Mostrando entradas con la etiqueta pensamiento estratégico. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pensamiento estratégico. Mostrar todas las entradas

13 de octubre de 2019

Estrategia vs. Táctica: conceptos, corolarios y críticas

En consultoría es recurrente escuchar el concepto de estrategia en boca de directores de empresa. Raramente se escucha la palabra táctica, como si la estrategia por sí misma fuera suficiente.

Cuando profundizas con el interlocutor te das cuenta de que en realidad mezclan los conceptos y a menudo están refiriéndose a táctica cuando verbalizan estrategia.

Como en el lenguaje militar estos conceptos están mejor definidos, voy a reflejarlos tal cual me los enseñó hace años un compañero de estudios militar con responsabilidades en el ámbito de la logística castrense, para luego añadir algunos corolarios de cosecha propia para finalizar con sendas reflexiones de un profesor de reconocido prestigio.

Conceptos

Estrategia (Strategos)

“Arte de disponer las tropas antes del comienzo de la batalla”.

La estrategia es la aptitud, la habilidad para planificar.

Táctica (Taktikos)

“Arte de mover las tropas en la batalla”.

La táctica es la aptitud, la habilidad para maniobrar.

Observa que todo el secreto se encuentra en las preposiciones antes y en.

Corolarios

1. Es mejor tener una estrategia que no tenerla, sobre todo si el oponente la tiene.

2. Una buena estrategia debe poder anticipar o responder la estrategia del oponente.

3. La capacidad estratégica nos remite a la previsión y anticipación para el cambio.

4. La capacidad táctica nos remite a la rapidez y agilidad ante el cambio.

5. Una buena capacidad táctica puede compensar una estrategia mediocre.

6. Una buena estrategia no puede compensar una capacidad táctica mediocre.

7. La ausencia de estrategia y de táctica tiene un síntoma visible: apagar incendios.

Críticas

“Estamos deformando el concepto de planificación. Hemos pasado de la estrategia a la táctica, y de ésta a tapar agujeros. Se ha llegado a decir públicamente que no merece la pena planificar porque el horizonte es incierto. Pero la estrategia continúa siendo crucial y hay que saber a dónde queremos dirigirnos y cómo queremos hacerlo…”

“… sufrimos una invasión de estrategas. La cuestión es quién va a cuidarse de los detalles operativos. En definitiva, quién va a hacer las cosas”.

Alfonso Durán Pich


29 de octubre de 2017

Más allá del DUI vs. 155. Mi visión del conflicto

“May we never confuse honest dissent with disloyal subversión.” Dwight D. Eisenhower

Cuando Ronald Reagan, un actor de segunda fila, ganó por abrumadora mayoría las elecciones presidenciales de 1980 no fue porque hubiese creado un resurgimiento del conservadurismo en Estados Unidos, porque hubiese conseguido provocar un renacimiento del orgullo nacional o porque hubiera sido un destacado intelectual orgánico de la ideología neoliberal. Todas esas condiciones ya existían. Como dijeron algunos analistas entonces, Reagan se limitó a encontrarse con el desfile y a ponerse al frente del mismo, como le ocurría al bueno de Charles Chaplin en la conocida escena de Tiempos Modernos (1936), donde Puigdemont me recuerda al líder de un movimiento que no controla, mientras Rajoy se asemeja al que detiene al supuesto líder sin entender la causa del movimiento, arriesgándose con ello a que se repita el problema por falta de un diagnóstico correcto.

Pienso que en lo sucedido estos ajetreados días pasados y los que quedan por pasar a propósito del llamado desafío secesionista o conflicto catalán, la DUI y el recién implementado artículo 155 CE hay mucho de este fenómeno, a saber: un fuerte movimiento reivindicativo, transversal y antisistema que emerge durante el 15-M, que a falta de referentes internacionalistas, más abstractos, encaja como un guante con lo identitario catalán, la “catalanidad”, mucho más concreto y cercano, que se acelera con su conexión con los agravios comparativos del Estatuto de Autonomía del 2006 enmendado por el TC en 2010 como una expresión simplificadora de causa-efecto y una cierta conexión ancestral con una mítica Camelot o Arcadia feliz inalcanzable, pero propulsora de energías atávicas y emocionales que emerge con fuerza arrolladora en los últimos años y unos políticos oportunistas que, como Ronald Reagan, que se habían dedicado “a otras cosas” más bien contradictorias con esa fuerza emergente, de repente toman conciencia de que algo hay que hacer al respecto si no quieren verse ninguneados por el tsunami popular que se oteaba en el horizonte.

En ese contexto de un potente movimiento popular, transversal, pacífico, de base nacionalista pero con vocación europeísta, a la vez rupturista con el modelo político, económico y social heredado por sus propias élites nacionales, los líderes políticos locales se encuentran en una encrucijada en la que deben tomar una decisión estratégica no exenta de dramatismo: continuar con el “pactismo” de siempre o cambiar radicalmente su orientación pactista-conservadora y evolucionar de forma más o menos creíble y sincera para caminar en una dirección que les permita seguir al frente de las instituciones al precio de liderar-gestionar y tal vez bajo cuerda modular a su favor un movimiento que en principio les era sobrevenido y ajeno a su cultura política. Y esa decisión no exenta de dramatismo le cuesta la implosión a la coalición que había gobernado Catalunya durante más de treinta años.

Pero si ese tsunami subterráneo y popular sorprendía a las élites locales, otro tanto sucede en las élites instaladas en el poder central, donde a falta de “tocar tierra” y entender el fenómeno en su origen, la perplejidad y la falta de reflejos e inteligencia política propia de quien piensa que España comienza y termina en el Paseo de la Castellana, les hace ver el “problema catalán” en modo “business as usual”, como un “más de lo mismo”, confundiendo esas inquietudes con la reclamación de más “dinero” por parte del nacionalismo pactista, que era la manera de resolver los conflictos en los viejos tiempos, una “solución” que el actual gobierno central sigue añorando al reclamar no ha mucho la vuelta de ese nacionalismo pactista-conservador, pero en esta ocasión el diagnóstico es erróneo y la “medicina” anticuada porque el problema es otro y muy distinto, de una dimensión desconocida para ambas élites acostumbradas a los acuerdos negociados con poca luz y taquígrafos: el llamado popularmente “pasteleo” ya no sirve como medio de resolver este conflicto de “nueva generación” con el mal llamado nacionalismo catalán, porque ese es precisamente uno de los errores del diagnóstico: no entender su transversalidad y vocación transformadora, no exenta de contradicciones, engaños y autoengaños, oportunismos y oportunistas, pero que va más allá de instalar una frontera y también más allá en su forma de gestionarlo y contenerlo por el gobierno central, con métodos anticuados en lugar de un pensamiento estratégico de cuarta generación (William S. Lind).

Por eso el gobierno central confunde la semilla (movimiento de transformación social) con la cáscara (nacionalismo), porque si bien es cierto que la semilla se viste de nacionalismo porque es la representación de la lealtad primaria más concreta para conectar con las clases populares y su cultura política (aunque esa confusión entre cáscara y semilla lo aleja del resto de españoles que podrían comprender y solidarizarse con el movimiento sin tener que compartir las banderas) el gobierno central no debería caer en tan flagrante error de diagnóstico, atribuyendo al nacionalismo y las ideas nacionalistas, la cáscara, la causa del problema, cuando en realidad este movimiento revela en última instancia una crisis de legitimidad del Estado Nación tal y como está diseñado, que no es otro que un diseño del siglo XVII (1648, Tratado de Westfalia) que tal vez convendría actualizar y modernizar.

Hace falta otra “medicina” a la habitual, pero, “Houston, tenemos un problema”: con las restricciones y encorsetamientos del corpus legal actual, no es posible alcanzar una solución razonable so pena de crear contradicciones irresolubles. El conflicto por incomprensión del problema y agotamiento institucional está servido. Y unas elecciones autonómicas no lo van a disipar.

Se habla mucho de la necesidad de diálogo político, del fracaso de la política, etc., pero en el contexto del actual marco jurídico la realidad es la que es y las limitaciones obvias: las demandas de más democracia crecen y la camisa constitucional se queda pequeña y no sé si el federalismo que algunos consideran “el-no-va-más” que nos puede sacar del atolladero, no será también una respuesta anticuada para una sociedad post-industrial, hiperinformada e hiperconectada. Tal vez habría que experimentar otros modos de relacionar a los ciudadanos del siglo XXI con la “Res publica” y ser pioneros en ello y presumir en Europa de haberlo logrado, ¿por qué no? A modo de ejemplo: Suiza hace continuos referéndums entre sus ciudadanos y nadie se atreve a decir por ello que sean un atajo de perroflautas asamblearios y antisistema.

¿Qué hacer? Por el momento, el poder central ha tomado mando en plaza vía el recién estrenado artículo 155 de la Constitución y la celebración de elecciones para el 21-D, pero eso, todos sabemos, no va a detener el movimiento antedicho, si acaso lo va a cebar algo más pero no neutralizar. Si acaso el 155 aparcará por escaso tiempo el problema a modo de analgésico. Lo suyo, lo responsable, sería reconocer las limitaciones estructurales que impiden acoger y encajar a esos dos millones largos de ciudadanos movilizados que reclaman, no la creación de una frontera física como fácilmente se les ridiculiza, sino un modo diferente de entender las relaciones con el poder, esto es, no como una “revuelta callejera” sino como una “vuelta” a los orígenes de la democracia y a su actualización en un entorno donde las redes sociales permiten un diálogo y debate permanente con el pueblo, con los ciudadanos, aquí y ahora, en tiempo real.

Pienso que ese “desbordamiento” del marco institucional y constitucional por insuficiencia sistémica no habría que verlo como una amenaza o una tragedia nacional sino como una oportunidad histórica de evolución para liderar el futuro de una Europa de los pueblos donde los ciudadanos y no las élites sean los verdaderos protagonistas del cambio que las nuevas tecnologías, la formación y el debate permanente harán posible. Estamos a tiempo de liderar nuestro propio cambio antes de quedarnos, otra vez, en el vagón de cola de la Europa de los ciudadanos.

26 de septiembre de 2017

Funambulismo estratégico con seny

Por estas fechas hace 55 años. En octubre de 1962, la crisis de los misiles cubanos puso al mundo al borde de la guerra nuclear. La URSS (Khrushchev) había empezado a instalar misiles en Cuba. Dado esto, EEUU (Kennedy) anunció el bloqueo naval de Cuba. Si la URSS hubiera respondido a la decisión de EEUU, la crisis podría haber desembocado en un conflicto nuclear. El propio Kennedy estimó que la probabilidad de que esto suceda estaba entre el 33% y el 50%. Finalmente, Khrushchev ordenó desmantelar los misiles a cambio del compromiso de EEUU de que en algún momento retiraría sus misiles de Turquía.

La esencia del funambulismo estratégico (término de teoría de juegos atribuido al Premio Nobel Thomas C. Schelling) es la creación deliberada de un riesgo: Este riesgo debería ser lo suficientemente intolerable para el oponente como para inducirlo a eliminarlo acatando nuestros deseos. Tiene como objetivo influir en las acciones del contrario mediante la alteración de sus expectativas. En general se acepta que la decisión de Kennedy en la crisis de los misiles cubanos fue un caso de funambulismo estratégico exitoso.

Hace unos pocos días, Manuel Conthe desarrollaba una interesante reflexión en el diario Expansión a cuenta del desafío secesionista aplicando el arquetipo de “farol visto” de la teoría de juegos El desafío secesionista un arquetipo pienso que más acorde con el conflicto que la que hacía también recientemente José Carlos Díez en el diario El País Cataluña y el dilema del prisionero aplicando el arquetipo del “dilema del prisionero”. Sin embargo, en mi opinión, aunque Conthe se aproxima muy bien en la modelización del conflicto secesionista, creo que necesita de algo más, un algo más que puede explicar el funambulismo estratégico: la necesidad de incorporar a otros participantes, concretamente un amplio movimiento popular en pro de la independencia con unas fuertes expectativas inerciales que creo que no están siendo bien calibradas desde el gobierno central, con un Puigdemont (presidente de la Generalitat) que es rehén de dicha inercia (el movimiento independentista surge desde abajo en 2011 a la par que el movimiento del 15-M e inicialmente sorprende a la élite conservadora que gobierna Catalunya desde hace casi 40 años) y la existencia de una incertidumbre calculada de aproximación al borde del desastre, asomarse al precipicio de un aparente caos institucional, que implicaría la declaración unilateral de independencia (pienso que desde un punto de vista estratégico el 1-Oct es menos importante que el 2-Oct y siguientes días, aunque es cierto que el 1-Oct representa el clímax emocional y mediático de este proceso) y la posibilidad de aplicar por primera vez en casi 40 años el artículo 155 de la Constitución de 1978 por parte del gobierno presidido por Rajoy.

Pienso que el escenario que se abre es claramente de dos estrategias dominantes, una por cada contendiente y no solo una como argumenta Conthe, un escenario más propio del funambulismo estratégico, pero sin nadie con la visión de Kennedy en la crisis de los misiles de 1962. (Nota: en teoría de juegos tener una estrategia dominante no significa que esa estrategia “domine” la del contrario, sino que se va a seguir independientemente de lo que haga el contrario). Todo lo más, la UE echando alguna mano diplomática bajo cuerda para evitar la inestabilidad en un país y una región con fuertes inversiones de países centrales de la UE. Como cualquier otra jugada estratégica, el funambulismo estratégico tiene como objetivo influir en las acciones del contrario mediante la alteración de sus expectativas. De hecho, el funambulismo estratégico es una amenaza, pero de una clase especial, donde no hay apremio: no se trata de un “si me retas, existe el riesgo de que yo decida hacer tal y tal cosa” sino de un “si me retas, existe el riesgo de que tal y tal cosa sucedan, por más que nos pese a los dos en ese momento” tal como anunciaba Rajoy en su declaración del pasado 20-Sep: “No sigan adelante, están a tiempo de evitar males mayores”, una prosa que encaja perfectamente en el espíritu del funambulismo estratégico.

En este sentido coincido con Conthe en que a Rajoy no le quedará otra que aplicar el artículo 155 como última opción (y por lo mismo de antes, habrá que esperar al 2-Oct y días siguientes para su materialización: no es creíble que se aplique el artículo 155 para detener el referéndum) pero esto no será algo automático como sostiene Conthe, pues como he dicho antes, en un arquetipo de funambulismo estratégico las amenazas no son apremiantes sino más bien sutiles y de pendiente resbaladiza, igualmente, creo que Conthe, al no considerar a otros jugadores, sobrestima la capacidad de “frenada” de Puigdemont, pues pienso que Puigdemont no tiene otra opción que sobrevivir políticamente el conflicto, dejarse llevar por la inercia pero no gestionarla porque en realidad no le pertenece al no estar en el ADN del partido que representa, porque es tal la expectativa popular creada, que Puigdemont no es libre de frenar la deriva desencadenada: no sería creíble un “ataque de moderación” de su parte como tampoco sería creíble un “ataque de negociación” por parte de Rajoy a 24 horas del referéndum. Otra cosa es lo que decida Puigdemont tras el 1-Oct, donde se le abre una ventana de oportunidad, pero ante el 1-Oct tiene una estrategia dominante clarísima si no quiere terminar su mandato como el president que abortó un referéndum.

La situación es parecida a una estrategia de “perro loco”: el estratega militar israelí Moshe Dayan decía que ser percibido por los enemigos como impredecible e inestable es una forma de disuasión: aparentar una huida adelante, un “irse al monte” en un proceso lleno de contradicciones políticas y jurídicas con la justificación de estar representando a unas masas ilusionadas por la tierra prometida de la independencia es una buena disuasión para tener mejores opciones tras el clímax del 1-Oct, sin olvidar que la probable elevación de conflicto a nivel internacional puede desencadenar la intervención, en principio soterrada, de la UE y tal vez del Vaticano: un escenario ideal para Puigdemont y tal vez para Rajoy si necesitase vender internamente algún acuerdo difícil ante su electorado más conservador y por cerrar el espacio político a su derecha.

La clave del funambulismo estratégico se encuentra en la gestión del riesgo percibido por el oponente, un riesgo que en términos militares se expresa como la niebla de la guerra, esto es, una situación donde no hay certezas, tan sólo incertidumbre. En el funambulismo estratégico no existe la seguridad o garantía del cumplimiento de una amenaza, sea en este caso aplicar el artículo 155 de la Constitución o la declaración unilateral de independencia, o decisiones aún más drásticas, como detener a todo el Govern por sedición o rebelión, o que el Govern en pleno solicite asilo político en Bruselas, por decir algo más icónico. La cuestión es conferir credibilidad a estas amenazas sin darlas por garantizadas: en el funambulismo estratégico la amenaza no es la certeza, sino la probabilidad de que se produzca. Doy por hecho que Puigdemont y Rajoy dan por descontado que el referéndum se va a celebrar, sin garantías y sin apenas medios en un ambiente más festivo que dramático, es decir, “de aquella manera”, más simbólico que vinculante, pues el seny, el sentido común de los catalanes se va a imponer por encima de la mayor o menor categoría política de los políticos, pero celebrarse pienso se va a celebrar y, aunque a regañadientes, van a tolerar que se celebre so pena de caer en un problema de orden público de una escala insuperable para cualquier gobierno democrático o el ridículo de ser comparados con Turquía por tratar de resolver un problema esencialmente político con medios policiales y judiciales. Otra cosa es lo que se diga en las tribunas y medios de comunicación, pero, seamos claros: hoy en día un referéndum como el del 1-Oct con las menguadas condiciones de credibilidad y garantías que se va a celebrar no representa ninguna amenaza real para nuestra democracia más allá de algunas tensiones aisladas y ningún problema político real más allá de la vergüenza que puedan pasar algunos políticos durante unas horas. Pasado el referéndum, el juego continuará a otro nivel más interesante.

El referéndum del 1-Oct a pesar de su idealización por un lado o demonización por el otro, no es, en mi opinión, una amenaza real para nadie una vez desactivada policialmente su logística formal y judicialmente deslegitimados sus responsables formales. Eso sí, puede existir un riesgo moderado de incidentes aislados, pero aquí sí depende de las instrucciones policiales que determine el gobierno: hasta qué punto va a preferir impedir por la fuerza un referéndum que ya está desactivado políticamente por encima de la seguridad y protección a los ciudadanos que pacíficamente quieran ejercer su derecho a un voto, ilegal sí, pero en la práctica sin consecuencias jurídicas ni políticas. En ese estrecho margen de tolerancia-intolerancia se tiene que hilar muy fino es donde se encontrará la verdadera medida de la inteligencia política del gobierno de Rajoy: permitir el desenlace del clímax del referéndum o provocar un anti-clímax de consecuencias imprevisibles o tal vez trágicas si se deja llevar el proceso policial a su propia dinámica sin control político efectivo. Si sucede esto último, lo que no tendrá ningún sentido entonces será que el gobierno de la nación se escude en que se limitó a cumplir una sentencia judicial: existe un riesgo no cero de que si las cosas se descontrolan demasiado caiga el gobierno de Rajoy: el funambulismo estratégico no consiste solo en crear un riesgo sino en el control cuidadoso del nivel de riesgo.

Así, tras el 1-Oct y días siguientes comenzará el verdadero juego, donde ningún participante puede estar absolutamente seguro de que las cosas funcionarán como estaba previsto a pesar de los múltiples planes de contingencia que seguro tienen preparados Rajoy y Puigdemont, cada uno con sus respectivos “botones nucleares” (aplicación del 155 vs. declaración unilateral de independencia), pero, como nos enseña Thomas C. Schelling, aunque las respectivas amenazas garantizadas no son creíbles, las amenazas de riesgos mutuos sí son creíbles, pues llegado el clímax tras el 1-Oct, la incertidumbre que ahora reduce la amenaza a titulares de prensa, se disipará y comenzará el verdadero juego donde cada escalada en el conflicto aumentará el riesgo y cada concesión lo reducirá. Es ahí donde pienso que entrará en juego, valga la redundancia, el papel mediador de la UE o el mismo Vaticano que creo que sutilmente ambas partes van a intentar aproximaciones, pero siempre muy subterráneas.

Porque, no nos equivoquemos, aquí no se está jugando a la ruleta rusa. Puigdemont sabe y Rajoy sabe que ambos saben que el control de sus respectivos “botones nucleares” lo tienen ellos y no dependen ni del poder judicial (aunque sus decisiones están nominalmente fuera del alcance del gobierno e inicialmente esto garantiza la incertidumbre que necesita Rajoy, en última instancia el Gobierno tiene la llave de la Fiscalía y el indulto) ni del resultado de la votación (aunque su resultado está por determinar e inicialmente esto confiere la incertidumbre que necesita Puigdemont, en última instancia el Govern tiene la llave de su interpretación vinculante o no).

Así, aunque nos puedan transmitir al principio que la situación está ligeramente fuera de control, en realidad no es así: en última instancia son políticos y de un modo u otro se van a necesitar mutuamente para gestionar el post 1-Oct, porque aunque parezca que se esté gestionando la crisis como si no hubiera un mañana, lo cierto es que sí habrá un mañana al que ambos y sus gobiernos tendrán que hacer frente, que no será fácil, pero considerando que probablemente Puigdemont y su gobierno valorará ser recordado como el que hizo posible el inicio de un nuevo encaje de Catalunya en España que a ser recordado como el que llevó a Catalunya a un callejón sin salida, del mismo modo que Rajoy y su gobierno valorará ser recordado como el que gestionó inteligentemente un grave conflicto nacional que ser recordado como el que llevó al país a correr un riesgo innecesario. De hecho, estoy seguro que a pesar de toda esta escenificación a la que asistimos pasmados los ciudadanos de a pie, creo que ambos gobiernos y sus respectivas “puertas giratorias” ya están trabajando en el post 1-Oct porque no sería creíble que un gobierno dejase la gestión de este conflicto al azar. Porque, además, si hacemos una lectura desapasionada de las palabras de la vicepresidenta Santamaría a mediados del pasado mes de Junio cuando el conflicto se contemplaba con menos tacticismo y más perspectiva estratégica, donde la vicepresidenta veía posible “el inicio del sosiego y la desaceleración” tras el 1-Oct podremos entender mejor que el trabajo subterráneo propio de think tanks y servicios de inteligencia hace tiempo que comenzó. A título de hipótesis: Miquel Roca Junyent y Miguel Herrero-Rodríguez de Miñón reúnen las condiciones ideales para hacer de intermediarios in pectore para servir de enlace entre ambos gobiernos.

¿Y cómo se resuelve un conflicto larvado durante tanto tiempo con toda la carga de desencuentros acumulada? En mi opinión, sólo hay una opción: para reducir significativamente el riesgo de un verdadero desastre y no sólo institucional hay que atacar el problema a un nivel fundamental, hay que cambiar de juego, tal como hicieron los padres de la Constitución de 1978: cambiar de juego, no sólo las reglas del juego actual porque cambiar las reglas actuales no tiene por qué cambiar el resultado: todos los jugadores pueden ajustar sus estrategias para contrarrestarlo. Y para ello, tanto Rajoy como Puigdemont deberían evaluar sus estrategias por sus consecuencias profundas, no por ellas en sí o por lo comprometidas que estén sus palabras anteriores: decía Ralph Waldo Emerson que «La necia coherencia es el duende de las mentes pequeñas» y no le faltaba razón. La duda que me queda es si Rajoy, Puigdemont y los demás líderes políticos de nuestro país sabrán pensar a lo grande y si estarán a la altura histórica de este desafío y el cambio fundamental que se necesita.


Para saber más: Thinking Strategically y The Art of Strategy de Avinash K. Dixit y Barry J. Nalebuff

The Stretegy of Conflict y Arms and Influence de Thomas C. Schelling

10 de agosto de 2016

De investiduras, precipicios, rebeldes y gallinas

Vaya por delante que pienso que Rajoy (PP) y Sánchez (PSOE) son mayorcitos y saben perfectamente de qué va el juego que están practicando.

Desde la Teoría de Juegos, pienso que la mejor aproximación es el “juego de la gallina”, ya saben, “Rebelde sin causa” de Nicholas Ray con James Dean de protagonista: un precipicio, dos vehículos, dos pilotos... pierde el que frena antes, etc.

Aquí, el precipicio es obvio: las terceras elecciones, esas que nos dicen todos que sería lo peor de lo peor. Admitamos pulpo, de momento.

¿Y los otros jugadores?. Desde mi punto de vista, Ciudadanos, Unidos Podemos y otros son irrelevantes en este juego, porque solos o en compañía de otras combinaciones posibles, son aritméticamente irrelevantes. Eso sí, puntualmente estos partidos pueden utilizarse por los verdaderos jugadores para trasladarse mutuamente presión política y/o mensajes más o menos subliminales. Más adelante podrían cambiar su rol, pero en lo que concierne a este juego concreto de la investidura, el protagonismo está centrado en sólo estos dos jugadores: Rajoy (PP) con un objetivo claro de permanecer en el poder evitando otras elecciones; y Sánchez (PSOE), con un objetivo también claro de liderar el PSOE y la oposición al gobierno previa renuncia de Rajoy tras su probable fracaso en la investidura, una renuncia que Sánchez necesita como aval para aspirar a ambos liderazgos.

Rajoy sabe que si aguanta la presión del No de Sánchez y logra posicionar mediáticamente que la intransigencia del PSOE sea el culpable del fracaso colectivo por no evitar las terceras elecciones echándonos todos como país por el precipicio, y aquí muchos tertulianos se identifican con el gobierno en funciones sin interpretar perspicazmente el secular tacticismo del PSOE, dando alas así a una lectura emocional, de que la causa del bloqueo institucional que tenemos desde hace meses se debe a un desencuentro personal entre Rajoy y Sánchez, o una lectura conspiranóica: “Sánchez lo que quiere desde el principio es ser presidente con la ayuda de Podemos”, sin darse cuenta que Sánchez (PSOE) cuenta con el respaldo orgánico del partido, y tampoco quiere sentirse rehén del abrazo del oso que supondría su presunto pacto con Iglesias (Unidos Podemos) con un fracaso anunciado que daría con sus huesos en la dimisión como secretario general si acaso se le ocurriera presentarse una segunda vez como candidato y fracasar de nuevo en apenas seis meses con una nueva pareja de baile.

Por tanto, si la presión del PP triunfa, podría quebrar la posición del PSOE ante el riesgo del precipicio y en consecuencia que el PSOE frene antes y se abstenga, aunque esa decisión acarrease muy probablemente la dimisión de Sánchez como secretario general, convertido ya en el gallina de este juego, en el jugador quemado que no aguantó la presión política y mediática. Pero, además, dicha presión pro-abstención, si triunfa, crearía un problema de vacío de liderazgo en el PSOE amén de la obligación de construir un nuevo relato radicalmente diferente al “no es no” para justificar el cambio pro-abstención, un nuevo relato que sin duda tendrá un elevado coste político además de generar una grave fractura interna entre los partidarios del no y de la abstención: tres problemas complejos a los que se uniría un cuarto: dejar en manos de Unidos Podemos la oposición real al gobierno, por más que la oposición formal recayese en el PSOE, una posibilidad que desde el punto de vista bi-partidista, objetivamente no le conviene al PP, que antes prefiriría una oposición hegemónica representada por el PSOE que darle alas a una presunta unidad de la izquierda.

Mientras que, del otro lado, Sánchez sabe que si hace creíble su posición orgánica como partido (y la existencia de “versos sueltos” del PSOE diciendo cosas distintas, contrariamente a lo que se piensa, ayuda a hacerla más creíble) entonces podría quebrar... pero, ¿quebrar qué?... obviamente a Rajoy como candidato a la presidencia.

Si observamos atentamente y no como hacen los tertulianos, el “No es No” de Sánchez, en realidad es un No dirigido a Rajoy, no al PP, aunque formalmente se interprete contra el todo.

Es decir, nada muy diferente a lo que nos tiene acostumbrados el PSOE desde los tiempos del condicional “OTAN, de entrada no”, el calculado tacticismo del PSOE viene a significar que su posición es reversible a la abstención si el PP nombrarse a otro candidato. Ese “triunfo” (la cabeza de Rajoy) sería el relato que necesitaría Sánchez para, además de garantizar su reelección como secretario general del PSOE, vender internamente la abstención y cambiar su posición ante la investidura de otro candidato del PP.

Claro que, lógicamente y para que no parezca un chantaje o un modo impropio de inmiscuirse en las decisiones internas de otro partido, el PSOE (en este caso sin ya la ayuda mediática de PRISA, más posicionada alentando a los “versos sueltos”) necesita que el PP llegue a esa conclusión por sí mismo y consecuentemente sea el PP, orgánicamente o por vía presidencial, quien viendo la determinación del PSOE y antes de asomarse al precipicio de unas terceras elecciones, frene antes y dimita o haga dimitir a Rajoy y nombre a otro candidato para conseguir la abstención del PSOE, una dimisión que eso sí, podría hacerse con todos los honores para evitar aparecer como el gallina que no aguantó la presión y aparecer en cambio como el que nos salvó del precipicio de unas terceras elecciones.

Suceda lo que suceda, lo que sí me parece muy probable es que el final de este juego tiene pinta de saldarse con la dimisión de uno de los dos, de Rajoy o de Sánchez... pues este tipo de juegos, por su maximalismo, terminan por quemar política y personalmente a quien frena a destiempo, porque quedará visualizado como el gallina que tira la toalla, y encumbrado a quien logra salirse con la suya apoyado en su capacidad para resistir el estrés, mucho oportunismo táctico disfrazado de aparente intransigencia y, sobretodo, conciencia del miedo ajeno al precipicio... un precipicio de unas terceras elecciones que dicen que nadie quiere pero en realidad son el incentivo perverso para lograr el objetivo del que logre frenar el último...

Por último: ¿quién será el James Dean de esta historia?: mi pronóstico: el más joven de los dos, esto es, el que tenga menos que perder (o más que ganar) en términos de vida política futura.

Adenda Técnica

Para realizar la modelización se procede a ordenar las preferencias (de mayor a menor) de cada jugador a tenor de la información que se desprende o se infiere de acuerdo a la reflexión anterior y asignándole valores relativos [1]. Por el lado del PP, la ordenación podría ser la siguiente: la primera preferencia del PP es conseguir que, presentando a Rajoy como candidato, el PSOE opte por la abstención [2]. En segundo lugar y como “mal menor”, que, presentando a un candidato distinto a Rajoy, el PSOE optara por la abstención [3]. En tercer lugar, que presentando al candidato Rajoy el PSOE optara por el No (posición actual) y, por último, que, aún presentando otro candidato, el PSOE diera igualmente su No. Las dos últimas preferencias (sin presentación de candidato alternativo) son lógicamente las más temidas por ambos jugadores dado que significaría ir directamente al precipicio (terceras elecciones).

Por el lado del PSOE, la ordenación de preferencias sería en primer lugar anteponer su reiterado No al candidato Rajoy (posición actual). En segundo lugar, ofrecer una abstención a modo de voto de confianza a otro candidato del PP distinto a Rajoy. En tercer lugar, estaría la posibilidad de votar No a otro candidato del PP distinto a Rajoy (esto es poco probable, pero podría suceder en el supuesto el candidato propuesto no fuera del agrado del PSOE). Por último, obviamente, el improbable supuesto de que cambiaran las tornas y sorpresivamente el PSOE instara a un cambio hacia la abstención del candidato Rajoy. Y, al igual que en el caso anterior, las dos últimas preferencias (sin presentación de candidato alternativo) son las nefastas para ambos jugadores, por mucho que ambos dos se echaran mutuamente la culpa/responsabilidad por esa posibilidad.

Así pues, de acuerdo con lo que podrían ser las ordenaciones de las preferencias se puede formular el siguiente esquema:


Mientras que de acuerdo a las anteriores preferencias, la interacción entre los dos jugadores se refleja en la siguiente matriz:


Se puede observar que la situación actual es inestable (primera fila, juego de suma cero para ambos jugadores). Es decir, lo que significa un éxito para uno (PP o PSOE) es un fracaso para el otro (PSOE o PP) y viceversa, algo que se ejemplifica con las presiones para que el PSOE cambie de su posición actual (votar No a Rajoy) hacia la abstención (flecha azul) y la correspondiente intransigencia del PSOE a moverse de su No es no. No obstante, intuyo, esa presión actual en dirección al PSOE, se cambiará en dirección al PP una vez fracase probablemente la investidura de Rajoy, en el sentido de que el PSOE entonces presionará al PP para que presente un candidato alternativo [4] (flecha roja). Se observará que esa opción arroja un saldo no cero sobre el que construir un equilibrio en el juego, si bien es muy probable que esa situación la valore el PP como cierta pérdida (pierde a Rajoy, pero mantiene la presidencia del gobierno con otro candidato), mientras que el PSOE la considere como un triunfo de su táctica (un logro interno para afianzar a Sánchez en la secretaría general y un logro externo para liderar la oposición y así neutralizar a Unidos Podemos).


[1] Los valores relativos son un método de estimar cuantitativamente las preferencias de acuerdo a la información disponible. En este caso se estiman valores entre -10 y +10 para las combinaciones de preferencias más probables y -100 para las más improbables (terceras elecciones).

[2] Se dejan fuera otras opciones como que el PSOE vote sí (al PP u otro) o que exista un candidato no presentado por el PP. Es decir, en el modelo no se considera probable, de acuerdo a la reflexión anterior, la presentación de un candidato del PSOE o un candidato independiente.

[3] Esta opción es el “tapado” del juego actual. Y lo es porque tanto el PP como el PSOE aunque por razones distintas no se atreven a formularla explícitamente (si bien algunos miembros del PSOE la han dejado caer). Mi sensación es que tras el previsible fracaso de la investidura de Rajoy, tanto PP como PSOE se avendrán a esta opción como “mal menor” para evitar la caída por el precipicio (terceras elecciones).

[4] De acuerdo al artículo 99.5 de la Constitución Española de 1978: “Si transcurrido el plazo de dos meses, a partir de la primera votación de investidura, ningún candidato hubiere obtenido la confianza del Congreso...” es evidente que nada impide al partido que ha ganado las elecciones (PP) presente otro candidato, una vez Rajoy, probablemente y salvo sorpresas abstencionistas de última hora, fracase en su investidura. Mi sensación es que dicho candidato, actualmente “tapado” y posiblemente “pactado” en el núcleo duro del PP, será alguien alejado del ruido de la corrupción, es decir, alguien más cercano a las labores de gobierno que de partido y probablemente sea una mujer. Mi pronóstico: Soraya Sáenz de Santamaría.


Para saber más: Gallinas en Wall Street: riesgo sistémico vs. riesgo moral

Ryanair vs. Fomento: The game must go on


3 de noviembre de 2013

De espionaje masivo, correlaciones espurias y trampas de la inteligencia

Alguien tendría que poner un poco de sentido común en esto del espionaje masivo recientemente descubierto a raíz de las revelaciones del joven espía estadounidense Edward Snowden a varios medios de comunicación. Cuando entre los años 40 a los 80 del siglo XX se decidía “pinchar” un teléfono (fijo, por supuesto) había que dedicar muchas horas/hombre a escuchar, filtrar, tamizar, transcribir, sintetizar... o como se dice en la jerga de inteligencia, pasar del ruido al dato y del dato a la información de inteligencia.

Hoy cuando se decide “pinchar” se hace masivamente, indiscriminadamente, en todos los canales de comunicación (teléfonos fijos, móviles, correo electrónico, redes sociales, etc.) y por medios totalmente automáticos, “desatendidos”, es decir, sin necesidad de intervención humana... y eso ya no hay quien lo pare, porque cuando no sabes lo que buscas pero la tecnología te permite el acceso a todas las comunicaciones electrónicas, buscas en todas partes sin discriminación... como pollo sin cabeza. ¿Resultado?, amén del consabido problema de la infoxicación que ya abordé en una entrada anterior, resulta risible, por cómica, la contraposición entre la justificación estándar del espionaje masivo (luchar contra el narcotráfico y el terrorismo yihadista o convencional) con el hecho fáctico de espiar, entre otros, a los cardenales del Vaticano o a los líderes europeos. Patética justificación, ¡¡por Baal!!.

Sin embargo, lejos de acelerar el proceso de conversión del dato o metadato en información de inteligencia (un proceso que requiere, siempre, obligatoriamente, la intervención humana y por tanto es lento y caro), el que decide que ese modo de entender la “inteligencia” es absolutamente necesario para nuestra seguridad que estos sistemas funcionen masivamente y en “modo automático” registrando todas las transacciones siguiendo la doctrina del “just in case” (por si acaso) se mete en un callejón sin salida, porque por la propia naturaleza de estos sistemas, exacerbados por el “just in case”, cada vez necesitará más y más recursos informáticos, de velocidad (ayer megaflops, hoy gigaflops, mañana teraflops,...), de almacenamiento (ayer terabytes, hoy petabytes, mañana exabytes,...) y de construcción de algoritmos cada vez más sofisticados, en lo que se ha venido en llamar el “Big Data” o análisis de grandes bases de datos, una tecnología con efectos contraproducentes que el estadístico Stanley Young viene alertando contra el fenómeno que llama “la tragedia de los grandes conjuntos de datos”: cuantas más variables se estudian en un gran conjunto de datos, más son las correlaciones que pueden evidenciar una significación estadística espuria, es decir, que se puedan tomar como relaciones de causalidad simples relaciones de casualidad, o sea, que cuantos más datos tengamos más probabilidades de encontrar esas relaciones ilusorias sin ninguna significación real, aunque por pura “fuerza bruta” tengan alguna significación estadística (se sabe por ejemplo que por simulación mediante el método de Montecarlo para generar variables aleatorias, las correlaciones espurias crecen exponencialmente con el número de variables), lo que significa que en manos no adecuadas se pueden malinterpretar ciertas correlaciones y el analista termine por ser “engañado por los datos”, o, lo que es peor, que el que analiza o recibe la información termine con su salud mental alterada como le sucedió al célebre matemático y premio Nobel John Nash (recuerden las escenas del film “Una mente maravillosa” que transcurren en la Rand Corporation) cuando colaboró con los servicios de inteligencia de su país: al final veía al enemigo en todas partes porque veía correlaciones en todo.

Echo en falta que estas agencias de inteligencia muestren una verdadera medida para la “eficiencia de la información de inteligencia” para medir su productividad, a semejanza del TRE o Tasa de Retorno Energético (la relación entre energía obtenida frente a la energía invertida), es decir, algo como una Tasa de Retorno de Información de Inteligencia o TRI2 (que podría medirse como la información de inteligencia obtenida versus los recursos de procesamiento y almacenamiento invertidos), pero a tenor de cómo aumenta exponencialmente la presión por disponer de estos recursos (el denominador) es simple deducir que la TRI2 es cada vez más infinitesimal, es decir, irrelevante, vamos, como echar cada vez más paja en un pajar en busca de una aguja, en lugar de usar un detector de metales... lo que conlleva entonces preguntarse legítimamente si lo que se persigue es otro (u otros) objetivo(s) al verbalizado, por supuesto inconfesables.

Porque, no seamos ingenuos señores espías: una gran empresa, un gobierno o un ciudadano no tienen la opción de prescindir de las comunicaciones electrónicas, porque hacerlo les restaría competitividad o eficiencia... pero ay, amigos espías, una célula terrorista sí tiene la opción de prescindir de las comunicaciones electrónicas (de hecho les es más eficiente usar personas como correos para transmitir mensajes, lo mismo que los narcotraficantes), es más, si un terrorista quiere tener éxito en su misión debe prescindir obligatoriamente de las comunicaciones electrónicas, luego, por favor, no nos vengan con el cuento de la seguridad porque desde el llamado “sesgo de opcionalidad” [1] queda muy claro quien tiene opción y quien no, quien puede y quien no puede “pasar por el aro” de las comunicaciones electrónicas. En otras palabras, desde el “sesgo de opcionalidad” se desnuda el argumento de la seguridad, quedando en evidencia lo que persigue realmente el espionaje masivo: sacar ventaja económica y/o militar y/o política, es decir, el interés estratégico es el motivo último del espionaje masivo.

El hecho cierto que hayamos tenido en Occidente tres grandes atentados en los últimos doce años y decenas de pequeños atentados producidos por “lobos solitarios” (que emulando al desaparecido archienemigo líder yihadista Osama bin Laden prescinden, obviamente, de las comunicaciones electrónicas) a pesar de la presencia temprana de esta tecnología de espionaje, esos hechos demuestran la poca eficiencia práctica del espionaje masivo para impedir atentados (aunque, por el contrario, sí han sido muy eficientes como “argumento del miedo” para justificar una mayor inversión en estos sistemas), amén de inferirse de estas actuaciones que en realidad estas agencias no espían lo que deberían (financiación y reclutamiento de células terroristas, análisis del “motus” y génesis yihadista, etc.) y cómo deberían (infiltrándose, anticipar y proyectar situaciones de vulnerabilidad sistémica, modelizar sistémicamente el comportamiento terrorista, etc.), sino lo que les permite esta tecnología. Es decir y contradiciendo al presidente Obama, no se trata tanto de que la NSA o cualquier otra agencia no haga lo que (tecnológicamente) puede llegar a hacer, sino poner énfasis en lo que sí pueden hacer y no hacen. La mala noticia es que las posibilidades tecnológicas ciegan la visión de los límites de lo que se puede alcanzar y la buena noticia es que llegará un momento que esa locura se detendrá a sí misma: cuando se percaten que necesitan toda la energía del planeta para procesar todas las comunicaciones del planeta. Espero que en algún momento de lucidez los que deciden sobre estas cosas recuerden el cuento del genial Borges “El espejo y la máscara” donde relataba la ambición de unos cartógrafos imperiales chinos de trazar un mapa tan grande como el territorio.

Queridos espías, si de verdad queréis conocer y anticiparos a “los malos” no os queda otra que respetar aquello que hace muchos años decía uno de los padres de la Cibernética: “Solo la variedad puede absorber variedad” (W. Ross Ashby), dicho de otro modo, si sólo tenemos un modo de espiar (el que nos ofrece la tecnología descrita, que consideráis lo más de lo más), no podremos absorber todos los intentos de “los malos” por hacer daño (que de hecho ya descuentan en su conducta ese modo de proceder, reduciendo su exposición a la tecnología o sorteando sus obvios algoritmos de búsqueda), es decir, no queda otra que ser más listos, más inteligentes que “los malos”... pero para ser más inteligentes lo primero que tenéis que hacer es no caer en la estupidez de creeros muy inteligentes porque sobreponderáis la tecnología de la información a vuestro alcance, o caer, como decía el padre del Pensamiento Lateral en “la trampa de la inteligencia” (Edward de Bono), esto es, creer que la inteligencia consiste en ser más hábiles, rápidos y reactivos, sino en ser más sabios que habilidosos, más profundos que rápidos y más proyectivos que reactivos. La mala noticia es que estas cosas no se consiguen con más tecnología y la buena noticia es que para lograrlo sólo es necesaria una cosa que son tres: pensar más, mejor y diferente.


[1] El sesgo de opcionalidad es un sesgo de selección similar al que incurrieron las empresas de sondeos cuando en los albores de la telefonía decidieron ahorrarse costes haciendo las encuestas telefónicamente: atribuyeron erróneamente que la muestra de los encuestados telefónicamente era representativa del universo de la población... cuando sólo los ricos tenían teléfono. Hoy, a diferencia de entonces, prácticamente todo el mundo usa las comunicaciones electrónicas... porque entre otras cosas no tiene opción a no hacerlo, porque no hacerlo es un desincentivo (incurriría en unos costes y una ineficiencia que no se pueden permitir)... menos los que sí tienen opción (de ahí la opcionalidad) porque saben que para el “éxito” de su misión es obligatorio prescindir de las comunicaciones electrónicas, porque no hacerlo sí tiene incentivos para ellos, de ahí que le atribuya a este sistema de escuchas un sesgo de opcionalidad y, consecuentemente, porque imagino que las agencias de inteligencia no pueden ignorar este sesgo, deduzca que el verdadero objetivo no es el verbalizado... y si lo ignoran, entonces, como decía no sin cierta sorna el ensayista Luis Montoto, ¡¡apaga y vámonos!!.


12 de septiembre de 2012

Ryanair vs. Fomento: The game must go on

En los últimos días estamos asistiendo atónitos a un conflicto no por repetido menos sorprendente entre la compañía aérea irlandesa de bajo coste Ryanair y el Ministerio de Fomento del Gobierno español.

Un conflicto que en apariencia tiene como elementos clave por un lado una agresiva política de costes de Ryanair, una política que se traduce por ejemplo en llevar al límite de mínimos la normativa de seguridad en lo tocante al combustible (lo que acarrea situaciones de tensión en los aeropuertos al requerir Ryanair preferencia en los aterrizajes ante la escasez de combustible de sus aeronaves) y por otro el papel de supervisión y garante de la seguridad aérea por parte de Fomento. Se me antoja que este conflicto es claramente modelizable desde la Teoría de Juegos y a partir de su modelización se pueden extraer ideas interesantes y profundas sobre las posiciones y estrategias de cada parte, de cada jugador y sus mutuas interacciones que dan lugar a una curiosa interdependencia como luego veremos.

Para realizar la modelización primero voy a proceder a ordenar las preferencias (de mayor a menor) de cada jugador a tenor de la información que se desprende de los medios de comunicación. La ordenación podría ser la siguiente: la primera preferencia de Ryanair es anteponer la rentabilidad a la seguridad, y mejor si Fomento hace lo mismo (valor ordinal 4). En segundo lugar, seguiría estando la rentabilidad suponiendo que Fomento antepusiera la seguridad (posición actual, valor ordinal 3). En tercer lugar estaría la seguridad si Fomento le obligase a ello (valor ordinal 2). La última preferencia de Ryanair, obviamente, sería anteponer la seguridad si Fomento optase paradójicamente por la rentabilidad (valor ordinal 1), algo que lógicamente no se va a dar.

Por el lado de Fomento, la ordenación de preferencias sería en primer lugar anteponer la seguridad a la rentabilidad, y mejor si Ryanair hiciese lo mismo (valor ordinal 4). En segundo lugar, seguiría estando la seguridad suponiendo que Ryanair siguiese con su preferencia principal (valor ordinal 3). En tercer lugar estaría la rentabilidad si realmente estuviera en peligro la supervivencia de Ryanair (valor ordinal 2). Por último, obviamente, sería anteponer la rentabilidad si Ryanair optase paradójicamente por la seguridad (valor ordinal 1), algo que lógicamente tampoco se va a dar.

Así pues, de acuerdo con lo que podrían ser las ordenaciones de las preferencias se puede formular el siguiente esquema:



La interacción entre los dos jugadores se refleja en la siguiente matriz:



La estructura resultante es la de un juego conocido teóricamente como el Gallina (o el Cobarde), en el que ningún jugador tiene una estrategia dominante. Si cada uno actúa sin conocer la decisión del otro, basándose en un cálculo prudente sobre los diversos resultados posibles (es decir, con aversión al riesgo para evitar el mal mayor, interpretando riesgo en este caso como pérdida de rentabilidad para Ryanair y pérdida de control y/o reputación ante la opinión pública para Fomento), cabe encontrar un equilibrio inicial en la casilla superior derecha, cuyos valores ordinales son 3,3. En este caso, el equilibrio significa la situación actual, esto es, que Ryanair opta por la rentabilidad mientras que Fomento opta por la seguridad. En este juego hay tanto intereses comunes como intereses contrapuestos: es decir, los dos jugadores y al contrario que en el dilema del prisionero, prefieren un resultado de equilibrio a un resultado que no sea de equilibrio, pero discrepan sobre qué equilibrio es mejor.

Sin embargo este equilibrio es inestable, ya que una vez alcanzado cada jugador tiene la tentación de alterar su estrategia y trasladar el resultado a una casilla en la que obtenga un valor superior (de ahí el recurrente conflicto actual) llevando a su terreno al adversario: la casilla superior izquierda en el caso de Ryanair y la casilla inferior derecha en el de Fomento. Es decir, en el caso de Ryanair, una vez cumplidas las normas mínimas de seguridad, puede sentirse inclinado a forzar a Fomento a evitarle una pérdida de rentabilidad a causa de esas normas (en tanto en cuanto al llevarlas al mínimo se produce el mismo efecto pernicioso que cuando se “trabaja a reglamento”) por ejemplo incrementando las subvenciones u otros beneficios para compensar el énfasis en la seguridad por parte de Fomento (flecha A), mientras que Fomento puede pensar que puede forzar a Ryanair a elevar los mínimos de seguridad aún a costa de su rentabilidad, por ejemplo incrementando las sanciones ante cualquier falta por leve que sea (flecha B).

De hecho, cada jugador puede salir beneficiado si informa previamente de su estrategia. Si Ryanair anuncia que seguirá insistiendo en cumplir únicamente con los criterios mínimos de seguridad sin perjudicar su rentabilidad y que si se pone en riesgo la rentabilidad puede amenazar con marcharse (no totalmente pero sí de determinadas zonas o rutas menos rentables), puede provocar que Fomento se vea obligado a aceptar esta estrategia (recule) para evitar un resultado de ruptura con Ryanair y su desaparición de los aeropuertos de las autonomías con la que tiene acuerdos y subvenciones (tal vez sería necesaria la modelización con este tercer jugador, pero de momento no es necesario), de modo que se alcance un resultado de equilibrio estable (estable si logra doblegar a Fomento con esta amenaza, claro) en la casilla superior izquierda, cuyos valores son 4,2.

Igualmente, para aprovechar en su propio beneficio esta posibilidad del juego, Fomento debería revisar los criterios mínimos de seguridad (si es que tiene competencia para ello, lo que está por ver) o amenazar de manera creíble con incrementar sustancialmente las sanciones si es que no quiere perder la batalla de la opinión pública ante Ryanair, de modo que se alcance un resultado de equilibrio estable (estable si logra doblegar a Ryanair con esta amenaza, claro) en la casilla inferior derecha, cuyos valores son 2,4.

El decantamiento hacia uno u otro resultado de equilibrio va a depender del “baile de movimientos” (que puede acarrear negociación formal o no), basada por ejemplo en promesas, amenazas y mensajes más o menos subliminales entre los jugadores. Cuando el juego se repite más de una vez (y este juego no es nuevo, se va a repetir muchas veces) cabe la posibilidad de la alternancia, esto es, que a veces se pueda inclinar la balanza del lado de la rentabilidad y otras de la seguridad, como sucede en el modelo de juego conocido como “batalla de los sexos”. No obstante, dada la beligerancia y el talante de los jugadores, la estructura de este juego entre Ryanair y Fomento está más próxima al “juego del Gallina” pues la idea subyacente en este juego es la de enviar un claro mensaje al contrario de que se va a ir a por todas con tal de conseguir el resultado deseado si tras un primer desenlace no se alcanza el resultado preferido en la escala de preferencias de cada jugador.

Como he comentado en otra ocasión Gallinas en Wall Street: riesgo sistémico vs. riesgo moral en el Juego del Gallina existe más de un equilibrio de Nash, lo que significa que este juego es inestable, ya que una vez alcanzado un equilibrio cada jugador tiene la tentación de alterar su estrategia y moverse hacia una posición en la que obtenga un mejor resultado en función del movimiento del contrario. Esta propiedad hace que este juego que sea muy dinámico e interesante su estudio en el contexto de una negociación.

Desde la posición de Ryanair puede pensarse que su desafío a Fomento al llevar la seguridad al mínimo puede surgir efecto en su rentabilidad, sin embargo, observando el juego desde una perspectiva más amplia (en Teoría de Juegos todo juego tiene en realidad diferentes escalas de observación, amén de subjuegos dentro del juego), es posible interpretar que el campo de batalla real no se encuentra en el conflicto de Ryanair con Fomento sino en su posicionamiento como una compañía low cost que (ante la opinión pública) maltrata a los clientes, llevándolos al límite del stress con su política de seguridad mínima, coste mínimo y amabilidad mínima... esto es algo que puede terminar pasando factura a Ryanair (aunque bien es cierto que sus estrategas pueden pensar que lo que sus clientes valoran por encima de todo es el precio, no la seguridad), máxime en el caso de que se desencadenase una catástrofe, que desde luego nadie quiere, pero que si se produjese cambiaría por completo la cualidad de este juego, obligando con toda probabilidad a un replanteamiento de los mínimos a nivel internacional (el único ámbito donde es posible hacerlo) si bien para ello habría que establecer y demostrar claramente que ha existido una relación causa-efecto, algo bastante complicado. Pero mientras esta discontinuidad en el juego no suceda, considero que el juego va a continuar como he modelizado.

Es evidente que Fomento, a su pesar, no puede intervenir en las normas de seguridad que son de ámbito internacional, como tampoco puede intervenir en la retirada de la licencia a Ryanair, algo que compete exclusivamente al gobierno irlandés. Sin embargo, lejos de considerar que Fomento no tiene margen de maniobra para gestionar este conflicto, puede elegir entre dos opciones (o una combinación de ambas), a saber: una consiste en interpretar restrictivamente las normas de seguridad y tratar en consecuencia de aplicar las sanciones correspondientes, endureciéndolas si cabe, donde sí tiene competencia, además de continuar con la batalla dialéctica en los medios. La otra es hacer concesiones por vía de subvenciones directas o por vía de terceros (léase incrementos de las subvenciones autonómicas) para estimular (o compensar, según se mire) a la compañía aérea para que eleve sus criterios de seguridad suficientemente o ligeramente por encima de los mínimos legales (entre ellos sin duda los mínimos de combustible) y así salvar el conflicto de manera negociada para evitar una guerra de declaraciones y de sanciones que no beneficia ni a Ryanair ni a Fomento. Pero, tal como se encuentra el juego en este momento, Fomento necesita “salvar la cara” evitando nuevos incidentes... si para ello necesita llegar a algún tipo de acuerdo “bajo cuerda” con Ryanair (mejor sin arbitraje de por medio), sería del género estúpido que Ryanair no aprovechase este momento de mutua debilidad y cediese un poco (el Gobierno necesita un gesto de firmeza ante la opinión pública y la compañía aérea necesita enviar un mensaje a los usuarios de que se toma en serio la seguridad).

No obstante, el problema de fondo, estructural, es que el sector aéreo tiene un amplio margen de discrecionalidad desde la desregulación de 1997, una discrecionalidad ante la cual Fomento (y menos aún los usuarios) no tiene instrumentos de contrapeso contundentes y está, literalmente, pillada por normas internacionales ante las que no puede influir más que muy indirectamente y de tarde en tarde, amén de los intereses cruzados y en ocasiones contradictorios entre las distintas administraciones (local, autonómica y central), una telaraña de intereses contrapuestos evidenciado por la paradoja de que la compañía que más sanciones (en número absoluto) recibe de Fomento es la que más subvenciones percibe de las distintas administraciones locales y autonómicas que están encantadas con que Ryanair tenga a bien considerarlas entre sus destinos para atraer tráfico de turistas. En síntesis: quien decide las sanciones a Ryanair (Ministerio de Fomento, Gobierno de España) no decide la concesión de subvenciones (Ayuntamientos y Gobiernos autónomos).

Obviamente los estrategas de Ryanair, que no son tontos, conocen esta contradicción, una “renta de posición” que sin duda explotan al máximo, algo que sin duda complica el alcance y profundidad de las opciones de Fomento en su pulso con Ryanair, de tal modo que la compañía, si juega inteligentemente el juego, siempre va a tener, en última instancia, “la sartén por el mango” en este juego, pues ante cualquier pérdida potencial en este juego siempre puede “cambiar de juego” (el que juega con Fomento) y trasladar dicha pérdida al juego que mantiene con las administraciones local y autonómica (por ejemplo, consiguiendo más subvenciones u otras ventajas para paliar las pérdidas potenciales que le pudiera ocasionar la firmeza de Fomento), amén de provocar si quisiera (al modo maquiavélico) un conflicto de intereses entre Fomento (más preocupado por la seguridad, aparentemente) y la administración local/autonómica (más preocupada por la llegada de turistas y la generación de PIB asociado, aparentemente), un “cambio de juego” al que por cierto no tiene opción Fomento sin enfrentarse a la administración local/autonómica (por ejemplo, ¿por qué no vincular las subvenciones a las compañías aéreas en proporcionalidad inversa al número de sanciones?), un “cambio de juego” que no deberían desestimar los jugadores y al que preveo que vamos a llegar más pronto que tarde a causa del desgaste que para ambas partes supone el actual juego. Al tiempo. En fin, the game must go on, Mr. Michael O'Leary & Ms. Ana Pastor.

Para saber más: Fomento reclama a la UE poder para sancionar a aerolíneas extranjeras

Ryanair denuncia la 'campaña inaceptable' de Fomento 'para dañar su buen nombre'

Fomento anuncia que endurecerá las sanciones tras los incidentes de Ryanair

Tres aviones de Ryanair aterrizan de emergencia en Valencia por falta de fuel

Ryanair en Wikipedia

Juego del Gallina en Wikipedia

1 de julio de 2012

La Roja y el Pensamiento Sistémico: de Pelé al TCP/IP

Viendo jugar a La Roja y comparando su juego con otros equipos cada vez tengo más claro que La Roja es la mejor demostración de juego sistémico, entendiendo por juego sistémico el foco hacia la articulación y sincronización entre los jugadores, poniendo énfasis en el grupo, el equipo por encima (o a pesar) de individualismos trasnochados. Un juego, en fin, orientado hacia la posesión y control del balón como simple y a la vez elegante principio de estrategia dominante.

Hubo un tiempo, remoto, en el que el fútbol (el fútbol de los míticos Pelé, Di Stéfano, Kubala, etc.) era un fútbol fuerza, basado en la habilidad física de algunos pocos, que eran capaces de llevar un balón desde la línea de defensa, recorrerse como un atleta de los 100 metros lisos todo el terreno de juego, llegar al área contraria, regatear a varios defensas y marcar. O ese fútbol que yo practicaba en mi juventud, donde dada mi velocidad el entrenador me encomendaba la tarea de carrilero lateral (a veces derecho, otras izquierdo, porque soy ambidextro con las piernas) para luego centrar, con el consiguiente cansancio que esa estrategia comportaba (lo normal era llegar al segundo tiempo agotado). De esa época también es el fútbol espectáculo, del fútbol mimetizado en baloncesto, del jugador que en un alarde de habilidad técnica, lograba meter el balón en la red a más de 40 metros de distancia, sorprendiendo al portero contrario y llevando al éxtasis a la afición.

Sin embargo, poco a poco, esta idea del fútbol entendido de un modo tan a-sistémico, como una mezcla de la soledad del atleta y la magia de los Harlem Globetrotters, iba a cambiar con el paso de los años, a una concepción del fútbol como conjunto de tácticas y estrategias, donde aún siendo importante la preparación física y técnica, la idea del trabajo en equipo, la coordinación de esfuerzos y la inteligencia colectiva necesarias para construir una jugada comenzaban a abrirse paso tímidamente hacia mediados de los años 70’s cuando la selección nacional holandesa consiguió llegar a las dos finales del Mundial con su máximo exponente de la “Naranja mecánica” de Rinus Michels con Neeskens, Cruyff, Krol, etc. y haciendo su eclosión como cambio de paradigma en el fútbol dos décadas después, cuando equipos centroeuropeos y posteriormente españoles se apuntaron a la idea de “fútbol total”, del fútbol entendido no como una suma de componentes, una agregación de individuos más o menos brillantes individualmente considerados sino como un flujo dinámico de miembros de una “red de interacciones” de la que emerge un sistema en acción (el equipo) donde se materializa esa máxima aristotélica del pensamiento sistémico: “el todo es más que la suma de sus partes”, una concepción del fútbol que ya no bascula sobre la frágil dependencia de la “genialidad de un futbolista singular” (y por eso mismo caprichoso, egoista y chupón con el balón) sino sobre la base de un equipo, bien conjuntado, compacto, con buena forma física y psíquica pero dentro de la media, jugadores buenos pero normales, en fin, gente ordinaria que al jugar en equipo hacen cosas extraordinarias, una concepción del fútbol que venía para quedarse e instalarse con éxito en nuestro país en la última década y que nos ha permitido disfrutar de un campeonato europeo (2008) y un campeonato mundial (2010).

Por esas “sincronicidades” de la Historia, resulta que en el mismo momento histórico que irrumpía en el mundo del fútbol el paradigma de la “Naranja mecánica”, irrumpía el diseño de sistema de comunicaciones TCP/IP (Transmission Control Protoco/Internet Protocol) de la mano de Vinton Cerf y Robert Kahn que constituye el corazón de la red de redes y que nació como un proyecto del Departamento de Defensa norteamericano para comunicar miles de ordenadores aún en el contexto más catastrófico (una guerra nuclear). Para lograr esta capacidad, el modelo TCP/IP fue diseñado bajo un concepto clave que constituye su fortaleza, esto es, que ningún componente de la red podría constituir un punto de ruptura de la misma, de tal modo que TCP/IP rompía con el paradigma anterior de las comunicaciones centralizadas que constituían su mayor punto débil en caso de catástrofe (un gran host en el centro de una red en estrella por donde pasan todas las comunicaciones de un componente a otro) al pasar a otro paradigma mucho más robusto donde toda la red en su conjunto colabora en el éxito de transmitir la información entre un punto a otro, por todos los medios posibles, enrutando la información (en realidad troceando la información en fragmentos más pequeños) por vías alternativas en caso de caída de porciones completas de la red y re-componiendo la información en el nodo destino. De este modo, la inteligencia de la comunicación entre ordenadores ya no “reside” en un host fácilmente identificable y por tanto vulnerable que “fragilice” la red, sino en el propio diseño de la red, es decir, en un nivel de abstracción mucho más complejo que convierte en prácticamente invulnerable al sistema, al no hacerlo dependiente del comportamiento de un único componente crítico.

Abusando un poco del lenguaje y usando como metáfora el protocolo TCP/IP podríamos decir que el secreto de La Roja se encuentra precisamente en su capacidad para “transmitir la información” (el balón), troceándolo en fragmentos más pequeños (pases cortos y precisos), “enrutando” la información por varias vías posibles (a veces usando el doble pivote, otras el trivote, a veces construyendo juego desde los laterales, otras abriendo campo y profundidad desde las posiciones de retaguardia, etc.) para terminar “re-construyendo la información” en el nodo destino (abriendo la defensa contraria y articulando el equipo en su conjunto entorno al objetivo final -el gol- pero sin necesidad de recurrir al especialista de turno, el delantero centro, que deja de ser una figura clave en este nuevo paradigma de La Roja –cualquiera puede marcar- como lo era el host central en la concepción clásica de los sistemas de comunicaciones).

En síntesis se podría decir que la clave de todo el sistema de La Roja se encuentra en el trabajo constante de tres ideas-fuerza: la colocación (dinámica, no estática), la interacción (continua, no puntual) y las asistencias (el gol como tarea colectiva, no individual), conceptos que desde el punto de vista de las redes de comunicaciones y para terminar con esta atrevida metáfora podríamos decir que se corresponden con: topología en malla, interconexión full dúplex y sincronización permanente.

La combinación de todas estas ideas hace invencible al sistema de La Roja, donde ya no importa tanto la “genialidad de un individuo aislado” como la articulación y sincronización del conjunto, de la red… elevando al fútbol a un nivel de abstracción mucho más complejo, donde lo que está en juego -valga la redundancia- ya no son jugadores, entrenadores o selecciones sino concepciones de un mismo sistema o el cómo pensar sistémicamente el fútbol.

Esperamos que esta tarde ante Italia se concrete el enfoque sistémico de La Roja en otro campeonato europeo para alcanzar lo que ningún otro equipo ha conseguido. Así sea. ¡¡A por ellos, Oé!!…

25 de febrero de 2012

Las matemáticas de Moneyball

Moneyball: Rompiendo las reglas“Tu objetivo no debería ser conseguir jugadores, tu objetivo debería ser conseguir victorias”.

Moneyball: Rompiendo las reglas es un film producido por Columbia Pictures (Sony) con guión adaptado del libro de Michael Lewis 'Moneyball: The Art of Winning An Unfair Game' cuenta la historia real de Billy Beane (Brad Pitt) manager general de un modesto equipo californiano, los Oakland Athletics (más conocidos como los A’s), cuando al comienzo de la temporada 2002, como ocurre a menudo con los equipos modestos de fútbol en Europa, pierde a sus mejores jugadores a manos de los clubes grandes y encima tiene que reconstruirlo con sólo un tercio del presupuesto. Exactamente lo mismo que sucede de manera recurrente a los equipos modestos de la liga española de fútbol.

Decidido a ganar, Billy se enfrenta al sistema desafiando a los más grandes de este deporte. En un momento del film dice, como si se tratara de un momento épico: “Quiero que ganemos, porque eso cambiará el juego”. El cambio de enfoque surge cuando Billy Beane se plantea “pensar diferente”, busca opciones fuera del mundo del béisbol y topa con las teorías innovadoras de Bill James, considerado por muchos el padre de la Sabermetría (un invento de los años 70’s cuyo nombre deriva de las siglas Society for American Baseball Research, SABR en inglés), por su gran aportación al estudio de estadísticas en el ámbito del béisbol.

Billy conoce a Peter Brand (Jonah Hill), un economista recién graduado en Yale, que ha desarrollado un minucioso método para el análisis de jugadores. En la vida real el economista se llama Paul DePodesta y está graduado por Harvard, pero al parecer abrumado por la publicidad y las críticas, no permitió el uso de su nombre en el film.

Es interesante el enfrentamiento entre el “viejo pensamiento” representado por los clásicos ojeadores que, como a menudo sucede en el fútbol, recomiendan los fichajes en función de la “cotización”, el estilo, la imagen o la calidad personal y el “nuevo pensamiento” representado por Billy y Brand que obvian los aspectos personales y subjetivos y, en su lugar, cuantifican la aportación de cada jugador a su equipo, elaborando un número índice que tiene en cuenta todas sus estadísticas de pasadas temporadas. Brand propone “no comprar jugadores, sino victorias” (algo bastante obvio desde el punto de vista sistémico). Para él, cada jugador vale “no su precio en el mercado, sino su aportación al juego”. Y apostilla: “Se valoran apariencias y prejuicios. Las matemáticas están por encima de todo eso”.

Billy y Brand juntos se enfrentan a las teorías establecidas para medir la actividad en el juego y las cuestionan apoyándose en el análisis estadístico por ordenador, hasta entonces despreciado por el establishment del béisbol. Llegan a conclusiones que desafían las ideas preconcebidas y van a por jugadores descartados por los demás por “raros”, mayores, lesionados o problemáticos, pero con habilidades clave poco valoradas. En última instancia, los A’s ganaron veinte partidos consecutivos, estableciendo el récord de la Liga Americana de Béisbol, algo único hasta entonces.

¿Cuál es la novedad que aporta Moneyball?. En el método clásico de los fichajes, los ojeadores recorren el país y evalúan a los jugadores según cinco aspectos puramente individuales: velocidad en la carrera, habilidad en el bateo, fuerza del brazo, reflejos y fortaleza mental. En su valoración hay una fuerte componente subjetiva y asistémica. En el film, dice un ojeador: “Ese jugador tiene una novia fea, lo cual significa que tiene poca confianza en sí mismo”.

En el método matemático expuesto en Moneyball, se maneja fundamentalmente información estadística, que a veces cuestiona las anteriores apreciaciones. Se elaboran varios índices como, por ejemplo, el “porcentaje pitagórico de victorias”. Es un método que tiene en cuenta no únicamente al jugador como ente aislado sino también atiende al contexto. En este sentido es un “método sistémico”. Por ejemplo, en 2009, el premio Cy Young de la Liga Americana (el equivalente al balón de oro del fútbol) lo obtuvo Zack Greinke, por delante de lanzadores con mayor número de victorias. En base a valoraciones sabermétricas se consideró que si no había logrado mayor número de victorias había sido por la baja calidad del resto del equipo, pero que su aportación a las conseguidas era superior a la de los otros jugadores. Lo cual ejemplifica la idea básica de este método: los números deben ser analizados en su contexto.

En el ámbito del fútbol sería algo así como ponderar el resultado de los goles de un jugador con la cantidad de tiros a puerta (su ratio de efectividad individual), sus asistencias para que otros compañeros marquen gol y el peso de ambas cosas en el resultado de su equipo (su ratio de contribución al equipo). En el fútbol por ejemplo, un Cristiano Ronaldo puede tener una elevada efectividad individual (puesto 1º en goles) pero un baja contribución al equipo (puesto 15º en asistencias), algo en lo que un Leo Messi es un fuera de serie (líder en asistencias y 2º puesto en goles), un resultado inigualable que da una justa imagen del “jugador completo” que es Messi, no en vano el primero es bota de oro 2011 (sólo se mide la cantidad de goles individuales) mientras que el segundo es balón de oro 2011 (un jurado valora sobre un conjunto de variables).

El film es también una metáfora de estrategia de negocios basado en la premisa de que en un mercado competitivo, el administrador audaz debe diferenciarse de sus competidores a través de la optimización de sus recursos, mediante estrategias únicas y eficientes.

Obviamente el método estadístico aplicado en Moneyball no tiene muchos secretos, y es cierto que aporta una ventaja competitiva mientras es un “secreto”. Pero cuando todos lo practican y se deja de innovar, la “magia de las matemáticas” deja de funcionar.

En cualquier caso el film deja patente que el éxito de Billy Beane no fue tanto el record de veinte triunfos consecutivos de los A’s y las clasificaciones durante cuatro años seguidos como el demostrar que pensando diferente y con la ayuda de las matemáticas aplicadas con un “enfoque sistémico” era posible competir contra equipos con mayor presupuesto económico. Y, como nos demuestra la Teoría de Juegos, puede ocurrir que creamos que estamos jugando a un juego y que éste no sea más que una parte de un juego más grande. En realidad, siempre hay un juego mayor.

Fue en ese “juego mayor” contra el modo dominante de pensar donde Billy Beane realmente venció. Al final del film se cuenta como los Red Sox de Boston (el equivalente a un Real Madrid o un Barça en el mundo del béisbol) ganó la Serie Mundial de 2004 siguiendo las teorías de Billy Beane. Todo un reconocimiento.



Para saber más: Billy Beane en Wikipedia [inglés]

Paul DePodesta en Wikipedia [inglés]

Bill James Online [inglés]

Society for American Baseball Research - SABR [inglés]

Sabernomics [inglés]

Sabermétrico [castellano]

Estadísticas de fútbol [liga española de primera división]

Matemáticas en el Cine: Moneyball




29 de mayo de 2011

Metajuegos en la #plaza

Abraham Maslow, el psicólogo norteamericano de la famosa teoría de las necesidades humanas y su pirámide dejó escrito: “Si tu única herramienta es un martillo, tiendes a tratar cada problema como si fuera un clavo”. El ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, que de tonto no tiene un pelo, ya sabía lo que se hacía y en qué berenjenal se podría meter si intentaba resolver con “el martillo” de la fuerza (de orden público) “el problema” de las acampadas. Craso error: diagnosticar “el problema” de las acampadas como de “orden público” significa no haber entendido nada del fenómeno #15M, #spanishrevolution o #democraciarealya como se conoce en las redes sociales.

Un político que se precie debería tener una mirada más amplia y ver este fenómeno más allá de las anteojeras ideológicas. [Modo metáfora on] si un río se desborda tendremos que revisar nuestras concepciones sobre el volumen de su caudal, la profundidad de su cauce y hacer algo al respecto en vez de enfadarnos o actuar con violencia frente a su crecida [Modo metáfora off]. Si algo significa el fenómeno #15M es la constatación de la insuficiencia de los cauces de participación democrática diseñados hace más de treinta años y el malestar acumulado por una ciudadanía que constata, votación tras votación, que no es cierto que todos los votos sean iguales como afirma el principal axioma democrático, sino por el contrario hay “votos de 1ª clase” y “votos de 2ª clase” por la falta de proporcionalidad entre votos y escaños, reduciendo en consecuencia la “biodiversidad política” del poder legislativo. Hasta la tercera representación del Estado por orden jerárquico mostraba su sensibilidad hacia el “movimiento de los indignados” cuando afirmaba hace escasos días que a esta ley electoral le quedan “tres telediarios”. Confundirse de diagnóstico y repartir etiquetas de “antisistema” a todo el que cuestiona algo diseñado por y para un momento histórico dado es situarse a propósito en lo más hondo de la caverna de Platón.

El homólogo a Rubalcaba en el gobierno en Catalunya, Felip Puig, probablemente no tenga en su agenda aspirar a presidente y por ello ha jugado fuerte, aunque ahora le tocará administrar una derrota (anunciada) táctica, estratégica y mediática por usar “el martillo”. O dimitir. Si el cántabro diera la orden de desalojo de Plaza Sol y otras plazas donde la competencia “de orden público” le corresponde, en ese momento se terminaban sus aspiraciones a la presidencia. No hace falta explicar porqué. Algunos que intuyen lo que sucedería a continuación (para muestra lo de plaza Catalunya) quieren que el ministro de Interior dé ese paso. No lo dará, a menos que los acampados cometan un error estratégico y se me ocurren varios de ellos. No hace falta mucha imaginación para saber cuáles.

En esta partida es evidente que Rubalcaba busca las tablas para no realimentar con un plus de motivación a un movimiento que él cree que se terminará diluyendo en la nada, mientras los acampados están en un metajuego, un “juego” nuevo y diferente al que están acostumbrados los políticos. A un metajuego se responde con otro metajuego de superior nivel, pero no está preparada nuestra clase política para entender los juegos distintos a los de suma cero. Otrosí, cabe interpretar “el uso del martillo” en plaza Catalunya como un “test de stress”: tensemos la cuerda y veamos por donde se rompe, veamos lo que pasa y extraigamos lecciones para otras plazas. Si fuera así, que no lo descarto, se podrían haber evitado este “experimento”: del mismo modo que no existe garantía alguna de evitar “daños colaterales” cuando se bombardea masivamente una posición, tampoco es evitable la contestación y la resistencia ulterior (aumentada) cuando se recurre a la fuerza para resolver una indignación que necesita una respuesta distinta.

Ahora les tocará a estos responsables políticos aprender de su erróneo “diagnóstico y tratamiento” y como a esos antibióticos mal administrados, comprobar que los acampados (gérmenes) se han vuelto “resistentes al tratamiento” (policial). Para ese viaje no se necesitaban alforjas. Todo porque algunos políticos mediocres todavía no han entendido que este “juego” no tiene otra salida honorable más que el “empate técnico”, porque en el terreno de los metajuegos, y el #15M lo es, el “juego” es interminable mientras no cambie “la regla del juego”. Al menos en este caso Rubalcaba parece, al contrario que Puig, que sí ha leído a Thomas C. Schelling y también parece que tenga más herramientas, aparte de “martillos”, en su caja de ídem. O eso parece. En los próximos días/semanas tendremos ocasión de verificarlo.


29 de marzo de 2009

Gallinas en Wall Street: riesgo sistémico vs. riesgo moral

AIGHace unos días leía en el diario El Mundo este excelente artículo de Pablo Pardo, titulado “El rescate que reventó las reglas del juego” que por su interés y reflexión posterior me permito transcribir:

Saqueo. Suena más al título de una película que a un paper académico publicado por la Oficina Nacional de Investigación Económica (el NERB, según sus siglas en ingles) y escrito por un Premio Nobel, George Akerlof, y un eterno aspirante a ese galardón, Paul Romer.

Sin embargo, Saqueo se ha convertido en uno de los documentos de referencia en el debate sobre la economía de Estados Unidos. Su tesis es simple: en determinadas circunstancias, «las empresas pueden optar por ir a la quiebra a cambio de maximizar sus beneficios». Una de las condiciones para que se de eso es que alguien -normalmente, el Estado- cubra el coste de la quiebra.

Según algunos, eso es lo que está pasando en Estados Unidos desde hace justo un año. El 17 de marzo de 2007, la Reserva Federal asumía 29.000 millones de dólares (18.500 millones de euros en aquel momento) de activos del banco de inversión Bear Steanrs a cambio de que JP Morgan lo comprara por un precio inferior al del edificio en el que estaba la sede de la entidad en Nueva York.

Bear Stearns, el quinto mayor banco de inversion de EEUU, se convertía así en la primera gran víctima de las llamadas subprime, es decir, las hipotecas basura. Y el Estado de Estados Unidos iniciaba una trayectoria de salvamento de entidades en problemas.

El problema es que esa práctica conlleva lo que se llama riesgo moral. ¿Cómo se hace para salvar a una empresa cuyo colapso puede arrastrar a toda la economía mundial sin al mismo tiempo estar salvando prácticas empresariales poco escrupulosas o, a veces, suicidas? Además, la intervención ni siquiera salvó a los empleados de Bear Stearns. De hecho, sólo un tercio de los 15.000 trabajadores de la entidad financiera ha encontrado sitio en JP Morgan.

Un año después del rescate, el debate ha alcanzado tintes ostentóreos. Precisamente, ayer, el presidente estadounidense, Barack Obama, pidió al secretario del Tesoro, Tim Geithner, que bloquee el pago del último tramo del bonus de la aseguradora AIG.

Esta empresa recibió un total de 131.500 millones de euros de dinero público, pero decidió entregar a su equipo de directivos un total de 928 millones de euros de bonus. De ellos, 349 millones irán para la división de productos financieros, que es, precisamente, donde se originó la debacle.

Esa controversia tiene su origen en el rescate de Bear Stearns, hace un año. Como declaraba el domingo el ex secretario del Comité del Mercado Abierto -el organismo que fija los tipos de interés- de la Reserva Federal, Vincent Reinhart, la operación «puso al Gobierno en el juego de las intervenciones» en el salvamento de bancos.

Y es que es un juego en el que el Estado -y los contribuyentes- siempre pierden. Cuando el pasado mes de septiembre el Tesoro y la Reserva trataron de escapar del riesgo moral y dejaron quebrar a Lehman, el mundo estuvo a punto de un colapso financiero sin precedentes en la Historia.

El Estado puede jugar sin problemas contra pequeños actores como, por ejemplo, el financiero Bernard Madoff, al que se atribuye un fraude de hasta 50.000 millones de euros. El problema, sin embargo, es ir contra instituciones financieras cuyo balance es de billones de euros. En ese caso, «los bancos mantienen como rehén al conjunto de la economía», explica un alto cargo del Fondo Monetario Internacional (FMI) que prefiere no dar su nombre.
El Mundo-Pablo Pardo [17-03-2009].

«Demasiado grande para dejarlas caer»

Pocos días después, el presidente de la Reserva Federal Ben Bernanke advertía: “Debemos terminar con el «demasiado grande para dejarlas caer». Tenemos este régimen para instituciones aseguradoras de depósitos, pero es claro que necesitamos algo similar para importantes entidades sistémicas no bancarias. Estados Unidos necesita una forma más segura de cerrar grandes firmas financieras no bancarias sin desestabilizar todo el sistema. Los procesos mejorados de resolución para estas firmas contribuirían a reducir el problema de que haya entidades consideradas «demasiado grandes para dejarlas caer», dando al gobierno la opción de eliminar de forma segura una firma importante para el sistema en lugar de mantenerla operativa”.

Por esas mismas fechas la todopoderosa firma aseguradora AIG [«demasiado grande para dejarla caer» en la terminología de Bernanke] filtraba a la prensa un informe confidencial diciendo en pocas palabras que efectivamente, ellos, AIG, estaban en el epicentro de un riesgo sistémico, es decir, que si se le dejaba caer sonarían las trompetas del Apocalipsis para el sistema, poco más o menos venían a decir aunque en un lenguaje más técnico.

Riesgo sistémico y riesgo moral

Podríamos definir un riesgo sistémico como “una inestabilidad potencialmente catastrófica para el sistema financiero” [Tom Daula], siendo dicha inestabilidad consecuencia, por ejemplo, de un efecto dominó [retroalimentación positiva] originado, por ejemplo, por la falta de liquidez de una gran entidad financiera.

Fue el Premio Nobel en Economía [1972], el genial matemático Kenneth Arrow quien, en 1963, formalizó dos conceptos muy útiles para lo que vamos a tratar: riesgo moral y selección adversa. Ambos están relacionados con un concepto más amplio que trataré en otra ocasión: “la información asimétrica”. Por un lado podríamos definir un riesgo moral como “el riesgo de actuar de una manera insensata, porque, a final de cuentas, hagas lo que hagas, no vas a tener que pagar las consecuencias” [Tom Burns]. Por otra parte, existe selección adversa [o negativa] “cuando los peores son los únicos que se ofrecen para participar en un mercado” [Belén Barreiro].

Así, nos encontramos por una parte ante un claro riesgo sistémico [AIG es demasiado grande para dejarla caer] mientras que por el otro lado, los gestores de AIG podrían estar cayendo en un riesgo moral [el asunto del bonus ejemplifica el nudo del conflicto con la Administración Obama] y la sospecha de que están inmersos en una selección adversa. Estamos claramente ante un conflicto y un juego estratégico subyacente que puede modelizarse con los métodos de la Teoría de Juegos.

¿De qué va el “juego”?

En la Teoría de Juegos existe una estructura de juego donde puede encuadrarse este conflicto entre los gestores de AIG y la Administración Obama. Se trata del “Juego del Gallina”. El “Juego del Gallina” (en inglés: Game of Chicken) tiene una imagen cinematográfica en el desafío lanzado por el personaje interpretado por el malogrado James Dean en la película de Nicholas Ray “Rebelde sin causa”: un sábado avanzada la noche, dos jóvenes eufóricos se disponen a correr en sus coches en dirección a un barranco y cada uno apuesta que frenará después que el otro; si son prudentes frenarán a tiempo, pero si uno avisa que no frenará y su aviso es creíble, puede provocar el acobardamiento del otro y su frenazo temprano, de modo que el primero sale ganador del desafío. En otro contexto, el sabio Bertrand Russell comparó la carrera armamentística entre la extinta URSS y los EE.UU como un gran Juego del Gallina nuclear.

Este juego, al contrario que el juego del Dilema del Prisionero que comentamos en otro post, uno siempre debe hacer lo contrario de lo que el otro jugador vaya a hacer. Y, al contrario también que en el Dilema del Prisionero, en el Juego del Gallina existe más de un equilibrio de Nash, lo que significa que este juego es inestable, ya que una vez alcanzado un equilibrio cada jugador tiene la tentación de alterar su estrategia [seguramente anunciada previamente] y moverse hacia una posición en la que obtenga un mejor resultado en función del movimiento del contrario. Esta propiedad hace que este juego que sea muy dinámico e interesante su estudio en el contexto de una negociación.

En este caso, cada jugador [AIG, Administración Obama] puede salir beneficiado si informa previamente de su estrategia, no obstante esto no significa gran cosa: es un mensaje dirigido a la parte contraria para alterar su percepción. Es el caso del mensaje de Ben Bernanke dirigido claramente a la dirección de AIG, como también es el caso del mensaje de AIG [el informe presuntamente confidencial filtrado a la prensa con una intencionalidad manifiesta].

Doble juego

Una manera de representar el juego entre AIG y la Administración Obama sería la siguiente:

Juego AIG y Administración Obama
Existe claramente una posición a la que, probablemente, ninguna de las partes quiere llegar [no ceder, no ceder]. Esta posición equivale al precipicio, el barranco de la película comentada. Esta es la posición de máximo riesgo, de riesgo sistémico. Implicaría dejar caer AIG, con el consiguiente efecto dominó en el sistema. Pero por otro lado a la Administración Obama sí que le importa que la dirección de AIG se atenga a un criterio de racionalidad y austeridad y en consecuencia se evite el riesgo moral de pagar con dinero público, de los contribuyentes, unos bonus que en puridad no tiene justificación moral y escasa defensa política. Sin embargo, la dirección de AIG puede atribuir en su favor que esos bonus no tienen una raíz moral sino legal: están por contrato.

Es claro que la dirección de AIG explotará al máximo la situación de rehén en la que se encuentra la Administración Obama [las declaraciones de Ben Bernanke son más un lamento que una decisión], y como en la película comentada se acercará al máximo al precipicio esperando que el peligro de riesgo sistémico disuada a la Administración Obama de no hacer otra cosa que lamentarse de la falta de sensibilidad de los directivos de AIG.

Es ahí donde la Administración Obama tiene las de perder, de ahí su doble juego: juega a no ceder [particularmente ante la opinión pública] pero podría avenirse a un acuerdo si AIG cede de motu propio, si voluntariamente rechazan el cobro del bonus. En este punto la dirección de AIG tiene la estrategia más clara: sabiendo, sobradamente, que la Administración Obama no va a hacer del asunto de los bonus un casus belli que podría desencadenar un riesgo sistémico, letal para ambas partes, insistirá en la legalidad del cobro y en consecuencia no tiene ningún incentivo para moverse de su posición, a excepción de que alguna presión, aviso o amenaza creíble por parte de la Administración Obama hiciera mella en la estrategia de la dirección de AIG.

¿Epílogo?

Tal una vez una estrategia fundamentada en la evitación de la selección adversa, algo así como: “no os vamos a dejar caer [por el riesgo sistémico], pero os podemos nacionalizar [para evitar el riesgo moral]” podría ser realmente efectiva, pero no veo a la Administración Obama con redaños suficientes para este tipo de declaraciones socializantes [hasta la fecha parecen tener bastante con socializar las pérdidas pero lo de socializar la gestión va a ser que no está en la agenda].

Por tanto, alejado el riesgo sistémico, el riesgo moral persiste [y no solo en el caso de AIG], mientras los contribuyentes norteamericanos se quedan con un palmo en las narices con la sensación de estar ayudando a que un equipo de burócratas engrosen sus cuentas corrientes por el único mérito de evitar un riesgo sistémico.


Para saber más: El rescate que reventó las reglas del juego [El Mundo-Pablo Pardo]

Ben Bernanke: Debemos terminar con el “demasiado grande para caer”

AIG teme un colapso “catastrófico” superior al de Lehman Brothers

Informe confidencial de AIG sobre riesgo sistémico [inglés]

Kenneth Arrow en Wikipedia

Riesgo sistémico en Wikipedia

Riesgo moral en Wikipedia

Selección adversa en Wikipedia

La selección adversa en los partidos [El País-Belén Barreiro]

Juego del Gallina en Wikipedia