20 de septiembre de 2015

Ética para robots

Hace unos días observando levantar cajas a un robot paletizador (semejante al de la foto) para ubicarlas en un palet, el brazo robótico se encontró con un problema: no lograba asir la caja por la parte superior porque ésta cedía a la presión del brazo, tal vez por la pobre calidad del cartón o porque la caja no estaba llena en su interior.

El caso es que el robot, tras unos infructuosos intentos por agarrar la caja, desistió y se paró. Nadie se percató del hecho, ninguna alarma sonó y ningún “software robótico” previó que el robot tomase la “decisión” de retirar la caja en lugar de pararse.

Observando la situación pensé: el robot hace un trabajo perfecto, pero basta que le llegue un defecto del proceso anterior para que esta maravilla tecnológica se detenga y deje de “producir”.

Así, viendo al robot parado, recordé la “tolerancia a fallos” a la que tan acostumbrados estamos los humanos, para continuar el trabajo aunque el trabajo anterior al nuestro sea defectuoso.

Esto de la “tolerancia a fallos” es quizá el mejor subproducto cultural de la evolución, lo que más nos distingue de las máquinas, porque tal vez sea un despropósito entre humanos pretender que el trabajo anterior al nuestro sea perfecto. Aún así hay humanos intolerantes al fallo que en lugar de "hacer del error una oportunidad" optan por darle una patada hacia atrás.

Amigo robot: dada tu incapacidad para tolerar fallos, deberías exigir a tu programador la opción de darle una “patada” a la caja incordiante (patada es el término que usamos los humanos para designar el aplazamiento de un problema. Los hay de dos tipos: adelante y atrás. El caso que se aplica es el segundo), pues si él no puede hacer nada por aumentar tu creatividad para hacer de ese fallo una oportunidad, al menos que incremente tu opcionalidad ante los fallos que, seguro (seguro es el término que usamos los humanos para designar la probabilidad igual a 1) encontrarás en tu larga vida en las cadenas de montaje.

Recibe un robótico abrazo.