26 de septiembre de 2017

Funambulismo estratégico con seny

Por estas fechas hace 55 años. En octubre de 1962, la crisis de los misiles cubanos puso al mundo al borde de la guerra nuclear. La URSS (Khrushchev) había empezado a instalar misiles en Cuba. Dado esto, EEUU (Kennedy) anunció el bloqueo naval de Cuba. Si la URSS hubiera respondido a la decisión de EEUU, la crisis podría haber desembocado en un conflicto nuclear. El propio Kennedy estimó que la probabilidad de que esto suceda estaba entre el 33% y el 50%. Finalmente, Khrushchev ordenó desmantelar los misiles a cambio del compromiso de EEUU de que en algún momento retiraría sus misiles de Turquía.

La esencia del funambulismo estratégico (término de teoría de juegos atribuido al Premio Nobel Thomas C. Schelling) es la creación deliberada de un riesgo: Este riesgo debería ser lo suficientemente intolerable para el oponente como para inducirlo a eliminarlo acatando nuestros deseos. Tiene como objetivo influir en las acciones del contrario mediante la alteración de sus expectativas. En general se acepta que la decisión de Kennedy en la crisis de los misiles cubanos fue un caso de funambulismo estratégico exitoso.

Hace unos pocos días, Manuel Conthe desarrollaba una interesante reflexión en el diario Expansión a cuenta del desafío secesionista aplicando el arquetipo de “farol visto” de la teoría de juegos El desafío secesionista un arquetipo pienso que más acorde con el conflicto que la que hacía también recientemente José Carlos Díez en el diario El País Cataluña y el dilema del prisionero aplicando el arquetipo del “dilema del prisionero”. Sin embargo, en mi opinión, aunque Conthe se aproxima muy bien en la modelización del conflicto secesionista, creo que necesita de algo más, un algo más que puede explicar el funambulismo estratégico: la necesidad de incorporar a otros participantes, concretamente un amplio movimiento popular en pro de la independencia con unas fuertes expectativas inerciales que creo que no están siendo bien calibradas desde el gobierno central, con un Puigdemont (presidente de la Generalitat) que es rehén de dicha inercia (el movimiento independentista surge desde abajo en 2011 a la par que el movimiento del 15-M e inicialmente sorprende a la élite conservadora que gobierna Catalunya desde hace casi 40 años) y la existencia de una incertidumbre calculada de aproximación al borde del desastre, asomarse al precipicio de un aparente caos institucional, que implicaría la declaración unilateral de independencia (pienso que desde un punto de vista estratégico el 1-Oct es menos importante que el 2-Oct y siguientes días, aunque es cierto que el 1-Oct representa el clímax emocional y mediático de este proceso) y la posibilidad de aplicar por primera vez en casi 40 años el artículo 155 de la Constitución de 1978 por parte del gobierno presidido por Rajoy.

Pienso que el escenario que se abre es claramente de dos estrategias dominantes, una por cada contendiente y no solo una como argumenta Conthe, un escenario más propio del funambulismo estratégico, pero sin nadie con la visión de Kennedy en la crisis de los misiles de 1962. (Nota: en teoría de juegos tener una estrategia dominante no significa que esa estrategia “domine” la del contrario, sino que se va a seguir independientemente de lo que haga el contrario). Todo lo más, la UE echando alguna mano diplomática bajo cuerda para evitar la inestabilidad en un país y una región con fuertes inversiones de países centrales de la UE. Como cualquier otra jugada estratégica, el funambulismo estratégico tiene como objetivo influir en las acciones del contrario mediante la alteración de sus expectativas. De hecho, el funambulismo estratégico es una amenaza, pero de una clase especial, donde no hay apremio: no se trata de un “si me retas, existe el riesgo de que yo decida hacer tal y tal cosa” sino de un “si me retas, existe el riesgo de que tal y tal cosa sucedan, por más que nos pese a los dos en ese momento” tal como anunciaba Rajoy en su declaración del pasado 20-Sep: “No sigan adelante, están a tiempo de evitar males mayores”, una prosa que encaja perfectamente en el espíritu del funambulismo estratégico.

En este sentido coincido con Conthe en que a Rajoy no le quedará otra que aplicar el artículo 155 como última opción (y por lo mismo de antes, habrá que esperar al 2-Oct y días siguientes para su materialización: no es creíble que se aplique el artículo 155 para detener el referéndum) pero esto no será algo automático como sostiene Conthe, pues como he dicho antes, en un arquetipo de funambulismo estratégico las amenazas no son apremiantes sino más bien sutiles y de pendiente resbaladiza, igualmente, creo que Conthe, al no considerar a otros jugadores, sobrestima la capacidad de “frenada” de Puigdemont, pues pienso que Puigdemont no tiene otra opción que sobrevivir políticamente el conflicto, dejarse llevar por la inercia pero no gestionarla porque en realidad no le pertenece al no estar en el ADN del partido que representa, porque es tal la expectativa popular creada, que Puigdemont no es libre de frenar la deriva desencadenada: no sería creíble un “ataque de moderación” de su parte como tampoco sería creíble un “ataque de negociación” por parte de Rajoy a 24 horas del referéndum. Otra cosa es lo que decida Puigdemont tras el 1-Oct, donde se le abre una ventana de oportunidad, pero ante el 1-Oct tiene una estrategia dominante clarísima si no quiere terminar su mandato como el president que abortó un referéndum.

La situación es parecida a una estrategia de “perro loco”: el estratega militar israelí Moshe Dayan decía que ser percibido por los enemigos como impredecible e inestable es una forma de disuasión: aparentar una huida adelante, un “irse al monte” en un proceso lleno de contradicciones políticas y jurídicas con la justificación de estar representando a unas masas ilusionadas por la tierra prometida de la independencia es una buena disuasión para tener mejores opciones tras el clímax del 1-Oct, sin olvidar que la probable elevación de conflicto a nivel internacional puede desencadenar la intervención, en principio soterrada, de la UE y tal vez del Vaticano: un escenario ideal para Puigdemont y tal vez para Rajoy si necesitase vender internamente algún acuerdo difícil ante su electorado más conservador y por cerrar el espacio político a su derecha.

La clave del funambulismo estratégico se encuentra en la gestión del riesgo percibido por el oponente, un riesgo que en términos militares se expresa como la niebla de la guerra, esto es, una situación donde no hay certezas, tan sólo incertidumbre. En el funambulismo estratégico no existe la seguridad o garantía del cumplimiento de una amenaza, sea en este caso aplicar el artículo 155 de la Constitución o la declaración unilateral de independencia, o decisiones aún más drásticas, como detener a todo el Govern por sedición o rebelión, o que el Govern en pleno solicite asilo político en Bruselas, por decir algo más icónico. La cuestión es conferir credibilidad a estas amenazas sin darlas por garantizadas: en el funambulismo estratégico la amenaza no es la certeza, sino la probabilidad de que se produzca. Doy por hecho que Puigdemont y Rajoy dan por descontado que el referéndum se va a celebrar, sin garantías y sin apenas medios en un ambiente más festivo que dramático, es decir, “de aquella manera”, más simbólico que vinculante, pues el seny, el sentido común de los catalanes se va a imponer por encima de la mayor o menor categoría política de los políticos, pero celebrarse pienso se va a celebrar y, aunque a regañadientes, van a tolerar que se celebre so pena de caer en un problema de orden público de una escala insuperable para cualquier gobierno democrático o el ridículo de ser comparados con Turquía por tratar de resolver un problema esencialmente político con medios policiales y judiciales. Otra cosa es lo que se diga en las tribunas y medios de comunicación, pero, seamos claros: hoy en día un referéndum como el del 1-Oct con las menguadas condiciones de credibilidad y garantías que se va a celebrar no representa ninguna amenaza real para nuestra democracia más allá de algunas tensiones aisladas y ningún problema político real más allá de la vergüenza que puedan pasar algunos políticos durante unas horas. Pasado el referéndum, el juego continuará a otro nivel más interesante.

El referéndum del 1-Oct a pesar de su idealización por un lado o demonización por el otro, no es, en mi opinión, una amenaza real para nadie una vez desactivada policialmente su logística formal y judicialmente deslegitimados sus responsables formales. Eso sí, puede existir un riesgo moderado de incidentes aislados, pero aquí sí depende de las instrucciones policiales que determine el gobierno: hasta qué punto va a preferir impedir por la fuerza un referéndum que ya está desactivado políticamente por encima de la seguridad y protección a los ciudadanos que pacíficamente quieran ejercer su derecho a un voto, ilegal sí, pero en la práctica sin consecuencias jurídicas ni políticas. En ese estrecho margen de tolerancia-intolerancia se tiene que hilar muy fino es donde se encontrará la verdadera medida de la inteligencia política del gobierno de Rajoy: permitir el desenlace del clímax del referéndum o provocar un anti-clímax de consecuencias imprevisibles o tal vez trágicas si se deja llevar el proceso policial a su propia dinámica sin control político efectivo. Si sucede esto último, lo que no tendrá ningún sentido entonces será que el gobierno de la nación se escude en que se limitó a cumplir una sentencia judicial: existe un riesgo no cero de que si las cosas se descontrolan demasiado caiga el gobierno de Rajoy: el funambulismo estratégico no consiste solo en crear un riesgo sino en el control cuidadoso del nivel de riesgo.

Así, tras el 1-Oct y días siguientes comenzará el verdadero juego, donde ningún participante puede estar absolutamente seguro de que las cosas funcionarán como estaba previsto a pesar de los múltiples planes de contingencia que seguro tienen preparados Rajoy y Puigdemont, cada uno con sus respectivos “botones nucleares” (aplicación del 155 vs. declaración unilateral de independencia), pero, como nos enseña Thomas C. Schelling, aunque las respectivas amenazas garantizadas no son creíbles, las amenazas de riesgos mutuos sí son creíbles, pues llegado el clímax tras el 1-Oct, la incertidumbre que ahora reduce la amenaza a titulares de prensa, se disipará y comenzará el verdadero juego donde cada escalada en el conflicto aumentará el riesgo y cada concesión lo reducirá. Es ahí donde pienso que entrará en juego, valga la redundancia, el papel mediador de la UE o el mismo Vaticano que creo que sutilmente ambas partes van a intentar aproximaciones, pero siempre muy subterráneas.

Porque, no nos equivoquemos, aquí no se está jugando a la ruleta rusa. Puigdemont sabe y Rajoy sabe que ambos saben que el control de sus respectivos “botones nucleares” lo tienen ellos y no dependen ni del poder judicial (aunque sus decisiones están nominalmente fuera del alcance del gobierno e inicialmente esto garantiza la incertidumbre que necesita Rajoy, en última instancia el Gobierno tiene la llave de la Fiscalía y el indulto) ni del resultado de la votación (aunque su resultado está por determinar e inicialmente esto confiere la incertidumbre que necesita Puigdemont, en última instancia el Govern tiene la llave de su interpretación vinculante o no).

Así, aunque nos puedan transmitir al principio que la situación está ligeramente fuera de control, en realidad no es así: en última instancia son políticos y de un modo u otro se van a necesitar mutuamente para gestionar el post 1-Oct, porque aunque parezca que se esté gestionando la crisis como si no hubiera un mañana, lo cierto es que sí habrá un mañana al que ambos y sus gobiernos tendrán que hacer frente, que no será fácil, pero considerando que probablemente Puigdemont y su gobierno valorará ser recordado como el que hizo posible el inicio de un nuevo encaje de Catalunya en España que a ser recordado como el que llevó a Catalunya a un callejón sin salida, del mismo modo que Rajoy y su gobierno valorará ser recordado como el que gestionó inteligentemente un grave conflicto nacional que ser recordado como el que llevó al país a correr un riesgo innecesario. De hecho, estoy seguro que a pesar de toda esta escenificación a la que asistimos pasmados los ciudadanos de a pie, creo que ambos gobiernos y sus respectivas “puertas giratorias” ya están trabajando en el post 1-Oct porque no sería creíble que un gobierno dejase la gestión de este conflicto al azar. Porque, además, si hacemos una lectura desapasionada de las palabras de la vicepresidenta Santamaría a mediados del pasado mes de Junio cuando el conflicto se contemplaba con menos tacticismo y más perspectiva estratégica, donde la vicepresidenta veía posible “el inicio del sosiego y la desaceleración” tras el 1-Oct podremos entender mejor que el trabajo subterráneo propio de think tanks y servicios de inteligencia hace tiempo que comenzó. A título de hipótesis: Miquel Roca Junyent y Miguel Herrero-Rodríguez de Miñón reúnen las condiciones ideales para hacer de intermediarios in pectore para servir de enlace entre ambos gobiernos.

¿Y cómo se resuelve un conflicto larvado durante tanto tiempo con toda la carga de desencuentros acumulada? En mi opinión, sólo hay una opción: para reducir significativamente el riesgo de un verdadero desastre y no sólo institucional hay que atacar el problema a un nivel fundamental, hay que cambiar de juego, tal como hicieron los padres de la Constitución de 1978: cambiar de juego, no sólo las reglas del juego actual porque cambiar las reglas actuales no tiene por qué cambiar el resultado: todos los jugadores pueden ajustar sus estrategias para contrarrestarlo. Y para ello, tanto Rajoy como Puigdemont deberían evaluar sus estrategias por sus consecuencias profundas, no por ellas en sí o por lo comprometidas que estén sus palabras anteriores: decía Ralph Waldo Emerson que «La necia coherencia es el duende de las mentes pequeñas» y no le faltaba razón. La duda que me queda es si Rajoy, Puigdemont y los demás líderes políticos de nuestro país sabrán pensar a lo grande y si estarán a la altura histórica de este desafío y el cambio fundamental que se necesita.


Para saber más: Thinking Strategically y The Art of Strategy de Avinash K. Dixit y Barry J. Nalebuff

The Stretegy of Conflict y Arms and Influence de Thomas C. Schelling

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy interesante y le felicito por su acierto. Y me atrevo a preguntarle: casi un mes mas tarde, ¿lo sigue viendo igual?

José Monzó Marco dijo...

Hola, como comentaba en el artículo, después del 1-O empezaba otro juego, no muy distinto, pero algo diferente y posiblemente definitivo. Si el juego anterior tenía que ver con el conflicto referéndum no vs. referéndum sí, este, el de ahora, tiene que ver con el conflicto 155 vs. DUI. Como los actores son los mismos, las actitudes son, creo, las mismas y los equipos estratégicos tras las cortinas de los actores son seguramente los mismos, pienso que no habrá grandes diferencias en como se desarrollará el juego. Por todo esto, considero que el arquetipo del funambulismo estratégico propuesto por Thomas Schelling sigue siendo válido para interpretar los próximos pasos. Sólo podría alterar el arquetipo la entrada en escena de algún mediador potente, como la propia UE. Pero esto solo sucederá si ve peligrar el euro u otros parámetros que consideren sistémicos. En ese caso el juego actual colapsará y pasaremos a un escenario radicalmente diferente, no en el sentido de dramático, sino en la vía de la solución por la entrada en el juego de un "hermano mayor". No debemos perder de vista que la solución que se aplique en España podrá ser replicada en otros lugares de la UE, luego lo que se haga aquí tiene un componente de "laboratorio" para otros conflictos regionales en el seno de la UE. El juego continúa.