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21 de noviembre de 2020

De Rayos, Loterías y #COVID19: carta abierta a un negacionista

Querido amigo “negacionista” y escéptico del #COVID19: La probabilidad de que te caiga un rayo (en un año) y te mate es aproximadamente de 1 en 500.000 (Datos del Centro del Control y Prevención de Enfermedades de los EE.UU., el famoso CDC) es decir, un 0,0002% (normalizado para cien mil) aunque este ratio dependerá de la cantidad de rayos que caigan en cada región y su población, lo tomaremos como un dato de referencia a efectos didácticos. A su vez, la probabilidad de que te toque el Gordo de Navidad de Navidad (en un año si compras un solo número) es de 1 en 100.000, es decir, 0,001%, lo que significa comparativamente que te toque el Gordo de Navidad es unas cinco veces más probable (0,001/0,0002) a que te mate un rayo.

Observación: Cuando comparamos probabilidades más probables (el Gordo en este caso) respecto a probabilidades menos probables (el rayo en este caso) suelen darse cocientes altos o muy altos. He optado por dejar la referencia del rayo por ser una probabilidad muy baja para mantener una cierta homogeneidad en las referencias, manteniendo a su vez la comparativa con el Gordo de Navidad para visualizar mejor el concepto de probabilidad con un evento más familiar que el rayo.

Sigamos. Si la Incidencia Acumulada a 14 días (IA14 o casos de #COVID19 por cada cien mil habitantes) en España es, redondeando, de unos 500 (datos a mediados de noviembre 2020) esto equivale en el lenguaje de la probabilidad de los rayos, de 0,5%, es decir, unas 2.500 veces más probable (0,5/0,0002) que te infectes de #COVID19 en España a que te caiga un rayo y 500 veces más probable (0,5/0,001) a que te toque el Gordo de Navidad con un décimo.

Ahora bien, si los fallecidos con #COVID19 por cien mil habitantes en España es de unos 90 (a mediados de noviembre 2020) esto equivaldría en el lenguaje de la probabilidad de los rayos, de 0,09%, es decir, unas 450 veces más probable (0,09/0,0002) que mueras de #COVID19 en España a que te caiga un rayo y 90 veces más probable (0,09/0,001) a que te toque el Gordo de Navidad con un décimo.

Hasta aquí, amigo negacionista, me dirás: “Bueno, un rayo me puede matar, pero contagiarme de #COVID19 no implica necesariamente acabar hospitalizado, ingresado en la UCI o, peor, morirme.”


Veamos. Según datos de la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica (RENAVE, informe del 12-11-2020, ver cuadro), aproximadamente un 5,5% de las personas contagiadas serán hospitalizadas, un 0,4% de las contagiadas necesitará ingresar en UCI y un 0,9% de los contagiados desgraciadamente fallecerá (si bien con una mayor letalidad a partir de los 70 años, que se dispara a partir de los 80 años), siendo el porcentaje de hospitalizaciones y defunciones con #COVID19 aumenta con la edad, alcanzando un 26,2% y 9,8% en mayores de 79 años, respectivamente.


Si lo comparamos con la gripe estacional (datos 2019-2020 del Instituto Carlos III) observaremos que el #COVID19 es ligeramente superior en esos porcentajes de probabilidad. Así, la gripe estacional tiene una probabilidad del 4,5% de hospitalización, un 0,3% de ingreso en UCI y un 0,6% de letalidad, con el “impacto cruzado” que supone el agregado de la gripe estacional más el #COVID19 a nivel hospitalario, si bien en términos absolutos, de número de afectados, el #COVID19 sí tiene una mayor incidencia en el contagio (alrededor de un 300% de contagiosidad superior a la gripe estacional considerando que los datos del #COVID19 no están completos y el 2020 todavía no ha terminado), lo que le hace más peligroso en términos de saturación de recursos hospitalarios aunque sus probabilidades en términos de tasas sobre casos sean similares a la de la gripe estacional (ver cuadro comparativo Gripe vs. #COVID19 de elaboración propia).


Con estos datos me podrás decir: “Vale, el #COVID19 es un virus nuevo, muy chungo a partir de los 50 y 60 años y es como una gripe pero con el triple de contagios y más del doble de afectados a efectos hospitalarios … pero soy de mediana edad, tengo menos de cincuenta años, mi sistema inmunitario es más fuerte y los que nos contagiamos de mi rango de edad somos asintomáticos. Siendo el #COVID19 una infección mortal para el 0,015% de los infectados de mi rango de edad (0,015% = 183 fallecidos desde Mayo hasta mediados de Noviembre 2020, remarcados en negro en el cuadro, frente a los 1.174.807 contagiados en el mismo periodo) esto equivale a una probabilidad condicionada de 0,0075% (0,5x0,015) de que me contagie y muera con #COVID19 (en España), es decir, en lenguaje de los rayos, a una probabilidad de 37,5 veces más probable (0,0075/0,0002) que me infecte y muera por el #COVID19 a que me caiga un rayo si tengo menos de cincuenta años, o 7,5 veces más probable (0,0075/0,001) de que me toque el Gordo de Navidad… es decir, algo casi inapreciable… además, nunca me ha caído un rayo, ni el Gordo de Navidad de Navidad me ha pasado rozando, luego podría soportar casi unas 40 veces más probabilidad de que me cayese un rayo y hasta, casi, casi, la misma probabilidad de que me tocase el Gordo… total, una chuminada, además nunca he visto un rayo de cerca y el Gordo todavía menos…”

Entonces, viene tu argumento favorito y el de los partidarios del #CoronaFake y #Plandemia: “¿tanta matraca con el confinamiento y las restricciones para algo que tiene tan solo un poco más de probabilidades de que me caiga un rayo o casi la misma de que me toque el Gordo de Navidad?”.

Aquí es donde entran en consideración otros factores que un simple cálculo probabilístico no te permite visualizar en todo su impacto sistémico… principalmente la llamada “presión hospitalaria” que es donde considero se encuentra el quid de la cuestión del #COVID19 considerando el flujo de transmisión del virus en todo el sistema sanitario en su conjunto (ver gráfico siguiente)…


Te propongo que veamos el problema desde otra perspectiva: supongamos que unos extraterrestres nos atacan con armas de rayos desde el espacio con una probabilidad semejante a la del #COVID19… pero con la “mala leche” de que el rayo láser extraterrestre que nos envían no mata enseguida como cabría esperar de un rayo, sino que sólo deja incapacitado alrededor del 5,5% de los que reciban su rayo extraterrestre y comienzan a llegar afectados a los hospitales, en un goteo escaso (entre 5 y 6 de cada 100, no olvidemos), pero incesante (todos los días, todas las semanas, todos los meses) sobre una capacidad hospitalaria que no tiene recursos infinitos, con una estancia media de unos 15 días sin UCI y unos 30 días para las UCI… y contando con una capacidad que también debe dedicarse a la gripe estacional y el resto de patologías, accidentes, etc.

¿Empiezas a ver la magnitud del problema si los extraterrestres no cesan de enviar sus rayos sobre los habitantes terrícolas? Si los rayos extraterrestres fulminasen inmediatamente a ese 5,5% de los afectados, no habría ningún problema… nos acostumbraríamos a una muerte rápida e indolora y sin impacto en el sistema sanitario. En todo caso tendríamos un problema funerario, no sanitario o ni siquiera eso porque si el rayo es como el de “La guerra de los mundos” de Steven Spielberg, nos ahorraríamos también la incineración.


No tendríamos que dedicar recursos económicos ni humanos para cuidar a los heridos… porque no los habría… pero, “ese virus de mierda” como lo calificáis los “negacionistas” y escépticos del #COVID19 tiene la jodida propiedad de ese hipotético rayo extraterrestre, de saturar, colapsar, junto con el “impacto cruzado” de la gripe estacional y otras patologías, los sistemas sanitarios… amén de crear un problema ético en los profesionales sanitarios: “¿a qué paciente voy a tener que dejar morir por falta de recursos?” y por descontado un problema de estrés, la propia vulnerabilidad por su mayor exposición al contagio y “burnout” (síndrome de estar quemado) asociado. Es decir, el #COVID19 no es un “mata-personas” en sentido estricto, pero sí indirecta y colateralmente porque afecta a la columna vertebral del sistema sanitario (los hospitales y centros de salud), implicando, junto con la gripe estacional, a todas las patologías y accidentes que requieren cuidados hospitalarios, porque bloquea y dificulta algo tan importante para las sociedades humanas como es el funcionamiento eficaz y eficiente de los sistemas sanitarios…

Tal vez un experimento mental te ayude a visualizar mejor el problema que se cierne cuando me refiero al colapso sanitario… centrémonos en el caso de los menores de 50 años que es tu caso, que en principio son los que menos letalidad tienen, de los cuales han ingresado en hospitales desde Mayo un total de 13.236 (los remarcados en rojo en el cuadro), es decir, aproximadamente un 20% del total de hospitalizaciones con #COVID19 (vaya, la famosa ley 80%-20%, curioso)… supongamos una situación extrema y que desde Mayo tuviéramos una situación de colapso sanitario y no se pudiera ingresar a las personas en los hospitales, o bien con las UCI al 100% de ocupación, algo que están próximos a alcanzar en algunas Comunidades Autónomas y/o ya han alcanzado algunos hospitales… ¿sabes qué sucedería?

No hace falta mucha imaginación: ese 5,5% que requiere hospitalización no podría ser atendido y muy probablemente muchos de ellos morirían en sus casas o residencias de mayores… volviendo a hacer números con tu rango de edad, si suponemos, en un “escenario optimista” que de esos 13.236, los 928 (remarcados en azul en el cuadro) que ingresaron en UCI fallecerían por falta de atención sanitaria, la probabilidad de fallecimiento ya no sería del 0,015% para tu rango de edad, sino del 0,079% (0,079% = 928 fallecidos hipotéticamente en este escenario desde Mayo hasta mediados de Noviembre 2020, frente a los 1.174.807 contagiados en el mismo periodo) es decir, se habría multiplicado por cinco la probabilidad de morir a causa del colapso sanitario y ya no sería 37,5 veces más probable morir por #COVID19 que te cayese un rayo, sino 197,5 veces más probable ((0,5x0,079)/0,0002)… y unas 40 veces más probable ((0,5x0,079)/0,001) a que te tocase el Gordo de Navidad de Navidad con un décimo…

Pero, si nos situamos en un “escenario pesimista” donde aproximadamente el 50% de esos 13.236 hospitalizados falleciera, esto es, redondeando, unos 6.500, la probabilidad ya no sería del 0,015% sino del 0,55% (0,55% = 6.500 fallecidos hipotéticamente en este escenario desde Mayo hasta mediados de Noviembre 2020, frente a los 1.174.807 contagiados en el mismo periodo) es decir, se habría multiplicado por 36 la probabilidad de morir a causa del colapso sanitario (y ya no sería 37,5 veces más probable morir por #COVID19 que te cayese un rayo, sino 1.375 veces más probable ((0,5x0,55)/0,0002)… y unas 275 veces más probable ((0,5x0,055)/0,001) que te tocase el Gordo de Navidad de Navidad con un sólo décimo… supongo que ahora no te parecerá una “chuminada”...

Y, a todo eso, sin entrar a considerar “el juego de suma cero” que implica que una cama o una UCI ocupada para #COVID19 es una cama o una UCI que no puede destinarse a otras patologías, dolencias y accidentes… es decir: el peor escenario para una sociedad avanzada que no puede garantizar la salud de sus ciudadanos, multiplicar por cinco (en el escenario optimista) o por 36 (en el escenario pesimista) la probabilidad de muerte en el rango de edad de las personas a las que les afecta menos la incidencia del #COVID19… y eso es precisamente lo que te niegas a ver, o no logran ver tus amigos “negacionistas” y escépticos del #COVID19, que lo veis en privado casi como “necesario para la selección natural”, que sólo afecta a las personas de edad muy avanzada, cuando la realidad es que también afecta a personas jóvenes y sanas, con el añadido que pueden convertirse en supercontagiadores por la mayor vida social de la gente joven y porque, no sé si lo sabes, el “propósito” de este virus es el mismo que el de cualquier otro: sobrevivir en el “organismo anfitrión” (nosotros) lo suficiente para multiplicarse en otros organismos anfitriones (nuestros familiares, amigos, etc.), con lo que su “éxito” lo determina su capacidad como “huésped” de adaptarse al “organismo anfitrión” para no morir con él antes de propagarse (ya sabes, un virus demasiado virulento es malo para el propio virus, pues necesita “organismos anfitriones” vivos para que pueda contagiar a otros organismos)… pero si el “organismo anfitrión” resiste, el virus también “aprende” ese nivel de resistencia regulando su propia virulencia (personas asintomáticas) y al transmitirse a otros organismos menos resistentes (personas mayores), el virus se vuelve más letal por haberse “entrenado” para un nivel inmunitario superior, es por ello que las personas de menor edad deberían ser conscientes de su mayor responsabilidad colectiva en la cadena de transmisión del virus hacia las personas más vulnerables…

Todas estas consideraciones son algo que nos debe hacer reflexionar cuando se escucha la idea de “salvar las Navidades”, pues muy probablemente si nos liberamos aunque sea unas semanas de algunas restricciones que los gobiernos están imponiendo (mascarilla, higiene de manos, distancia social, ventilación, evitar reuniones de no convivientes de más de x personas…) lo que ocurra a la vuelta de la esquina será una “tercera ola” que sature aún más la capacidad sanitaria al coincidir con la mayor incidencia hospitalaria de la gripe estacional (diciembre-marzo) como ya ocurrió con la llamada “gripe española”


Asumamos pues colectivamente que todas estas restricciones no son por la mortalidad intrínseca de ese “ese virus de mierda” o porque “nos quieren convertir en zombis” como he leído por ahí, sino por prevenir el daño sistémico que es capaz de hacer “ese virus de mierda” en la salud pública y las consecuencias directas y colaterales, que tendría el colapso del sistema sanitario, pues si no se logra frenar y reducir el primer eslabón de la cadena (el contagio), lo que viene después es una ley probabilística inexorable (las probabilidades de hospitalización, UCI y fallecimientos son las que son y no van a reducirse mientras no se extienda la vacunación a la mayoría de la población).

Resumiendo, que el quid de la cuestión no está en la mortalidad y letalidad del virus, sino en el consumo de recursos sanitarios (crecientes) que requiere y que amenaza con desatender otras muchas necesidades sanitarias y sus consecuentes muertes colaterales, aún no contabilizadas como tales, pero que indirectamente podemos intuir en las estadísticas del Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo).

No espero convencerte, pero sí espero que medites esta reflexión y te pongas en el lugar de los que no podrán ser hospitalizados o ingresados en UCI a causa del probable colapso sanitario que conductas inconscientes podrían llegar a causar si estas se generalizasen… y mejor que todo esto se quede en un experimento mental y nunca lleguemos a poner a prueba los límites del sistema sanitario.


Para saber más: Coronavirus COVID-19 Global Cases by the Center for Systems Science and Engineering (CSSE) at Johns Hopkins University Worldometer: Coronavirus

Ministerio de Sanidad: Situación de COVID-19 en España

Centro Nacional de Epidemiología: Situación de COVID-19 en España

MODELIZACIÓN EPIDEMIOLÓGICA DEL COVID-19

OMS - Coronavirus

European Centre for Disease Control and Prevention


4 de mayo de 2014

Majestad, su avión no tiene un problema de mantenimiento

El Rey sufrió ayer la quinta avería en la flota de aviones oficiales en apenas seis meses, esta vez volviendo de Kuwait. El fallo se produjo en la transmisión que abre la válvula de entrada de combustible del motor izquierdo. El Gobierno de Kuwait ofreció al Monarca uno de sus aviones, pero finalmente no hizo falta porque los mecánicos españoles lograron reparar la avería en media hora, según Efe, a bordo del avión. La salida desde Kuwait se retrasó casi una hora, pero don Juan Carlos pudo llegar a tiempo para presidir en Valencia la final de la Copa del Rey.

El ministro de Defensa, Pedro Morenés, que acompañaba al Monarca en el vuelo de regreso desde Kuwait, aseguró que don Juan Carlos se tomó “con buen humor” el percance y que entendía que los aviones “de vez en cuando” dieran “algún problemilla”.

Las anteriores averías, de distinto origen, afectaron a dos aviones (un Airbus y un Falcon) y provocaron una cancelación (el vuelo del Príncipe a Brasil el pasado 24 de noviembre) y tres retrasos que afectaron a don Felipe, Rajoy y la Reina. Morenés encargó el pasado 25 de marzo —dos días después del fallo que retrasó el regreso de doña Sofía a España desde Guatemala— al jefe de Estado Mayor del Ejército del Aire que revise y refuerce los procedimientos de mantenimiento, tanto los que realiza Airbus (antes lo hacía Iberia), como los que hace el Ejército del Aire, así como un plan de renovación de la flota de transporte estratégico, aunque fuentes del Ministerio descartan la compra de nuevos aparatos exclusivamente para transporte de autoridades. No hay dinero y los dos A-310 en los que se desplaza el Gobierno y la familia real en sus viajes oficiales (adquiridos de segunda mano en 2003) están prácticamente a la mitad de su vida útil.
Diario El País [16-04-2014]

Es un comportamiento habitual en el pensamiento convencional [asistémico] que cuando ocurre una avería en un sistema se busquen las causas del mal funcionamiento dentro de los límites del sistema[1], es decir, el viejo tópico de buscar culpables bajo el supuesto de que “alguien no ha hecho bien su trabajo”. Esta forma de proceder se basa en el enfoque analítico, el cual tiene por costumbre buscar el problema [y la solución] dentro del sistema, asumiendo la idea errónea [por insuficiente] de que el mal funcionamiento de una máquina compleja como este tipo de aviones se explica por “el estado interno de la máquina y el estado de su contorno”[2] una explicación demasiado restrictiva para la clase de máquinas complejas que, siguiendo al padre de la cibernética W. Ross Ashby, se debería asumir una definición más abarcadora como el de una “máquina con input”, es decir contemplando el sistema-avión como un todo en el que también se incluya el diseño y el trabajo-intensidad para el que fue concebido y el uso que se le ha dado en los últimos tiempos.

La lógica de este proceder, por lo demás ampliamente extendido en el mundo de la gestión de las organizaciones, tiende a justificar los sistemas como fines en sí mismos, sin considerar que un sistema existe para satisfacer los requerimientos de sistemas mayores en los cuales este mismo está incluido. Por ejemplo, en el caso que nos ocupa, al focalizar la atención en el “mantenimiento” [dentro de los límites del sistema-avión] redoblando si es menester los esfuerzos con un “doble mantenimiento” [síndrome del más de lo mismo], no se está considerando el sistema mayor para el que fue concebido este tipo de aviones, esto es, por ejemplo, el nivel de actividad para el que fueron diseñados [probablemente muy superior al que actualmente se les tiene confinados].

Este error de enfoque al insistir en el aspecto “mantenimiento” eclipsa la razón de la existencia del sistema-avión y para qué fue diseñado. Es como si, pongamos por caso, alguien tuviera un caballo pura sangre bien alimentado y cuidado [es decir, bien mantenido] pero sólo le paseara una vez al mes: probablemente tendría muchos más “achaques” que si lo paseara todos los días.

Este error de enfoque significa también que no se comprende bien cómo hacer un buen uso de sistemas complejos como los aviones. Por tanto, la causa de este mal funcionamiento en la flota de aviones del Grupo 45 de la Fuerza Aérea Española no puede atribuirse solamente a las razones encontradas dentro del sistema, como por ejemplo, un mantenimiento incorrecto o insuficiente. Debe diagnosticarse y corregirse el funcionamiento defectuoso mediante la adecuación del sistema-avión en relación con el sistema-total, que incluye no sólo el mantenimiento sino el nivel de actividad para el que fue diseñado.

Así, bajo el prisma del pensamiento convencional-asistémico el mal funcionamiento aparente del sistema-avión tiende a resolverse con reparaciones parciales o cambios de algunos de sus componentes. Sin embargo, desde la perspectiva del pensamiento sistémico, lo que corresponde es una revisión completa del sistema total, entendido por tal el sistema-avión, los requerimientos de uso para el que fue diseñado y los supuestos erróneos que sustentan la lógica del mantenimiento por el mantenimiento.

En conclusión, discrepo con el diagnóstico del ministro de Defensa: no es un problema de mantenimiento [pensamiento asistémico] sino de subactividad [pensamiento sistémico].

Así, desde un enfoque sistémico, se puede resolver el problema restaurando el equilibrio entre inactividad/actividad de este parque de aviones del gobierno de España. Los sistemas complejos, como los aviones de última generación, se diseñan para un nivel de actividad. Si desde su adquisición como aviones de 2ª mano han bajado su ritmo de actividad en los últimos tiempos ahí está la respuesta, pues es típico de los sistemas complejos requerir variaciones en la intensidad de su uso[3] siendo contraproducente tanto los periodos prolongados de reposo como los funcionamientos a un mismo régimen constante de actividad [esto lo saben bien los pilotos de fórmula 1 y los ingenieros de motores].

Si reducen su actividad, los sistemas complejos [desde máquinas a personas] se resienten en su rendimiento y aparecen los “achaques”, no tanto por envejecimiento [fatiga estructural] como por falta de suficiente actividad y variabilidad. Para restablecer el equilibrio dinámico del sistema se necesita restaurar cierto nivel de actividad: por ejemplo, vuelos previos antes de un viaje real, a semejanza de lo que haría el propietario de un caballo pura sangre antes de una carrera o también asignar los aviones del Grupo 45 a otras misiones civiles o militares en caso de que se reduzca la agenda de viajes de la Casa Real o de Presidencia. Por tanto, la solución sistémica es más actividad, no más mantenimiento. O como diría el cantautor argentino Andrés Calamaro: “mi corazón es un músculo sano pero necesita acción”.


[1] John P. van Gigch (1990), Teoría General de Sistemas, pág. 20 y 21
[2] Pedro Voltes Bou (1978), La Teoría General de Sistemas, pág. 26 y 27
[3] Nassim Nicholas Taleb (2013), Antifrágil, pág. 422 y 423


1 de septiembre de 2013

Momento Minsky: Fragilidad Sistémica

“Una característica fundamental de nuestra economía es que el sistema financiero oscila entre la robustez y la fragilidad, y esa oscilación es parte integrante del proceso que genera los ciclos económicos.” (Hyman P. Minsky, 1974).

Como bien señala Miguel Puente en Caótica Economía: “La idea principal de Minsky la podemos resumir en una simple cita, “As the system matures, the likelihood of inestability increases” [Conforme un sistema madura, la probabilidad de que se haga inestable aumenta]. En el terreno económico esto se traduce por el hecho de que conforme un sistema estable avanza en el tiempo, las condiciones financieras que operan “por debajo” empiezan a incrementar el riesgo de inestabilidad. Es la regulación financiera e institucional la que aleja al sistema de estas inestabilidades, sin embargo, (I) un periodo de bonanza hace que estas regulaciones se relajen, permitiendo que aflore la inestabilidad y (II) estas estructuras regulatorias deben evolucionar conforme a las practicas del mercado, pues si no, su efectividad se ve mermada.”

El término Momento Minsky fue acuñado por el economista Paul Allen McCulley en honor a Minsky para describir la crisis financiera rusa de 1998 aunque se hizo realmente popular durante la crisis financiera de 2007-2009. El concepto viene a ser pariente cercano al de Cisne Negro que hemos abordado en otra ocasión: El cisne negro de Nassim Nicholas Taleb si bien tiene una connotación distinta en el sentido de que así como un suceso de Cisne Negro es por definición imprevisible y de catastróficas consecuencias, un Momento Minsky, aún siendo igualmente catastrófico, es en cierto modo previsible, porque sabemos que tiene que ocurrir porque tiene su génesis en una inestabilidad endógena (derivada del propio sistema, no de circunstancias externas) es decir, se trata de una fragilidad sistémica si bien no sabemos cuándo ocurrirá.

Hyman P. Minsky dedicó los últimos años de su vida a estudiar este fallo sistémico: el cómo la dinámica interna del sistema financiero le conducía, sin necesidad de perturbaciones externas, a un colapso repentino (aunque previsible) del valor de los activos, un colapso que a modo de simplificación es precedido por una situación de sobreapalancamiento (exceso de financiamiento a crédito en base a expectativas demasiado optimistas o simplemente especulativas que da lugar a un sobreendeudamiento), seguido por insuficiente generación de efectivo para hacer frente al servicio de la deuda (intereses y/o principal), seguido por una ola de ventas de activos que conduce inevitablemente a una depreciación de los activos o un incremento del precio del dinero que acelera aún más la depreciación de los activos y finalmente el default y la recesión, en un ciclo que se retroalimenta positivamente entre todos los agentes intervinientes en el sistema. Para ello Minsky recurre a tres perfiles de inversión que aunque inicialmente son diferentes, cuando se acerca el Momento Minsky tienden a confundirse y solaparse.

Lo interesante del modelo sistémico propuesto por Minsky es que explica muy bien la génesis endógena de la inestabilidad sin recurrir a causas exógenas. O como dice el refrán: “Entre todos lo mataron y el solito se murió”. También es interesante constatar que para Minsky el sistema capitalista evoluciona, de tal modo que se adapta a sus propias inestabilidades superándolas, de tal modo que a cada forma o modelo le sustituye o reemplaza otra forma algo más estable que la anterior. Sin embargo, según insistió, en este proceso de adaptación no hay final o solución para resolver de forma permanente esta tendencia a la inestabilidad (con crisis cada vez de mayor intensidad) por ser inherentes al sistema.

En su trabajo pionero, “Hipótesis de la Inestabilidad Financiera” (Mayo de 1992) Hyman P. Minsky describe al modo sistémico como funciona el sistema económico completo, es decir, introduciendo el factor financiero junto al gobierno, los hogares y las empresas y las interacciones entre ellos. De este modo, partiendo de esta hipótesis, posteriormente construyó un modelo dinámico que otros economistas como el australiano Steve Keen han ampliado y perfeccionado.

Así, para entender mejor la génesis sistémica del Momento Minsky voy a reproducir en su integridad la excelente traducción de Jorge Bielsa de la Universidad de Zaragoza de este original trabajo de Hyman P. Minsky. (En negrita o subrayado lo que he considerado más destacable). Vamos allá.

Hipótesis de la Inestabilidad Financiera

La hipótesis de la inestabilidad financiera tiene tanto aspectos empíricos como teóricos. El aspecto empírico más fácilmente constatable es que las economías capitalistas experimentan de vez en cuando procesos de inflación o de deflación por sobreendeudamiento que parecen potencialmente explosivos. En efecto, durante esos procesos, las reacciones del sistema económico ante un movimiento de la economía no hacen sino amplificarlas, es decir, que tanto la inflación como la deflación por sobreendeudamiento se alimentan a sí mismas. Por otra parte, parece que la intervención de los gobiernos con la intención de detener dichas crisis ha sido inútil en algunas de las crisis pasadas. Esos episodios históricos son una evidencia palpable de la idea de que la economía no siempre responde a los preceptos clásicos de Smith o Walras, que daban por sentado que la economía puede entenderse perfectamente suponiendo que ésta es un sistema estable en constante búsqueda del equilibrio.

Irving Fisher (1933) proporciona la descripción clásica de una deflación por sobreendeudamiento, mientras que Charles Kindleberger (1978) hace lo mismo con el proceso de desequilibrio autosostenido. Por su parte, Martin Wolfson (1986), no sólo recopila información sobre la aparición de relaciones financieras generadoras de inestabilidad financiera, sino que examina varias teorías que explican los ciclos económicos reales a partir de dichas crisis financieras.

Como teoría económica, la hipótesis de la inestabilidad financiera es una interpretación del núcleo de la Teoría General de Keynes. Esta interpretación sitúa a la Teoría General en su contexto histórico. Dado que la Teoría General fue escrita en la primera parte de la década de los años 30, una parte de los hechos que la obra pretendía explicar era la gran recesión financiera y real de los Estados Unidos y las de las otras economías capitalistas del aquel tiempo. La hipótesis de la inestabilidad financiera se basa también en el punto de vista sobre el papel del crédito, del dinero y de las finanzas de Joseph Shumpeter (1934, Cap 3). Por último, dos trabajos clave para entender esta hipótesis son, por supuesto, los de Hyman P. Minsky (1975, 1976).

El argumento teórico de la hipótesis de la inestabilidad financiera parte de una economía típicamente capitalista de activos reales con precio elevado que necesitan ser financiados por medio de un complejo y sofisticado sistema financiero. Como señala Keynes, el problema económico consiste en identificar el “desarrollo del capital de la economía”, en lugar de la clásica “asignación de unos recursos dados entre usos alternativos” que propuso Knight. Así pues, nos centraremos en el proceso real de acumulación que se produce en una economía capitalista.

En ese proceso de acumulación de capital se producen intercambios de dinero actual por dinero futuro. Así, el dinero actual se utiliza para pagar recursos que se emplean para producir bienes de inversión, mientras que el dinero futuro son los “beneficios” que incrementarán esos bienes de capital propiedad de las empresas (en la medida en que los bienes de capital son usados en la producción). Como resultado de este proceso de financiación de la inversión, el control ejercido sobre parte del stock de capital por las unidades de producción se lleva a cabo gracias a la financiación con deuda, es decir, se genera una serie de compromisos de pago en fechas específicas, o cuando se cumplan determinadas condiciones pactadas. De esta forma, para cada unidad económica los pasivos que refleja su balance determinan una serie temporal de compromisos de pago previos, al igual que sus activos representarán una serie de flujos de caja esperados.

Esta estructura fue perfectamente explicada por Keynes (1972):
“Hay una multitud de activos reales en el mundo que constituyen la riqueza en forma de capital (edificios, inventarios de bienes terminados o en proceso de fabricación o de transporte, etc). Sin embargo, para poseerlos, los propietarios nominales de esos activos frecuentemente han pedido prestado dinero. Visto desde el otro lado, los verdaderos propietarios de esa riqueza tienen derechos, no sobre esos activos reales, sino sobre dinero futuro. Una parte considerable de esa financiación tiene lugar a través del sistema bancario, que interpone su garantía entre los clientes que le prestan dinero por medio de depósitos y los clientes a los que les presta para que puedan comprar activos reales. Ese velo monetario interpuesto entre el activo real y el propietario de la riqueza es una de las características más destacadas del mundo moderno.”
Este “velo monetario” keynesiano es distinto del que se suele asociar a la teoría cuantitativa del dinero. El “velo monetario” de la teoría cuantitativa del dinero se refiere a los intercambios en el mercado de bienes, ya sean dinero a cambio de bienes o a la inversa, por lo que en el fondo se trata de intercambios de bienes por bienes. Por el contrario, el velo de Keynes supone que el dinero y la financiación están conectados a través del tiempo. Una parte de esa financiación de la economía está constituida por compromisos de pago con fechas determinadas, en la que los bancos son el pivote central. El dinero fluye en primer lugar de los depositantes a los bancos, y luego de los bancos a las empresas. Después, en fechas posteriores, circula en sentido inverso: de las empresas a los bancos y de éstos a los depositantes. En el momento inicial, los intercambios se producen para financiar la inversión y, posteriormente, los intercambios responden simplemente a los compromisos previos establecidos en los contratos financieros correspondientes.

En un mundo del “velo monetario” keynesiano, el dinero que fluye hacia las empresas es la respuesta a expectativas de beneficio futuro, y el flujo de dinero procedente de las empresas se financia con los beneficios que efectivamente se han generado. En la configuración keynesiana, los principales intercambios económicos tienen lugar a partir de negociaciones entre banqueros genéricos y empresarios genéricos. Los documentos que están encima de la mesa de negociación explican con detalle los costes y las expectativas de beneficio de los empresarios: los hombres de negocios interpretan las cifras y las expectativas con entusiasmo, mientras que los banqueros lo hacen con escepticismo.

De esta forma, en una economía capitalista, el pasado, el presente y el futuro no sólo están ligados por los bienes de capital y por la fuerza de trabajo, sino también por las relaciones financieras. Las relaciones financieras más importantes vinculan la creación y la propiedad del capital con la estructura de esas relaciones financieras y con sus cambios a través del tiempo. Se puede generar una mayor complejidad institucional como consecuencia de la aparición de varios niveles de intermediación entre los propietarios últimos de la riqueza de las economías y las entidades que controlan y gestionan esa riqueza..

Tanto el flujo de los nuevos contratos financieros con las empresas como el precio de los ya existentes están determinados por las expectativas de beneficios. La cuantía de los beneficios efectivamente obtenidos determina si se cumplen los compromisos establecidos en los contratos, es decir, si los activos financieros responden a lo que se esperaba de ellos en las negociaciones previas.

En el mundo moderno, los análisis de las relaciones financieras y de sus implicaciones sobre el comportamiento del sistema no pueden restringirse a la estructura de las deudas de las empresas y al flujo de dinero que dicha estructura genera. Tanto los hogares (por medio de su capacidad de endeudamiento mediante tarjetas de crédito para la compra de bienes duraderos con precios elevados como automóviles, para la compra de casas, y la posibilidad de adquirir activos financieros); como el sector público (con sus grandes deudas a corto y a largo plazo), o como las entidades de carácter internacional (como resultado de la globalización financiera) tienen estructuras de pasivos que pueden ser aceptadas o rechazadas según la concreta situación de la economía en cada momento. La creciente complejidad de la estructura financiera, junto con la mayor implicación de los estados como agentes refinanciadores —tanto de las instituciones financieras como de las empresas no financieras (ambas características son clave en el mundo moderno)— pueden hacer que el sistema funcione de forma diferente que en épocas anteriores. En concreto, la vulnerabilidad del sistema ante flujos decrecientes de los beneficios ha disminuido notablemente gracias a la creciente participación de los gobiernos para garantizar que el sector financiero no degenerará como lo hizo en el periodo 1929-1933. Sin embargo, esas mismas intervenciones pueden muy bien introducir un gran sesgo al alza (es decir, inflación) en la economía.

A pesar de la mayor complejidad de las relaciones financieras, el determinante clave del comportamiento del sistema sigue siendo el nivel de beneficios. La hipótesis de la inestabilidad financiera incorpora la visión del beneficio de Kalecki (1965) ó Levy (1983), en la que la estructura de la demanda agregada es la que determina los beneficios. En el esquema más sencillo del modelo, con una representación muy simple del comportamiento del consumo por parte de los perceptores de rentas del capital y de salarios, los beneficios agregados igualan a la inversión agregada en cada periodo. En una estructura más compleja (aunque por ello mucho más abstracta) los beneficios agregados son iguales a la suma de la inversión agregada y el déficit público. Las expectativas de beneficio dependen de la inversión futura pero los beneficios que se obtienen realmente dependen de la inversión efectiva. Como consecuencia de ello, la inversión determina si las deudas contraídas serán aceptadas o no. Se invierte en un momento determinado porque los hombres de negocios y sus banqueros esperan que se invierta en el futuro.

Por tanto, en la medida en que describe la forma en la que la deuda es asumida por el sistema, la hipótesis de la inestabilidad financiera es una teoría sobre el impacto de dicha deuda en el comportamiento del mismo. A diferencia de la teoría cuantitativa del dinero, la hipótesis de la inestabilidad financiera considera seriamente a los bancos como empresas que buscan obtener beneficios. Y lo hacen financiando tanto la actividad económica como a otros banqueros. Como cualquier otro empresario de una economía capitalista, los banqueros son conscientes de que la innovación asegura beneficios futuros. Así, los banqueros (usando este término en sentido amplio para todos los intermediarios financieros), ya sean agentes de compraventa o prestamistas primarios, son comerciantes de deuda, que se esfuerzan en innovar tanto en los activos financieros que compran como en los pasivos que intercambian en el mercado. Estas características innovadoras de la banca y las finanzas invalidan el supuesto de la teoría cuantitativa del dinero ortodoxa, que parte de que existe una magnitud invariable llamada “dinero” cuya velocidad de circulación es lo suficientemente estable como para ser considerada constante, de forma que los cambios en esa oferta de dinero están relacionados lineal y proporcionalmente con un nivel de precios bien definido.

Pueden identificarse tres relaciones entre renta y deuda para las unidades económicas, que denominamos, respectivamente, financiación cubierta, especulativa y Ponzi.

Las unidades financieras cubiertas son aquellas que pueden responder a todas las obligaciones establecidas en los contratos con el flujo de caja que generan, de forma que cuánto más grande sea el peso de los recursos propios sobre el pasivo, más probable es que estemos ante una unidad financiera cubierta. Las entidades financieras. especulativas son aquellas que cumplen sus compromisos de pago gracias a que ingresan recursos con nuevas deudas, pues con los flujos de caja que generan, no podrían devolver el principal de la deuda acumulada. Estas entidades necesitan renegociar su deuda, es decir, emitir nuevos pasivos para financiar los compromisos de la deuda antigua que vence. Los gobiernos con deuda flotante, las empresas con papel comercial renegociable y los bancos son ejemplos típicos de entidades especulativas.

En el caso de las entidades Ponzi, los flujos de caja generados por sus operaciones corrientes no son suficientes, no sólo para devolver el principal, sino tampoco para hacer frente a los intereses de las deudas acumuladas. Tales entidades pueden vender activos o pedir prestado. Pero seguir ambas estrategias (vender activos o pedir prestado) para pagar los intereses (o incluso los dividendos de las acciones), reduce los recursos propios, al tiempo que hace crecer las deudas y los compromisos de pago futuros. Una entidad que adquiere esta categoría reduce el margen de seguridad que ofrece a los acreedores de sus deudas.

Puede demostrarse que si domina la financiación cubierta, la economía puede ser muy probablemente un sistema estable que tiende hacia el equilibrio. Por el contrario, cuanto mayor es el peso de las finanzas especulativas o Ponzi, mayor es la probabilidad de que la economía sea un sistema inestable. El primer teorema de la hipótesis de la inestabilidad financiera sostiene que la economía tiene regímenes financieros bajo los que es estable y regímenes financieros bajo los que no lo es. El segundo teorema de la hipótesis de la inestabilidad financiera pone de manifiesto que a través de periodos de prosperidad prolongados, la economía transita desde relaciones financieras que la llevan a un sistema estable a otras relaciones financieras que la abocan a un sistema inestable.

En concreto, a lo largo de un prolongado período de bonanza económica, las economías capitalistas tienden a transformarse, desde una estructura financiera dominada por entidades financieras cubiertas, a otra en la que aumenta el peso de las que están involucradas en las finanzas especulativas y Ponzi. Más aún, si una economía con un considerable número de entidades financieras especulativas experimenta presiones inflacionistas y las autoridades intentan reducir la inflación mediante restricciones monetarias, las unidades especulativas se vuelven unidades Ponzi y el valor neto de las que ya eran unidades Ponzi se evapora rápidamente. En consecuencia, las unidades con falta de liquidez se verán forzadas a adoptar una posición vendedora. Esto llevará probablemente a un colapso en el valor de los activos.

La hipótesis de la inestabilidad financiera es un modelo que describe cómo una economía capitalista puede experimentar ciclos económicos de diversa gravedad sin necesidad de verse afectada por perturbaciones externas. La hipótesis sostiene que los ciclos económicos observados históricamente son una combinación de (i) la dinámica interna de las economías capitalistas, y (ii) el entramado de intervenciones y regulaciones diseñadas para mantener a la economía operando dentro de unos límites razonables.

Para saber más: Momento Minsky en Wikipedia (inglés)

Hyman P. Minsky en Wikipedia (inglés)

Hyman P. Minsky en Wikipedia (español)

Hyman P. Minsky. The Financial Instability Hypothesis. The Levy Economics Institute (inglés)

Hipótesis de la Inestabilidad Financiera de Hyman P. Minsky (traducida por Jorge Bielsa de la Universidad de Zaragoza)

Hyman P. Minsky (1919-1996) en la Brújula Económica (Ramón Morata)

Momento Minsky: las teorías de un desconocido economista explican perfectamente la crisis (El Economista)

Análisis de la teoría económica de Hyman P. Minsky, por Guadalupe Mánteyde Anguiano, UNAM

Hyman P. Minsky. Financial Instability Revisited: The Economics of Disaster

Hyman P. Minsky en The Full Wiki

Steve Keen's Debtwatch

Steve Keen's Debunking Economics

Hyman P. Minsky Archive en Digital Commons

A Theory of Systemic Fragility en Digital Commons

The Fragile Financial System en Digital Commons

Los Procesos Financieros capitalistas y la inestabilidad del capitalismo en Digital Commons

Hyman P. Minsky Archive en The Levy Economics Institute

Obituario en honor a Hyman P. Minsky en el New York Times del 26-Octubre-1996

Hyman P. Minsky, el economista del momento (El Blog Salmón)

La llegada del "momento Minsky" y la gran burbuja de derivados (El Blog Salmón)

La inestabilidad financiera según Minsky (Caótica Economía)

Macrodynamics of debt regimes, financial instability and growth (Gilberto Tadeu Lima & Antonio J. A. Meirelles)

Minsky Financial Instability Model (Steve Keen & Geoff McDonnell)

Minsky & the Financial Instability Hypothesis en Prezi

Steve Keen: Un espeluznante modelo matemático sobre el futuro de esta crisis (Sin Permiso)

Steve Keen: No hay nada más peligroso que una mala teoría económica (Sin Permiso)

Steve Keen: El problema es la deuda privada y el futuro de los EEUU es el desapalancamiento (Sin Permiso)




2 de noviembre de 2012

La Trama de la Vida de Fritjof Capra

La Trama de la Vida, [The Web of Life, en su original inglés de 1996] es una conocida obra del físico teórico austriaco y eminente pensador sistémico Fritjof Capra autor entre otros títulos de The Tao of Physics, The Turning Point, Belonging to the Universe, The Hidden Connections y la más reciente The Science of Leonardo.

La Trama de la Vida tal vez no haya tenido el impacto mediático que tuvo la legendaria y popular opera prima de Capra El Tao de la Física, sin embargo la considero una obra más madura y muy bien argumentada, en la línea que comenzó con El Punto Crucial y continuó con Las Conexiones Ocultas.

La Trama de la Vida es un libro esencial para entender el origen y desarrollo del pensamiento sistémico y a diferencia del carácter aplicativo que tiene la obra de otro maestro como Peter Senge, Capra se orienta en La Trama de la Vida hacia lo filosófico, epistemológico, histórico y también matemático del pensamiento sistémico, aunque la parte matemática que le dedica es residual y meramente introductoria.

Fritjof Capra es un pensador sistémico que no pertenece a ninguna corriente o escuela formal por así decir y esa independencia de criterio le permite disponer de amplia libertad de pensamiento para realizar interesantes piruetas intelectuales partiendo casi siempre de su campo de especialidad, así sus obras son verdaderas danzas entre la física y otro campo, ya se trate de la física y la espiritualidad (El Tao de la Física, Pertenecer al Universo), la física y la biología (La Trama de la Vida), la física, la ecología y la política (Las conexiones ocultas) y la física y casi todo lo demás (El Punto Crucial).

Tal vez Capra sea, como físico experimentado, uno de los mejores embajadores de la crítica al pensamiento mecánico-newtoniano que domina un amplio espectro de disciplinas académicas que han quedado ancladas en una concepción cientifista fundada en un paradigma obsoleto que paradójicamente tiene su origen en una física clásica superada por la nueva física, de ahí que es fácil seguirle el argumento y la pista una vez se entiende el poder que sigue teniendo el paradigma dominante newtoniano en nuestras vidas. Leer a Capra es sentir una liberación del pensamiento constreñido por ese pensamiento mecánico y abrirlo a las posibilidades que nos ofrece el pensamiento sistémico de la mano de este científico inclasificable.

Sin más dilación doy paso al maestro Capra en una entrevista que le hicieron en el diario La Vanguardia hace ahora unos cuatro años. Que lo disfruten.

“Mente y materia son las dos caras de la misma moneda”

69 años. Nací en Viena y, desde hace 30 años, vivo en California. Soy profesor y activista medioambiental. Casado y con una hija. Urge un cambio profundo en las estructuras empresariales, de estilo de vida y tecnológicas si queremos sobrevivir. Estoy cerca del budismo. La actual crisis económica y de seguridad, el agotamiento de los recursos y el cambio climático son distintas facetas de la misma crisis: una crisis de percepción.

Algo hacemos mal, eso está claro.

Las grandes instituciones sociales, los líderes de empresa, los políticos, los profesores universitarios…, todos estamos fijados en una visión del mundo totalmente obsoleta en el marco de un mundo globalizado y en crecimiento poblacional.

Descríbame esa visión obsoleta…

Es una visión del mundo muy tecnicista y mecanicista que entiende el universo como una gran máquina formada por distintos elementos que funcionan conjuntamente. De la misma manera entiende el cuerpo humano como una máquina totalmente separada de la mente, y la evolución, como una lucha competitiva para conseguir la subsistencia.

Una visión muy fragmentaria.

No hay una solución para un problema, todo está íntimamente interconectado.

¿Cuál sería la mirada correcta?

Requiere otra manera de pensar que tenga en cuenta las relaciones, los contextos y los patrones, lo que en la ciencia se denomina pensamiento sistémico o ecológico. Existe un choque muy profundo entre nuestra creencia de que el crecimiento es ilimitado y el hecho de que nuestro planeta sea finito.

Una gran contradicción.

Y esto refleja también la dicotomía entre el pensamiento lineal y las previsiones de futuro que hacen nuestros economistas, y el carácter no lineal de la biosfera.

Usted va más allá, roza la espiritualidad al afirmar que todo es uno.

Cuando uno se pregunta cuál es la esencia de la vida espiritual y estudia las enseñanzas y las escrituras de los grandes místicos de todas las culturas, encuentra un denominador común: un sentido muy profundo que implica estar conectado con algo más grande que nosotros mismos, con un todo. Y esa es la perspectiva ecológica del mundo.

¿Qué tiene de científica esta visión?

La ciencia en el siglo XX ha experimentado un cambio de paradigma muy profundo en su visión del mundo. Nuestros conocimientos actuales nos llevan a ver el mundo material como una red de relaciones inseparables. Y en cuanto a la separación entre cuerpo y mente, hemos comprobado que cada célula individual es un sistema cognitivo vivo de por sí, conectado con todo lo demás.

¿Y eso qué implica?

Que la mente y la materia son las dos caras de la misma moneda. La mente es la cara de los procesos, y la materia, la de las estructuras. Y el planeta se entiende como un sistema vivo que se organiza y se regula a sí mismo.

La teoría de Gaia.

Exacto. Por tanto, esta visión espiritual de que nosotros formamos parte de un todo interrelacionado, y que este todo está vivo, tiene una base científica.

¿Cómo desde la física, disciplina alejada de cualquier creencia, llegó al taoísmo?

Los físicos hemos ido estudiando la materia cada vez en mayor profundidad, y hemos observado que cuando se llega al nivel atómico y subatómico, el lenguaje y las imágenes con las que nos encontramos ya no son puramente mecanicistas como en niveles mayores, observamos que existen una serie de patrones de energía y una red de interrelaciones constantes. Esa revolución científica es la que describo en El Tao de la física, y la comparo con la visión de los místicos orientales.

¿Visión aplicable a todas las disciplinas?

A principios de 1930 se dio en Europa una etapa de diálogo muy profundo entre biólogos, psicólogos y ecólogos. Todos estudiaban sistemas vivos: individuos, sistemas sociales y sistemas ecológicos, y todos intentaban entender la naturaleza fundamental de la vida.

¿Y?

Fue así como se dieron cuenta de que para describir un sistema vivo es fundamental la relación que se establece entre las distintas partes de ese organismo. Tanto los físicos como los que se dedicaban a las ciencias de la vida llegaron a la misma conclusión: para analizar cualquier situación, necesitamos basarnos en las relaciones, los contextos y los procesos.

Entonces, ¿cuál es la actitud para remontar esta crisis?

Hay que atar cabos, ver cómo se interrelacionan todas las cosas porque no existen problemas aislados. Por ejemplo: que nosotros conduzcamos un determinado tipo de coche, que hagamos un uso concreto de la energía, significa que tendremos más emisiones de efecto invernadero.

… Y esas emisiones provocarán el calentamiento del planeta.

Sí, y a su vez, ese calentamiento hace que se deshiele un glaciar en Asia que provoca que los grandes ríos que salen del Himalaya, el río Amarillo y el río Ganges, se queden sin agua, lo que acaba en hambrunas. Por tanto, nuestras propias opciones individuales, nuestras decisiones, tienen implicaciones globales, todos somos responsables.

Tomo nota.

La buena noticia es que existen soluciones para muchos de los problemas del mundo actual, y muchas son sencillas: tenemos los conocimientos, disponemos de las tecnologías y de la capacidad financiera necesarias para conseguir una sociedad sostenible. Lo único que nos falta es la voluntad política.



Para saber más: Fritjof Capra en Wikipedia [inglés] y Fritjof Capra en Wikipedia [castellano]

Fritjof Capra (home page) [inglés]

Center for Ecoliteracy [inglés]

Interview with Fritjof Capra by Francis Pisani (pdf) [inglés]



1 de julio de 2012

La Roja y el Pensamiento Sistémico: de Pelé al TCP/IP

Viendo jugar a La Roja y comparando su juego con otros equipos cada vez tengo más claro que La Roja es la mejor demostración de juego sistémico, entendiendo por juego sistémico el foco hacia la articulación y sincronización entre los jugadores, poniendo énfasis en el grupo, el equipo por encima (o a pesar) de individualismos trasnochados. Un juego, en fin, orientado hacia la posesión y control del balón como simple y a la vez elegante principio de estrategia dominante.

Hubo un tiempo, remoto, en el que el fútbol (el fútbol de los míticos Pelé, Di Stéfano, Kubala, etc.) era un fútbol fuerza, basado en la habilidad física de algunos pocos, que eran capaces de llevar un balón desde la línea de defensa, recorrerse como un atleta de los 100 metros lisos todo el terreno de juego, llegar al área contraria, regatear a varios defensas y marcar. O ese fútbol que yo practicaba en mi juventud, donde dada mi velocidad el entrenador me encomendaba la tarea de carrilero lateral (a veces derecho, otras izquierdo, porque soy ambidextro con las piernas) para luego centrar, con el consiguiente cansancio que esa estrategia comportaba (lo normal era llegar al segundo tiempo agotado). De esa época también es el fútbol espectáculo, del fútbol mimetizado en baloncesto, del jugador que en un alarde de habilidad técnica, lograba meter el balón en la red a más de 40 metros de distancia, sorprendiendo al portero contrario y llevando al éxtasis a la afición.

Sin embargo, poco a poco, esta idea del fútbol entendido de un modo tan a-sistémico, como una mezcla de la soledad del atleta y la magia de los Harlem Globetrotters, iba a cambiar con el paso de los años, a una concepción del fútbol como conjunto de tácticas y estrategias, donde aún siendo importante la preparación física y técnica, la idea del trabajo en equipo, la coordinación de esfuerzos y la inteligencia colectiva necesarias para construir una jugada comenzaban a abrirse paso tímidamente hacia mediados de los años 70’s cuando la selección nacional holandesa consiguió llegar a las dos finales del Mundial con su máximo exponente de la “Naranja mecánica” de Rinus Michels con Neeskens, Cruyff, Krol, etc. y haciendo su eclosión como cambio de paradigma en el fútbol dos décadas después, cuando equipos centroeuropeos y posteriormente españoles se apuntaron a la idea de “fútbol total”, del fútbol entendido no como una suma de componentes, una agregación de individuos más o menos brillantes individualmente considerados sino como un flujo dinámico de miembros de una “red de interacciones” de la que emerge un sistema en acción (el equipo) donde se materializa esa máxima aristotélica del pensamiento sistémico: “el todo es más que la suma de sus partes”, una concepción del fútbol que ya no bascula sobre la frágil dependencia de la “genialidad de un futbolista singular” (y por eso mismo caprichoso, egoista y chupón con el balón) sino sobre la base de un equipo, bien conjuntado, compacto, con buena forma física y psíquica pero dentro de la media, jugadores buenos pero normales, en fin, gente ordinaria que al jugar en equipo hacen cosas extraordinarias, una concepción del fútbol que venía para quedarse e instalarse con éxito en nuestro país en la última década y que nos ha permitido disfrutar de un campeonato europeo (2008) y un campeonato mundial (2010).

Por esas “sincronicidades” de la Historia, resulta que en el mismo momento histórico que irrumpía en el mundo del fútbol el paradigma de la “Naranja mecánica”, irrumpía el diseño de sistema de comunicaciones TCP/IP (Transmission Control Protoco/Internet Protocol) de la mano de Vinton Cerf y Robert Kahn que constituye el corazón de la red de redes y que nació como un proyecto del Departamento de Defensa norteamericano para comunicar miles de ordenadores aún en el contexto más catastrófico (una guerra nuclear). Para lograr esta capacidad, el modelo TCP/IP fue diseñado bajo un concepto clave que constituye su fortaleza, esto es, que ningún componente de la red podría constituir un punto de ruptura de la misma, de tal modo que TCP/IP rompía con el paradigma anterior de las comunicaciones centralizadas que constituían su mayor punto débil en caso de catástrofe (un gran host en el centro de una red en estrella por donde pasan todas las comunicaciones de un componente a otro) al pasar a otro paradigma mucho más robusto donde toda la red en su conjunto colabora en el éxito de transmitir la información entre un punto a otro, por todos los medios posibles, enrutando la información (en realidad troceando la información en fragmentos más pequeños) por vías alternativas en caso de caída de porciones completas de la red y re-componiendo la información en el nodo destino. De este modo, la inteligencia de la comunicación entre ordenadores ya no “reside” en un host fácilmente identificable y por tanto vulnerable que “fragilice” la red, sino en el propio diseño de la red, es decir, en un nivel de abstracción mucho más complejo que convierte en prácticamente invulnerable al sistema, al no hacerlo dependiente del comportamiento de un único componente crítico.

Abusando un poco del lenguaje y usando como metáfora el protocolo TCP/IP podríamos decir que el secreto de La Roja se encuentra precisamente en su capacidad para “transmitir la información” (el balón), troceándolo en fragmentos más pequeños (pases cortos y precisos), “enrutando” la información por varias vías posibles (a veces usando el doble pivote, otras el trivote, a veces construyendo juego desde los laterales, otras abriendo campo y profundidad desde las posiciones de retaguardia, etc.) para terminar “re-construyendo la información” en el nodo destino (abriendo la defensa contraria y articulando el equipo en su conjunto entorno al objetivo final -el gol- pero sin necesidad de recurrir al especialista de turno, el delantero centro, que deja de ser una figura clave en este nuevo paradigma de La Roja –cualquiera puede marcar- como lo era el host central en la concepción clásica de los sistemas de comunicaciones).

En síntesis se podría decir que la clave de todo el sistema de La Roja se encuentra en el trabajo constante de tres ideas-fuerza: la colocación (dinámica, no estática), la interacción (continua, no puntual) y las asistencias (el gol como tarea colectiva, no individual), conceptos que desde el punto de vista de las redes de comunicaciones y para terminar con esta atrevida metáfora podríamos decir que se corresponden con: topología en malla, interconexión full dúplex y sincronización permanente.

La combinación de todas estas ideas hace invencible al sistema de La Roja, donde ya no importa tanto la “genialidad de un individuo aislado” como la articulación y sincronización del conjunto, de la red… elevando al fútbol a un nivel de abstracción mucho más complejo, donde lo que está en juego -valga la redundancia- ya no son jugadores, entrenadores o selecciones sino concepciones de un mismo sistema o el cómo pensar sistémicamente el fútbol.

Esperamos que esta tarde ante Italia se concrete el enfoque sistémico de La Roja en otro campeonato europeo para alcanzar lo que ningún otro equipo ha conseguido. Así sea. ¡¡A por ellos, Oé!!…

19 de marzo de 2012

Leonardo da Vinci: pensador sistémico

Falla Na Jordana 2012“Antes de dar un paso más, realizaré experimentos, porque mi propósito es exponer primero la experiencia y luego, mediante el razonamiento, mostrar por qué esa experiencia está destinada a operar precisamente de esa manera. Es ésta la verdadera regla que deben seguir quienes reflexionan sobre los fenómenos de la naturaleza”. Leonardo da Vinci, c. 1513

Leonardo da Vinci fue lo que hoy en día, en nuestra jerga científica, denominaríamos un pensador sistémico. Para él, comprender un fenómeno significaba ponerlo en conexión con otros fenómenos mediante una semejanza de modelos. Cuando estudió las proporciones del cuerpo humano, las comparó con las proporciones de los edificios de arquitectura renacentista. Sus investigaciones sobre músculos y huesos lo condujeron a estudiar y dibujar engranajes y palancas, interrelacionando así fisiología animal e ingeniería. Los modelos de turbulencia en el agua lo llevaron a observar modelos similares en la corriente de aire; y de allí pasó a explorar la naturaleza del sonido, la teoría de la música y el diseño de instrumentos musicales.

Esta habilidad excepcional para interconectar observaciones e ideas procedentes de distintas disciplinas anida en el corazón mismo del enfoque que Leonardo tenía del conocimiento y la investigación. Al mismo tiempo, ésa fue también la razón por la que tantas veces se vio arrastrado tan lejos y extendió sus investigaciones mucho más allá de la función originaria implícita en la formulación de una “ciencia de la pintura”, para explorar el espectro casi completo de fenómenos naturales conocidos en su época, así como muchos otros no reconocidos hasta entonces.

La obra científica de Leonardo era prácticamente desconocida en vida de su autor y permaneció oculta durante más de doscientos años tras su muerte, acaecida en 1519. Sus pioneros descubrimientos e ideas no ejercieron influencia directa en los científicos que lo sucedieron, aunque durante los cuatrocientos cincuenta años siguientes su concepción de una ciencia de las formas vivas volvería a aparecer en diversas épocas. En esos períodos, los problemas con los que Leonardo había luchado volvían a abordarse con niveles crecientes de complejidad a medida que los científicos progresaban en su comprensión de la estructura de la materia, las leyes de la química y el electromagnetismo, la biología celular y molecular, la genética y el papel decisivo de la evolución en la plasmación de formas del mundo vivo.

Hoy en día, dada nuestra ventaja de contar con la ciencia del siglo XXI, podemos reconocer en Leonardo da Vinci un temprano precursor de todo un linaje de científicos y filósofos cuyo centro de interés fue la naturaleza de la forma orgánica. Entre ellos figuran Immanuel Kant, Alexander von Humboldt y Johann Wolfgang von Goethe en el siglo XVIII; Georges Cuvier, Charles Darwin y D’Arcy Thompson en el XIX; Alexander Bogdanov, Ludwig von Bertalanffy y Vladimir Vernadsky a comienzos del XX; y Gregory Bateson, Ilya Prigogine y Humberto Maturana a finales del siglo XX; lo mismo que morfologistas y teóricos de la complejidad contemporáneos, como Brian Goodwin, Ian Stewart y Ricard Solé.

La concepción orgánica de la vida, propia de Leonardo, siguió durante siglos su curso como una corriente subterránea de la biología, con breves períodos en los que emergía y dominaba el pensamiento científico. No obstante, ninguno de los científicos de este linaje reparó en que el gran genio del Renacimiento ya había anticipado muchas de las ideas que ellos exploraban. Mientras los manuscritos de Leonardo acumulaban polvo en antiguas bibliotecas europeas, Galileo Galilei era celebrado como el “padre de la ciencia moderna”. No puedo sino sostener que el verdadero fundador de la ciencia moderna fue Leonardo da Vinci, y me pregunto cuál habría sido el desarrollo del pensamiento científico en caso de que los cuadernos de notas se hubiesen conocido y estudiado poco después de su muerte.

“La ciencia de Leonardo. La naturaleza profunda de la mente del gran genio del Renacimiento”. Fritjof Capra. Editorial Anagrama


Todos conocemos al Leonardo Da Vinci pintor, pero tú le has investigado como científico ¿Cuáles fueron sus aportaciones a la ciencia?.

Muy poca gente conoce a Leonardo como científico comparado con su fama de pintor e ingeniero. Me di cuenta que la ciencia de Leonardo es muy distinta de la ciencia, por ejemplo, de Galileo o Newton. Galileo es con frecuencia considerado el padre de la ciencia moderna porque usó una aproximación empírica para realizar experimentos y sacar conclusiones y también usó las matemáticas para describir estos experimentos. Leonardo también hizo todo eso 100 años antes. Entonces, Leonardo inventó lo que ahora llamamos el Método Científico.

Galileo observó el mundo como una máquina y restringió su ciencia a cantidades que podían medirse y describirse matemáticamente. Galileo decía que se debía excluir cualquier cualidad de la ciencia tales como color, gusto, belleza, elegancia. Según él, debía limitarse la ciencia a la materia y sus propiedades. Sin embargo, Leonardo era lo opuesto. La ciencia de Leonardo empezaba con la vida, para él el Mundo estaba vivo. La aproximación de Leonardo a la Naturaleza fue como un artista. Su ciencia fue siempre una síntesis entre arte y ciencia y pensó que para pintar las formas de la naturaleza, las tenía que estudiar. Tenía que entender realmente su manera intrínseca de funcionar y para estudiar esto y registrar los resultados de sus descubrimientos, los necesitaba pintar. Las formas de la naturaleza son muy complejas y describirlas en palabras es difícil porque nuestro lenguaje es lineal. Las formas de la naturaleza que ves aquí a nuestro alrededor no son lineales y son complejas, así que Leonardo desde el inicio usó palabras, pero sobre todo usó su enorme talento de pintor para pintar lo que observaba. Para pintar la Naturaleza, sintió que la tenía que estudiar y para estudiarla la tenía que pintar de ahí esa síntesis tan estrecha entre arte y ciencia. Lo que emergió de esa síntesis fue una ciencia brillante, una ciencia de las cualidades, una ciencia de patrones, una ciencia de las formas y transformaciones y lo aplicó a los flujos del agua y se convirtió en el fundador de lo que hoy se conoce como dinámica de fluidos.

¿Qué elementos pueden ser útiles de Da Vinci para el siglo XXI?.

Yo diría que Leonardo fue un pensador sistémico. Para él, resolver un problema o entender un fenómeno pasaba por conectarlo con otros fenómenos y estudiando sus patrones similares, se pueden entender las cosas. Por ejemplo, uno de los patrones que estudió específicamente y por el que estaba fascinado era la espiral. Dibujaba vórtices de agua que forman espirales y dibujaba el crecimiento de ciertas plantas que forman espirales y también dibujaba las espirales del cabello humano. Leonardo las dibujaba en sus retratos. Así que la espiral era un patrón común de la vida, para él y esto se confirma actualmente en la ciencia moderna. Generalmente muchos de sus descubrimientos han tenido que esperar cientos de años hasta que emergieran científicos post newtonianos, post cartesianos que una vez más estudiamos patrones y procesos metabólicos. Eso es lo que él estudió para entender la vida.

¿Qué fue lo que más le impresionó de Leonardo?.

Primero me impresionó el conocimiento detallado que tenía en tantos campos. Cuando estudié su ciencia había algunos campos que podía entender desde mi propio aprendizaje de científico. Me formé como físico pero también estudié mucha Biología, Ecología y Ciencia Cognitiva, así que podía entender estas partes. Pero no podía comprender su detallada Geología, su detallada Hidrodinámica y su detallada Anatomía y tuve que pedir ayuda a mis colegas para entender los dibujos y escritos de Leonardo desde el punto de vista de la ciencia moderna. Me impresinó la amplitud y profundidad de su conocimiento. La otra cosa que me impresionó fue que no tenía absolutamente ningún miedo intelectual a la hora de investigar cualquier fenómeno que se le cruzaba. Y te daré un ejemplo: Como pintor estaba muy interesado en la apariencia de los objetos para nosotros, así que estudiaba perspectiva, que fue un gran descubrimiento del Renacimiento, y desde la perspectiva estudiaba el efecto de la luz y la sombra en los objetos, cosa que usó de una manera magistral en sus pinturas. Desde ahí estudiaba la naturaleza de la luz y tuvo la hipótesis de que se desplazaba en ondas, otra de las cosas en las que se avanzó doscientos o trescientos años a su tiempo. De ahí siguió el haz de luz desde el objeto hasta su ojo, y estudió la anatomía del ojo, estudió la anatomía del nervio óptico y siguió al nervio óptico hasta dentro del cerebro y estudió estructuras cerebrales y buscó la semilla del alma y la manera en la que entendemos las cosas y el fenómeno básico de la cognición. Desde la perspectiva y la naturaleza de la luz recorrió todo el camino hasta el centro del cerebro.

Hoy alguien que estudia la perspectiva diría: “La naturaleza de la luz, esto es del dominio de los físicos y yo no me metería en esto”. Y los físicos dirían que estudiar el ojo es cosa de la Anatomía. Y el anatomista diría que estudiar el cerebro es cosa de la Neurociencia, y el neurocientífico diría que estudiar la cognición, es cosa de la Filosofía. Son cinco ciencias las que tratan de estos campos y Leonardo no tuvo límites ni barreras. Por supuesto que estos campos no existían en su tiempo pero él no tenía miedo en estudiar cualquier cosa que se le presentaba.

Entrevista a Fritjof Capra, Físico y pensador sistémico, por Alberto D. Fraile Oliver





18 de diciembre de 2011

Hábitos del pensador sistémico

Waters Foundation fundó en 1990 la escuela Catalina Foothills School District en Tucson (Arizona, EE.UU.) con fines de aplicar el Pensamiento Sistémico (System Thinking) y el modelado con Dinámica de Sistemas (System Dynamics) en los estudiantes de secundaria. Actualmente cuentan con más de 200 escuelas que son socias de la fundación que aplican el enfoque de sistemas y dinámica de sistemas en sus aulas.

Entre los muchos logros de Waters Foundation ha sido popularizar el lenguaje del Pensamiento Sistémico mediante el desarrollo conceptual de los conocidos como Hábitos del Pensador Sistémico. Tomo prestado del estudiante peruano de Ingeniería de Sistemas Gerald Velásquez Yantas la traducción del original. Al final he añadido dos hábitos más de mi cosecha que considero imprescindibles.


Busca entender el “Gran paisaje”

Un pensador sistémico “se detiene a pensar” para examinar la dinámica de un sistema y las interrelaciones entre sus partes. Mira el bosque, en lugar de los detalles de un árbol cualquiera.



Observa cómo los elementos que forman un sistema cambian con el transcurrir del tiempo, generando patrones y tendencias

Los sistemas dinámicos son construidos a partir de elementos interdependientes, cuyos valores cambian a través del tiempo. El pensador sistémico puede usar herramientas tal como el gráfico de Comportamiento vs tiempo para registrar y observar los patrones y tendencias de esos cambios generados. Los gráficos pueden dar una idea de la interdependencia de los elementos y la estructura del sistema.



Reconoce que la estructura del sistema genera su comportamiento: Se enfoca sobre la estructura, no sobre la culpabilidad

Un pensador sistémico entiende que la culpa no es una práctica efectiva para dar lugar a cambios duraderos a un sistema complejo. Sino más bien, enfocarse en la estructura del sistema facilita un entendimiento de los resultados de un sistema. Un pensador sistémico entiende que para efectuar un cambio en un sistema debe usar el conocimiento acerca de la estructura del sistema.



Identifica la naturaleza circular de las complejas relaciones de causa efecto, por ejemplo, las interdependencias

Un pensador sistémico sabe que las relaciones de causa- efecto en sistemas dinámicos son más circulares que lineales. Las complejas relaciones de causa efecto incluyen retroalimentación equilibrada, en el cual el sistema trata de alcanzar y mantener un objetivo. (Por ejemplo, el sistema de calefacción en una casa o el control automático del acelerador). Puede ser una retroalimentación de refuerzo (positiva), que a mayor causa mayor es el efecto en el tiempo. Para aumentar el entendimiento de las relaciones de causa efecto, el pensador sistémico usa los diagramas causales, conexiones circulares y diagramas de nivel-flujo.



Cambia perspectivas

Para entender cómo trabaja realmente un sistema dinámico, el pensador sistémico observa al sistema desde diferentes y variados ángulos y desde diferentes puntos de vista, quizás en colaboración con otros.



Afina y prueba suposiciones

Un pensador sistémico examinará rigurosamente las suposiciones para llegar a un entendimiento en el interior del sistema. El entendimiento introduce el hecho de llevar a cabo mejoras en el rendimiento.



Examina un tema completamente y se resiste al impulso de llegar a una conclusión repentina

Un pensador sistémico es paciente. Le tomará tiempo entender la estructura del sistema y sus comportamientos antes de recomendar e implementar una serie de acciones. Un pensador sistémico también entiende que dejarse llevar por el impulso de una solución rápida puede crear más problemas en el largo plazo. Es consciente que la tensión creada cuando una solución no es inmediatamente implementada y es capaz de soportar esta tensión mientras desarrolla un entendimiento más profundo del sistema.



Considera como los modelos mentales (actitudes y creencias derivadas de la experiencia) afectan percepción la realidad actual y el futuro

Los modelos mentales son creencias y actitudes obtenidas a través de la experiencia que influyen en la forma de ver el mundo de las personas y la toma de acciones. Trabajar con un sistema dinámico requiere un pensador sistémico sea cuidadoso de como los modelos mentales afectan los resultados del sistema ahora y en el futuro.



Usa el entendimiento de las estructura del sistema para identificar posibles acciones de apalancamiento

Basado en el entendimiento de la estructura, interdependencias y retroalimentación en un sistema, el pensador sistémico implementa acciones de apalancamiento que produzca muy probablemente los resultados deseados. De acuerdo con Peter Senge (1990), el apalancamiento es “... ver dónde las acciones y cambios en la estructura puede conducir a mejoras significativas y perdurables”.



Considera las consecuencias a corto y largo plazo de las acciones

Antes de tomar acciones para cambiar el sistema dinámico, el pensador sistémico analiza los resultados a corto y largo plazo de la posible acción. Esta práctica incrementa la probabilidad de escoger la acción que produzca los resultados deseados.



Busca dónde emergen consecuencias inesperadas

Antes de cualquier acción sea tomada para cambiar las salidas de un sistema dinámico, el pensador sistémico usa estrategias comprobadas (por ejemplo arquetipos de sistemas o un modelo de dinámica de sistemas) para anticipar consecuencias inesperadas.



Reconoce el impacto de los retardos de tiempo cuando explora relaciones de causa efecto

El pensador sistémico reconoce que cuando una acción es tomada en un sistema dinámico complejo, el resultado de las acción puede no ser vista por algún tiempo. Un pensador sistémico tendrá en cuenta los impactos de los retardos que pueda tener el sistema.



Examina los resultados y cambia las acciones si es necesario: “aproximación sucesiva”

Por definición, un sistema dinámico está cambiando constantemente en el tiempo. Un pensador sistémico, en consecuencia, monitorea y evalúa el comportamiento del sistema y toma acciones cuando necesite asegurar que el sistema continúe para producir los resultados deseados.



Addendum

Busca analogías y metáforas derivadas de otros campos y disciplinas para comprender el funcionamiento de los sistemas

Un pensador sistémico usa el pensamiento para abstraer los hechos y considerar la estructura subyacente del sistema. Las analogías y las metáforas derivadas de sistemas semejantes (isomorfismos) son una buena fuente de inspiración para construir modelos cualitativos que expliquen la realidad y desarrollar modelos cuantitativos que anticipen el comportamiento del sistema. Un pensador sistémico está abierto a la interdisciplinariedad y la transdisciplinariedad.



Transforma los sistemas mediante la influencia sutil y profunda

La conciencia no es algo que esté confinado en cada una de nuestras cabezas. La conciencia es un sistema abierto, formado por el lenguaje, la sociedad y todas nuestras interrelaciones cotidianas. Cada uno de nosotros forma parte de la conciencia colectiva del mundo y los contenidos de esa conciencia se modifican constantemente por las influencias de cada uno de nosotros. Un pensador sistémico reconoce el potencial de cambio creativo de los procesos de retroalimentación, autoorganización, del “efecto mariposa” y de los “atractores extraños”.





Para saber más: Waters Foundation [inglés]

Habits of a Systems Thinker [inglés]

Hábitos del pensador sistémico [traducción de Gerald Velásquez Yantas]

Entrevista a la Directora de Waters Foundation [inglés]

Organizacion de Apoyo a la Fundación [inglés]

Catalina Foothills School District [inglés]

System Dynamics Society [inglés]