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24 de febrero de 2019

Al otro lado de la metodología: El trabajo del consultor visto desde sí mismo. Una experiencia personal

Con incontables proyectos de consultoría donde ha habido de todo, me lanzo a dejar por escrito esta reflexión. Si alguien tiene alguna sugerencia, adelante, en público o en privado: mejor partiendo de la experiencia personal, más en el cómo, amigo consultor, has procesado la información, cómo la has gestionado y que has experimentado en el proceso, como si te observaras a ti mismo, en un ejercicio de introspección.

La idea de esta reflexión en voz alta consiste esencialmente en modelizar las fases del proceso de consultoría desde el punto de vista de los procesos mentales del consultor y no tanto desde la metodología, sea cual sea que se utilice. Es por tanto una visión más psicológica (la parte sumergida, no visible, no verbal, subjetiva e íntima de lo que le ocurre al consultor) más que metodológica (la parte emergida, visible, verbal y pública de lo que le ocurre al proyecto).

Estas que describo a continuación serían las fases del modelo que he logrado identificar, que no son fases o etapas por las que haya que pasar como si de un proceso metodológico se tratase, del inicio al final de un proyecto. Son fases que, pienso, ocurren necesariamente, de forma natural, e intuyo, son de carácter universal. Por ejemplo, la fase de bipolaridad no sería deseable desde un punto de vista metodológico (es un estorbo) sin embargo “ocurre” dentro de la mente del consultor.

Vamos allá.

Inmersión o Carga (el consultor entra en contacto con la empresa u organización cliente) – Fase de entrada masiva de información, conceptos y procesos, sin llegar a comprender en su mayoría, donde la cantidad prima sobre la calidad y la tónica general es la desestructuración cuando aún no se dispone de criterios definidos para discriminar, estructurar y priorizar la información. Es la parte donde la metodología puede ayudar organizar los datos recibidos en el “sistema neurológico” del consultor (datos+estructura=información), pero a diferencia con el trabajo de un estudiante, que sí trabaja con datos estructurados, el consultor debe procurar hacer continuo “feed back” con el cliente, para verificar que ha comprendido los requisitos del cliente, los procesos de negocio y los objetivos del proyecto, en un continuo ir y venir hasta la completa asimilación de la información, los conceptos y procesos más críticos, la mayoría de los cuales están implícitos en el ADN de la organización o empresa, pues no siempre se cuenta con información explícita en forma de documentación accesible. En muchos casos este trabajo supone hacer “minería” en el sentido literal de la palabra: taladrar el suelo de los procesos visibles para obtener información relevante para el proyecto. Es importante en esta etapa que el consultor escriba, preferentemente en su portátil, para no perder tiempo posteriormente en la transcripción de lo escrito al tratamiento de textos, particularmente si no se tiene buena letra, siendo un método eficaz el explicarse los conceptos y procesos a uno mismo, sea escribiendo, haciendo esquemas, diagramas de flujo o hablando en voz alta: como afirman los pedagogos, cuantos más sentidos intervengan, más fácil será que la información relevante quede registrada para su aprendizaje.

Interiorización (hacer propios los datos y conceptos) – Comienza la fase de análisis y comprensión de la información para construir un modelo mental y después conceptual del sistema en estudio, un modelo que inicialmente tiene su base neurológica en el cerebro del consultor, que debe comenzar a construir las correspondientes relaciones y “sinapsis” entre los datos y conceptos “cargados” en su cerebro con el fin de encontrar semejanzas (isomorfismos) entre el mismo sistema (del sistema que parte y al que desea llegar) y otros sistemas (del proyecto en estudio y otros proyectos anteriores que pueden servir de guía). Hasta el paso anterior, el trabajo del consultor tiene cierta semejanza con el estudiante que se prepara para un examen o unas oposiciones, pero a partir de aquí nada tiene que ver, porque, así como el estudiante debe “reproducir” lo aprendido, el consultor debe “deconstruir” lo aprendido para “construir” un nuevo sistema, reorganizar los procesos a fin de hacerlos más efectivos (eficacia+eficiencia=efectividad) y en la mayoría de los casos proceder a su digitalización, transformación y evolución más allá de las limitaciones del sistema actual. En esta etapa es cuando la experiencia previa del consultor es de gran ayuda para acelerar, por similitud con otros proyectos, la comprensión del nuevo sistema. En esta etapa interviene una nueva habilidad que el consultor debe practicar continuamente, que a falta de mejor conceptualización llamaré la capacidad de transposición, tomándola prestada de la jerga legal de la Unión Europea. Consiste esencialmente en ser capaz de proyectar y aplicar correctamente los requerimientos del cliente en el nuevo sistema, de tal modo que la continuidad de los procesos de negocio primitivos quede asegurados, mejorados y ampliados en el nuevo sistema a diseñar, desarrollar e implantar. Esta capacidad es particularmente conveniente en la implantación de sistemas de información como los ERP, donde preexiste una funcionalidad estándar de base que conviene alterar lo menos posible y esto se logra con una correcta transposición: adaptando dinámica y creativamente los requerimientos a la funcionalidad y la funcionalidad a los requerimientos.

Bipolaridad (baile entre la claridad y la oscuridad, el orden y el caos) – No confundir con el trastorno bipolar (segunda acepción de la RAE). La bipolaridad entendida como un cierto proceso psicológico ambivalente en el consultor, donde se produce una cierta tensión entre orden y caos en el cerebro del consultor, como si estuviera en el centro de un arco voltaico, anda medio perdido entre lo que ha entendido y lo que no ha entendido del sistema en estudio, el análisis y la síntesis, lo que encaja y no encaja en el modelo conceptual del futuro sistema que está construyendo en su mente y prototipando en un sistema, sea conceptual o digital. Es la etapa más crítica y más difícil de sobrellevar. Es “la noche oscura” del consultor y sin embargo necesaria su transición para que el consultor madure su capacidad de resiliencia y adquiera destrezas en el manejo de la incertidumbre: no siempre se tiene toda la información y el conocimiento del sistema a prototipar, se encuentran fallos en el modelo conceptual, falta de datos y parámetros que no se había tenido en cuenta en la inmersión o el cliente no le había dado importancia (sucede a menudo que la cultura empresarial es “invisible” para el que vive en ella, como el pez en el agua, y sin embargo determina muchos “por qué” y “para qué” de los procesos que debe analizar el consultor) se encuentran callejones sin salida, se avanza y retrocede, etc. Es conveniente que esta etapa surja cuanto antes para evitar el problema del tener que partir de cero. Si esta etapa dura demasiado es síntoma de que falta información esencial o que el modelo que se intenta construir no encaja, no “fluye” con el sistema real porque parte de premisas equivocadas y tal vez conviene volver a una fase anterior.

Flow (entrar en flujo: se encuentra el camino para entender el sistema y proponer las adaptaciones, cambios y/o desarrollos) – En esta etapa existe una especie de Weltanschauung como se dice en alemán, o un insight como dicen los anglosajones, esto es, una visión completa del proyecto, donde se produce la síntesis del todo analizado, es decir, una Gestalt (el todo es diferente a la suma de las partes) y el momento más creativo, que suele terminar exitosamente con la plasmación escrita (o del código de software correspondiente) de la realidad entendida y las mejoras del sistema a entrar en producción y posteriormente a implantar. El Flow es fácil distinguirlo porque “todo fluye” armoniosamente en el trabajo sin obstáculo alguno y casi todas las preguntas tienen su respuesta en el nuevo modelo diseñado y aún mejor, hasta los procesos que no se habían analizado en detalle parecen encajar como un guante en el nuevo modelo. Cuando surge, el Flow es fácil identificarlo porque el consultor, literalmente, parece incansable, aunque esté horas y horas pegado al Word, el Excel o escribiendo código o presentaciones de PowerPoint. Puede ocurrir que el Flow sea de baja intensidad, en tal caso estaremos ante un trabajo algo más mecánico y mediocre: cuidado porque las metodologías al uso no suelen ayudar en esta fase de creatividad. Podemos seguir al pie de la letra la mecánica de la mejor metodología y no ayudarnos en nada en esta, una etapa que requiere de habilidades (curiosidad, creatividad, pensamiento sistémico, pensamiento lateral, visión periférica, escucha activa, etc.) que el consultor debe cuidar y desarrollar a lo largo de su vida profesional, siendo una habilidad clave el autoconocimiento para identificar los momentos de máxima concentración y energía mental. ¿Se puede acelerar la llegada a la fase de Flow? Pienso que sí, pero el único modo que conozco es superar la etapa de bipolaridad lo antes posible para que el consultor pueda ofrecer la mejor versión de sí mismo. Si la bipolaridad dura demasiado tiempo se puede entrar en un estancamiento del proyecto y un agotamiento mental del consultor.

Reseteo o Descarga (última etapa, el “olvido activo”) – El consultor, aunque trabaje en varios proyectos, tiene un solo cerebro y no debe saturarse con información que no sea necesaria una vez ha concluida la etapa de Flow. De hecho, es conveniente hacer un paréntesis entre fases Flow para abordar más creativamente los sucesivos proyectos, pues el Flow es el momento en el que las conexiones neuronales deben funcionar a pleno rendimiento. No obstante, antes de producirse el olvido voluntario, es vital que el consultor realice un último esfuerzo de síntesis, reflexione y escriba para sí mismo (el consultor es, sobre todo, una persona que estudia y escribe continuamente) las enseñanzas que le ha aportado el proyecto y las habilidades que necesitará reforzar para evitar en el futuro los errores que haya detectado. Al fin y al cabo, los consultores, por lo general, somos “aves de paso” y después de terminar un proyecto pasamos a otro sin solución de continuidad y por tanto se hace obligatorio una “parada técnica” para resetear ese mecanismo tan preciso como es el cerebro. Y, una vez terminada la fase Flow, hay que desconectar, preferentemente haciendo algo distinto, como practicar algún deporte, caminar y meditar para encarar los siguientes retos.

Que el Flow os acompañe.

24 de julio de 2016

Aforismos forecastianos

Siguiendo el hilo de los anteriores Aforismos Logísticos, me lanzo a reflexionar en voz alta sobre la gestión de las previsiones, el forecasting y el arte de pronosticar y planificar en general, a cuyas técnicas y procesos les tengo cierto aprecio. Posteriormente dedicaré algunos aforismos al arte de construir algoritmos, otra de mis debilidades.

Como ocurriera con los aforismos logísticos, estos no están estructurados y tampoco pretenden ser exhaustivos, aunque sí contienen cierta coherencia en el orden de presentación como no podía ser de otra forma. Y son también la síntesis entre el aprendizaje, la teoría y la práctica, de leer muchos datos y números e interpretarlos. O malinterpretarlos.

Por último, pero no menos importante, este opúsculo es también un pequeño homenaje al estupendo artículo lejano en el tiempo (1998) pero por el que no pasan los años: “Seven Keys to Better. Forecasting” de. Mark A. Moon, John T. Mentzer, Carlo D. Smith y Michael S. Garver. Como guía para forecasters no tiene igual. Abróchense los cinturones y disfruten de estos #AforismosForecastianos...

Pronosticar es como conducir: mirar hacia atrás y mirar adelante interprendo bien los datos.

Henri Poincaré: “It is far better to foresee even without certainty that not to foresee at all”. Sin un mínimo de previsión es como ir como pato sin cabeza...

Sherlock Holmes (Arthur Conan Doyle): “Mientras cada individuo puede ser un enigma insoluble, un conjunto de ellos se comporta con exactitud matemática”. Al forecaster le interesa el conjunto, no el detalle...

Pronosticar, hacer previsiones, no es un tema infor(mate)mático. El Forecasting no es un “programa” es (sobretodo) un “proceso”.

Confundir probabilidad y frecuencia es un error típico de principiante. Evítelo limitándose al análisis de los datos.

El Forecasting se aplica sobre lo sucedido para anticipar lo que puede suceder, no sobre lo no sucedido, aunque probable.

Stephen Jay Gould: “La mediana no es el mensaje”. En el Análisis de Datos y el Big Data hay que recordar estas cosas...

“A dos desviaciones típicas de la media” es una presunción de la desviación que tienen muchas previsiones. Para ese viaje...

Hacer Forecasting con distribuciones normales es aburrido... lo divertido comienza con distribuciones de larga cola.

La estadística sólo puede demostrar la existencia de asociaciones, tendencias y atractores, nunca su causalidad.

El análisis de afinidad (co-ocurrencia de tendencias) puede aportar alguna luz para encontrar atractores ocultos.

Para el forecaster lo importante es conocer la tendencia, no la inalcanzable exactitud de la previsión ni su causalidad.

No se puede luchar contra las tendencias, pero sí entenderlas, identificar su atractor y hacer cosas nuevas para influirlas. Recuerden la explicación de Albert Einstein a la recurrencia de los resultados indeseados: “Locura es hacer lo mismo una vez tras otra y esperar resultados diferentes”.

Lao Tsé: “Aquellos que tienen el conocimiento no predicen. Quienes predicen no tienen el conocimiento”. Por si había alguna duda...

Niels Bohr: “Hacer predicciones es muy difícil, especialmente cuando se trata del futuro”. Por si alguien pensaba que se trataba de otra cosa...

Fritz Roethlisberger: “Casi todo el mundo ve el futuro como el fin y el presente como el medio, cuando en realidad el presente es el fin y el futuro el medio”. No es un juego de palabras, sino la materia prima de todo forecaster...

Woody Allen: “Me interesa el futuro porque es el sitio donde voy a pasar el resto de mi vida”. Por si había alguna duda y 2...

Anónimo: “Un buen forecaster no es más listo que los demás, simplemente tiene su ignorancia mejor organizada”. No se trata de adivinar ante una bola de cristal sino de estructurar bien la información...

Edgar R. Fiedler: “If you have to forecast, forecast often”. También valdría ‘Dar cera, pulir cera’ del Sr. Miyagi... la práctica hace maestros...

Confundir previsiones, planificación y metas es otro error típico. Las metas derivan de la visión, la previsión del análisis de los datos y la planificación de ambas.

La demanda se pronostica, el suministro se planifica.

Just in case, just in time, just in forecast, es la progresión que determina la madurez de un sistema de planificación.

Carlo Dossi: “La mitad de la vida es deseo, y la otra mitad insatisfacción”. La demanda insatisfecha aporta muchísima más información que la satisfecha...

Tener en cuenta la demanda insatisfecha en el pasado es una prioridad del forecaster. No hacerlo es como ver con un solo ojo.

El Forecasting no es un coto privado de “cuánticos” sino una tarea colaborativa entre todas las áreas de la organización.

Hay que evitar islas de análisis de datos. El Forecasting es una función estratégica: afecta a todos los departamentos.

¿Herramientas? con prudencia. El Forecasting es un arte: hay que saber integrar los métodos cuantitativos y los cualitativos.

¿Conocemos el coste de obtener la información? El coste marginal de obtener un byte más de información puede ser prohibitivo.

Una previsión débil puede tener consecuencias financieras, mientras que una buena previsión puede ser un éxito.

Equívocos: “cuánticos” que no saben qué hacer con sus previsiones y gestores que no conocen las técnicas más importantes.

Debemos establecer métricas multidimensionales para conocer si mejoramos o no como organización en las previsiones.

Se deben revisar las desviaciones en equipo: conocer los errores y su origen para mejorar.

Las herramientas de análisis de desviaciones deben ser sencillas, pero potentes y confiables.

Nadie conoce el futuro... y sin embargo el futuro es en gran medida el resultado de las decisiones del presente.

No podemos prever los “cisnes negros” pero sí su impacto. ¿Qué pasa si ocurre lo altamente improbable? ¿estamos preparados?

“Nunca llegaremos a conocer lo desconocido ya que, por definición, es desconocido. Sin embargo, siempre podemos imaginar cómo podría afectarnos. Es decir, las probabilidades de los “cisnes negros” no son computables, pero sí podemos tener una idea muy clara de sus consecuencias…”. Nassim N. Taleb.

François-Marie Arouet (Voltaire): “Lo perfecto es enemigo de lo bueno”. Tener la última novedad en herramientas de forecasting está muy bien, pero siempre que los usuarios comprendan y asimilen su funcionamiento. De lo contrario, volverán a sus hojas Excel...

Las personas desconfiamos de lo que no entendemos. Nuestra seguridad no es suficiente para convencer de las bondades de nuestro forecast.

Tom Peters: “No se puede vivir sin goma de borrar”. El Forecasting es una herramienta y un proceso que nos ayuda a regresar del futuro para corregir el presente...

Albert Einstein: “La única cosa realmente valiosa es la intuición”. La meta del Forecasting no es otra que aumentar nuestra intuición sobre el comportamiento de la demanda...

Y sí, por supuesto: nuestro cerebro (colectivo) es el mejor forecaster.


Para saber más: Forecasting en Wikipedia (inglés)

Para saber más: Seven Keys to Better Forecasting (inglés)


12 de abril de 2014

¿Están las empresas preparadas para un mundo interactivo?

A la atención de Correos Express.

Buenos días, ayer y anteayer han pasado por mi domicilio para entregar un envío desde la empresa ORANGE, pero yo ni nadie de mi familia estaba.

Ayer, anteayer y hoy he intentado en vano contactar con ustedes a varios números de teléfono no gratuito (902) que me han facilitado, pero sin éxito, pues todos sus agentes estaban ocupados. He realizado varias llamadas con una espera media de 10 minutos. Imposible contactar y menos a ese coste.

Por otra parte también he intentado comunicarme vía la página web, indicando las referencias que me han dado: 200214xxxx. El código de envío: 142356246535xxxx y el Aviso de Paso de las dos entregas fallidas: (1) 7692xxxx y (2) 7692xxxx. Mi código postal es 46xxx. Sin embargo tampoco hay posibilidad de realimentación vía web para indicarles el mejor día/hora para la entrega pues no dejan un correo electrónico para comunicarles cuando voy a estar ni ustedes tampoco se han puesto en comunicación con el teléfono de contacto que dejé a la compañía ORANGE.

Sólo me dejan este formulario de contacto para sugerencias y quejas, pero así tampoco se resuelve un problema que no es de in-formación sino de co-municación, esto es, que el flujo de in-formación funcione en las dos direcciones. No sé si sus altos directivos son conscientes de este matiz, un matiz que en la era de la comunicación universal, interactiva y en tiempo real lo es todo. Y si sus altos directivos no lo entienden, que se pongan en contacto conmigo y les explicaré como resolver el problema.

Por todo ello, desisto de co-municarme con ustedes.

Mi diagnóstico es sencillamente que no funciona la co-municación hacia ustedes, y así es imposible coordinar la entrega. Sólo en el hipotético caso de que siempre hubiera alguien en casa (algo impensable hoy en día) funcionaría su sistema de entregas. Pienso que haciendo un simple cambio en su sistema de entregas de tal modo que permitiera coordinar la entrega con el destinatario se ahorrarían muchas entregas fallidas con el consiguiente coste de combustible, desplazamientos y tiempo de sus trabajadores.

Mi teléfono es el 6xx-04xxxx y mi correo electrónico es josemonzomarco@xxxx.com

Cuando tengan a bien, ya saben donde localizarme. Gracias.



1 de mayo de 2012

Innovar: de Darwin al buyer's market

En las islas Galápagos (Ecuador) donde realizó sus conocidas investigaciones el padre de la teoría de la Evolución, Charles Darwin, se encuentra una isla llamada Daphne Mayor. Esta isla es de origen volcánico y como tal es un entorno muy hostil para los seres vivos. En las islas Galápagos existen 14 variedades de aves conocidas como pinzón de Darwin y por lo general se distinguen por su fuente de alimentación. En esta isla de recursos muy limitados se realizó un estudio intensivo de los pinzones de Darwin llevada a cabo por los biólogos Peter y Rosemary Grant en un período de 20 años que estudiaron el comportamiento y los ciclos de vida de los pinzones, y con los resultados apoyaron firmemente la teoría de Darwin sobre la evolución.

Del total de variedades estudiadas, hay una en concreto que resulta significativa: Geospiza scandens que se alimenta del cactus del género Opuntia. Dentro de esta variedad de pinzones, los biólogos encontraron dos comportamientos distintos, a saber: la mayoría de pinzones Geospiza scandens iban al amanecer a alimentarse de las semillas de este cactus, aprovechando que la influencia del sol abría la flor. En este contexto, un reducido grupo de Geospiza scandens había “aprendido” a acudir antes de la salida del sol y abrir los pétalos de la flor para alcanzar las semillas, esto es, sin esperar a la apertura de la misma por el “mecanismo natural” de la apertura por la influencia solar. Si hubiera que sintetizar en un concepto que significa innovación nada mejor que esta metáfora evolutiva de esta variedad de Geospiza scandens.

Pues bien, llevando la metáfora al ámbito económico, es evidente que el entorno económico, empresarial ha cambiado. El entorno económico es hostil. Tal vez no tanto como en una isla volcánica, pero sin duda ya no estamos en un boom propiciado por el “dinero fácil” y el “crédito sin límite” por el empuje del sector inmobiliario y financiero. La crisis financiera primero y económica después nos muestra una evolución del mercado. Los gurús del Marketing llaman a esta situación la transición desde un mercado de demanda (seller’s market en inglés) a un mercado de oferta (buyer’s market en inglés). Cuando el dinero escasea, el poder pasa del vendedor al comprador, de ahí que el término inglés ejemplifica mejor la situación (mercado de vendedores vs. mercado de compradores). Esto no es caprichoso ni obedece a una moda, hay poderosas fuerzas sistémicas detrás de esta transición a un mercado de oferta y que en otros post he comentado bajo el epígrafe de crisis sistémica. Y tiene consecuencias importantes para las empresas que estaban acostumbradas a que “el sol del crédito fácil abriera la flor de las oportunidades”. Por tanto, si la innovación era un “mal necesario” en un mercado de demanda, en un mercado de oferta la innovación es la clave de la supervivencia.

Así, mientras en un mercado de demanda existe un importante mercado potencial que parece infinito, en un mercado de oferta ocurre un fenómeno de exceso de competencia y escasea la demanda solvente. En un mercado de demanda parece que las empresas nunca son suficientes para atender la demanda, en un mercado de oferta, los productos o servicios ofertados superan con creces a las necesidades de los clientes. Por otra parte, en un mercado de demanda las ventas se centran a menudo en las necesidades de la empresa vendedora, mientras en un mercado de oferta la venta se debe centrar en las necesidades del comprador en lo que se conoce como una venta consultiva. También en un mercado de demanda la venta se preocupa de convertir el producto o servicio en efectivo, esto es, en “monetizar” cuanto antes el proceso de venta, mientras que en un mercado de oferta el foco de la preocupación se encuentra en satisfacer las necesidades del cliente por medio del producto o servicio, dado que la “monetización” vendrá por añadidura tras el éxito y/o reputación en la capacidad de satisfacer las necesidades de los clientes. Por último, el lenguaje también es deudor del tipo de mercado al que se atiende, marcado por las cantidades y descuentos por volumen en un mercado de demanda, o marcado por el lenguaje de la diferenciación y calidad/precio en el mercado de oferta.


En este contexto de cambio de mercado, será necesario desaprender algunas actitudes típicamente arraigadas que proceden de un mercado de demanda y aprender otras de acuerdo a las necesidades emergentes de un mercado de oferta. Así pues, pasar de la fácil repetición a la dura innovación de sorprender al cliente; del “pensamiento único” de la homogeneidad al “pensamiento multilateral” de la diversidad; del lenguaje de los privilegios al de las competencias; del vender al satisfacer; de las rigideces corporeizadas en organigramas obsoletos a la fidelización y el empowerment; de imponer fronteras entre departamentos a generar confianza en el equipo; de la burocracia a la simplificación de los procesos; de silenciar las quejas de clientes y empleados a gestionar redes sociales ante la evidencia de que hoy en día en nuestra sociedad hipercomunicada, las empresas y organizaciones, todas, tienen el “techo de cristal”; del lenguaje de “la nómina la paga la empresa” al lenguaje de “la nómina la pagan los clientes”; del reverencial “el jefe es el jefe” a considerar al cliente como único jefe al que atender; de la comodidad de dar instrucciones, al difícil arte de liderar y de considerar que únicamente se compite con productos y servicios a valorar que en realidad lo que está en juego es la competencia entre modelos empresariales y de organización.


¿Y todo esto cómo se hace?. Con el lenguaje de la innovación, aprendiendo a innovar e innovando en una “explosión de creatividad e innovación”, donde previamente se habrán dado las condiciones para que la organización pueda innovar, eliminando las trabas y limitaciones que constriñen la búsqueda de ideas, la creatividad y la innovación, como hemos aprendido de nuestro amigo el pájaro pinzón Geospiza scandens que no espera a que el sol le abra la flor sino que madruga antes que nadie para abrirla.

8 de enero de 2012

Comunicar en tiempos difíciles

Una de las consecuencias directas de la actual crisis económica en las organizaciones es la necesidad de incrementar la comunicación efectiva, la transparencia y la confianza a fin de lograr el compromiso para superar la crisis sincronizando esfuerzos y voluntades de los miembros de la organización, sea esta una familia, una empresa, un municipio o un país. Sin embargo, en muchas ocasiones y fruto de una cultura de control de la información fuertemente arraigada en las organizaciones jerarquizadas, la comunicación efectiva y de calidad no es una tarea fácil. Cuando “todo va bien”, la comunicación es fácil y fluida en este tipo de organizaciones, pero cuando las cosas “ya no van tan bien”, la comunicación se torna una carrera de obstáculos.

En un primer análisis, tal vez uno de los mayores enemigos de la comunicación en el contexto de crisis sea que las organizaciones están más preparadas para gestionar la bonanza que la crisis. Esto es lógico porque los seres humanos que formamos parte de las organizaciones estamos mejor adaptados para el éxito, nos motiva más el logro que el fracaso: como decía John F. Kennedy: “El éxito tiene muchos padres, pero el fracaso es huérfano”.

Así, gestionar la comunicación en tiempos de crisis no es una tarea fácil, no obstante es quizá la tarea directiva por excelencia, indelegable que comporta una mayor importancia, urgencia y responsabilidad precisamente en tiempos de crisis. Comunicar buenas noticias lo hace cualquiera: para lo contrario no todo el mundo estamos preparados.

Profundizando en la estructura sistémica de la comunicación en las organizaciones, encontramos que uno de los mayores retos a los que se enfrentan las organizaciones al abordar una comunicación de calidad es crear un clima de confianza. La confianza es difícil de definir, pero fácil de percibir su ausencia: sentirse incómodo, amenazado, emocionalmente bloqueado, no mostrarse vulnerable son algunas de las pistas de la no-confianza con un común denominador: el miedo. Soy de los que piensan con Pilar Jericó, autora de NoMiedo, que: “El miedo nos impide tomar decisiones y ser creativos, nos sumerge en la inseguridad e impide el desarrollo de nuestro potencial”.

El miedo en general y particularmente “el miedo al qué dirán” es uno de los mayores obstáculos para la comunicación. El miedo es también el que está detrás del fenómeno de manipulación conocido en las organizaciones como “decir al jefe lo que quiere escuchar”. El miedo es lo que nos motiva en muchas ocasiones a “movernos junto a la manada”, no mostrarse diferentes, huir del conflicto, evitar estar en desacuerdo, el absentismo psicológico, mantener un perfil bajo o simplemente “ponerse de perfil”. Finalmente el miedo es también el responsable de la falta de compromiso con la verdad, el no decir las cosas tal como las sentimos, sin filtros.

Frente al miedo como mayor obstáculo para la comunicación se puede oponer el compromiso directivo por una comunicación ascendente y descendente de calidad, sabiendo que sin la necesaria coherencia entre palabras y hechos, entre continente y contenido, la comunicación pierde credibilidad y ahuyenta el talento de la organización, sin olvidar que en muchas ocasiones se incurre inconscientemente en mensajes contradictorios, generadores de paradojas comunicacionales o de “doble vínculo” como las descritas acertadamente por Gregory Bateson, que dejan a las organizaciones en estado de atenazamiento y rigidez, lejos por tanto de la necesaria fluidez comunicativa y creatividad que requieren las organizaciones para responder a las situaciones difíciles.

Si las organizaciones necesitan como el respirar que todos sus miembros se alineen y comprometan su tiempo y energía con los objetivos de la organización, hoy más que nunca en estos tiempos difíciles, de exceso de canales de información pero de escasa comunicación interpersonal, es esencial que los directivos se comprometan igualmente en un ejercicio de apertura a comunicar cara a cara, con calidad, honestidad y transparencia sobre cómo afecta la crisis a la organización, cómo se le va a hacer frente a la situación y qué decisiones y cambios se van a plasmar para salir de la crisis. No hacerlo, evitar la comunicación es dar pábulo al rumor, que no es más que la respuesta informal a las situaciones de incertidumbre por falta de decisión e información directiva, pues, como diría Paul Watzlawick: “Es imposible no comunicar: toda conducta es comunicación”. Terminar o reducir el rumor está en manos de la función directiva: basta con comprometerse a una comunicación de calidad, una comunicación que contemple la información de malas noticias como una oportunidad para el aprendizaje colectivo, una comunicación abierta y fluida que ahuyente el escepticismo y la ansiedad frente al cambio, sin olvidar que la clave de la motivación humana se encuentra en la creación de una visión compartida donde la comunicación lo es todo.

Sobre la gestión de la comunicación en las organizaciones se ha investigado y publicado muchísimo en el ámbito del Management, de la Psicología Organizacional, la Psicoterapia, la Sociología, la Publicidad, la Teoría de la Información, etc. Uno de los ensayos que para mí más y mejor ejemplifica y resume los problemas de la comunicación en las organizaciones se encuentra en la fábula de “La Morsa Mal Informada” escrita por la profesora Barbara McCain de la Oklahoma City University The Poorly Informed Walrus [inglés]. Sin más os dejo con esta fábula que se explica por sí misma.

La Morsa Mal Informada

“¿Cómo van las cosas allá abajo?”, gritó el jefe morsa desde su cetro en la roca más alta cerca de la orilla desde donde esperó las buenas noticias.

Abajo, las morsas pequeñas se consultaban precipitadamente. Las cosas no iban del todo bien, pero ninguna quería darle las malas noticias al viejo. El jefe morsa era el más grande y sabio de la manada; conocía su negocio, pero tenía un temperamento tan terrible que a todas las morsas las aterraba con su grito feroz.

“¿Qué le diremos?”, musitó Basil, la morsa que ocupaba el segundo lugar en jerarquía. Recordaba muy bien cómo el viejo había bramado y despotricado frente a él la vez anterior que no había logrado atrapar su cuota de arenques, y no deseaba pasar nuevamente por esa experiencia.

No obstante, la morsa observó durante varias semanas que el nivel del agua en la bahía del Ártico había estado bajando constantemente y que ahora era necesario viajar mucho más lejos para atrapar el aprovisionamiento de arenques que menguaba.

Alguien debía decírselo al viejo; probablemente él sabría qué hacer. ¿Pero quién lo haría?. ¿Y cómo?.

Finalmente Basil dijo: “Las cosas marchan muy bien, jefe.”. Pensar que el nivel del agua estaba bajando hacía que su corazón latiera más fuerte, pero agregó: “De hecho, parece que la playa se está haciendo más larga”.

El viejo gruñó. “Bien, bien”, dijo. “Eso nos dará un poco más de espacio”. Cerró sus ojos y siguió asoleándose.

El siguiente día trajo más problemas. Una nueva manada de morsas descendió a la playa y con el aprovisionamiento mermado de arenques, esta invasión podría ser peligrosa. Nadie quería decírselo al viejo, a pesar de que solamente él podría tomar las medidas necesarias para enfrentar esa nueva competencia.

A regañadientes, Basil se acercó a la gran morsa, que seguía asoleándose en la roca grande. Después de una breve plática, dijo: “Ah, por cierto jefe, parece que una nueva manada de morsas está ocupando nuestro territorio”.

Los ojos del viejo se abrieron enormes y llenó sus grandes pulmones preparándose para un bramido extraordinario, pero Basil añadió rápidamente: “Por supuesto, creemos que no habrá ningún problema. Me parece que no comen arenques. Probablemente están más interesados en los peces pequeños y, como usted sabe, nosotros no comemos esa clase de peces”.

El viejo soltó el aire dando un suspiro de alivio. “Bien, bien”, dijo, “entonces no hay por qué enojarse ¿verdad?”.

Las cosas empeoraron en las siguientes semanas. Un día asomándose desde la gran roca, el viejo se dio cuenta de que aparentemente se había perdido parte de la manada. Mandó llamar a Basil y gruñó malhumorado: “Qué está pasando Basil?, ¿Dónde están todos?”.

El pobre Basil no tuvo el coraje para decirle que cada día muchas de las morsas jóvenes se unían a otra manada. Aclarando su garganta nerviosamente dijo: “Bueno, jefe, hemos tenido unas pocas dificultades. Usted sabe, nos hemos estado deshaciendo de los malos elementos. Después de todo, una manada solamente es tan buena como lo son las morsas que la integran”.

“Dirige con mano dura, siempre lo he dicho”, gruñó el viejo. “Me alegra escuchar que todo va tan bien”.

Pronto todos se fueron y se unieron a la nueva manada, a excepción de Basil; éste se dio cuenta de que había llegado el momento de decirle la verdad al viejo. Aterrorizado pero determinado a hacerlo, aleteó hacia la gran roca. “Jefe”, dijo, “tengo malas noticias. El resto de la manada lo ha abandonado”.

El jefe morsa estaba tan sorprendido que ni siquiera pudo emitir un buen bramido “¿Me abandonaron?”, gritó, “¿todos?, ¿Pero por qué? ¿Cómo pudo pasar esto?”. Basil no tuvo corazón para decírselo, por lo que simplemente encogió los hombros con impotencia.

“No lo entiendo”, dijo el viejo, “y justo ahora que todo iba tan bien.”



25 de octubre de 2008

Amplificando la desviación positiva

Desviación PositivaEl problema de la desnutrición infantil en zonas castigadas por la guerra, la pobreza o los desastres naturales está ampliamente documentado en el ámbito de la cooperación internacional (ONU, UNICEF, etc.) usando la metodología convencional al uso, típicamente cartesiana, lineal, intervencionista, reduccionista amén de burocrática, de modo que con tal enfoque la desnutrición infantil se ha considerado históricamente un problema irresoluble.

La “sabiduría convencional” acerca de este problema suele estar en lo cierto en lo que respecta a los aspectos estructurales del problema: falta de acceso al agua limpia y a servicios sanitarios, recursos alimenticios inadecuados, pobreza, bajos niveles educativos y escaso conocimiento de la nutrición infantil. Si a esto añadimos una deficiente atención sanitaria, unas condiciones de vida poco higiénicas, los tabúes sobre el control de la natalidad y la baja posición social de las mujeres, el bucle parece cerrarse sobre sí mismo con un carácter definitivo. Pero, una vez más y como sucede en muchas ocasiones cuando se trata de intervenir en sistemas complejos, el problema no está en el “diagnóstico” sino en la “solución”: no es el qué sino el cómo. De esto trata precisamente la “amplificación de la desviación positiva”: no basta con tener claras las causas y el estado final deseado, es necesario sobretodo hacer foco en los medios, respetando la inteligencia y las capacidades del medio humano intervenido, sin descuidar el compromiso y la sostenibilidad a largo plazo de la “solución”.

Durante décadas, la “solución” más habitual para la desnutrición infantil pasaba por las inyecciones masivas (casi siempre en forma de bombardeo de alimentos) de comida adicional o por los intentos de abordar los problemas antes citados de manera simultánea y masiva. Además de costoso y entrometido, este método dirigido por “expertos en desarrollo” era por lo general insostenible porque mientras los “expertos” estaban físicamente en las aldeas afectadas las cosas parecían mejorar, pero tan pronto se marchaban las cosas empeoraban por el “efecto dependencia” generado indirectamente por el modelo de intervención dominante. Al cancelarse o agotarse los recursos externos, algo que siempre termina ocurriendo, las aldeas volvían a caer en la situación inicial de desamparo. ¿Quién no recuerda los envíos masivos de alimentos de las mediáticas campañas en África promovidas por el cantante Bob Geldof?. ¿Quién se acuerda ahora de esas aldeas sumidas en la pobreza y la desnutrición?.

Tras la guerra de Vietnam, gran cantidad de niños de las zonas más pobres padecían altos niveles de desnutrición. Las perspectivas de paliar este problema eran pesimistas para las organizaciones internacionales que acudían en su ayuda. En 1990, la organización “Save the Children” pidió a Monique y a Jerry Sternin que fuesen a Hanoi a probar nuevas ideas para ayudar a las comunidades necesitadas a paliar la desnutrición infantil. Los Sternin probaron un modelo basado en la “teoría de los sistemas vivos” (“Living Systems Theory” o LST del biológo teórico James Grier Miller que comentaré más adelante en otro post) llamado “amplificación de la desviación positiva” (también traducido como “anomalía positiva” en algunos textos) que había sido desarrollado por Marian Zeitlin en la Friedman School of Nutrition Science and Policy de la Universidad de Tufts a finales de los años 80's. En aquellos tiempos, Zeitlin estaba haciendo una investigación en los hospitales infantiles para averiguar por qué un pequeño puñado de niños desnutridos (los “desviados”) se recuperaban más rápidamente que la mayoría. De esta investigación surgió la idea de “amplificación de la desviación positiva” una teoría que los Sternin pusieron a prueba en Vietnam.

La idea fuerza de la “amplificación de la desviación positiva” es no imponer una solución (nutricional) desde fuera, sino que se basa en ayudar respetuosamente a la evolución de las comunidades desde dentro identificando a los niños que son los “más nutricionalmente aptos” (es decir, los “positivamente anómalos”) y extender a toda la comunidad una solución que ya está funcionando dentro de ella. Es decir, en lugar de llegar como “expertos con respuestas”, el equipo liderado por Jerry Sternin y su esposa Monique llegaron a Vietnam como “catalizadores con preguntas”, dispuestos a sacar partido de la sabiduría subyacente y los recursos latentes de cada comunidad.

Tras elegir cuatro de las aldeas más pobres, el equipo de trabajo en el que también había vietnamitas, trabajó junto con los habitantes de las aldeas para pesar a los niños y registrar su nivel nutricional para identificar así a los “desviados positivamente”, es decir, niños de familias muy pobres que, según la lógica económica, debían de estar desnutridos pero que no lo estaban. Con este diseño se pretendía descubrir aquello que ya estaba funcionando contra toda lógica en lugar de planear una solución basada en una fórmula externa.

Con este modelo aplicado en Vietnam por el equipo de los Sternin, cada comunidad tomaba conciencia de su sabiduría latente sobre nutrición y el cuidado de los niños. De este modo la investigación ayudaba a la comunidad a descubrir prácticas nutricionales “positivamente desviadas” (es decir, no convencionales o insólitas desde el punto de vista del promedio) que funcionaban bien para ponerlas a disposición de todos. Por supuesto las respuestas estaban dentro de las comunidades con “desviaciones positivas”.

El equipo de los Sternin descubrió que las familias con niños “desviados positivamente” complementaban la dieta basada en el arroz de sus hijos con langostinos y cangrejos de agua dulce que podían pescar en los ríos sin tener que comprarlos y con hojas de patata dulce, muy ricas en vitaminas. Además daban de comer a sus hijos con mayor frecuencia. Pertrechados con este descubrimiento, los miembros del equipo buscaron otras aldeas para intentar que analizasen los hábitos de alimentación de sus hijos. Las aldeas organizaron seminarios para las madres donde se pedía a las asistentes que trajesen un puñado de langostinos, cangrejos y hojas de patata dulce en pago por la participación. “Save the Children” aportaba a cada participante proteínas adicionales (un huevo o un poco de tofu o queso de soja) y un poco de aceite.

A los seis meses, más de dos tercios de los niños habían engordado. En veinticuatro meses, el 85% de los niños de las cuatro aldeas seleccionadas se encontraba en una situación nutricional aceptable y ya no estaban clínicamente desnutridos. Durante este periodo se establecieron nuevos métodos de recolección y consumo de alimentos. Debido a su aceptación y a su éxito, el concepto se amplió para dar cabida a otras dieciséis aldeas. En cinco años desde el inicio del programa impulsado por “Save the Children”, el gobierno de Vietnam adoptó el modelo de la “amplificación de la desviación positiva” como modelo nutricional nacional y desde entonces se ha implantado con éxito en todo el país.

El concepto se extendió en consonancia con su filosofía de descubrir soluciones “desviadas positivamente” en cada zona, un método muy diferente de la difusión generalizada de las “prácticas óptimas” diseñadas mediante ingeniería social. Esta es una característica que define claramente la “amplificación de la desviación positiva” frente a otras metodologías de intervención, es decir, la “amplificación de la desviación positiva” va “de adentro hacia fuera” en vez “de afuera hacia dentro”. Parafraseando a la inversa el slogan de una famosa serie de TV, en la “amplificación de la desviación positiva” la “verdad está ahí dentro”.

Desde la perspectiva de la “teoría de los sistemas complejos adaptativos” del Instituto de Santa Fe (impulsado en 1984 entre otros por el premio Nobel de física Murray Gell-Mann) este caso de éxito puede analizarse en base a tres características clave en la intervención en sistemas vivos, se trate de personas, comunidades u organizaciones: Diseñar, no planificar. Descubrir, no dictar. Descifrar, no presuponer. Veamos.

Diseñar, no planificar

Antes del experimento de Vietnam, casi todos los programas de desarrollo destinados a atajar la desnutrición compartían la idea de que los “expertos” por sí solos (usando únicamente el análisis reduccionista para identificar los factores responsables de las deficiencias alimenticias) habrían planificado el problema y la respuesta. En consecuencia, llegaban al campo de operaciones con una “plantilla de prescripciones” e instrucciones que imponían como remedio para la situación. Ciertamente ni su fundamento analítico ni su diagnóstico eran erróneos. Los factores económicos, la calidad del agua, la educación, la asistencia sanitaria, el control de la natalidad y la función de las mujeres eran factores que contribuían al denominado “problema insoluble” y que había que abordar para que la situación resultase sostenible a largo plazo. Sin embargo, las intervenciones que proponían los expertos eran a menudo políticamente objetables o económicamente insostenibles. Tal vez sea posible eliminar la desnutrición con un ataque generalizado a los factores que la originan. Pero tales soluciones son con frecuencia caras, se encuentran con la oposición de las comunidades afectadas y, como ya he anticipado antes, se deterioran una vez que disminuye la intervención externa (recordemos las campañas de envío de alimentos a Africa impulsadas entre otros por los cantantes Bob Geldof y Bono de U2). Como dice Jerry Sternin, “toda esa sabiduría convencional es TBU: cierta, pero inútil” (TBU: true but useless).


Por el contrario, el “diseño” de intervención de los Sternin y su equipo de “Save the Children” es más parecido a la interpretación de un arquitecto que a los planos de un ingeniero social. El modelo de los Sternin dejó una huella muy leve en la vida de la aldea: no se generó ese “efecto dependencia” tan pernicioso en las intervenciones basadas en el enfoque convencional de ayuda masiva. Trabajando con mujeres vietnamitas de la propia aldea y con sus dirigentes, no hicieron más que entablar una conversación. Como relatan los Sternin: “¿Había algún niño demasiado delgado?. ¿Estarían interesadas las madres en que pesaran a sus hijos?. ¿Qué comen estos niños que tienen ese aspecto saludable?”. Estas prolongadas conversaciones necesitaron muchas visitas y muchas horas pero resultaban absolutamente necesarias porque el modelo exigía la comprensión, la implicación y el apoyo de las comunidades locales. En contraste con la intervención dirigida desde fuera por expertos, el modelo de la “amplificación de la desviación positiva” da una sensación de baile y cortejo, no de marcha e invasión como nos recuerdan las campañas de “Save Africa”. El éxito de este modelo radica en demostrar que es posible encontrar soluciones exitosas antes de abordar todas las causas fundamentales de los problemas.

Me detengo en dos elementos clave en este modelo: primero, el respeto hacia la inteligencia y las capacidades que residen dentro de la comunidad humana intervenida y, segundo, la alianza y compromiso con la comunidad. Además, lo interesante de este modelo es que puede aplicarse a otros tipos de cambio. Por ejemplo, los Sternin consiguieron aplicar el modelo de la “amplificación de la desviación positiva” para aumentar el nivel educativo de las niñas en Egipto. Igualmente, las aplicaciones organizativas y empresariales de los modelos basados en la “amplificación de la desviación positiva” tienen un gran potencial para realizar cambios de gran alcance con asombrosa facilidad (ver enlaces al final), así, desde finales de los años 90's Jerry Sternin, Richard Pascale y otros como Joan Richardson cuya obra “From the Inside Out” encabeza este post han trasplantado con éxito la “amplificación de la desviación positiva” desde el ámbito de la nutrición y educación infantil y el desarrollo de comunidades a la gestión de cambio en el entorno empresarial y organizacional.

Descubrir, no dictar

Como hemos visto, Jerry Sternin y su equipo no llegaron con una plantilla prescriptiva con la “solución llave en mano” sino que aprovecharon el conocimiento que ya existía y lo hicieron visible y socialmente aceptable. Una investigación así demanda un auténtico aprendizaje en ambas direcciones (interventores e intervenidos) algo crucial para el aprovechamiento de la “amplificación de la desviación positiva”.


A los dos años de iniciarse las primeras pruebas de campo en cuatro poblados, los resultados vinieron a confirmar un gran avance. Al iniciarse el proyecto, casi la mitad de los 3.000 niños de las cuatro aldeas estaban desnutridos. Veinticuatro meses después, el 85% de ellos se encontraban dentro de los límites normales para su grupo de edad.

Una tendencia natural ante un éxito como ése habría sido implantar esta solución en todo el país. Los resultados parecían justificar la imposición de una dieta de langostinos, cangrejos y verduras silvestres a todos los niños del país que pesasen menos de lo normal. Pero un método así negaría el proceso de descubrimiento y es la antítesis del principio central de la “amplificación de la desviación positiva”: La sabiduría para resolver problemas existe y hay que descubrirla dentro de cada comunidad. Cada comunidad individual es más propensa a aceptar e implantar su propia respuesta antes que una externa impuesta. Cierto, un método de optimización puede imponer una solución más rápida (y a veces una solución “mejor”) pero siempre a costa de debilitar el “empowerment” (potenciación o empoderamiento de las personas en una comunidad u organización) y el sentimiento de la propiedad y responsabilidad de la solución. Dictar las respuestas, pese a las buenas intenciones y a las buenas maneras con que se haga, usurpa la responsabilidad de la comunidad. También se asume en muchas ocasiones, erróneamente, que ser un “experto” da licencia para inmiscuirse en otras culturas y costumbres. Una actitud de descubrimiento exige humildad e intención de aprender lo desconocido, no una reafirmación de lo que ya se sabe.

Como cabía esperar, los suplementos alimenticios de los “desviados positivamente” y las prácticas de atención a los niños eran diferentes en una aldea y en otra. El propio nivel de implicación y apoyo local derivó en dejar que cada aldea fuese su propio experto. Algunas aldeas no tenían cangrejos de río ni hojas de patata dulce silvestre, sino que aprovechaban las semillas de sésamos, los cacahuetes y el pescado seco.

Este factor, más que el hecho de tener la “respuesta correcta”, desembocó en la rápida cascada de programas, una amplificación positiva para el tratamiento de la desnutrición en otras dieciséis aldeas y posteriormente en todo Vietnam.

Descifrar, no presuponer

Los representantes de “Save the Children” eran conscientes de que cualquier intervención desencadena muchas consecuencias de segundo y tercer orden no previstas. Esto es algo típico en cuando se perturban sistemas vivos como vimos en el post sobre la ecuación Lotka-Volterra con las consecuencias anti-intuitivas cuando se interviene en sistemas complejos. El truco está en descifrar, descodificar o interpretar las consecuencias cuando aparecen. Una interpretación hábil va de la mano del “descubrimiento conjunto” entre interventores e intervenidos pues es de esperar que al intervenir en un sistema vivo con una red compleja de relaciones como una comunidad humana se desencadenen efectos secundarios o colaterales que son tangenciales respecto al objetivo que se persigue. Hay que descifrar e interpretar estas consecuencias imprevistas en cuanto comienzan a tomar forma y, si es posible, empujarlas en una dirección positiva antes de que desencadenen avalanchas no deseadas. Como mínimo, estando alerta, podemos conseguir que la comunidad, organización o empresa sea consciente de las opciones emergentes a las que tiene que enfrentarse. La peor estrategia es presuponer un guión de resultados esperados y ser ciego a lo que está ocurriendo de verdad, o como diría Winston Churchill, “por muy hermosa que sea la estrategia, de vez en cuando se deben observar los resultados.”


En Vietnam se produjeron algunos ejemplos de estos efectos secundarios. Muchos padres con sentido común, aunque incultos, que habían conseguido evitar la desnutrición estaba viviendo en la pobreza en el peldaño más bajo del orden social de la comunidad. Conseguir que su remedio fuese adoptado por toda la aldea tenía las consecuencias tangenciales de afectar a la posición social de estas familias tan pobres. En la mayoría de los casos, cuando estos miembros conseguían hacer oír su voz y eran reconocidos como activos de la comunidad, su posición y su sentido de la autoestima aumentaban. En muchas comunidades, estas madres eran elegidas como trabajadoras sanitarias comunitarias. Otras, antes marginadas, eran elegidas para el gobierno local. Otra consecuencia imprevista fue que las conversaciones diarias con las mujeres sobre el bienestar de los niños fue un catalizador para acciones adicionales. Junto con el programa de nutrición se desarrollaron otras cuestiones. En algunas aldeas, mujeres muy activas abrieron negocios caseros o empezaron a trabajar con las escuelas de la aldea para mejorar los programas de estudios y disminuir el analfabetismo.

En la actualidad Jerry Sternin sigue formando consultores en el modelo de la “amplificación de la desviación positiva”. Algunas empresas y organizaciones están empezando a escuchar este modelo aplicado a la gestión del cambio organizacional. Afortunadamente el proceso de cambio con este modelo no es complicado o esotérico. Como dice Jerry Sternin, “cuando la gente descubre cómo funciona, la verdad se evidencia por sí misma. ¡¡Es tan exquisitamente simple!!”.


Para saber más: The Positive Deviance Initiative [inglés]

Historia de la Amplificación de la Desviación Positiva. Entrevista a Jerry Sternin [inglés]

Desviación Positiva en Wikipedia [inglés]

Save The Children [inglés]

Teoría de los Sistemas Vivos en Wikipedia [inglés]

Desviación Positiva en las Organizaciones [inglés]

The Power of Positive Deviancy by Jerry Sternin and Robert Choo en Harvard Business Review January-February 2000 [inglés]

Your Company’s Secret Change Agents by Richard Tanner Pascale and Jerry Sternin en Harvard Business Review May 2005 [inglés] [Traducido al castellano]