina estratégica
“Tit for Two Tat” y usando un doble lenguaje para rebajar la gravedad de los hechos, como queriendo afirmar que lo importante era ganar el
metajuego del proceso y no evitar rupturas puntuales de la tregua]. El concepto de
“tregua trampa” encaja perfectamente en este contexto, pues en estos casos no tiene lugar el
juego manifestado públicamente en los pronunciamientos o comunicados oficiales, sino un
metajuego con objetivos no confesados: ganar tiempo, reorganización de efectivos, reabastecimiento logístico, reposicionamiento político, etc.
[5]
“Tit for Tat” es de difícil traducción pero se podría asemejar al clásico
“quid pro quo” [
esto por lo otro] y también como
“colaboración y represalia equivalentes” es una estrategia que desarrolló Anatol Rapoport en 1980 que resultó ganadora en un concurso de simulación por ordenador para encontrar una estrategia válida para el
“dilema del prisionero” reiterado. Rapoport presentó un programa que consistía en 4 líneas en lenguaje BASIC, y al que llamó
Tit for Tat. Sólo tenía dos reglas:
Comenzar colaborando y hacer lo que tu oponente hizo la ronda anterior. En posteriores concursos siempre resultaba ganadora esta estrategia. El profesor de ciencias políticas y convocante del concurso
Robert Axelrod [autor de la obra
Evolución de la Cooperación] relacionó el éxito de esta estrategia en el
“dilema del prisionero” con sus características de
amabilidad,
provocabilidad y
capacidad de perdón. Una estrategia
amable es aquella en la que nunca se es el primero en desertar. Una estrategia
provocable es aquella en la que se responde inmediatamente a la deserción de un oponente. Una estrategia con
capacidad de perdón vuelve rápidamente a la cooperación si su oponente lo hace. Según Axelrod, estas características hacen que el funcionamiento de esta estrategia sea fácil de comprender por el oponente, y se pueda así encontrar una forma de coorperar con él. Existen algunas variantes que se pueden consultar en
Tit for Tat en Wikipedia [español] y
Tit for Tat en Wikipedia [inglés]. Ni que decir tiene que en el
“proceso de paz” se han podido verificar algunas de estas variantes y sus límites, particularmente de
“Tit for Two Tat”.
[6] El problema de fondo del
“Tit for Tat” usado en un entorno de negociación con quienes están dispuestos a matar es que no hay posibilidad de equivalencia en la represalia sin caer en la tentación del
ojo por ojo. Esto es lo mismo que caer en el
lado oscuro, como ocurrió en la época de los GAL. Lógicamente
dejar de hablar con el violento no es una
“represalia equivalente” a sus reacciones de violencia asesina. De ahí surje, como
alternativa amable el
“Tit for Two Tat” [
ofrecer la otra mejilla], para dar una segunda oportunidad [o una tercera, cuarta, etcétera] y un
retorcimiento del lenguaje más orientado a no abrumarse para no perder la compostura en una
guerra de nervios que en reconocer que el
“Tit for Two Tat” estaba equivocado de partida con los que desprecian la vida.
[7] Los
arbitrajes usados hasta la fecha no parecen tener entidad o credibilidad suficiente para ambas partes, que nunca han manifestado someterse a ningún
arbitraje serio. En este sentido la utilización de mediadores [curas, obispos, etc.] ha servido más como medio de comunicación y secretaría [buzón de correos y notarios] que como arbitraje real entre las partes. Dice mucho de la intencionalidad de las partes en conflicto la elección de los mediadores. Si en el futuro se utiliza esta figura lo propio es que tuviera un peso específico y credibilidad suficiente. Dejar de lado esta figura de arbitraje real equivale a
descafeinar su presencia y función. Si la banda decidiera abandonar las armas [única opción realista en el escenario que ahora se abre] debería solicitar el arbitraje de un organismo independiente como la ONU para que verificase la
sinceridad de su decisión. No hacerlo equivaldría a admitir que sigue en un
metajuego.
Para saber más:
Procesos de Paz con ETA en Wikipedia [español]Modelos de Procesos de Paz [Vicenç Fisas]