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19 de junio de 2022

Rusia-Ucrania: cuando la guerra es el equilibrio

Hace muchos años, hacia el final de la guerra de Bosnia-Herzegovina y en unas charlas en el ámbito académico sobre la “Aplicación de la Ciencia de Sistemas en la Guerra de Bosnia” auspiciado por la Universidad de Valencia, recuerdo a un especialista en aquel conflicto que pronunció unas palabras que me quedaron grabadas: “Debemos entender que hay conflictos humanos que son inevitables y a veces la guerra es la única salida para resolverlos: no podemos resolver las guerras despachándolas como un acto irracional que debemos evitar a toda costa. Si eso hacemos seguiremos sin comprender su génesis multifactorial y su resolución (óptima, racional y multifactorial)”.

Ciertamente, la guerra, en tanto acto humano execrable tiene su aspecto irracional, pero si rascamos un poco más en la superficie podemos llegar a comprender que existen aspectos racionales en la toma de decisiones políticas y militares que dan como resultado el movimiento de tropas, las estrategias ofensivas y defensivas de cada bando, las alianzas con terceros, etc.

De todo esto y más me he referido en varias ocasiones en las múltiples aplicaciones de la “Teoría de Juegos” en este Blog y en artículos anteriores que, a pesar de su nombre, no tiene que ver con los juegos de azar o de entretenimiento, sino con las interacciones entre las personas que están implicadas en situaciones generalmente no cooperativas, esto es, de confrontación de pareceres, luchas y decisiones. Y como la guerra tiene un aspecto racional, la “Teoría de Juegos” en tanto que medio para analizar la racionalidad de las situaciones conflictivas, es una herramienta eficaz para comprender las interacciones y anticipar su posible evolución.

El juego Rusia-Ucrania en forma estratégica

En la “Teoría de Juegos”, la forma estratégica (o forma normal) es una forma de describir un juego usando una matriz. El juego se define exhibiendo en cada lado de la matriz los diferentes jugadores, cada estrategia o elección que pueden hacer, y conjuntos de pagos (o valores) que recibirán cada uno para una estrategia determinada. En este caso los valores que he elegido son en forma de ordenación de mayor a menor, de acuerdo con las interacciones entre las decisiones del adversario (Si A decide N) y las respuestas del contrario (Entonces B responderá P). Evidentemente los valores son subjetivos en función de lo que he podido leer del conflicto, de su génesis y su posible evolución.

Veamos el caso de la matriz de pagos desde el punto de vista de Ucrania:

El razonamiento subyacente para la ordenación de estrategias de Ucrania es el siguiente (me pongo en la situación de Ucrania):

Si Rusia me amenaza con la guerra, yo responderé con la guerra (valor 3). Si Rusia me ofrece un pacto, en tanto que ya me ha invadido, no me fiaré si no muestra algo creíble como una retirada y responderé con la continuación de la guerra (Ucrania también puede interpretar ese ofrecimiento ruso como señal de debilidad y por tanto responder con la guerra con más motivo) (valor 2); si Rusia me ofrece un pacto sincero y yo también quiero un pacto sincero, entonces puede haber pacto (valor 1); por último, si Rusia sigue con la guerra, no voy a ofrecerle mi rendición ofreciéndole un pacto (valor 0).

Veamos el caso de la matriz de pagos desde el punto de vista de Rusia:

El razonamiento subyacente para la ordenación de estrategias de Rusia es el siguiente (me pongo en la situación de Rusia):

Si Ucrania sigue con la guerra (apoyándose directa o indirectamente en la OTAN) yo seguiré con la guerra (valor 3). Si Ucrania me ofrece un pacto, que creo sincero y puedo interpretar como que he ganado no solo a Ucrania sino también a la OTAN, entonces responderé con un pacto (Rusia también puede interpretar ese ofrecimiento ucranio como señal de debilidad y por tanto responder con un pacto para no alargar mi propia sangría) (valor 2); si Ucrania me ofrece un pacto pero no lo considero sincero del todo en tanto que la OTAN no está a favor de ese pacto, entonces significa que debo seguir con la guerra (valor 1); por último, si Ucrania sigue con la guerra, no voy a ofrecerle mi rendición ofreciéndole un pacto (valor 0).

Y ahora veamos la matriz de pagos conjunta:

¿Qué tenemos aquí?

Por de pronto una estrategia dominante por cada lado: si sumamos los valores verticales (Rusia) y horizontales (Ucrania) observaremos que independientemente de lo que haga el otro, la guerra es la estrategia dominante en ambos. A su vez, también existen dos estrategias dominadas: aquellas en el que cada lado obtiene un valor cero mientras que el otro obtiene algún valor. Por tanto son estrategias que racionalmente cada lado va a rechazar. Teniendo estas consideraciones, volvamos a pintar la matriz de pagos marcando como imposibles o no deseadas las estrategias dominadas:

¿Qué tenemos aquí?

Efectivamente, aquí tenemos de nuevo nuestro querido Equilibrio de Nash: «Si hay un conjunto de estrategias con la propiedad de que ningún jugador puede beneficiarse cambiando su estrategia mientras que los otros jugadores no alteren la suya, entonces ese conjunto de estrategias y sus beneficios correspondientes constituyen un equilibrio». John Forbes Nash. Non-cooperative games (1950). La noción de equilibrio en la “Teoría de Juegos” implica estabilidad, es decir, sabiendo lo que le adversario está haciendo, la estrategia del contrario (o contrarios) el Equilibrio de Nash es la mejor posible y a su vez el adversario razonará del mismo modo y así ad infinitum. Claro está que en este caso también habría otro equilibrio posible, en el cuadro inferior derecho, pero hoy por hoy de menor valor estratégico para ambas partes, pero para ello, como he argumentado anteriormente, es necesario un reconocimiento de sinceridad en la oferta y acogida del pacto, de lo contrario, los tambores de guerra seguirán: como ven, todo muy racional: sí, como afirmo en el título, la guerra es el equilibrio en este caso.

¿Y ya está? ¿La “Teoría de Juegos” no puede aportar alguna solución a esta guerra?

Tal como están las cosas en este guerra, no hay posibilidad de que Rusia o Ucrania, por sí solos, puedan amenazar con ninguna alteración de su estrategia. Es decir, el “Juego de amenazas” no sirve ya. Podría haber sido utilizado al principio, como por ejemplo amenazar con invadir Ucrania si no hay una declaración formal de no adhesión a la OTAN. Ese tiempo ya pasó. En todo caso se puede amenazar con el “Juego de ir a peor”, por ejemplo con el uso de armamento no convencional, sea de largo alcance por parte de Ucrania (armamento facilitado por la OTAN), sea táctico-nuclear por parte de Rusia.

Si descartamos este escenario por no creíble (aunque posible), nos quedarían dos posibilidades más realistas en el ámbito de la “Teoría de Juegos”, a saber: (1) agotar el actual Equilibrio de Nash con una larga guerra que terminaría cuando uno de los dos bandos se diera por vencido pero sin publicidad, no tanto por perder una batalla crucial, que no es el caso en esta guerra de posiciones, más propia de guerra de guerrillas urbanas. En este supuesto se podría dar un equilibrio estable siempre y cuando el que se diera por vencido ocultase su condición ante el adversario, que no debería ostentar una victoria mediática para no humillar al vencido. Es decir, debería existir una diplomacia oculta o clandestina trabajando en este escenario para llegar a un cese del alto el fuego sin vencedores ni vencidos, pero con un acuerdo duradero. Este detalle de la no humillación es importante porque de no lograrse, la guerra puede continuar meses o años.

La otra posibilidad caería en el ámbito de los llamados (2) “Juegos repetidos”, esto es, que la guerra terminase provisionalmente, incluso con un alto el fuego formal auspiciado por la ONU y con todas las garantías de verificación, pero no sería más que una ilusión momentánea en espera de un rearme de las fuerzas y una redefinición de las estrategias en espera del siguiente turno del juego, mediante un nuevo juego que podría tener su plasmación, no necesariamente en una continuación de la guerra tal como la conocemos hasta ahora, sino una continuación de la confrontación mediante otros medios, tal vez menos sangrientos pero no por ello menos agresivos.

Y sí, no soy optimista en el resultado final de esta guerra: no creo que nadie descarrile con decisiones irracionales, pero tampoco creo que se den las condiciones globales, geopolíticas, geoestratégicas y geoeconómicas para una solución (óptima, racional y multifactorial) estable. La suerte está echada.

Para saber más: Pensar estratégicamente (1993). El arte de la estrategia (2010). Avinash K. Dixit y Barry J. Nalebuff. Antoni Bosch Editores. Teoría de Juegos (1993). Ken Binmore. McGraw-Hill. Teoría de Juegos. Una breve introducción (2007). Ken Binmore. Alianza Editorial. Un primer curso de Teoría de Juegos (2003). Robert Gibbons. Antoni Bosch Editores. Economía y Juegos (2000). Fernando Vega Redondo. Antoni Bosch Editores. La Teoría de Juegos (2012). Robert Aumann. Ediciones Sígueme. El Arte de la Manipulación Política (1990). Josep M. Colomer. Editorial Anagrama.

Equilibrio de Nash y Pensamiento Sistémico


8 de diciembre de 2021

Ómicron: ¿Un Equilibrio de Nash entre SARS-CoV-2 y Humanos?

“Será muy difícil, al menos en un futuro próximo y quizás nunca, eliminar este virus altamente transmisible. Dado que este enemigo no puede ser derrotado, todos tendríamos más posibilidades de sobrevivir si estuviera armado con una honda en lugar de un cañón” Anthony Fauci, asesor inmunólogo de la Casa Blanca.

Sin nombrarlo, Fauci estaba reflejando en ese deseo el sentido profundo del Equilibrio de Nash: “Para obtener el mejor resultado, cada uno debe hacer lo mejor para sí mismo (Adam Smith) y para el grupo (John Nash)”

Algunos titulares recientes

La llegada de ómicron, la nueva variante de coronavirus identificada por primera vez en Botswana y Sudáfrica y ahora presente en Europa, en Estados Unidos y en muchos otros países del mundo, ha sido recibida con gran ansiedad y miedo.

La Organización Mundial de la Salud identificó inmediatamente a ómicron como una variante “preocupante”

La verdad es que la llegada de ómicron no es necesariamente una mala noticia. El efecto de ómicron en el curso de la pandemia dependerá de tres de sus características: su transmisibilidad, su capacidad para evadir las defensas inmunitarias inducidas por la vacuna y su virulencia, es decir, si provocará una enfermedad más grave. Si se descubriera que ómicron se transmite fácilmente de un huésped a otro, evadiendo los anticuerpos neutralizantes y causando una enfermedad grave, la situación sería realmente compleja y las consecuencias podrían ser nefastas.

"Pero si ómicron resulta ser una variante súper contagiosa que causa síntomas leves, entonces también podría ser una buena noticia, justo a tiempo para Navidad", escribe Rachel Gutman en The Atlantic.

¿La variante es más contagiosa o más hábil evadiendo nuestras defensas? Los datos de Sudáfrica indican que se extiende fácilmente, pero eso puede explicarse de dos maneras, como dice el epidemiólogo Adam Kucharski: “Porque es inherentemente más transmisible, y/o porque reinfecta más fácilmente”.

Una opción es que la ómicron sea más transmisible que la delta, igual que la delta lo era más que sus antecesoras (el Ro de la delta es doble: un infectado haciendo vida normal, en un país sin inmunes, infectaba de media a seis personas en lugar de tres). La alternativa es que la ómicron sea hábil infectando a gente inmunizada. Esa sería su ventaja: estaría infectando gente a la que la delta no es capaz de infectar. La delta sería más transmisible si no hubiese nadie inmune, pero ahora avanza mermada porque encuentra menos susceptibles. Estas dos opciones no son excluyentes

Ninguna de las dos alternativas está confirmada, aunque cobra fuerza la segunda hipótesis. La Organización Mundial de la Salud (OMS) destacó un estudio con evidencias de que con la ómicron hay más reinfecciones. Eso sugiere que la variante escapa a la inmunidad natural, al menos parcialmente. Para confirmarlo harán falta una o dos semanas.

Un esquema antropocéntrico que al virus le importa un bledo

Ómicron o cualquier otra variante del Coronavirus SARS-CoV-2 se enfrenta en tanto que entidad viviente al reto de propagarse y replicarse a gran escala pero en tanto que virus que necesita de un “organismo huésped” [1] (humano o animal) para alcanzar ese objetivo debe “modular” dos dimensiones clave de su “existencia”: ser lo suficientemente transmisible (incluso en condiciones de entorpecimiento como son la prevención, vacunas, cuarentenas) pero sin ser lo suficientemente agresivo porque “matar al huésped” le impide alcanzar su “objetivo máximo de supremacía y permanencia” al reducir a sus potenciales transmisores. Este objetivo, obviamente, el virus no lo consigue “pensando o reflexionando estratégicamente (como harían los humanos) sino mutando, al azar, continuamente, hasta encontrar una mutación exitosa”.

Para entender mejor este concepto y aunque sea mediante un criterio tan antropocéntrico como “favorable o desfavorable” (un criterio humano que al virus se la trae al pairo, pero que es útil para intuir la probable evolución de la variante), veamos el impacto de estas dos dimensiones del virus y cómo nos afectan en cuanto humanos y cómo le afecta al virus, entendiendo que su objetivo es alcanzar el mayor número de replicaciones/infecciones entre los huéspedes (alta transmisibilidad) y no tanto su mayor gravedad (algo que no es ventajoso a largo plazo, porque el organismo huésped, los humanos, pueden desarrollar estrategias defensivas, además de la inmunidad natural, como prevención, vacunas y cuarentenas, amén de que una elevada gravedad puede “matar al huésped” y en consecuencia reducir la transmisibilidad total y con ello la replicación/infecciosidad total) [2].


Cuatro escenarios y un equilibrio de Nash (duradero)

De este “Juego” entre humanos y virus se desprende que existe un “equilibrio de Nash” favorable para ambos [3]: la convivencia pacífica con los humanos, convirtiéndose en un virus de alta transmisibilidad pero de baja gravedad en sus infecciones. ¿Y si ómicron no se aviene a este equilibrio? No pasará nada más que el virus deberá adaptarse y evolucionar hasta encontrar una mutación que logre un “equilibrio de Nash” duradero: el mejor movimiento posible de la enésima variante teniendo en cuenta los movimientos de los humanos (prevención, vacunas, cuarentenas).

Escenario A: Favorable para ómicron, Favorable para humanos. Convivencia pacífica, como otros coronavirus (resfriado común): Dado que ómicron no puede destruir a los humanos y viceversa, ómicron sobrevive permitiendo que sus huéspedes humanos, incluso vacunados o inmunizados frente a otras variantes (reinfecciones), sobrevivan con síntomas leves, convirtiéndose en variante predominante, mientras que a los humanos, con una variante poco agresiva puede que no les compense desarrollar vacunas o aplicar prevenciones estrictas o cuarentenas forzosas, al igual que ocurre con el catarro.

Escenario B: Favorable (temporalmente) para ómicron, Desfavorable (temporalmente) para humanos. Convivencia violenta pero temporal por sobrerreacción humana (prevención, vacunas, cuarentenas) y en espera de otra variante predominante menos agresiva que sustituya a ómicron. La mayor agresividad de ómicron impide que sus huéspedes humanos, vacunados o no, actúen de transmisores (por muerte, prevención, vacunas o cuarentenas forzosas), reduciendo su predominio ante otras variantes más transmisibles y menos agresivas.

Escenario C: Desfavorable para ómicron, Favorable para humanos. Escenario ideal para humanos, indeseable para el virus. Una baja transmisibilidad y una infecciosidad leve, sea por efecto de vacunas o no, impide que la variante sea predominante, terminando reducida a casos aislados.

Escenario D: Desfavorable para ómicron y para humanos. Escenario indeseable para humanos y el virus. Una baja transmisibilidad unida a una alta agresividad, incluso con vacunados o inmunizados frente a otras variantes, impide que la variante sea predominante y termine por extinguirse al “matar al huésped” o provocar una sobrerreación humana (confinamiento de casos) con el mismo resultado.


Dado lo rápido que “aprende” el SARS-CoV-2 puede que ómicron sea uno de sus últimos movimientos para alcanzar un “equilibrio de Nash” favorable para ambos: la convivencia pacífica con los humanos, convirtiéndose en un virus de alta transmisibilidad pero de baja gravedad en sus infecciones. Esperemos.


Notas

[1] En biología se usa “huésped” en sentido de “anfitrión” por contaminación del inglés (host).

[2] Respecto a variantes anteriores como Alfa, Beta o Delta, así como a la cepa original de Wuhan.

[3] En Teoría de Juegos, un equilibrio es una solución al juego estratégico entre dos o más partes en interacción. En puridad existen dos equilibrios de Nash en este “Juego entre SARS-CoV-2 y Humanos” (A y B): como en el “dilema del prisionero” (confesar o no confesar) o en la conducción por carretera (por el lado derecho, en la mayoría de los países, por el lado izquierdo, en unos pocos países): todo depende, a falta de normas establecidas, de la respuesta ante lo que haga el otro y en reciprocidad. En este caso, como dice Fauci, “si (ómicron) estuviera armado con una honda en lugar de un cañón”, es decir si aunque fuera más transmisible fuera menos agresivo (Escenario A) estaríamos en un equilibrio interesante, pero si ómicron además de ser más transmisible fuera más agresivo, entonces (Escenario B) no tendríamos otra que reaccionar con las medidas conocidas, redoblándolas (mayor prevención, cuarentenas masivas y nuevas generaciones de vacunas que bloqueen la transmisión), para que el virus, a su vez explote su capacidad evolutiva para encontrar un modo de ser transmisible sin provocar nuestra sobrerreacción ante sus variantes más agresivas. No obstante, también es cierto que en cualquier juego estratégico se pueden emitir señales que permitan encauzar el juego de manera que beneficie al conjunto, incluso aunque con ese otro no exista la posibilidad de dialogar: la sobrerreacción humana hacia las variantes más agresivas puede ayudar a “orientar” al virus para comportarse de una manera civilizada (en sentido figurado) para con nuestros intereses como humanos y viceversa: un virus muy atenuado en su agresividad puede relajar la respuesta humana (menos incentivos para vacunas, menos presión para la prevención o confinamientos), permitiendo con ello que el virus se transmita con más libertad “a cambio” de una menor agresividad. En este sentido, los humanos harían bien en “pensar por los dos”, yendo un paso por delante del virus, en lugar de un paso (o dos) por detrás para lograr domesticar al SARS-CoV-2.

Definición formal del Equilibrio de Nash: «Si hay un conjunto de estrategias con la propiedad de que ningún jugador puede beneficiarse cambiando su estrategia mientras que los otros jugadores no alteren la suya, entonces ese conjunto de estrategias y sus beneficios correspondientes constituyen un equilibrio». John Forbes Nash. Non-cooperative games (1950).


Para saber más: Pensar estratégicamente (1993). El arte de la estrategia (2010). Avinash K. Dixit y Barry J. Nalebuff. Antoni Bosch Editores

Equilibrio de Nash y Pensamiento Sistémico

La nueva variante del coronavirus detectada en Sudáfrica acumula más de 30 mutaciones inquietantes. Manuel Ansede. El País, 26 noviembre 2021

¿Por qué es inquietante la nueva variante de la covid? Los datos que tenemos de la ómicron y los que no. Kiko Llaneras. El País, 4 diciembre 2021

¿Y si ómicron fuera la variante que la ciencia estaba esperando? Estos son los escenarios que puede provocar. Cristina Marrone. Corriere della Sera. El Mundo, 5 diciembre 2021

Epidemiological update: Omicron variant of concern (VOC). European Centre for Disease Prevention and Control, 2 diciembre 2021

6 de agosto de 2020

El rey emérito y el algoritmo de Zermelo

¿Dónde está el rey emérito Juan Carlos I? se pregunta mucha gente y muchos medios presuntamente bien informados. Sin embargo, las preguntas nunca son inocentes: siempre denotan carencias o aciertos estratégicos. Desde mi perspectiva se trata de un juego estratégico, que se desvelará pronto, a la vuelta del verano. En un juego estratégico siempre existe información asimétrica y normalmente el que tiene la información puede gestionar las creencias y expectativas de los que no la tienen. Sí, por supuesto, filtrando “globos sonda” también.

Entonces, ¿dónde está el rey emérito? En realidad no importa, lo que importa es que tras el paréntesis veraniego vuelva al país y se ponga a disposición de la justicia, para saldar cuentas con la justicia (y con Hacienda) y despejar de sombras su recta final vital. Hay mucho en juego de no hacerlo así. Por eso no tiene sentido lanzar la sospecha de una “fuga” o “huida” definitiva. Porque el rey emérito volver, va a volver, con absoluta seguridad.

¿Por qué afirmo tal cosa sin tener “información privilegiada”? Aún en juegos con información asimétrica es posible penetrar en la estrategia del que tiene la información completa o se jacta de tenerla. Basta con aplicar un principio estratégico conocido como Algoritmo de Zermelo, en honor al matemático alemán Ernst Zermelo, que permite tomar (y conocer) decisiones estratégicas ganadoras a partir de la inducción hacia atrás, esto es, mirar, pensar (o imaginar) hacia adelante diferentes escenarios futuros y razonar hacia atrás, hasta el presente. Puro sentido común, desde luego.

Y, siguiendo a Zermelo, un modo de conocer (indirectamente) la estrategia ganadora del que maneja información asimétrica es observar el resultado de cómo quedaría su posición en el supuesto el escenario final no le fuera favorable, lo que se conoce como conocer su minimax o su pérdida máxima. Eso da muchas pistas de lo que está sucediendo y lo que puede suceder.

Es decir, suponiendo que hay dos posiciones enfrentadas: “monárquicos” (por llamarlos de alguna manera) por un lado, que apuestan por una “salida temporal” (las definiciones son importantes) del rey emérito, con la casa Real y el presidente Pedro Sánchez a la cabeza y por otra los “republicanos” (por llamarlos de otra manera) que apuestan por una “fuga definitiva” (el verbo escogido no es inocente), con la oposición republicana, incluida la parte del gobierno “republicana”, la pregunta estratégica es: ¿quién puede salir peor parado en el peor de sus escenarios? Dicho más claramente: ¿quién de las dos posiciones enfrentadas sale más perjudicada si el rey emérito se marcase o no un “Dioni” (famoso ladrón-conductor de furgones blindados que en 1989 se fugó a Brasil)? pues probablemente eso, sin medias tintas, en el supuesto el rey emérito no retornase le costaría la presidencia a Pedro Sánchez y al rey Felipe VI su reinado, mientras que si el rey emérito retornase de su ignoto destino veraniego, apenas tendría mayor impacto en el lado de los “republicanos”.

Veamos esto algo más gráficamente en una Matriz de Pagos típica de Teoría de Juegos. Ante un escenario como el mencionado (el rey emérito no retorna), la posición de los “monárquicos” quedaría seriamente comprometida, con un daño reputacional que estimo en cien veces mayor (en negativo). Los valores son relativos a la vez que subjetivos con el escenario donde se cumple su posición, en este caso: el rey emérito retorna. No importa tanto el valor en sí, sino la coherencia de la posición con el escenario, así como la magnitud estimada de la pérdida respecto a la ganancia.



Por el contrario, la posición de los “republicanos” no es tan desastrosa en términos relativos si finalmente no se cumple su vaticinio. Es cierto que si el rey emérito retorna, los “republicanos” tendrán que “tragarse el sapo” de haber dado alas a la idea (y los memes) de que la “fuga era definitiva”, pero su daño reputacional no es tan importante como en el caso de los “monárquicos”, por la simple razón de que son estos los que tienen la información de primera mano y controlan, teóricamente, la situación. Así, estimo en, como mucho, un daño diez veces menor (en negativo) en el caso de no cumplirse su escenario preferente, toda vez que su posición es, entiendo, más una provocación para que los “monárquicos” revelen el paradero del rey emérito que una profecía autocumplida.

Por tanto, visto el juego estratégico, el secretismo (de los “monárquicos”) juega a favor del que maneja los tiempos y las expectativas, pues en un juego estratégico el ser transparentes tiene un coste: perder la ventaja de la sorpresa (guardada) final. Luego, basta con mirar quién es el que más puede perder para darse cuenta de que la situación está controlada y más que controlada (los “monárquicos” ya han demostrado, sin decirlo, que han hecho sus deberes, su “ejercicio minimax”: han minimizado su pérdida máxima, han mirado hacia el futuro y se han asegurado el resultado), como también darse cuenta que el secretismo también juega a favor de perjudicar la ganancia del rival, los “republicanos” incitándoles a cometer errores estratégicos por falta de información.

En conclusión: por tanto, la pregunta estratégica no es ¿dónde está el rey emérito? sino ¿de qué va el juego? ¿a quién va dirigido el juego del desconocimiento de su ubicación? ¿quién puede ganar el juego: el que tiene o el que no tiene la información y el control de la situación? y, sobre todo, ¿quién puede perder más en el supuesto no se cumpla el escenario en el que se posiciona? Blanco y en botella.

Finalmente, ¿qué podemos hacer los ciudadanos ante esta clase de juegos estratégicos? En realidad poco más que ser espectadores entre los dos bandos. Eso sí, con herramientas conceptuales como la Teoría de Juegos es más difícil que nos la den con queso: ante situaciones como la de este juego estratégico lo más prudente suele ser esperar y ver, pero sabiendo que casi con absoluta seguridad sucederá lo que afirma el que más puede perder en caso de que no suceda lo que afirma que sucederá, pues el riesgo de creerse los bulos, muchos interesados, es caer en la sobrerreacción y las trampas para impacientes.

29 de octubre de 2017

Más allá del DUI vs. 155. Mi visión del conflicto

“May we never confuse honest dissent with disloyal subversión.” Dwight D. Eisenhower

Cuando Ronald Reagan, un actor de segunda fila, ganó por abrumadora mayoría las elecciones presidenciales de 1980 no fue porque hubiese creado un resurgimiento del conservadurismo en Estados Unidos, porque hubiese conseguido provocar un renacimiento del orgullo nacional o porque hubiera sido un destacado intelectual orgánico de la ideología neoliberal. Todas esas condiciones ya existían. Como dijeron algunos analistas entonces, Reagan se limitó a encontrarse con el desfile y a ponerse al frente del mismo, como le ocurría al bueno de Charles Chaplin en la conocida escena de Tiempos Modernos (1936), donde Puigdemont me recuerda al líder de un movimiento que no controla, mientras Rajoy se asemeja al que detiene al supuesto líder sin entender la causa del movimiento, arriesgándose con ello a que se repita el problema por falta de un diagnóstico correcto.

Pienso que en lo sucedido estos ajetreados días pasados y los que quedan por pasar a propósito del llamado desafío secesionista o conflicto catalán, la DUI y el recién implementado artículo 155 CE hay mucho de este fenómeno, a saber: un fuerte movimiento reivindicativo, transversal y antisistema que emerge durante el 15-M, que a falta de referentes internacionalistas, más abstractos, encaja como un guante con lo identitario catalán, la “catalanidad”, mucho más concreto y cercano, que se acelera con su conexión con los agravios comparativos del Estatuto de Autonomía del 2006 enmendado por el TC en 2010 como una expresión simplificadora de causa-efecto y una cierta conexión ancestral con una mítica Camelot o Arcadia feliz inalcanzable, pero propulsora de energías atávicas y emocionales que emerge con fuerza arrolladora en los últimos años y unos políticos oportunistas que, como Ronald Reagan, que se habían dedicado “a otras cosas” más bien contradictorias con esa fuerza emergente, de repente toman conciencia de que algo hay que hacer al respecto si no quieren verse ninguneados por el tsunami popular que se oteaba en el horizonte.

En ese contexto de un potente movimiento popular, transversal, pacífico, de base nacionalista pero con vocación europeísta, a la vez rupturista con el modelo político, económico y social heredado por sus propias élites nacionales, los líderes políticos locales se encuentran en una encrucijada en la que deben tomar una decisión estratégica no exenta de dramatismo: continuar con el “pactismo” de siempre o cambiar radicalmente su orientación pactista-conservadora y evolucionar de forma más o menos creíble y sincera para caminar en una dirección que les permita seguir al frente de las instituciones al precio de liderar-gestionar y tal vez bajo cuerda modular a su favor un movimiento que en principio les era sobrevenido y ajeno a su cultura política. Y esa decisión no exenta de dramatismo le cuesta la implosión a la coalición que había gobernado Catalunya durante más de treinta años.

Pero si ese tsunami subterráneo y popular sorprendía a las élites locales, otro tanto sucede en las élites instaladas en el poder central, donde a falta de “tocar tierra” y entender el fenómeno en su origen, la perplejidad y la falta de reflejos e inteligencia política propia de quien piensa que España comienza y termina en el Paseo de la Castellana, les hace ver el “problema catalán” en modo “business as usual”, como un “más de lo mismo”, confundiendo esas inquietudes con la reclamación de más “dinero” por parte del nacionalismo pactista, que era la manera de resolver los conflictos en los viejos tiempos, una “solución” que el actual gobierno central sigue añorando al reclamar no ha mucho la vuelta de ese nacionalismo pactista-conservador, pero en esta ocasión el diagnóstico es erróneo y la “medicina” anticuada porque el problema es otro y muy distinto, de una dimensión desconocida para ambas élites acostumbradas a los acuerdos negociados con poca luz y taquígrafos: el llamado popularmente “pasteleo” ya no sirve como medio de resolver este conflicto de “nueva generación” con el mal llamado nacionalismo catalán, porque ese es precisamente uno de los errores del diagnóstico: no entender su transversalidad y vocación transformadora, no exenta de contradicciones, engaños y autoengaños, oportunismos y oportunistas, pero que va más allá de instalar una frontera y también más allá en su forma de gestionarlo y contenerlo por el gobierno central, con métodos anticuados en lugar de un pensamiento estratégico de cuarta generación (William S. Lind).

Por eso el gobierno central confunde la semilla (movimiento de transformación social) con la cáscara (nacionalismo), porque si bien es cierto que la semilla se viste de nacionalismo porque es la representación de la lealtad primaria más concreta para conectar con las clases populares y su cultura política (aunque esa confusión entre cáscara y semilla lo aleja del resto de españoles que podrían comprender y solidarizarse con el movimiento sin tener que compartir las banderas) el gobierno central no debería caer en tan flagrante error de diagnóstico, atribuyendo al nacionalismo y las ideas nacionalistas, la cáscara, la causa del problema, cuando en realidad este movimiento revela en última instancia una crisis de legitimidad del Estado Nación tal y como está diseñado, que no es otro que un diseño del siglo XVII (1648, Tratado de Westfalia) que tal vez convendría actualizar y modernizar.

Hace falta otra “medicina” a la habitual, pero, “Houston, tenemos un problema”: con las restricciones y encorsetamientos del corpus legal actual, no es posible alcanzar una solución razonable so pena de crear contradicciones irresolubles. El conflicto por incomprensión del problema y agotamiento institucional está servido. Y unas elecciones autonómicas no lo van a disipar.

Se habla mucho de la necesidad de diálogo político, del fracaso de la política, etc., pero en el contexto del actual marco jurídico la realidad es la que es y las limitaciones obvias: las demandas de más democracia crecen y la camisa constitucional se queda pequeña y no sé si el federalismo que algunos consideran “el-no-va-más” que nos puede sacar del atolladero, no será también una respuesta anticuada para una sociedad post-industrial, hiperinformada e hiperconectada. Tal vez habría que experimentar otros modos de relacionar a los ciudadanos del siglo XXI con la “Res publica” y ser pioneros en ello y presumir en Europa de haberlo logrado, ¿por qué no? A modo de ejemplo: Suiza hace continuos referéndums entre sus ciudadanos y nadie se atreve a decir por ello que sean un atajo de perroflautas asamblearios y antisistema.

¿Qué hacer? Por el momento, el poder central ha tomado mando en plaza vía el recién estrenado artículo 155 de la Constitución y la celebración de elecciones para el 21-D, pero eso, todos sabemos, no va a detener el movimiento antedicho, si acaso lo va a cebar algo más pero no neutralizar. Si acaso el 155 aparcará por escaso tiempo el problema a modo de analgésico. Lo suyo, lo responsable, sería reconocer las limitaciones estructurales que impiden acoger y encajar a esos dos millones largos de ciudadanos movilizados que reclaman, no la creación de una frontera física como fácilmente se les ridiculiza, sino un modo diferente de entender las relaciones con el poder, esto es, no como una “revuelta callejera” sino como una “vuelta” a los orígenes de la democracia y a su actualización en un entorno donde las redes sociales permiten un diálogo y debate permanente con el pueblo, con los ciudadanos, aquí y ahora, en tiempo real.

Pienso que ese “desbordamiento” del marco institucional y constitucional por insuficiencia sistémica no habría que verlo como una amenaza o una tragedia nacional sino como una oportunidad histórica de evolución para liderar el futuro de una Europa de los pueblos donde los ciudadanos y no las élites sean los verdaderos protagonistas del cambio que las nuevas tecnologías, la formación y el debate permanente harán posible. Estamos a tiempo de liderar nuestro propio cambio antes de quedarnos, otra vez, en el vagón de cola de la Europa de los ciudadanos.

26 de septiembre de 2017

Funambulismo estratégico con seny

Por estas fechas hace 55 años. En octubre de 1962, la crisis de los misiles cubanos puso al mundo al borde de la guerra nuclear. La URSS (Khrushchev) había empezado a instalar misiles en Cuba. Dado esto, EEUU (Kennedy) anunció el bloqueo naval de Cuba. Si la URSS hubiera respondido a la decisión de EEUU, la crisis podría haber desembocado en un conflicto nuclear. El propio Kennedy estimó que la probabilidad de que esto suceda estaba entre el 33% y el 50%. Finalmente, Khrushchev ordenó desmantelar los misiles a cambio del compromiso de EEUU de que en algún momento retiraría sus misiles de Turquía.

La esencia del funambulismo estratégico (término de teoría de juegos atribuido al Premio Nobel Thomas C. Schelling) es la creación deliberada de un riesgo: Este riesgo debería ser lo suficientemente intolerable para el oponente como para inducirlo a eliminarlo acatando nuestros deseos. Tiene como objetivo influir en las acciones del contrario mediante la alteración de sus expectativas. En general se acepta que la decisión de Kennedy en la crisis de los misiles cubanos fue un caso de funambulismo estratégico exitoso.

Hace unos pocos días, Manuel Conthe desarrollaba una interesante reflexión en el diario Expansión a cuenta del desafío secesionista aplicando el arquetipo de “farol visto” de la teoría de juegos El desafío secesionista un arquetipo pienso que más acorde con el conflicto que la que hacía también recientemente José Carlos Díez en el diario El País Cataluña y el dilema del prisionero aplicando el arquetipo del “dilema del prisionero”. Sin embargo, en mi opinión, aunque Conthe se aproxima muy bien en la modelización del conflicto secesionista, creo que necesita de algo más, un algo más que puede explicar el funambulismo estratégico: la necesidad de incorporar a otros participantes, concretamente un amplio movimiento popular en pro de la independencia con unas fuertes expectativas inerciales que creo que no están siendo bien calibradas desde el gobierno central, con un Puigdemont (presidente de la Generalitat) que es rehén de dicha inercia (el movimiento independentista surge desde abajo en 2011 a la par que el movimiento del 15-M e inicialmente sorprende a la élite conservadora que gobierna Catalunya desde hace casi 40 años) y la existencia de una incertidumbre calculada de aproximación al borde del desastre, asomarse al precipicio de un aparente caos institucional, que implicaría la declaración unilateral de independencia (pienso que desde un punto de vista estratégico el 1-Oct es menos importante que el 2-Oct y siguientes días, aunque es cierto que el 1-Oct representa el clímax emocional y mediático de este proceso) y la posibilidad de aplicar por primera vez en casi 40 años el artículo 155 de la Constitución de 1978 por parte del gobierno presidido por Rajoy.

Pienso que el escenario que se abre es claramente de dos estrategias dominantes, una por cada contendiente y no solo una como argumenta Conthe, un escenario más propio del funambulismo estratégico, pero sin nadie con la visión de Kennedy en la crisis de los misiles de 1962. (Nota: en teoría de juegos tener una estrategia dominante no significa que esa estrategia “domine” la del contrario, sino que se va a seguir independientemente de lo que haga el contrario). Todo lo más, la UE echando alguna mano diplomática bajo cuerda para evitar la inestabilidad en un país y una región con fuertes inversiones de países centrales de la UE. Como cualquier otra jugada estratégica, el funambulismo estratégico tiene como objetivo influir en las acciones del contrario mediante la alteración de sus expectativas. De hecho, el funambulismo estratégico es una amenaza, pero de una clase especial, donde no hay apremio: no se trata de un “si me retas, existe el riesgo de que yo decida hacer tal y tal cosa” sino de un “si me retas, existe el riesgo de que tal y tal cosa sucedan, por más que nos pese a los dos en ese momento” tal como anunciaba Rajoy en su declaración del pasado 20-Sep: “No sigan adelante, están a tiempo de evitar males mayores”, una prosa que encaja perfectamente en el espíritu del funambulismo estratégico.

En este sentido coincido con Conthe en que a Rajoy no le quedará otra que aplicar el artículo 155 como última opción (y por lo mismo de antes, habrá que esperar al 2-Oct y días siguientes para su materialización: no es creíble que se aplique el artículo 155 para detener el referéndum) pero esto no será algo automático como sostiene Conthe, pues como he dicho antes, en un arquetipo de funambulismo estratégico las amenazas no son apremiantes sino más bien sutiles y de pendiente resbaladiza, igualmente, creo que Conthe, al no considerar a otros jugadores, sobrestima la capacidad de “frenada” de Puigdemont, pues pienso que Puigdemont no tiene otra opción que sobrevivir políticamente el conflicto, dejarse llevar por la inercia pero no gestionarla porque en realidad no le pertenece al no estar en el ADN del partido que representa, porque es tal la expectativa popular creada, que Puigdemont no es libre de frenar la deriva desencadenada: no sería creíble un “ataque de moderación” de su parte como tampoco sería creíble un “ataque de negociación” por parte de Rajoy a 24 horas del referéndum. Otra cosa es lo que decida Puigdemont tras el 1-Oct, donde se le abre una ventana de oportunidad, pero ante el 1-Oct tiene una estrategia dominante clarísima si no quiere terminar su mandato como el president que abortó un referéndum.

La situación es parecida a una estrategia de “perro loco”: el estratega militar israelí Moshe Dayan decía que ser percibido por los enemigos como impredecible e inestable es una forma de disuasión: aparentar una huida adelante, un “irse al monte” en un proceso lleno de contradicciones políticas y jurídicas con la justificación de estar representando a unas masas ilusionadas por la tierra prometida de la independencia es una buena disuasión para tener mejores opciones tras el clímax del 1-Oct, sin olvidar que la probable elevación de conflicto a nivel internacional puede desencadenar la intervención, en principio soterrada, de la UE y tal vez del Vaticano: un escenario ideal para Puigdemont y tal vez para Rajoy si necesitase vender internamente algún acuerdo difícil ante su electorado más conservador y por cerrar el espacio político a su derecha.

La clave del funambulismo estratégico se encuentra en la gestión del riesgo percibido por el oponente, un riesgo que en términos militares se expresa como la niebla de la guerra, esto es, una situación donde no hay certezas, tan sólo incertidumbre. En el funambulismo estratégico no existe la seguridad o garantía del cumplimiento de una amenaza, sea en este caso aplicar el artículo 155 de la Constitución o la declaración unilateral de independencia, o decisiones aún más drásticas, como detener a todo el Govern por sedición o rebelión, o que el Govern en pleno solicite asilo político en Bruselas, por decir algo más icónico. La cuestión es conferir credibilidad a estas amenazas sin darlas por garantizadas: en el funambulismo estratégico la amenaza no es la certeza, sino la probabilidad de que se produzca. Doy por hecho que Puigdemont y Rajoy dan por descontado que el referéndum se va a celebrar, sin garantías y sin apenas medios en un ambiente más festivo que dramático, es decir, “de aquella manera”, más simbólico que vinculante, pues el seny, el sentido común de los catalanes se va a imponer por encima de la mayor o menor categoría política de los políticos, pero celebrarse pienso se va a celebrar y, aunque a regañadientes, van a tolerar que se celebre so pena de caer en un problema de orden público de una escala insuperable para cualquier gobierno democrático o el ridículo de ser comparados con Turquía por tratar de resolver un problema esencialmente político con medios policiales y judiciales. Otra cosa es lo que se diga en las tribunas y medios de comunicación, pero, seamos claros: hoy en día un referéndum como el del 1-Oct con las menguadas condiciones de credibilidad y garantías que se va a celebrar no representa ninguna amenaza real para nuestra democracia más allá de algunas tensiones aisladas y ningún problema político real más allá de la vergüenza que puedan pasar algunos políticos durante unas horas. Pasado el referéndum, el juego continuará a otro nivel más interesante.

El referéndum del 1-Oct a pesar de su idealización por un lado o demonización por el otro, no es, en mi opinión, una amenaza real para nadie una vez desactivada policialmente su logística formal y judicialmente deslegitimados sus responsables formales. Eso sí, puede existir un riesgo moderado de incidentes aislados, pero aquí sí depende de las instrucciones policiales que determine el gobierno: hasta qué punto va a preferir impedir por la fuerza un referéndum que ya está desactivado políticamente por encima de la seguridad y protección a los ciudadanos que pacíficamente quieran ejercer su derecho a un voto, ilegal sí, pero en la práctica sin consecuencias jurídicas ni políticas. En ese estrecho margen de tolerancia-intolerancia se tiene que hilar muy fino es donde se encontrará la verdadera medida de la inteligencia política del gobierno de Rajoy: permitir el desenlace del clímax del referéndum o provocar un anti-clímax de consecuencias imprevisibles o tal vez trágicas si se deja llevar el proceso policial a su propia dinámica sin control político efectivo. Si sucede esto último, lo que no tendrá ningún sentido entonces será que el gobierno de la nación se escude en que se limitó a cumplir una sentencia judicial: existe un riesgo no cero de que si las cosas se descontrolan demasiado caiga el gobierno de Rajoy: el funambulismo estratégico no consiste solo en crear un riesgo sino en el control cuidadoso del nivel de riesgo.

Así, tras el 1-Oct y días siguientes comenzará el verdadero juego, donde ningún participante puede estar absolutamente seguro de que las cosas funcionarán como estaba previsto a pesar de los múltiples planes de contingencia que seguro tienen preparados Rajoy y Puigdemont, cada uno con sus respectivos “botones nucleares” (aplicación del 155 vs. declaración unilateral de independencia), pero, como nos enseña Thomas C. Schelling, aunque las respectivas amenazas garantizadas no son creíbles, las amenazas de riesgos mutuos sí son creíbles, pues llegado el clímax tras el 1-Oct, la incertidumbre que ahora reduce la amenaza a titulares de prensa, se disipará y comenzará el verdadero juego donde cada escalada en el conflicto aumentará el riesgo y cada concesión lo reducirá. Es ahí donde pienso que entrará en juego, valga la redundancia, el papel mediador de la UE o el mismo Vaticano que creo que sutilmente ambas partes van a intentar aproximaciones, pero siempre muy subterráneas.

Porque, no nos equivoquemos, aquí no se está jugando a la ruleta rusa. Puigdemont sabe y Rajoy sabe que ambos saben que el control de sus respectivos “botones nucleares” lo tienen ellos y no dependen ni del poder judicial (aunque sus decisiones están nominalmente fuera del alcance del gobierno e inicialmente esto garantiza la incertidumbre que necesita Rajoy, en última instancia el Gobierno tiene la llave de la Fiscalía y el indulto) ni del resultado de la votación (aunque su resultado está por determinar e inicialmente esto confiere la incertidumbre que necesita Puigdemont, en última instancia el Govern tiene la llave de su interpretación vinculante o no).

Así, aunque nos puedan transmitir al principio que la situación está ligeramente fuera de control, en realidad no es así: en última instancia son políticos y de un modo u otro se van a necesitar mutuamente para gestionar el post 1-Oct, porque aunque parezca que se esté gestionando la crisis como si no hubiera un mañana, lo cierto es que sí habrá un mañana al que ambos y sus gobiernos tendrán que hacer frente, que no será fácil, pero considerando que probablemente Puigdemont y su gobierno valorará ser recordado como el que hizo posible el inicio de un nuevo encaje de Catalunya en España que a ser recordado como el que llevó a Catalunya a un callejón sin salida, del mismo modo que Rajoy y su gobierno valorará ser recordado como el que gestionó inteligentemente un grave conflicto nacional que ser recordado como el que llevó al país a correr un riesgo innecesario. De hecho, estoy seguro que a pesar de toda esta escenificación a la que asistimos pasmados los ciudadanos de a pie, creo que ambos gobiernos y sus respectivas “puertas giratorias” ya están trabajando en el post 1-Oct porque no sería creíble que un gobierno dejase la gestión de este conflicto al azar. Porque, además, si hacemos una lectura desapasionada de las palabras de la vicepresidenta Santamaría a mediados del pasado mes de Junio cuando el conflicto se contemplaba con menos tacticismo y más perspectiva estratégica, donde la vicepresidenta veía posible “el inicio del sosiego y la desaceleración” tras el 1-Oct podremos entender mejor que el trabajo subterráneo propio de think tanks y servicios de inteligencia hace tiempo que comenzó. A título de hipótesis: Miquel Roca Junyent y Miguel Herrero-Rodríguez de Miñón reúnen las condiciones ideales para hacer de intermediarios in pectore para servir de enlace entre ambos gobiernos.

¿Y cómo se resuelve un conflicto larvado durante tanto tiempo con toda la carga de desencuentros acumulada? En mi opinión, sólo hay una opción: para reducir significativamente el riesgo de un verdadero desastre y no sólo institucional hay que atacar el problema a un nivel fundamental, hay que cambiar de juego, tal como hicieron los padres de la Constitución de 1978: cambiar de juego, no sólo las reglas del juego actual porque cambiar las reglas actuales no tiene por qué cambiar el resultado: todos los jugadores pueden ajustar sus estrategias para contrarrestarlo. Y para ello, tanto Rajoy como Puigdemont deberían evaluar sus estrategias por sus consecuencias profundas, no por ellas en sí o por lo comprometidas que estén sus palabras anteriores: decía Ralph Waldo Emerson que «La necia coherencia es el duende de las mentes pequeñas» y no le faltaba razón. La duda que me queda es si Rajoy, Puigdemont y los demás líderes políticos de nuestro país sabrán pensar a lo grande y si estarán a la altura histórica de este desafío y el cambio fundamental que se necesita.


Para saber más: Thinking Strategically y The Art of Strategy de Avinash K. Dixit y Barry J. Nalebuff

The Stretegy of Conflict y Arms and Influence de Thomas C. Schelling

10 de agosto de 2016

De investiduras, precipicios, rebeldes y gallinas

Vaya por delante que pienso que Rajoy (PP) y Sánchez (PSOE) son mayorcitos y saben perfectamente de qué va el juego que están practicando.

Desde la Teoría de Juegos, pienso que la mejor aproximación es el “juego de la gallina”, ya saben, “Rebelde sin causa” de Nicholas Ray con James Dean de protagonista: un precipicio, dos vehículos, dos pilotos... pierde el que frena antes, etc.

Aquí, el precipicio es obvio: las terceras elecciones, esas que nos dicen todos que sería lo peor de lo peor. Admitamos pulpo, de momento.

¿Y los otros jugadores?. Desde mi punto de vista, Ciudadanos, Unidos Podemos y otros son irrelevantes en este juego, porque solos o en compañía de otras combinaciones posibles, son aritméticamente irrelevantes. Eso sí, puntualmente estos partidos pueden utilizarse por los verdaderos jugadores para trasladarse mutuamente presión política y/o mensajes más o menos subliminales. Más adelante podrían cambiar su rol, pero en lo que concierne a este juego concreto de la investidura, el protagonismo está centrado en sólo estos dos jugadores: Rajoy (PP) con un objetivo claro de permanecer en el poder evitando otras elecciones; y Sánchez (PSOE), con un objetivo también claro de liderar el PSOE y la oposición al gobierno previa renuncia de Rajoy tras su probable fracaso en la investidura, una renuncia que Sánchez necesita como aval para aspirar a ambos liderazgos.

Rajoy sabe que si aguanta la presión del No de Sánchez y logra posicionar mediáticamente que la intransigencia del PSOE sea el culpable del fracaso colectivo por no evitar las terceras elecciones echándonos todos como país por el precipicio, y aquí muchos tertulianos se identifican con el gobierno en funciones sin interpretar perspicazmente el secular tacticismo del PSOE, dando alas así a una lectura emocional, de que la causa del bloqueo institucional que tenemos desde hace meses se debe a un desencuentro personal entre Rajoy y Sánchez, o una lectura conspiranóica: “Sánchez lo que quiere desde el principio es ser presidente con la ayuda de Podemos”, sin darse cuenta que Sánchez (PSOE) cuenta con el respaldo orgánico del partido, y tampoco quiere sentirse rehén del abrazo del oso que supondría su presunto pacto con Iglesias (Unidos Podemos) con un fracaso anunciado que daría con sus huesos en la dimisión como secretario general si acaso se le ocurriera presentarse una segunda vez como candidato y fracasar de nuevo en apenas seis meses con una nueva pareja de baile.

Por tanto, si la presión del PP triunfa, podría quebrar la posición del PSOE ante el riesgo del precipicio y en consecuencia que el PSOE frene antes y se abstenga, aunque esa decisión acarrease muy probablemente la dimisión de Sánchez como secretario general, convertido ya en el gallina de este juego, en el jugador quemado que no aguantó la presión política y mediática. Pero, además, dicha presión pro-abstención, si triunfa, crearía un problema de vacío de liderazgo en el PSOE amén de la obligación de construir un nuevo relato radicalmente diferente al “no es no” para justificar el cambio pro-abstención, un nuevo relato que sin duda tendrá un elevado coste político además de generar una grave fractura interna entre los partidarios del no y de la abstención: tres problemas complejos a los que se uniría un cuarto: dejar en manos de Unidos Podemos la oposición real al gobierno, por más que la oposición formal recayese en el PSOE, una posibilidad que desde el punto de vista bi-partidista, objetivamente no le conviene al PP, que antes prefiriría una oposición hegemónica representada por el PSOE que darle alas a una presunta unidad de la izquierda.

Mientras que, del otro lado, Sánchez sabe que si hace creíble su posición orgánica como partido (y la existencia de “versos sueltos” del PSOE diciendo cosas distintas, contrariamente a lo que se piensa, ayuda a hacerla más creíble) entonces podría quebrar... pero, ¿quebrar qué?... obviamente a Rajoy como candidato a la presidencia.

Si observamos atentamente y no como hacen los tertulianos, el “No es No” de Sánchez, en realidad es un No dirigido a Rajoy, no al PP, aunque formalmente se interprete contra el todo.

Es decir, nada muy diferente a lo que nos tiene acostumbrados el PSOE desde los tiempos del condicional “OTAN, de entrada no”, el calculado tacticismo del PSOE viene a significar que su posición es reversible a la abstención si el PP nombrarse a otro candidato. Ese “triunfo” (la cabeza de Rajoy) sería el relato que necesitaría Sánchez para, además de garantizar su reelección como secretario general del PSOE, vender internamente la abstención y cambiar su posición ante la investidura de otro candidato del PP.

Claro que, lógicamente y para que no parezca un chantaje o un modo impropio de inmiscuirse en las decisiones internas de otro partido, el PSOE (en este caso sin ya la ayuda mediática de PRISA, más posicionada alentando a los “versos sueltos”) necesita que el PP llegue a esa conclusión por sí mismo y consecuentemente sea el PP, orgánicamente o por vía presidencial, quien viendo la determinación del PSOE y antes de asomarse al precipicio de unas terceras elecciones, frene antes y dimita o haga dimitir a Rajoy y nombre a otro candidato para conseguir la abstención del PSOE, una dimisión que eso sí, podría hacerse con todos los honores para evitar aparecer como el gallina que no aguantó la presión y aparecer en cambio como el que nos salvó del precipicio de unas terceras elecciones.

Suceda lo que suceda, lo que sí me parece muy probable es que el final de este juego tiene pinta de saldarse con la dimisión de uno de los dos, de Rajoy o de Sánchez... pues este tipo de juegos, por su maximalismo, terminan por quemar política y personalmente a quien frena a destiempo, porque quedará visualizado como el gallina que tira la toalla, y encumbrado a quien logra salirse con la suya apoyado en su capacidad para resistir el estrés, mucho oportunismo táctico disfrazado de aparente intransigencia y, sobretodo, conciencia del miedo ajeno al precipicio... un precipicio de unas terceras elecciones que dicen que nadie quiere pero en realidad son el incentivo perverso para lograr el objetivo del que logre frenar el último...

Por último: ¿quién será el James Dean de esta historia?: mi pronóstico: el más joven de los dos, esto es, el que tenga menos que perder (o más que ganar) en términos de vida política futura.

Adenda Técnica

Para realizar la modelización se procede a ordenar las preferencias (de mayor a menor) de cada jugador a tenor de la información que se desprende o se infiere de acuerdo a la reflexión anterior y asignándole valores relativos [1]. Por el lado del PP, la ordenación podría ser la siguiente: la primera preferencia del PP es conseguir que, presentando a Rajoy como candidato, el PSOE opte por la abstención [2]. En segundo lugar y como “mal menor”, que, presentando a un candidato distinto a Rajoy, el PSOE optara por la abstención [3]. En tercer lugar, que presentando al candidato Rajoy el PSOE optara por el No (posición actual) y, por último, que, aún presentando otro candidato, el PSOE diera igualmente su No. Las dos últimas preferencias (sin presentación de candidato alternativo) son lógicamente las más temidas por ambos jugadores dado que significaría ir directamente al precipicio (terceras elecciones).

Por el lado del PSOE, la ordenación de preferencias sería en primer lugar anteponer su reiterado No al candidato Rajoy (posición actual). En segundo lugar, ofrecer una abstención a modo de voto de confianza a otro candidato del PP distinto a Rajoy. En tercer lugar, estaría la posibilidad de votar No a otro candidato del PP distinto a Rajoy (esto es poco probable, pero podría suceder en el supuesto el candidato propuesto no fuera del agrado del PSOE). Por último, obviamente, el improbable supuesto de que cambiaran las tornas y sorpresivamente el PSOE instara a un cambio hacia la abstención del candidato Rajoy. Y, al igual que en el caso anterior, las dos últimas preferencias (sin presentación de candidato alternativo) son las nefastas para ambos jugadores, por mucho que ambos dos se echaran mutuamente la culpa/responsabilidad por esa posibilidad.

Así pues, de acuerdo con lo que podrían ser las ordenaciones de las preferencias se puede formular el siguiente esquema:


Mientras que de acuerdo a las anteriores preferencias, la interacción entre los dos jugadores se refleja en la siguiente matriz:


Se puede observar que la situación actual es inestable (primera fila, juego de suma cero para ambos jugadores). Es decir, lo que significa un éxito para uno (PP o PSOE) es un fracaso para el otro (PSOE o PP) y viceversa, algo que se ejemplifica con las presiones para que el PSOE cambie de su posición actual (votar No a Rajoy) hacia la abstención (flecha azul) y la correspondiente intransigencia del PSOE a moverse de su No es no. No obstante, intuyo, esa presión actual en dirección al PSOE, se cambiará en dirección al PP una vez fracase probablemente la investidura de Rajoy, en el sentido de que el PSOE entonces presionará al PP para que presente un candidato alternativo [4] (flecha roja). Se observará que esa opción arroja un saldo no cero sobre el que construir un equilibrio en el juego, si bien es muy probable que esa situación la valore el PP como cierta pérdida (pierde a Rajoy, pero mantiene la presidencia del gobierno con otro candidato), mientras que el PSOE la considere como un triunfo de su táctica (un logro interno para afianzar a Sánchez en la secretaría general y un logro externo para liderar la oposición y así neutralizar a Unidos Podemos).


[1] Los valores relativos son un método de estimar cuantitativamente las preferencias de acuerdo a la información disponible. En este caso se estiman valores entre -10 y +10 para las combinaciones de preferencias más probables y -100 para las más improbables (terceras elecciones).

[2] Se dejan fuera otras opciones como que el PSOE vote sí (al PP u otro) o que exista un candidato no presentado por el PP. Es decir, en el modelo no se considera probable, de acuerdo a la reflexión anterior, la presentación de un candidato del PSOE o un candidato independiente.

[3] Esta opción es el “tapado” del juego actual. Y lo es porque tanto el PP como el PSOE aunque por razones distintas no se atreven a formularla explícitamente (si bien algunos miembros del PSOE la han dejado caer). Mi sensación es que tras el previsible fracaso de la investidura de Rajoy, tanto PP como PSOE se avendrán a esta opción como “mal menor” para evitar la caída por el precipicio (terceras elecciones).

[4] De acuerdo al artículo 99.5 de la Constitución Española de 1978: “Si transcurrido el plazo de dos meses, a partir de la primera votación de investidura, ningún candidato hubiere obtenido la confianza del Congreso...” es evidente que nada impide al partido que ha ganado las elecciones (PP) presente otro candidato, una vez Rajoy, probablemente y salvo sorpresas abstencionistas de última hora, fracase en su investidura. Mi sensación es que dicho candidato, actualmente “tapado” y posiblemente “pactado” en el núcleo duro del PP, será alguien alejado del ruido de la corrupción, es decir, alguien más cercano a las labores de gobierno que de partido y probablemente sea una mujer. Mi pronóstico: Soraya Sáenz de Santamaría.


Para saber más: Gallinas en Wall Street: riesgo sistémico vs. riesgo moral

Ryanair vs. Fomento: The game must go on


17 de diciembre de 2012

El fin del mundo y la paradoja de Newcomb

Recientemente la NASA advertía en un vídeo que en contra de la fatídica predicción atribuida al calendario Maya, el fin del mundo todavía no llegará el próximo viernes 21 de Diciembre de 2012 durante el solsticio de invierno. Ciertamente el fin del mundo tal como lo conocemos llegará algún día, probablemente dentro de varios miles de millones de años cuando el sol, nuestra estrella más cercana, agote todo su combustible y se convierta en una Gigante Roja arrasando a su paso los planetas más próximos, la Tierra entre ellos. Para entonces, si aún sobrevive algo parecido a la especie humana, los terrícolas probablemente se habrán esparcido a lo largo y ancho de la vía Láctea en busca de una/s nueva/s Tierra/s.

Sin embargo, este tipo de creencias sobre el fin del mundo a una fecha fija está muy extendida entre los seres humanos, generalmente coincidiendo con la presunta significación atribuida a los guarismos que cambian de milenio (999 o 1999) o como en este caso, atribuido al final de la cuenta larga del calendario Maya, el fin de un ciclo de 5.126 años (13 baktún). Y es que es muy típico en la psicología humana el otorgar significación a determinadas pautas numéricas que en un acto de irracionalidad atribuimos alguna característica oculta a ciertos números, cuando es obvio que el sistema decimal (o el binario o el sexagesimal) son una invención humana y como tal si hay algo “oculto” es nuestra propia inconsciencia al atribuir significación oculta, extraña o “superior” a algo que no es sino fruto de nuestra propia inteligencia.

Se me ocurre que este asunto de las profecías sobre el fin del mundo se puede estudiar desde la óptica de la conocida paradoja de Newcomb, en apariencia un simple e inocente “experimento de pensamiento” que tantos quebraderos de cabeza ha llevado y sigue llevando a filósofos, lógicos y matemáticos, hasta el punto que desde que se formuló la paradoja a principios de la década de los 60’s hasta hoy existe lo que podríamos llamar una newcombmanía. Mi intención no es resolver la paradoja, sino utilizarla como medio, como palanca para entender la lógica subyacente a estas profecías con el fin de entenderlas y transcenderlas al modo sistémico: observando su estructura. Para ello voy a utilizar algunos extractos de uno de mis autores sistémicos preferidos, el psicólogo y terapeuta de origen austriaco y fundador de la conocida escuela de Palo Alto, Paul Watzlawick que en su obra “¿Es real la realidad?” (Editorial Herder 1986) hace referencia al origen y desarrollo de esta interesante paradoja. Voy en primer lugar a exponer la paradoja de Newcomb partiendo del texto de Paul Watzlawick y luego realizaré una transposición al asunto de las profecías sobre el fin del mundo.

El año 1960, el doctor William Newcomb, físico teórico del Laboratorio de radiación de la Universidad de California, en Livermore, topó con una nueva paradoja, al parecer cuando estaba intentando resolver el dilema del prisionero. A través de varios intermediarios, el problema llegó a conocimiento del profesor de filosofía Robert Nozick, de la Universidad de Harvard, quien en 1970 habló de ella en un artículo filosófico. En 1973, el matemático Martin Gardner hizo una recensión de este artículo y desató tal oleada de cartas de los lectores que, de acuerdo con Robert Nozick, publicó un segundo artículo sobre este mismo problema y sobre las soluciones propuestas en la correspondencia recibida.

La significación básica de esta paradoja para la temática que aquí nos ocupa reside en el hecho de que se apoya en un intercambio de comunicación con un ser imaginario (en adelante, el oráculo), un ser dotado de la facultad de predecir, con casi un cien por cien de seguridad, las decisiones humanas. Martin Gardner define esta facultad (y se ruega al lector que preste el máximo interés a esta definición, porque de su correcta comprensión depende que pueda entenderse lo que sigue), con las siguientes palabras: «Usted sabe que este Oráculo ha predicho muchas veces correctamente las decisiones que usted ha tomado en el pasado (y que, a cuanto usted sabe, nunca ha hecho falsas predicciones sobre sus decisiones). Usted sabe, además, que este ser ha predicho también muchas veces con acierto las decisiones de otras personas [...] en la situación que ahora vamos a describir.» Destaquemos de forma expresa que las predicciones son casi totalmente seguras, pero sólo casi.

Pues bien: el Oráculo le muestra a usted dos cajas, una abierta y otra cerrada y le explica que, bajo cualquier circunstancia, en la caja abierta, la número 1, hay mil euros (que usted puede ver) y que en la caja cerrada, la número 2 o bien hay un millón de euros, o bien no hay nada. Usted tiene dos posibilidades de elección: puede escoger las dos cajas y ganar el dinero que hay en ellas, o puede abrir sólo la caja número 2 y es suyo el dinero que contiene. El Oráculo le sigue explicando que ha tomado las siguientes medidas: por si usted elige la primera alternativa y escoge las dos cajas, el Oráculo (que ha previsto naturalmente esta elección) ha dejado la segunda caja vacía y, por tanto, usted gana sólo los mil euros de la primera caja. Pero si se decide usted por abrir sólo la caja 2, el Oráculo (basándose también en su previsión de esta decisión), ha puesto en ella el millón. Así pues, los acontecimientos toman el siguiente rumbo: el Oráculo ha comenzado por hacer sus propias y no comunicadas predicciones sobre las decisiones que usted puede tomar; luego -y a tenor de lo que ha previsto- o bien pone el millón en la segunda caja, o bien no pone nada; y luego le comunica a usted las condiciones. Y, en fin, ahora le toca decidir a usted. En las líneas que siguen damos por supuesto que usted ha comprendido perfectamente la situación y las condiciones en que se desenvuelve; que el Oráculo sabe que usted las comprende; que usted sabe que él lo sabe, etc., etc.

Para entender mejor la interacción entre las predicciones del Oráculo y las decisiones de usted se pueden reflejar mejor en la siguiente matriz de pagos que finalmente obtiene usted como resultado de su elección (expresados en dólares en el juego original):



Lo inesperado de esta situación imaginaria es que tiene dos soluciones igualmente lógicas y totalmente opuestas entre sí. Y la consecuencia de esta contradicción es que -como Robert Nozick descubrió muy pronto y confirmó la avalancha de cartas dirigidas a Martin Gardner- es muy probable que usted mismo se incline de inmediato por una de las dos decisiones, considerándola como la «correcta» y «evidente» y que, con su mejor voluntad, no acierte a comprender cómo es posible que haya quien se incline en serio, aunque sea un solo instante, a favor de la otra. A pesar de lo cual, lo cierto es que pueden encontrarse razones igualmente convincentes para las dos decisiones.

El primer argumento dice: las predicciones del Oráculo son casi totalmente seguras. Si, pues, usted opta por escoger las dos cajas, tiene que contar con una elevadísima probabilidad de que el Oráculo ha previsto exactamente esta decisión y ha dejado vacía la caja número 2. En este caso gana usted los mil euros que, bajo cualquier circunstancia, contiene la caja número 1. Pero si usted prefiere abrir sólo la segunda caja, también es sumamente probable que el Oráculo haya previsto esta decisión y, respetando las reglas del juego que él mismo ha establecido, haya puesto en ella el millón. De donde se sigue con lógica al parecer irrebatible que usted sólo debe abrir la segunda caja. ¿Dónde está, pues, el supuesto problema?.

El problema está en que también tiene una férrea lógica el proceso que desemboca en la elección de la segunda alternativa. Como ya se ha dicho, el Oráculo comienza por hacer sus propias predicciones y toma sus decisiones después y como consecuencia de las predicciones hechas. Y esto significa que en el instante temporal en que usted toma su decisión, el millón o ya está o ya no está en la segunda caja. Luego, si el millón está ya en esta caja y usted se decide por abrir las dos, gana usted 1.001.000 euros. Si la caja 2 está vacía y abre las dos, gana por lo menos los 1.000 euros de la caja 1. En los dos casos tiene usted, por consiguiente, 1.000 euros más de lo que ganaría si se decide por abrir sólo la caja número 2.

De ningún modo, replica de inmediato el partidario del primer argumento: precisamente en razón de estas reflexiones -que el Oráculo ha previsto acertadamente- la caja segunda está vacía. Ese es vuestro error, replica exaltado el defensor de la segunda alternativa: el Oráculo ha hecho ya sus predicciones, ha actuado de acuerdo con ellas y el millón está ya (o no está) en la segunda caja. Así pues, independientemente de lo que elijáis, el dinero está ya (o no está), hace una hora, un día o una semana antes de vuestra decisión. Y vuestra decisión no va a lograr que el dinero se materialice en la caja 2, caso que no estuviera en ella de antemano, ni que se volatilice en el aire si es que ya estaba. Los partidarios de la primera alternativa cometéis el error de suponer que actúa aquí una especie de causalidad de efectos retroactivos, de suponer, por así decirlo, que el millón puede surgir de la nada o desaparecer en el vacío. Pero el dinero está ya ahí o no está, antes de que toméis vuestra decisión. Y en uno y otro caso resulta insensato abrir sólo la segunda caja. Si contiene el millón, ¿por qué habríais de renunciar a una ganancia adicional de mil euros?. Pero, sobre todo, si la caja número 2 está vacía, ¿por qué no habríais de embolsar al menos los mil euros de la caja número 1?.

Robert Nozick invita a sus lectores a someter a prueba esta paradoja en el círculo de sus amigos, conocidos o estudiantes y predice que las opiniones se dividirán aproximadamente en dos partes iguales a favor de cada uno de estos dos argumentos. Además, la mayoría de los partidarios de un argumento estarán convencidos de que los partidarios del otro simplemente no saben discurrir con lógica. Pero Robert Nozick previene «que no es suficiente conformarse con saber ya lo que hay que hacer. Y tampoco es suficiente limitarse a repetir una y otra vez, con alta y paciente voz, uno de los dos argumentos». Pide, con toda razón, que se intente reducir lógicamente ad absurdum el argumento del contrario. Sólo que esto, por ahora, no lo ha conseguido nadie.

Hasta aquí la paradoja de Newcomb. Paul Watzlawick propone un ejercicio lógico para entender mejor la lógica subyacente a esta aparente contradicción, basándose en la diferente significación de la proposición condicional “si-entonces”: en la frase «Si Pedro es padre de Juan, entonces Juan es hijo de Pedro», el si-entonces expresa una relación atemporal, independiente del tiempo, entre estas dos personas. Pero en la frase «si toco este botón, entonces suena el timbre», se trata de una pura relación causal, de causa y efecto; ahora bien, todas las relaciones causales incluyen un factor temporal, aunque sea tan mínimo como los microsegundos que invierte la corriente eléctrica para fluir desde el botón al timbre.

Es, pues, perfectamente posible que el primer argumento (abrir sólo la caja número 2) se apoye en la significación lógica atemporal de la verdad contenida en el concepto si-entonces: «Si me decido por abrir sólo la segunda caja, entonces contiene el millón». Los defensores del segundo argumento (decidirse por abrir las dos) parecen apoyarse, por el contrario, en la significación causal, temporal del si-entonces: «Si el Oráculo ha hecho ya su predicción, entonces el millón está ya (o no está) en la caja segunda y, tanto en uno como en otro caso, mis ganancias aumentan en mil euros al abrir las dos cajas». Este segundo argumento razona a partir de un proceso temporal: predicción -> colocación (o no colocación) del dinero en la segunda caja -> mi decisión. Yo tomo mi decisión después de la predicción y colocación (o no colocación) del dinero en la segunda caja, de modo que mi decisión no puede ejercer ningún influjo retroactivo sobre lo que ha sucedido antes.

Finalmente Paul Watzlawick, propone una acertada reflexión: puede admitirse que la realidad esté fijada ya de una vez por siempre e inevitablemente, y en este caso debe elegirse, por supuesto, sólo la segunda caja (primera alternativa). Pero quien se apunta a la segunda alternativa, es decir, quien admite que es capaz de adoptar decisiones libres e independientes, que sus decisiones no están determinadas de antemano y, sobre todo, que no existe ninguna «causalidad con efectos retroactivos» (en virtud de la cual los acontecimientos del futuro podrían repercutir en el presente e incluso en el pasado) este tal optará naturalmente por abrir las dos cajas. Como ya Martin Gardner advertía, este problema vuelve a resucitar la antiquísima controversia entre determinismo y libre albedrío.

Llegados a este punto se me ocurre que una manera de “transponer” la paradoja de Newcomb en la lógica de las profecías del fin del mundo es realizando el siguiente paralelismo: el Oráculo (el mismo Oráculo de la paradoja de Newcomb) predice el fin del mundo a una fecha dada. Usted puede creerlo o no. No obstante en el curso de los acontecimientos puede suceder que el mundo efectivamente se acabe en la fecha anunciada por el Oráculo, o bien el mundo finalmente no se acabe (recuerde que el Oráculo realiza predicciones casi totalmente seguras, pero sólo casi).

En este experimento mental no hay euros en juego sino algo que podríamos calificar de “unidades de satisfacción”, de tal modo que las personas que deciden creer la predicción del Oráculo obtienen un millón (por poner una cantidad importante) de “unidades de satisfacción” si el vaticinio se cumple (por aquello de ver cumplidas sus expectativas) y las que no lo creen obtienen 0 unidades de satisfacción. ¿Por qué cero?. Pues por la sencilla razón de que al tratarse de personas racionales, si realmente llega a cumplirse ese vaticinio, no considerarán ninguna satisfacción el haber creído previamente. Además, llegado ese día será demasiado tarde para lamentarse por no haber creído y, total, si realmente llega el fin del mundo, por definición, nada puede hacerse por evitarlo.

Para entender mejor la interacción entre las predicciones del Oráculo y las decisiones de usted se pueden reflejar mejor en la siguiente matriz de pagos (expresados en “unidades de satisfacción”):



Por otra parte, puede suceder que el Oráculo se equivoque (recuerde que sus vaticinios son “casi seguros”) y el fin del mundo no llegue el día anunciado. En tal caso las personas que habían decidido creer se pueden encontrar con un dilema. Puede que algunas, a los que llamo “fundamentalistas” decidan realizar la profecía en sí mismas, como una profecía autocumplida y, efectivamente (como desgraciadamente ha sucedido históricamente en otras ocasiones similares), pongan fin a sus vidas independientemente de que el mundo no termine. En este supuesto las “unidades de satisfacción” serán 1.000.000 para estas personas, pues su “coherencia” (y sus valoraciones) se mantienen independientemente del estado de la realidad. O puede que, como también ha sucedido en otras ocasiones anteriores, las personas creyentes refuercen su creencia revisando su interpretación del Oráculo y consecuentemente modifiquen la fecha del fin del mundo para otro momento del futuro, o también, como ha sucedido en ocasiones, consideren que el vaticinio era en realidad un “aviso” para que la Humanidad realice un “cambio espiritual” a fin de evitar la catástrofe. En tal caso las “unidades de satisfacción” de estas personas, a las que llamo “revisionistas” serán algo mayores de 0 aunque bastante alejadas de 1.000.000, pongamos unas 10.000 unidades.

Por último, las personas que no habían creído la predicción del Oráculo puede que encuentren una cierta satisfacción intelectual el no haber perdido el tiempo creyendo semejante profecía y en consecuencia obtengan una modesta aunque significativa satisfacción personal, pongamos unas 1.000 unidades.

Y, en fin, el Oráculo ya ha predicho y usted ya conoce la estructura de su juego… ahora le toca decidir a usted…



Para saber más: Paradoja de Newcomb en Wikipedia [inglés]

Paradoja de Newcomb en Wikipedia [castellano]

Why the World Didn't End Yesterday vídeo de la NASA en Youtube [inglés]

Paul Watzlawick en Wikipedia [inglés]

Paul Watzlawick en Wikipedia [castellano]



12 de septiembre de 2012

Ryanair vs. Fomento: The game must go on

En los últimos días estamos asistiendo atónitos a un conflicto no por repetido menos sorprendente entre la compañía aérea irlandesa de bajo coste Ryanair y el Ministerio de Fomento del Gobierno español.

Un conflicto que en apariencia tiene como elementos clave por un lado una agresiva política de costes de Ryanair, una política que se traduce por ejemplo en llevar al límite de mínimos la normativa de seguridad en lo tocante al combustible (lo que acarrea situaciones de tensión en los aeropuertos al requerir Ryanair preferencia en los aterrizajes ante la escasez de combustible de sus aeronaves) y por otro el papel de supervisión y garante de la seguridad aérea por parte de Fomento. Se me antoja que este conflicto es claramente modelizable desde la Teoría de Juegos y a partir de su modelización se pueden extraer ideas interesantes y profundas sobre las posiciones y estrategias de cada parte, de cada jugador y sus mutuas interacciones que dan lugar a una curiosa interdependencia como luego veremos.

Para realizar la modelización primero voy a proceder a ordenar las preferencias (de mayor a menor) de cada jugador a tenor de la información que se desprende de los medios de comunicación. La ordenación podría ser la siguiente: la primera preferencia de Ryanair es anteponer la rentabilidad a la seguridad, y mejor si Fomento hace lo mismo (valor ordinal 4). En segundo lugar, seguiría estando la rentabilidad suponiendo que Fomento antepusiera la seguridad (posición actual, valor ordinal 3). En tercer lugar estaría la seguridad si Fomento le obligase a ello (valor ordinal 2). La última preferencia de Ryanair, obviamente, sería anteponer la seguridad si Fomento optase paradójicamente por la rentabilidad (valor ordinal 1), algo que lógicamente no se va a dar.

Por el lado de Fomento, la ordenación de preferencias sería en primer lugar anteponer la seguridad a la rentabilidad, y mejor si Ryanair hiciese lo mismo (valor ordinal 4). En segundo lugar, seguiría estando la seguridad suponiendo que Ryanair siguiese con su preferencia principal (valor ordinal 3). En tercer lugar estaría la rentabilidad si realmente estuviera en peligro la supervivencia de Ryanair (valor ordinal 2). Por último, obviamente, sería anteponer la rentabilidad si Ryanair optase paradójicamente por la seguridad (valor ordinal 1), algo que lógicamente tampoco se va a dar.

Así pues, de acuerdo con lo que podrían ser las ordenaciones de las preferencias se puede formular el siguiente esquema:



La interacción entre los dos jugadores se refleja en la siguiente matriz:



La estructura resultante es la de un juego conocido teóricamente como el Gallina (o el Cobarde), en el que ningún jugador tiene una estrategia dominante. Si cada uno actúa sin conocer la decisión del otro, basándose en un cálculo prudente sobre los diversos resultados posibles (es decir, con aversión al riesgo para evitar el mal mayor, interpretando riesgo en este caso como pérdida de rentabilidad para Ryanair y pérdida de control y/o reputación ante la opinión pública para Fomento), cabe encontrar un equilibrio inicial en la casilla superior derecha, cuyos valores ordinales son 3,3. En este caso, el equilibrio significa la situación actual, esto es, que Ryanair opta por la rentabilidad mientras que Fomento opta por la seguridad. En este juego hay tanto intereses comunes como intereses contrapuestos: es decir, los dos jugadores y al contrario que en el dilema del prisionero, prefieren un resultado de equilibrio a un resultado que no sea de equilibrio, pero discrepan sobre qué equilibrio es mejor.

Sin embargo este equilibrio es inestable, ya que una vez alcanzado cada jugador tiene la tentación de alterar su estrategia y trasladar el resultado a una casilla en la que obtenga un valor superior (de ahí el recurrente conflicto actual) llevando a su terreno al adversario: la casilla superior izquierda en el caso de Ryanair y la casilla inferior derecha en el de Fomento. Es decir, en el caso de Ryanair, una vez cumplidas las normas mínimas de seguridad, puede sentirse inclinado a forzar a Fomento a evitarle una pérdida de rentabilidad a causa de esas normas (en tanto en cuanto al llevarlas al mínimo se produce el mismo efecto pernicioso que cuando se “trabaja a reglamento”) por ejemplo incrementando las subvenciones u otros beneficios para compensar el énfasis en la seguridad por parte de Fomento (flecha A), mientras que Fomento puede pensar que puede forzar a Ryanair a elevar los mínimos de seguridad aún a costa de su rentabilidad, por ejemplo incrementando las sanciones ante cualquier falta por leve que sea (flecha B).

De hecho, cada jugador puede salir beneficiado si informa previamente de su estrategia. Si Ryanair anuncia que seguirá insistiendo en cumplir únicamente con los criterios mínimos de seguridad sin perjudicar su rentabilidad y que si se pone en riesgo la rentabilidad puede amenazar con marcharse (no totalmente pero sí de determinadas zonas o rutas menos rentables), puede provocar que Fomento se vea obligado a aceptar esta estrategia (recule) para evitar un resultado de ruptura con Ryanair y su desaparición de los aeropuertos de las autonomías con la que tiene acuerdos y subvenciones (tal vez sería necesaria la modelización con este tercer jugador, pero de momento no es necesario), de modo que se alcance un resultado de equilibrio estable (estable si logra doblegar a Fomento con esta amenaza, claro) en la casilla superior izquierda, cuyos valores son 4,2.

Igualmente, para aprovechar en su propio beneficio esta posibilidad del juego, Fomento debería revisar los criterios mínimos de seguridad (si es que tiene competencia para ello, lo que está por ver) o amenazar de manera creíble con incrementar sustancialmente las sanciones si es que no quiere perder la batalla de la opinión pública ante Ryanair, de modo que se alcance un resultado de equilibrio estable (estable si logra doblegar a Ryanair con esta amenaza, claro) en la casilla inferior derecha, cuyos valores son 2,4.

El decantamiento hacia uno u otro resultado de equilibrio va a depender del “baile de movimientos” (que puede acarrear negociación formal o no), basada por ejemplo en promesas, amenazas y mensajes más o menos subliminales entre los jugadores. Cuando el juego se repite más de una vez (y este juego no es nuevo, se va a repetir muchas veces) cabe la posibilidad de la alternancia, esto es, que a veces se pueda inclinar la balanza del lado de la rentabilidad y otras de la seguridad, como sucede en el modelo de juego conocido como “batalla de los sexos”. No obstante, dada la beligerancia y el talante de los jugadores, la estructura de este juego entre Ryanair y Fomento está más próxima al “juego del Gallina” pues la idea subyacente en este juego es la de enviar un claro mensaje al contrario de que se va a ir a por todas con tal de conseguir el resultado deseado si tras un primer desenlace no se alcanza el resultado preferido en la escala de preferencias de cada jugador.

Como he comentado en otra ocasión Gallinas en Wall Street: riesgo sistémico vs. riesgo moral en el Juego del Gallina existe más de un equilibrio de Nash, lo que significa que este juego es inestable, ya que una vez alcanzado un equilibrio cada jugador tiene la tentación de alterar su estrategia y moverse hacia una posición en la que obtenga un mejor resultado en función del movimiento del contrario. Esta propiedad hace que este juego que sea muy dinámico e interesante su estudio en el contexto de una negociación.

Desde la posición de Ryanair puede pensarse que su desafío a Fomento al llevar la seguridad al mínimo puede surgir efecto en su rentabilidad, sin embargo, observando el juego desde una perspectiva más amplia (en Teoría de Juegos todo juego tiene en realidad diferentes escalas de observación, amén de subjuegos dentro del juego), es posible interpretar que el campo de batalla real no se encuentra en el conflicto de Ryanair con Fomento sino en su posicionamiento como una compañía low cost que (ante la opinión pública) maltrata a los clientes, llevándolos al límite del stress con su política de seguridad mínima, coste mínimo y amabilidad mínima... esto es algo que puede terminar pasando factura a Ryanair (aunque bien es cierto que sus estrategas pueden pensar que lo que sus clientes valoran por encima de todo es el precio, no la seguridad), máxime en el caso de que se desencadenase una catástrofe, que desde luego nadie quiere, pero que si se produjese cambiaría por completo la cualidad de este juego, obligando con toda probabilidad a un replanteamiento de los mínimos a nivel internacional (el único ámbito donde es posible hacerlo) si bien para ello habría que establecer y demostrar claramente que ha existido una relación causa-efecto, algo bastante complicado. Pero mientras esta discontinuidad en el juego no suceda, considero que el juego va a continuar como he modelizado.

Es evidente que Fomento, a su pesar, no puede intervenir en las normas de seguridad que son de ámbito internacional, como tampoco puede intervenir en la retirada de la licencia a Ryanair, algo que compete exclusivamente al gobierno irlandés. Sin embargo, lejos de considerar que Fomento no tiene margen de maniobra para gestionar este conflicto, puede elegir entre dos opciones (o una combinación de ambas), a saber: una consiste en interpretar restrictivamente las normas de seguridad y tratar en consecuencia de aplicar las sanciones correspondientes, endureciéndolas si cabe, donde sí tiene competencia, además de continuar con la batalla dialéctica en los medios. La otra es hacer concesiones por vía de subvenciones directas o por vía de terceros (léase incrementos de las subvenciones autonómicas) para estimular (o compensar, según se mire) a la compañía aérea para que eleve sus criterios de seguridad suficientemente o ligeramente por encima de los mínimos legales (entre ellos sin duda los mínimos de combustible) y así salvar el conflicto de manera negociada para evitar una guerra de declaraciones y de sanciones que no beneficia ni a Ryanair ni a Fomento. Pero, tal como se encuentra el juego en este momento, Fomento necesita “salvar la cara” evitando nuevos incidentes... si para ello necesita llegar a algún tipo de acuerdo “bajo cuerda” con Ryanair (mejor sin arbitraje de por medio), sería del género estúpido que Ryanair no aprovechase este momento de mutua debilidad y cediese un poco (el Gobierno necesita un gesto de firmeza ante la opinión pública y la compañía aérea necesita enviar un mensaje a los usuarios de que se toma en serio la seguridad).

No obstante, el problema de fondo, estructural, es que el sector aéreo tiene un amplio margen de discrecionalidad desde la desregulación de 1997, una discrecionalidad ante la cual Fomento (y menos aún los usuarios) no tiene instrumentos de contrapeso contundentes y está, literalmente, pillada por normas internacionales ante las que no puede influir más que muy indirectamente y de tarde en tarde, amén de los intereses cruzados y en ocasiones contradictorios entre las distintas administraciones (local, autonómica y central), una telaraña de intereses contrapuestos evidenciado por la paradoja de que la compañía que más sanciones (en número absoluto) recibe de Fomento es la que más subvenciones percibe de las distintas administraciones locales y autonómicas que están encantadas con que Ryanair tenga a bien considerarlas entre sus destinos para atraer tráfico de turistas. En síntesis: quien decide las sanciones a Ryanair (Ministerio de Fomento, Gobierno de España) no decide la concesión de subvenciones (Ayuntamientos y Gobiernos autónomos).

Obviamente los estrategas de Ryanair, que no son tontos, conocen esta contradicción, una “renta de posición” que sin duda explotan al máximo, algo que sin duda complica el alcance y profundidad de las opciones de Fomento en su pulso con Ryanair, de tal modo que la compañía, si juega inteligentemente el juego, siempre va a tener, en última instancia, “la sartén por el mango” en este juego, pues ante cualquier pérdida potencial en este juego siempre puede “cambiar de juego” (el que juega con Fomento) y trasladar dicha pérdida al juego que mantiene con las administraciones local y autonómica (por ejemplo, consiguiendo más subvenciones u otras ventajas para paliar las pérdidas potenciales que le pudiera ocasionar la firmeza de Fomento), amén de provocar si quisiera (al modo maquiavélico) un conflicto de intereses entre Fomento (más preocupado por la seguridad, aparentemente) y la administración local/autonómica (más preocupada por la llegada de turistas y la generación de PIB asociado, aparentemente), un “cambio de juego” al que por cierto no tiene opción Fomento sin enfrentarse a la administración local/autonómica (por ejemplo, ¿por qué no vincular las subvenciones a las compañías aéreas en proporcionalidad inversa al número de sanciones?), un “cambio de juego” que no deberían desestimar los jugadores y al que preveo que vamos a llegar más pronto que tarde a causa del desgaste que para ambas partes supone el actual juego. Al tiempo. En fin, the game must go on, Mr. Michael O'Leary & Ms. Ana Pastor.

Para saber más: Fomento reclama a la UE poder para sancionar a aerolíneas extranjeras

Ryanair denuncia la 'campaña inaceptable' de Fomento 'para dañar su buen nombre'

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Tres aviones de Ryanair aterrizan de emergencia en Valencia por falta de fuel

Ryanair en Wikipedia

Juego del Gallina en Wikipedia